martes, 23 de julio de 2019

¿Pueden los hombres ser paritarios?

La igualdad es el alma de la libertad;
de hecho, no hay libertad sin ella

 Frances Wright

La respuesta a esta pregunta se puede contestar desde distintos lugares. Desde luego, supongo que los varones tendrán su propia respuesta sobre la pregunta, por lo que yo parto de que soy una mujer preguntándome si los hombres pueden ser paritarios.

La complejidad de la respuesta pasa por la posición de privilegio que tienen los varones, porque preguntarse por las desigualdades de género es tomar conciencia del lugar de lujo que han tenido. Por ello, no se trata solo de que los hombres reconozcan las prácticas machistas cotidianas, sino que sean capaces de cuestionar las posiciones de poder, romper con las complicidades y construir otros lugares desde los cuales vivir las masculinidades paritarias. Esos procesos son difíciles porque en primer lugar se requiere renunciar a los privilegios que históricamente han tenido; en segundo, reconocerse como opresores en diversas prácticas; en tercero, asumirse como beneficiario de la opresión estructural de las mujeres; en cuarto, es necesaria tener la disponibilidad para la construcción de espacios de varones donde se reflexione sobre esas prácticas y quinto, abrirse a la escucha de las demandas de las mujeres en relación a las prácticas de la masculinidad.

Para los varones, crear espacios de reflexión colectiva donde politicen e historicen su vida cotidiana es, por hoy, algo impensado. Sin embargo, iniciar un proceso de reflexión sobre la forma de ser hombres, por los mismos hombres, requiere no sólo politizar las acciones cotidianas sino desindividualizarlas, despsicologizarlas, dejar de ver el tema como algo meramente individual, lo que le ocurre a cada hombre, para considerarlo un acontecimiento colectivo, lo que les ocurre a los varones como conjunto. De alguna manera, se trata de proceder como hicieron las mujeres con la proclama “lo personal es político”, no porque fuera obvio que lo personal fuese político, sino porque la reflexión de las mujeres permitió darle contenido a la frase a través del reconocimiento de la opresión, subordinación, falta de poder, en la vida cotidiana. Para ello, las mujeres se organizaron de múltiples maneras a fin de darle palabras, teoría, rostro a la dominación masculina.

Eso mismo deben hacer los hombres: Preguntarse por la forma de ser varones, reconocerse en colectivo y socializar. Sin embargo, los límites históricos para la paridad están dados en el sentido de que muy pocos están dispuestos a renuncian a los privilegios de manera voluntaria ya que esos privilegios se perciben como naturales, históricos, parte de las características de ser hombre, de su personalidad, de sus derechos, de sus méritos. La renuncia a ello no pasa solo por un proceso de toma de conciencia, de confesión o de proceso terapéutico, sino que pasa por un proceso de transformación de las colectividades y de las estructuras sociales y culturales.

Este proceso no puede realizarse en soledad sino que tiene que ser acompañado por otros hombres.  Es deseable crear espacios de pertenencia entre varones.

Además, los varones deben tomarse en cuenta que existe un actor colectivo que está protagonizando una revolución civilizatoria que incide en ello. Se trata de la revolución de las mujeres. Si los varones tienen límites históricos para aplazar esos cambios, muy probablemente el actor mujeres será capaz de empujar esos límites al cambio. De ahí la importancia de construir colectivos de varones donde se abran a la palabra de las mujeres como parte de la escucha, de la interpelación a sus masculinidades, aceptarlo como propio y actuar en consecuencia.


Pues no, los hombres no pueden ser paritarios si no cambian sus masculinidades, si no trabajan para ello, como lo hicimos las mujeres.

Publicado en Nayarit Opina, el 23 de julio de 2019
Socióloga, investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco_1@yahoo.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario