lunes, 26 de octubre de 2026

Francia, la nueva rebelión juvenil

Tocan la Marsellesa

mientras los escaparates

los miran en su rebelión.

El siglo apenas empieza.

 

LCP

 

Jóvenes franceses protestan por la falta de maestros, el deterioro de las escuelas, la mala calidad de la educación. Muy pronto, esa protesta por asuntos puntuales se convierte en una inconformidad por el futuro de la juventud.

 

¿Por qué las democracias no pueden solucionar las problemáticas de las generaciones presentes? ¿por qué son los jóvenes quienes se rebelan? ¿por qué la furia con que se expresan los manifestantes?

 

Las democracias están atrapadas en la avaricia de los mercados capitalistas. Todos los días vemos los destrozos ocasionados por el afán de las ganancias ilimitadas para muy pocas personas del mundo: apropiación de los mejores recursos, contaminación de las aguas, extracción de minerales, destrucción de la naturaleza, envilecimiento de las personas. Todo, con tal de concentrar riqueza en una espiral de lo absurdo.

 

Las democracias son frágiles ante el poder económico desorbitado. La democracia es un esquema que permite seleccionar autoridades para el relevo del poder, pero no necesariamente, es un mecanismo para resolver los problemas que la concentración de riqueza ocasiona. Eso corre por otro lado. Por eso, las democracias no pueden contener en su interior, la solución a los problemas que plantea el ritmo de las ganancias de la economía actual.

 

El mundo se va dividiendo en población desechable, la mayoría y en población productiva, la minoría. Las migraciones de los países pobres a los ricos en todo el mundo, son este residuo de los deseos obscuros de la acumulación.

 

¿Por qué son los jóvenes los que se rebelan? Son los jóvenes quienes se rebelan porque perciben las inconsistencias del mundo adulto. Han dejado de estar atrapados en el juego de la infancia y todavía no se instalan en el mundo adulto del trabajo, la responsabilidad ciudadana y la formación de nuevas familias. Generalmente, ese salto lo hacían de la mano de la educación, lo que les permitía abrirse paso en el ámbito laboral. Hoy el paracaídas de la educación está roído, el mundo del trabajo se desmorona tal como se estructuró durante el siglo XX y la participación política ha dejado de ser el ámbito de la construcción de colectividades para la mejora de todos.

 

Las rebeliones juveniles muestran las falacias de la sociedad. Desnudan los principios democráticos para mostrar las hipocresías de izquierda y de derecha. Las rebeliones protagonizadas por los jóvenes son descargas violentas y renovadoras que buscan acabar con un equilibrio falso y envejecido. A su modo, anuncian un nuevo comienzo

 

Octavio Paz en El Laberinto de la soledad, dice que solo la juventud tiene la posibilidad de rebelarse, la niñez está atrapada en el juego, mientras los adultos están atrapados en el trabajo. Solo los jóvenes tienen la posibilidad de protestar porque la juventud es el tiempo que se abre a lo nuevo. Al no estar sepultados en la rutina institucionalizada, pueden encarnar la posibilidad visceral de reinventar la sociedad, romper el tiempo cotidiano para buscar otro vínculo.

 

La juventud abre las preguntas porque son conciencias que interrogan. Protestan por futuros inciertos, porque están aludiendo a la falta de lugar en el mundo que los excluye. Han dejado de creer en las promesas del futuro.

 

¿Por qué la furia? ¿por qué atentar contra edificios históricos? ¿por qué el saqueo a negocios de las marcas más prestigiosas del glamour francés?  Es cierto, la protesta parece excesiva. Los jóvenes atacan negocios no porque el negocio en sí sea el culpable de su situación, sino porque el aparador exhibe lo inasequible: lo que nunca podrán tener en el futuro precarizado que les espera. El aparador es una ilusión. Las ilusiones o las rompemos para volver a la realidad o las perseguimos como horizontes del futuro. Hoy, las rebeliones juveniles, deciden romperlas.

 

Es, sin embargo, el poder del Estado el que contesta para devolver el orden del desorden.  

 

La rebelión juvenil nos asusta por su furia, por la aparente fiesta del fuego y del saqueo. Actos violentos que en su fuerza muestran el mosaico sincrético que está detrás. El país donde se incubó la revolución francesa hoy abre el abismo de las pasiones; convoca a la búsqueda de algo más allá; un lugar más profundo que los intereses económicos signados por las marcas y sus prestigios. Es la explosión de una realidad histórica que asfixia a la humanidad. Es una ruptura.

 

Puede ser, también, la revelación de la necesidad de reconciliar la ciencia la tecnología, la cultura con la construcción de un paraíso anunciado por la democracia, pero que, en este momento, ningún partido, ningún gobierno, ningún líder, puede volver a convertirlo en ilusión.  

 

 Finalmente, un poema de Eduardo Galeano

 

Fuego en la sangre

Llevan el viento pegado a la camisa
y un grito tibio atorado en la garganta;
no entienden de cadenas ni de prisa,
solo del pulso salvaje que los canta.

 

Quieren romper el molde de la herencia,
pintar de rojo las paredes grises,
cambiar el orden por la desobediencia,
sembrar el cielo sin pedir raíces.

 

Se les desborda el pecho de preguntas,
tienen el mapa roto entre las manos,
las rebeldías y las dudas juntas,
buscando a tientas otros seres humanos.

 

Que nadie apague esa chispa ardiente,
que el tiempo ya vendrá con su medida:
hoy son tormenta limpia y transparente,
mordiendo con coraje la marea de la vida.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 24de octubre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 26 de octubre de 2026

https://meridiano.mx/2026/10/26/francia-la-nueva-rebelion-juvenil/

Huir del mundo

Solo acepto este mundo iluminado

cierto, inconstante, mío.

Solo exalto su eterno laberinto

y su segura luz, aunque se esconda.

 

Ida Vitale. Este mundo

 

¿A quién no se le ha ocurrido la idea de escapar de la vida que lleva para ir a buscar un sitio donde simplemente pueda habitar y vivir de otra manera? Puede ser una ensoñación, una fantasía; sin embargo, huir del mundo se convierte en un deseo para quienes aún tienen la posibilidad de imaginar una vida diferente; dejarlo todo, abandonar.

 

Después de cursar los estudios de posgrado, uno de mis compañeros decidió no seguir la carrera profesional. En su lugar, se separó de su esposa y de sus hijos para dedicarse a tocar la guitarra. Vivía así, de cantina en cantina; de cantada en cantada. Alguna vez lo llegué a encontrar. Decía que eso era la vida que quería tener, no la de las obligaciones familiares, las presiones de la productividad del trabajo, la búsqueda de reconocimientos. Yo no sé si me despedí con un dejo de admiración, porque era capaz de seguir sus deseos. Ahí, en esa decisión, alcancé a ver una pizca de la tensión de la libertad a la que él no renunciaba.

 

Quizá la experiencia más cercana de huir del mundo haya sido lo que nos ocurrió durante la pandemia. En esa ocasión el hogar se convirtió en un refugio sobre lo que ocurría en el mundo: la amenaza de la destrucción, la desazón; la posibilidad de la muerte.

 

No fue un huir decidido por cada quien, sino que fue la consecuencia de medidas tomadas desde el Estado. Una reclusión, hasta cierto punto voluntariamente aceptada en aras de protegernos del mal desconocido. Una parte importante de la población, en el mundo, pudo hacer de su casa el lugar para permanecer en tanto pasaba la epidemia; otras personas no pudieron hacerlo por tener que salir a trabajar, en el esquema de que sólo si trabajas, tienes ingresos para sobrevivir.

 

Diversos filósofos y pensadores han planteado la huida del mundo. Desde Platón, para quien la filosofía sería un ejercicio de desapego de las distracciones mundanas a fin de que el alma regrese al mundo de las esencias puras, hasta monjes, ascetas, escritores. Los monjes y ascetas han protagonizado huidas del mundo de su época, como San Antonio Abad que abandonó la ciudad en que vivía para habitar como ermitaño en una cueva. Había nacido en el año 251 en el bajo Egipto, ¡qué paradoja que hoy su nombre esté en una de las terminales del metro de la Ciudad de México, donde se calcula un cruce de 21 mil personas al día! Quizá muy pocos sepan quien fue San Antonio Abad, pero muchos lo reconocen como el fraile con un báculo de la estación del metro.

 

Entre las mujeres, quizá la huida más conocida en México sea la de Sor Juan Inés de la Cruz, quien decidió seguir la vida conventual para alejarse de la sociedad de su época a fin de dedicarse al conocimiento. Pero Sor Juana tuvo realmente, dos huidas. La primera fue la que hizo a los 19 años para evitar contraer matrimonio y alejarse de la corte de los virreyes; la segunda ocurrió a los 39 años cuando decidió abandonar su actividad literaria, la música y sus estudios para entregarse por completo a la vida religiosa. Se deshizo de su biblioteca, de sus instrumentos musicales y matemáticos. Tenía todavía parte del mundo en su celda a través de los libros; al deshacerse de ellos, huyó del mundo que significaba el conocimiento para dedicarse a la vida religiosa y al cuidado de sus hermanas.  

 

Puede ser que nunca sepamos a qué se debió ese retiro, quizá fue rendición ante las presiones de los jerarcas de la iglesia; quizá fue cansancio. De cualquier manera, los dos últimos años se dedicó a las otras, a sus hermanas; quizá, también, a sí misma, porque en el cuidado de las otras, estaba su propio cuidado; su abono a la salvación del alma.

 

Hay quienes han huido del mundo en su propia casa. Este fue el caso de Emily Dickinson, quien no necesitó una pandemia para recluirse en la casa familiar, propiamente dicho en su propia habitación. Emily Dikinson había nacido en Massachusetts, en 1830. De chica asistió a la escuela local, pero muy joven decidió radicar solo en su casa. Murió a los 55 años de edad, dejando un legado de casi 1800 poemas, de los cuales solo fueron publicados algo más de doce, mientras vivía.

 

Sí, quizá muchas de nosotras hemos fantaseado con huir del mundo. No necesitamos apartarnos de la gente, escabullirnos del ruido de las ciudades, dejar de vivir en los laberintos de la muchedumbre si sabemos huir a las voces de las poetas. Sus letras se pueden convertir en la protección de los vientos helados, de los huracanes furiosos. Oír las voces de las poetas nos coloca en un lugar de silencio donde la palabra recobra el sentido, como en el siguiente poema de Emily Dickinson:

 

Es todo lo que tengo para traerte hoy.

Esto, y mi corazón,

esto y mi corazón, y todos los campos,

y todos los anchos prados,

esto y mi corazón, y todas las abejas

que en los tréboles están.

 

O el siguiente poema Invocación a la Osa Mayor de Ingeborg Bachman:

 

Osa Mayor, baja hirsuta noche,

animal de piel de nubes con ojos viejos,

ojos de estrellas,

por la espesura irrumpen relucientes

tus patas con las garras,

garras de estrellas,

mantenemos despiertos los rebaños,

pero encantados por ti, desconfiamos

de tus flancos cansados y de tus dientes

agudos y semidescubiertos,

vieja osa.

 

Una piña: vuestro mundo.

vosotros: sus escamas.

Yo la muevo, la hago rodar

desde los abetos del principio

hasta los abetos del final,

la resoplo, la pruebo en la boca

y la agarro con las zarpas.

 

Ya tengáis miedo o no lo tengáis,

pagar la limosna y dadle

al ciego una buena palabra,

para que sostenga a la osa de la correa.

Y sazonad bien los corderos.

 

Podría ser que esta osa

se soltara, no amenazara ya más

y corriera tras todas las piñas caídas

de los abetos grandes y alados

que cayeron del paraíso

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 17 de octubre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 18 de octubre de 2026

https://meridiano.mx/2026/10/18/huir-del-mundo/





miércoles, 14 de octubre de 2026

Mis días

Puedo ser acuarela,

menstruación,

noche obscura.

 He salido al mundo

 fea, loca

 lluvia de atardecer

luna roja.

 

LCPLG

 

Una joven pasa junto a mí, trotando en la pista de la universidad. Las ardillas trepan a las ramas en cuanto advierten nuestra llegada. La joven viste una camiseta rosa que en la parte de atrás dice MIS DIAS, eso me intriga por lo que en la siguiente vuelta trato de ver el letrero con mayor atención. La joven trota en tanto que yo realizo una caminata. Una corteza se desprende de una palmera haciendo estruendo en el silencio de la mañana. El agua forma corrientes en el suelo pedregoso después de las lluvias que dejó el huracán Rachel tras su paso por el Pacífico. El aire viene húmedo. El letrero completo en la camiseta de la joven dice: MIS DIAS son todos los días, debajo se encuentra el logotipo de una marca de toallas sanitarias.

 

Caí en la cuenta de que se trata de los días de la menstruación. Ese proceso biológico que en cada cultura ha sido signado de maneras diferentes; ese proceso capaz de diferenciar los cuerpos de mujeres y hombres; ese proceso por el cual las mujeres somos designadas como aptas para la reproducción o excluidas de ese proceso.

 

La menstruación se denomina así derivado del latín menstruum, lo que señala la regularidad mensual en que ocurría vinculado a la luna, denominada mene en latín. Para ello debemos ubicarnos en el calendario lunar de 28 días, con el cual se supone que se empareja. En mi época de juventud se denominaba “regla” porque ocurre regularmente de acuerdo a ese ciclo de 28 días.

 

Mi abuela y, seguramente, las mujeres nacidas a principios del siglo XX, vivieron esos momentos como lugares obscuros de secreto y culpa; de miedo. La mañana en que mi abuela descubrió la sangre entre sus piernas, su madre le dijo que no les diera de comer a los cerdos que criaban atrás de la casa; los cerdos podrían oler la sangre y atacarla. Mi abuela sintió miedo, terror, de que cada vez que reglara, podían oler la sangre.

 

¿Por qué las mujeres sangramos y los hombres no? ¿Qué misterio es este donde las mujeres pueden sangrar, pero no morir? Sin duda estas ideas fueron la base para señalar a las mujeres como impuras, como lo dice el Antiguo Testamento donde se consigna que la menstruación vuelve impuras a las mujeres, así como el parto. La consecuencia de esa designación es que las mujeres no pueden realizar actos ceremoniales ni rituales porque llevan la impureza consigo. Tal vez esta idea se haya derivado de que la vida se hacía radicar en la sangre; por ello, derramarla, provocaba disminuir la vida.

 

Aristóteles señalaba que la menstruación de las mujeres era equivalente al semen de los hombres, pero “imperfecto”. Pitágoras, en el siglo V a. C. describió la menstruación como espuma de la sangre, por medio de la cual las mujeres eliminaban toxinas. Por su parte, Hipócrates mencionaba que la menstruación era un mecanismo para atemperar el cuerpo de las mujeres puesto que la mujer tenía elevada temperatura corporal; la menstruación se consideraba prueba de la inferioridad de las mujeres puesto que no podían retener su propia sangre. En Roma, Plinio el Viejo en su Historia natural, decía que las mujeres menstruantes podían estropear los campos de cultivo, provocar la rabia en los perros e incluso, convertir el vino en vinagre.

 

Como vemos, la menstruación fue convertida en amenaza, y con ello, las mujeres.

 

En el México prehispánico el cuerpo de las mujeres se consideraba vinculado a la luna y a los ritmos del cosmos ya que los ciclos menstruales se asociaban a los 29 días del ciclo de la luna, además de que el embarazo tiene la duración de nueve periodos de ciclos de luna. Mujeres y luna, una asociación más tersa, más lógica en los pueblos prehispánicos.

 

Milenios y milenios de interpretaciones sobre la menstruación, mostraron la incomprensión de lo que ocurría en los cuerpos de las mujeres. Las distintas formas de discriminar, excluir, señalar diferencialmente a las mujeres por ser menstruantes da idea de la actitud primitiva de temer lo que no se comprende y, por lo tanto, rodearlo de un hálito de maldad. Probablemente, como es un proceso que no ocurre en el cuerpo de los hombres, lo leyeron como amenazante.

 

Cuando estuve en la escuela secundaria, la maestra de biología, una mañana pidió que salieran los hombres. Una vez que estuvimos solas las mujeres, nos habló de la menstruación; ya no recuerdo lo que dijo, pero sí me acuerdo que teníamos pavor. Era algo que nos ocurriría en cualquier momento. Algunas, las más grandes, que ya menstruaban, empezaron a darnos consejos del estilo de que no fuéramos al panteón en esos días; creo que la sangre resucitaba a los muertos o se la comían los muertos, ya no recuerdo. Nos recomendaban no comer alimentos ácidos e incluso, ¡no bañarnos! Al terminar esa clase, las muchachas y muchachos nos veíamos diferentes; se había abierto una mayor distancia entre ambos.

 

A fines del siglo XIX, la doctora Mary Putman Jacobi, estudió la fisiología del sistema reproductor y la acumulación de sangre en el tejido uterino. Ello permitió que, en el siglo XX, los médicos vieneses Fritz Hitschmann y Ludwig Adler describieran los cambios histológicos en el endometrio mes a mes, con lo que la menstruación pasó de ser una muestra de impureza a ser comprendida como parte de un ciclo biológico necesario en la reproducción de los mamíferos. ¡Apenas en el siglo XX!

 

Aún así, una parte de las ideas previas siguen prevaleciendo. Las encontramos como prohibiciones de qué comer o acciones que no se pueden realizar. Actualmente, en lugar de recomendar té de orégano para los cólicos como en mi época, se administran buscapinas fem u otros anti infamatorios.

 

Las maneras de recoger la sangre también han tenido cambios; a las jóvenes de mi generación, nos tocó usar trapitos que cosíamos directamente en las pantaletas. Después, teníamos que esperar que todos en la familia durmieran para lavarlos y colgarlos lo más lejos posible de las miradas de los demás. Después llegaron las toallas sanitarias y, por fin, los tampones. Actualmente, existen diversos utensilios como las copas de goma y otras.

 

Cuando estuve estudiando el doctorado, una de mis compañeras, entraba en crisis cada vez que reglaba. Decía que era el recordatorio de su reloj biológico, ese que la impulsaba a procrear, más bien, a tomar decisiones sobre sí misma. Le recitaba, entonces, los versos de Anne Sexton: Pensaba en un hijo/El útero no es un reloj/ni una campana sonando.

 

La joven de la camiseta rosa del letrero de MIS DIAS son todos los días pasa del trote al paso veloz; mide los segundos en que corre cien metros. Camino a la puerta para regresar a casa. La joven pasa junto a mí en su propia velocidad; no la puedo alcanzar. Vuelve a empezar la lluvia.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 10 de octubre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 12 de octubre de 2026

https://meridiano.mx/2026/10/12/mis-dias/

 

 

lunes, 5 de octubre de 2026

Hildegard von Bingen, la decisión de tener una voz

¡Cuán admirable es la sabiduría

del corazón divino

que ha conocido anticipadamente

 a cada criatura!

 

Hildegarda Von Bingen

 

¿Sabe usted que hace casi mil años una monja inventó la cerveza moderna? Se llamaba Hildegarda Von Bingen y claro, era alemana. Nació en el año 1098 en Bingen, a las orillas de Río Ring, siendo la hija número diez en su familia. Hildegarda fue entregada a un monasterio de clausura cuando tenía ocho años de edad. En esa época no había conventos de mujeres, pero en celdas anexas a los monasterios de hombres se dejaba a las niñas a cargo de una monja que las tutelaba. En el caso de Hildegarda, quien la tuteló se llamaba Jutta, mujer de la nobleza que tenía fama de ser muy culta.

 

A la muerte de su maestra, en 1136 hereda el conjunto de celdas en que estaban las mujeres. Para entonces ya había acumulado diversos conocimientos para convertirse, ella misma, en abadesa. En esa época las mujeres no podían escribir públicamente, por lo que a los 43 años tiene que recurrir a un artilugio para poder publicar. Dice que es el mandato divino el que le dicta las palabras que debe dar a conocer. Afirma que el mandato divino le obliga: “di y escribe lo que ves y oyes”. Antes de oír las voces se enferma, pierde el conocimiento, deja de comer, tiene dolores en todo el cuerpo.

 

En ocasiones, las monjas sabían escribir, pero no eran, propiamente “escritoras”, ya que no se les permitía escribir de manera pública. Ante la enfermedad prolongada de Hildegarda, el Abad del convento se preocupa por su salud y, sobre todo, porque piensa que puede ser cierto que es el espíritu santo quien le habla y en caso de que Hildegarda muera, tendría un grave problema. Lo que decide es designarle un monje que escribirá lo que le dicte el mandato divino. Volmar, el monje destinado para ello, escribe en latín lo que le dicta Hildegarda; una vez terminado el primer libro, lo envía al obispo de Mainz, en la hoy Alemania. El obispo, a su vez, lo manda al Papa y después de siete años llega el permiso de que se publiquen las visiones de Hildegarda. El propio Papa Eugenio III leyó públicamente la primera obra teológica Scivias (Conoce los caminos) y la insta a que siga escribiendo las visiones que le manda el espíritu santo.

 

Ante los poderosos se confiesa tímida, como corresponde a la época y, en general, como una actitud de las mujeres que saben que no pueden vanagloriarse de sus conocimientos.

Hildegarda utiliza el artilugio de que es el espíritu santo quien habla a través de ella porque no hubiera sido posible que, en esa época, se reconociera que se trataba de una mujer brillante. En cambio, sí podían aceptar que Dios la utilizaba para mandar mensajes.

 

También el espíritu santo le dice que debe fundar otro convento y el Papa le da la anuencia; así es como se funda el primer convento benedictino solo para mujeres que no estaba adosado a un monasterio masculino. Funda el convento de Ruperstberg en 1150 y después, la Abadía de Eibingen en 1165. Recordemos que, para ese tiempo, ya tenía muchas internas provenientes de familias poderosas. Además, era reconocida por las curaciones a partir de plantas, lo que provocaba migraciones para ir a verla.

 

Hildegarda cultivó un huerto y un bestiario. Su idea principal es que hay un equilibrio universal. En sus libros habla de las vías que nos llevan a Dios y de la tensión entre el bien y el mal.

 

Es la primera que tiene una propuesta para cuidar el cuerpo cuando para el catolicismo el cuerpo es el dominio del pecado. Ella se opone a las penitencias abusivas, diciendo que se deben evitar los ayunos prolongados porque son los que provocan enfermedades. También se opone a las penitencias con flagelos.

 

No se crea que se queda callada ante las injusticias, por el contrario, denuncia la corrupción del propio obispo del cual depende, ya que dice que “no se puede vivir lujosamente, mientras la gente vive empobrecida”.

 

De Hildegarda se conocen cuatro libros teológicos, 150 composiciones musicales con letra y música, una obra de teatro musical “El orden de las virtudes”, recetas de cocina; en especial, son famosas las galletas con harina de espelta para la melancolía. Si usted va a Alemania las encontrará como galletas de la alegría. Escribió dos hagiografías de santos y nueve libros sobre plantas y curaciones.

 

Creemos que el liderazgo de mujeres es actual, pero se conservan cartas de abadesas, -muchas de ellas habían sido sus alumnas, - en las cuales le preguntan sobre si deben dejar de ser abadesas porque es mucha la responsabilidad ya que prácticamente se trata de cargos con muchos problemas, sin que ellas reciban nada a cambio, salvo el reconocimiento de que son autoridad. Hildegarda las alienta a permanecer en el cargo porque sostiene que deben transmitir la energía de las mujeres. Hoy lo podríamos pensar como una actitud donde las mujeres demuestran la posibilidad de estar al frente de instituciones.

 

También podemos pensar que ella se protege, porque está construyendo una red de monasterios, lidereados por mujeres, un poder femenino concertado. Además, le están reconociendo autoridad, porque le preguntan a ella y no al obispo.

 

De acuerdo a lo que se pensaba en esa época, piensa el mundo como círculos concéntricos: un círculo exterior que los comprende a todos y donde está el dominio de dios; un círculo intermedio donde están las plantas, los animales, los vegetales y los minerales y un círculo interior que es donde está el ser humano. Para ella, todo está en equilibrio.

 

El obispo de Mainz, al cual acusó de corrupto le impone el castigo de que en sus conventos no se cante ni se toquen las campanas. Hildegarda le escribe al Papa para decirle que, si acepta eso, él peca porque la música es la sinfonía divina, consecuencia de ello es que el Papa le levanta el castigo.

 

En el siglo XX las feministas descubren a Hildegarda por lo que se ha convertido en parte de la genealogía de las mujeres. Apenas en 2012 el Papa la reconoce como Doctora de la Iglesia. Recordemos que existen 36 Doctores de la Iglesia y tan solo, 4 mujeres reconocidas; tres, a fines del siglo XX, entre ellas Teresa de Ávila, en 1970 y Hildegarda en el XXI.

 

Por eso decimos que visibilizar a las mujeres en la historia no solo es un asunto de suplir las ausencias, sino que es un asunto de relaciones de poder. Ellas fueron parte de la creación de la idea de humanidad que tenemos ahora. Vivió y pensó dentro de los límites de los conventos, porque ese fue el lugar que tuvo para entender la vida de una manera diferente a como se le había diseñado: mujeres encerradas a vida de clausura y que solo salían para ser enterradas.

 

Así que cada vez que usted tome una cerveza, recuerde que el sabor amargo y el control de la fermentación se lo debemos a esta monja, a la cual le habían marcado un destino, pero ella, a través de su inteligencia, de su voluntad, de sus decisiones, caminó por otros lugares; construyó conocimiento, música, pintura y poesía que hoy siguen siendo admirados.

 

Referencias

 

Ana Muncharaz. Santa Hildegarda de Bingen. Madrid, Palabra, 2013.

Socorro Sáncez. Conferencia sobre Hildegarda von Bingen. Ateneo Jovellanos. Gijon, España, 2024.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 3 de octubre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 5 de octubre de 2026

https://meridiano.mx/2026/09/28/el-lugar-otro-de-una-habitacion-de-hotel/

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

El lugar otro de una habitación de hotel

Lejos quedó el terruño, la familia distante

y en la hora gris del éxodo medita el caminante

 que hay jornadas luctuosas y alegres en el mundo:

 

Ramón López Velarde. Noches de hotel

 

¿Por qué nos sentimos cómodas en una habitación de hotel? Quizá porque una habitación de hotel suspende el tiempo en que vivimos, nos alberga de manera temporal y carecemos de responsabilidad sobre ese entorno.

 

La habitación solo contiene lo necesario para dormir; para pasar algunos momentos que nos dejan las actividades que realizaremos en ese lugar que no es donde vivimos. En esa habitación está solo lo indispensable: el mueble que guardará nuestra ropa para tres días, el cuarto del aseo, la mesa donde podré conectar la computadora o el dispositivo que lleve conmigo, un espejo y ya. Estoy hablando de una habitación estándar de hotel.

 

En las paredes de la habitación se encontrarán cuadros con pinturas sin forma, de tal manera que la usuaria pueda imaginarse lo que quiera. Es difícil encontrar símbolos de alguna religión, como antes, la Biblia en el buró. Ese dispositivo cultural ha sido sustituido por la lista de canales que se pueden sintonizar en la pantalla, las instrucciones para conectarse a internet, insertar claves para entrar a ciertas plataformas, y otras indicaciones de la comunicación digital. También encontramos los códigos QR para ordenar alimentos a la habitación o contratar masajes o excursiones si deseamos.

 

En algunos, habrá cuadros de paisajes bucólicos de la época colonial o costumbrista, cuya finalidad es salir del tiempo real.

 

Las habitaciones nos reciben desde la desnudez de la memoria. Quizá ahí radique su encanto. Me explico, en la casa donde vivimos están los objetos que han sido seleccionados para permanecer, para acompañarnos cada día: el mueble heredado de la tía, las flores traídas del patio de la suegra, la foto del matrimonio de la hija. Los objetos de la casa recuerdan nuestra historia personal, familiar y seguramente, grupal. En la habitación de hotel eso está ausente y, por lo tanto, nos sentimos libres de las ataduras contenidas en la materialidad de los objetos. Al menos de la obligación de verlos y recordar su procedencia. Por eso, la habitación de hotel, suspende el tiempo en que vivimos. No estamos en el fluir de la conciencia personal o familiar, anclada en objetos.

 

El hotel nos alberga de manera temporal a partir de una fecha y hora de entrada y tiene fecha de salida. Somos dueños de ese pequeño lugar por unos días que serán pagados a un valor que puede parecer desorbitante si lo multiplicamos por lo que costaría un mes de estar ahí. Sin embargo, lo que pagamos es ese espacio de soledad, de apertura del tiempo que nos ofrece una habitación de hotel.  

 

En el hotel podemos estar con nuestra mismidad. Escuchar nuestros propios latidos. Inventarnos que somos lo que quiera que queramos ser. Quizá por eso algunas escritoras y escritores han decidido crear sus obras en un hotel porque, como decía Virginia Wolff es necesario “tener un cuarto propio” y desde luego, no tener que asearlo, pensar en la comida, etc. Escribir, estar en contacto conmigo misma para poder organizar las ideas, dar vida a los personajes, crear las atmósferas que requiere el texto, por ejemplo.

 

Se sabe que Agatha Chistie escribió en el Palace Hotel de Turquía, el Asesinato en el Orient Express. Si usted puede ir, verá que la habitación 411 se conserva como homenaje a esta escritora.

 

Los libros se van de las manos en medio del bullicio, del acontecer de la vida cotidiana, de los pequeños quehaceres que se tienen que hacer para estar en la vida. Por eso, el silencio del cuarto de hotel, ha permitido que se convierta en un refugio ideal para la escritura.

 

Los cuartos de hotel son islas o no lugares porque no están atravesados por las historias personales o comunitarias. Salvo que en esa habitación haya ocurrido algo excepcional, entonces será marcado con la fecha del acontecimiento para salir del anonimato de ser, solamente, una habitación de hotel. También, algunos hoteles de todo el mundo han obviado el piso número trece, por la superstición de que se trata de un número de mala suerte. Desde luego, el piso sí existe, pero es numerado como 14. En una ocasión decidí bajar por las escaleras de un hotel y cuál va siendo mi sorpresa al encontrar que el piso 13 sí existía como tal, pero estaba en completo abandono; albergaba muebles viejos, cuadros fragmentados, sábanas derruidas, objetos olvidados por antiguos clientes. Desde entonces nunca más me aventuro a los pisos 13.

 

La comodidad de quienes estamos temporalmente en un cuarto de hotel la debemos a un conjunto de trabajadores y trabajadoras que sostienen esa comodidad. Como siervos modernos nos dan los buenos días desde uniformes que los hacen indistinguibles. Las personas han sido reducidas a sonrisas, ojos atentos, personas comedidas para solucionar cualquier petición. Entre menos se individualicen, su trabajo será mejor. Las mujeres peinadas con el pelo recogido; los hombres con cortes y vestimenta estándares.

 

Estar en una habitación de hotel interrumpe el flujo de la vida en la que estamos para ilusoriamente entrar en ese lugar sin marcas de tiempo. Pero volvemos. Regresamos a la bienvenida del ladrido que anticipa nuestra llegada, del maullido de la gata que reclama la ausencia, de la hija que dejó comida para señalar la bienvenida. Regresamos a la máscara prehispánica traída de Bonampak, a la piedra robada al volcán. Ahí, con su sola presencia en la casa, nos remontan a la que vida que nos corresponde en la línea del tiempo que hemos vivido.

 

Puede ser que una habitación de hotel sea una nueva versión del Paraíso: ahí está todo lo que necesitamos, la comida, el confort, la posibilidad de nombrar el mundo. Porque el paraíso es algo hecho. Alguien lo hizo para nosotras. Aunque en la tradición tenga árboles, ríos y huerta, aquí tenemos servicio a la habitación y wifi. Si una de las tareas de los seres humanos es nombrar, las escritoras que han escrito desde el cuarto de hotel han realizado esa tarea porque se han dedicado al lenguaje como en el mito bíblico.

 

Habitar un cuarto de hotel, aunque sea por breves días, decirte algo a ti misma, o escribir un texto, es, de alguna manera, hacer un paraíso, aunque ese paraíso lo vivas de manera fragmentaria. Quizá por eso, huimos al paraíso que significa una habitación de hotel; el tiempo sin tiempo, el lugar sin lugar.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 26 de septiembre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 28 de septiembre de 2026

https://meridiano.mx/2026/09/28/el-lugar-otro-de-una-habitacion-de-hotel/

jueves, 24 de septiembre de 2026

La gracia de las campanillas silvestres

Ángeles muy temprano por la mañana:

se los puede ver entre los rocíos:

mirando, recogiendo, sonriendo, volando.

¿Son acaso las flores sus dominios?

 

Emily Dickinson

 

Sin fijar la mirada en ellas las descubres en cuanto pisas terrenos bañados por la lluvia. Se originan en el silencio de la noche en las bardas enmarañadas donde no llega la domesticación de los jardines. Ellas siguen surgiendo ahí, en las orillas para anunciar lo abierto que se abre.

 

Puede ser que sea el agua de las tormentas la que las arroja a estos suelos o el azar o el azar les ayuda a expandirse. Basta con que tú te apartes, con que no estés ahí en el momento en que, con acumulada paciencia, suben por las paredes de cualquier risco o se alojan en los resquicios de las piedras. Puedes ver sus luces moradas si de madrugada apartas las hojas de los eucaliptos o las ramas caídas de los guayabos que por esta temporada embriagan con su olor de selva.

 

Son campanillas silvestres, muy azuladas, moradas, posando en su enredadera.


 

Encontrar esos pétalos muy azulados entre la yerba tiene algo que decirte sobre lo elemental de la vida que sucede. Es el instante en que las ves cuando el tiempo se clava de golpe y vuelves a entrar a esa dimensión donde las fechas viajan en su propia órbita para alojarse en el tiempo del ahora.

 

Las encuentras donde menos lo esperas, en el quicio de una puerta aturdida en su propio abandono; sin explicarse por qué quien habitaba esa casa, el que cantaba, la que bordaba, la muchacha tocando el piano, las niñas balbuceando, ya no están. Ahí también las campanillas muy azuladas, aparecen frescas y radiantes luciendo la paciencia morada. Esperan el tiempo del regreso, de volver al bullicio.

 

Cuando te aficionas a ellas, sigues buscando porque sabes que la paciencia, la mirada de reojo te las mostrará en una ráfaga de luz. Entonces, seguirás el destello para llegar al macizo de flores donde se agolpan, donde viven sus mundos apartados. Porque eso hacen las campanillas moradas, se apartan de tu camino para que, perdida en la búsqueda, puedas levantar la vista del suelo, te preguntes si has dejado de concentrarte o ya no tienes rumbo.

 

Como pequeñas hadas vestidas de profundos azules florecen en las primeras horas. Su elegancia la encuentras en el confiado musgo donde nadie podrá arrebatarlas.

 

Si te sobreviene el desánimo, si pretendes caminar apresuradamente para abarcar un terreno más grande, lo más probable es que te desorientes yendo a un lugar y a otro. Las flores las encontrarás en tu proximidad, solo debes permitir que ellas te vean.

 

No te des por vencida. La tierra sigue fresca, la mañana está húmeda. Es la certeza de que las encontrarás donde menos lo esperas lo que hará que sigas tu camino.

 

No te entretengas contando las horas de la noche, ni busques el augurio del destino en las líneas de tu mano. Busca muy temprano en la mañana antes que se extingan en las horas del sol.

 

Cuando las encuentres en su floreciente abandono, podrás olvidarte de ti, del temor. ¡Ellas te darán su indulto! Disfruta de su vista porque no podrás recogerlas; no podrás trozar sus tallos plácidos para llevarlas contigo. Ni siquiera podrás recoger pétalos para guardarlos entre las hojas de los libros, porque los libros ya no guardan nuestras voces conmovidas.

 

Son campanillas silvestres, muy azuladas, moradas, nunca vencidas, nunca apagadas. Ellas siguen ahí con la serenidad de lo que está en el sitio que deben estar; como están las cosas en la realidad de las cosas; con la templanza de su porte para que, cuando camines con la atención despejada, cuando veas solo por ver; cuando la mirada vaya aquí y allá, libre de cordura, las veas y entonces sepas que la gracia existe.

 

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 19 de septiembre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 20 de septiembre de 2026

https://meridiano.mx/2026/09/20/la-gracia-de-las-campanillas-silvestres/

jueves, 17 de septiembre de 2026

Carlos Fuente en la Muerte de Artemio Cruz

Todos necesitamos testigos 

de nuestra vida para poder vivirla 


La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes

 

Si usted quiere conocer la historia mexicana del siglo XX puede leer La muerte de Artemio Cruz y, si gusta, puede consultar un texto de historia oficial porque la novela de Carlos Fuentes nos acerca a los acontecimientos ocurridos a la población no a sucesos históricos que ocurrieron sin personas.

 

Artemio Cruz, un industrial exitoso, recuerda sus memorias en su lecho de muerte y en ese recuerdo revive la historia de una generación de políticos del México contemporáneo. Recuerda la infancia, sus ideales revolucionarios cuando se integró a la revolución mexicana para cambiar el país; recuerda también las mujeres y la mujer que amó. El tiempo, la institucionalización de la revolución, la operativización de los ideales, la necesidad de controlar el poder, todo ello; fue dejando los ideales en el lugar de los ideales imposibles, para decidir, en su lugar, un conjunto de intereses a mantener.

 

Al mismo tiempo que vemos el deterioro de los ideales sociales de Artemio Cruz, también vemos el deterioro personal. Su matrimonio es una cadena más en el camino al poder. Se casa con la hija de un terrateniente como una manera de vincularse a las familias poderosas a cuyo amparo se volverá un nuevo rico y un empresario poderosos Poder sin amor, amor con intereses parece ser el equilibrio entre los nuevos ejecutores del poder. El grupo de políticos alrededor de un partido sustituyen al viejo cacique unipersonal. En su lugar ha quedado un nuevo cacicazgo colectivo, llamado partido político, tal y como lo recomendaba Maquiavelo en El Príncipe.s

 

La novela narra también el surgimiento de la impunidad, de la corrupción y del poder como el lugar donde la necesidad se convierte en discurso en tanto palabrería, palabra que se agota de tanto decirla.

 

Carlos Fuentes utiliza diversos recursos literarios. Uno de ellos consiste en intercalar el pasado y el presente, apelar a la intertextualidad y recrear escenas de la vida nacional oficial. Esto último otorga un contenido humano a la historia oficial conocida, de tal manera de acercar los acontecimientos al piso de la vida humana.

 

“Pero recordarás otras cosas, otros días, tendrás que recordarlos. Son días que lejos, cerca, empujados hacia el olvido, rotulados por el recuerdo -encuentro y rechazo, amor fugaz, libertad, rencor, fracaso, voluntad- fueron y serán más que los nombres que tú puedes darles: días en que tu destino te perseguirá con un olfato de lebrel, te encontrará, te cobrará, te encarnará con palabras y actos…”

 

Otro recurso es utilizar distintas personas narrativas en el mismo personaje. La primera persona es el Artemio Cruz recordando, multiplicando las escenas del pasado. La segunda persona la utiliza Artemio Cruz hablándole a su conciencia o la conciencia de Artemio Cruz hablándole al personaje. La tercera persona del singular la utiliza como un narrador ubicado en el pasado desde donde van discurriendo los momentos de la vida construida en historia.

 

“Artemio Cruz: sobrevivirás porque te expondrás: te expondrás al riesgo de la libertad: vencerás el riesgo, y, sin enemigos, te convertirás en tu propio enemigo para continuar la batalla del orgullo: vencidos todos, sólo te faltará vencerte a ti mismo”.

 

Recuerda un moribundo, pero no recuerda como moribundo. No se trata del relato de alguien que recuerda con culpa, sino de quien rehace la vida en múltiples momentos, por eso los capítulos se resuelven en cortes abruptos donde parece dejarse trunco el periodo al que se hace alusión. Sin embargo, no es nada de eso, la novela tiene un hilo conductor a partir de la conciencia de Artemio Cruz.

 

Porque no es la novela de un arrepentimiento; no es una novela de confesión ante alguien externo, sino que es un relato de poner en claro dónde estuvieron los hitos de su vida. Cuáles de sus decisiones fueron clave para llegar al lugar donde llegó. Qué caminos siguió en cuáles encrucijadas. Por eso es capaz de darse cuenta de las intenciones de quienes se acercan a él, de quienes llegan a quitarle algo del poder que acumuló.

 

Sabe ver la codicia en los ojos ajenos porque él también tuvo esos ojos.

 

La muerte de Artemio Cruz puede leerse como la fatalidad mexicana, el círculo que siempre vuelve a cerrarse sobre sí mismo, la imposibilidad de liberarse de caciques disfrazados de gobernantes, la lucha estéril contra los grupos del poder. Puede también leerse como el juicio de un miembro de la clase poderosa hacia sus congéneres. Una puesta en escena de los entramados del poder, una biografía genérica de los poderosos de todos los tiempos disfrazados de revolucionarios. Puede, finalmente, repetir la historia de los cínicos, encaramados en el poder luciendo su farsa de demócratas. O como el destino de la historia en su imposibilidad de acercar la liberación en su repetición de yugos.

 

Porque La muerte de Artemio Cruz es una novela central para entender al México contemporáneo, a éste que todavía no acaba de regirse por leyes ni convenios internacionales ni por códigos éticos sino por caudillos dispuestos a todo con tal de llegar al poder, conservarse en él y amasar fortunas.

 

Hoy los Artemios Cruz pueden estar diseminados en distintos partidos políticos, pero su cara, su biografía, es la misma. La literatura, por eso, revela la cara oculta de la historia.

 

Gracias a Carlos Fuentes por entregarnos este espejo de nosotros mismos. Por asomarnos a las facetas de los poderosos y devolvernos esa otra parte de la historia.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de septiembre de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 13 de septiembre de 2026 https://meridiano.mx/2026/09/13/carlos-fuente-en-la-muerte-de-artemio-cruz/