lunes, 5 de enero de 2026

¡Buen año nuevo!, tú tienes razón…

Y avanza, avanza

despertando ruidos ocultos,

 animando los rumores adormidos.

 

Amado Nervo. ¡Año nuevo!

 

Amado Nervo (1870-1919) escribió, al menos, dos textos con el título de ¡Año nuevo! El primero en diciembre de 1896 y el segundo al año siguiente. El de 1896:

 

Ya está al cumplirse un periodo más de tiempo, denominado año, como podría denominarse cualquier otra cosa.

Llegamos a él con el fardo de trescientos sesenta y cinco días más sobre las espaldas, con algunas quimeras menos, y tan niños como hace doce meses, como hace un lustro, como hace diez años, y muy dispuestos a forjarnos, una vez más, la ilusión de que, al entrar el nuevo periodo de doce meses, vamos a ser más felices, como si el año que viene no fuese la continuación inmediata, sin solución alguna de continuidad, del año que se va, y como si los sucesos dependiesen de esas divisiones convencionales del tiempo que relacionadas con la revolución del planeta alrededor del Sol, plugo hacer a los humanos.”

 

En este primer texto, (Aguilar, Obras completas de Amado Nervo, Madrid, 1951, p 440), el escritor critica la fantasía de quienes piensan que seremos mejores en el siguiente año, solo por el hecho de soñar: “El año entrante seremos ricos? ¿Ricos, por qué? ¿Trabajaremos más para serlo?”

 

También se burla de quienes piensan que seremos felices. “La dicha estaba tan lejos de nosotros el año pasado que hoy debe estar muy cerca ¿Acaso viene con el tiempo? Parece que sí, aunque siempre nos dice: Mañana”.

 

Para el escritor, “soñar cuesta menos que los billetes de lotería, que son ilusiones de papel”.

 

Este papel irónico de AN de 1896 contrasta con el tono reflexivo de un año después. Dice: “¡Buen año nuevo!, tú tienes razón porque eres la imperecedera alegría de vivir que sobrenada por encima de la conciencia humana”. El texto inicia con una cita de El Rey Lear de Shakespeare, tal vez porque en esa obra se hace alusión al último día del año

 

“…Y allá se fue el buen viejo, el trágico Lear con su blanca barba revuelta y su amplia túnica rasgada. Allá se fue el trémulo anciano, en la alta noche, cuando la campana de la iglesia vecina ha volcado al espacio sus vibraciones sonoras y, en el hogar, se apura la última copa del año…, allá se fue.”

 

Amado Nervo escribe el texto ¡Año nuevo! bajo el seudónimo de Oberón, en El Mundo: Semanario Ilustrado, texto que fue publicado el 2 de enero de 1898[1] De esta manera daba cuenta del año que se iba y con ello, hacía referencia a la vida, al tiempo que pasa. Dice:

 

Pero el año se impacienta, llama a las puertas de la vetusta casa desmantelada, trae su tarjeta de visita y sus regalos relucientes. Por él son esas picantes rosas y esas curiosas miradas que sorprendéis en nuestra vuelta por el boulevard; por él cantan himnos los espíritus y la palabra santa, la que redime y vivifica, se prende en todas las almas y germina en todas las conciencias”.

 

¿A qué se refiere cuando dice “eres la imperecedera alegría de vivir que sobrenada por encima de las tragedias humanas”? Muy posiblemente a que el tiempo transcurre de manera ininterrumpida ajeno a las vicisitudes humanas. Aunque nos afanemos en atrapar el tiempo, anotarlo en cuentas históricas, otorgarle calificativos, el tiempo solamente pasa y en ese transcurrir, sobrenada por encima de lo humano posible. Aún más, el nuevo día tiene una claridad que se niega a ser parte de la fiesta:

 

Tiene esta claridad del nuevo día un como honesto pudor que se recata; parece que huye de la fiesta, que repugna entrar en el amplio hall en donde el color brinca y corretea en deslumbrantes irisaciones. La acobarda el brillo de los espejos, el resplandor de los candiles, el tintineo de las copas y la ola musical que se desprende de la caja de piano.”

 

El día transcurre en el afuera, mientras en el adentro de los salones, siguen los brillos artificiales de candiles, puesto que la electricidad todavía estaba en ciernes ya que, aunque era conocida desde tiempos remotos, fue en 1879 cuando Thomas A. Edison patentó la bombilla que dio paso a la masificación de la electricidad en las principales urbes del mundo. Amado Nervo, narra las fiestas de navidades y del año viejo con la luz de candiles y velas.

 

La reflexión sobre el año que inicia le permite, al escritor, plantear los dos planos del adentro donde ocurren los dolores de la vida, los insomnios y el plano del afuera con su claridad de día:

 

Y el día sigue su aparición radiosa y los últimos parpadeos de los astros se esfuman en el lago azulado de los cielos. ¡Cómo pasáis y repasáis entonces el rosario de los recuerdos vosotros los que habéis vislumbrado estos terribles amaneceres después de una larga noche insomne escuchado el rumor de una respiración fatigosa, asiéndoos de cada débil esperanza en tanto que, a lo lejos, a largos intervalos, escucháis un grito perdido como el chirrido de un ave perdida en un bosque desierto!...

Pero la fiesta prosigue, y corretea por el hall espacioso, irradian los candiles y en las ventanas la primera claridad del día torna diáfanos los cristales.

¡Es el año nuevo!, el desconocido amigo que llama a vuestras puertas y os trae su tarjeta de visita”.

 

Volvamos al final del texto de 1896 con su tono burlón de los buenos deseos:

El año que entra seremos buenos. Hoy no lo fuimos por esto y por aquello; porque había hábitos contraídos. Pero mañana… ¿Qué esos hábitos se arraigarán más! ¡Pues no y requeno!

El año que entra, por último, sabremos cosas nuevas…Esto sí es cierto, en absoluto. La experiencia, aunque en dosis homeopáticas, aumenta año por año.

¡Lástima grande que cuando la poseemos toda no nos sirve de nada, porque hemos acabado el viaje!

¡El año que entra! Que entre en buena hora, y entretanto: ¡Feliz año nuevo!”

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 3 de enero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx



[1] El texto fue consultado en: Flores, María (2013) Tesis de Maestría en Letras Mexicanas, UNAM.