martes, 8 de septiembre de 2020

Mujer joven

 Creo en las manos limpias,

 creo en el trabajo perdido de varios años. 

Creo en el secreto llevado a la tumba. 

Estas palabras se alzan ante mí por encima de las reglas. 

No buscan apoyo en ningún ejemplo. 

Mi creencia es fuerte, ciega y sin fundamento.

 

Wislawa Szymborska. Descubrimiento

 

Cancelé las salidas a la calle durante la pandemia, pero después de cinco meses empecé a dar pequeños paseos alrededor de mi casa a las seis de la mañana aprovechando los claros amaneceres del verano. Primero, fue solo una vuelta alrededor de la cuadra donde vivo; después caminé hasta la iglesia donde daba vueltas en el jardín, el atrio, el área del catecismo. A veces me encontraba alguna persona paseando un perro o algún trasnochado amanecía sentado en una banca con la cabeza entre las manos; después, el sacristán recogía las flores tiradas por el viento; más tarde, un taxista se estacionaba, el policía del centro comercial hacía una ronda y una empleada doméstica pasaba apresurada.

 

Una mañana se paró un hombre delante de la puerta cerrada del templo. Con una mano sostenía la bicicleta y con la otra, se santiguó. La mirada volcada detrás de la madera sabiendo que allá dentro había algo que lo vinculaba con este aquí. El sol apenas desataba los copetes de los árboles cuando este hombre nos mostraba la brizna ante lo inconmensurable. 

 

Seguí agrandando el área en que me movía hasta llegar a una zona arbolada de mi colonia. En el trayecto, divisé a una mujer joven que se bañaba fuera de un negocio utilizando el agua de una llave externa al edificio. La mujer joven daba la espalda a la bocacalle por lo que no se podía ver su rostro. Conservaba el brasier y el pantalón de mezclilla mientras se bañaba. Llenaba una botella de agua que vertía en su cuerpo. Mi caminata era por la cuadra de enfrente desde donde la divisaba perfectamente. Al día siguiente, a la misma hora, la volví a ver. Por más indiferentes que queramos ser a las condiciones de las personas, no pueden pasar desapercibidas; no seguimos como si no ocurriera, como si no nos ocurriera. En las ciudades desarrollamos sensibilidad de la indiferencia a fin de silenciar los gritos del alma ante estas situaciones. Sin embargo, pienso en mis hijas, mis sobrinas, mis alumnas, en cualquier mujer obligada a hacer algo así. 

 

Lo otro nos arrojaría a la locura, involucrarnos en todo, nos arrojaría al abismo. 

 

Yo anduve en el extranjero de mochilera, cuando joven. Sé lo que es estar en la calle porque no tienes hotel, el tren se retrasó o la dirección de la amiga estaba equivocada. De cualquier modo, me remonté a una fría terminal donde, en alguna ocasión, dormí en la banca abrazando la pequeña cartera con mi pasaporte.

 

Después de algunos días, preparé una bolsa con una toalla pequeña y un short. Pensé regalárselos para hacerle más fácil el baño. También agregué un jabón. Traté de levantarme más temprano para llegar al lugar antes que ella y simplemente, dejar la bolsa. Los tres días siguientes amaneció lloviendo, lo que me impidió salir a caminar. El cuarto día desperté tarde, por lo que no hice el paseo matutino. Además, supuse que a esa hora, la muchacha joven ya no estaría, puesto que entendí que su baño, a esa hora, era para evitar ser vista. 

 

Un día, por fin, dejé la bolsa. De regreso de la caminata, el envoltorio ya no estaba; vi el piso mojado, lo que me hizo suponer que se llevó las cosas. 

 

Ha seguido lloviendo por las tormentas tropicales, el aire se vuelve fresco como una bienvenida del amanecer y las flores empiezan a levantarse en sus tallos. En esta hora me siento huésped del Paraíso. 

 

No la he vuelto a divisar. Nunca le vi la cara ni hablé con ella. Puede ser que haya cambiado de ciudad en la travesía de su vida o que, simplemente, se sintió observada y busque otro lugar para bañarse. 

 

De vez en cuando dejo un jabón cerca de la llave de agua, por si regresa la mujer joven. 

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco_1@yahoo.com

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, septiembre 8 de 2020.

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