Resistencias patriarcales. Desigualdades y políticas de género en la Universidad, es un libro de Ana Buquet, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), publicado por esa casa de estudios a través del Centro de Investigaciones y Estudios de Género.
Aunque el libro se refiere a la UNAM, se puede considerar que gran parte de los resultados a los que arriba pueden ser extendido a las universidades públicas mexicanas.
En el texto se discuten los principales argumentos referidos a la construcción de igualdad al interior de las universidades en el ámbito europeo y latinoamericanos a partir de los marcos de las Convenciones Internacionales que apuntan al avance de las mujeres en la educación superior desde fines del siglo XX. Desde este punto de vista presenta la paradoja de que diversas Instituciones de Educación Superior (IES) han impulsado cambios normativos, impulsado estructuras y acciones institucionales a favor de la igualdad, sin que se observen los cambios esperados.
¿Por qué son importantes los resultados de la investigación que se plasman en este libro? Porque la investigación inicia con los estudios elaborados en el principio de las políticas de igualdad en las IES en México, los que son contrastados con la investigación reciente; esto es, un lapso de aproximadamente, quince años. Ello permite observar lo que persiste en las universidades; lo poco que se ha transformado el lugar de las mujeres en la UNAM y muestra las fisuras de las políticas. Constata que las políticas de igualdad que anunciaban transformaciones estructurales, de relaciones sociales y culturales en la UNAM, muy poco han cambiado el lugar de las mujeres.
La investigación se fundamenta en la normatividad jurídica nacional e internacional y en un enfoque feminista para mostrar el avance de los derechos de las mujeres para ser sujetas universitarias de pleno derecho; libre de ambientes de discriminación y violencia; con iguales posibilidades que los hombres para acceder a lugares de poder académicos y de gestión. Con ese andamiaje, la mirada se dirije hacia el interior de la propia institución para develar las características de la estructura y la cultura como factores que inciden en los esfuerzos de política pública universitaria para construir igualdad.
En el libro se reflexiona dentro de teorías que permiten comprender y analizar esta paradoja de la igualdad que se evade. Conceptos como códigos de género, resistencias, sistema de cuidados, violencias en razón de género, se convierten en filtros por donde se agudiza la mirada.
Los ejes de análisis se centran en las desigualdades más sensibles visibilizadas al interior de las universidades: la segregación por sexo en los puestos de toma de decisiones; la violencia de género como un mecanismo que regula las relaciones entre mujeres y hombres en la institución y el uso diferencial del tiempo. Esta última temática de reciente incorporación debido a los estudios sobre cuidados que han iniciado en la academia y de los cuales las universidades no han definido algún tipo de corresponsabilidad institucional de cuidados. Por ello, el uso del tiempo de universitarias y universitarios se considera un ejemplo que muestra la persistencia de desigualdades.
La autora borda de manera fina al preguntarse por qué, si se han dado las condiciones para que las universidades logren cambios a fin de que mujeres y hombres habiten las instituciones sin desventajas para ellas y sin privilegios para ellos, por qué estamos prácticamente en el mismo lugar de partida: el poder político y académico sigue siendo ejercido prioritariamente por el colectivo de los hombres, quienes, además, concentran los ingresos más altos; la violencia contra las mujeres sigue atravesando las relaciones entre mujeres y hombres en el ámbito estudiantil, académico y administrativo y persiste una desigual distribución del trabajo medido el uso diferencial del tiempo.
La autora propone no centrarse solamente en los obstáculos que enfrentan las mujeres en la educación superior, que sobre esto se han desarrollado las políticas, fundamentalmente, sino que propone una mirada del lado de la estructura de la universidad. Cómo el poder masculino se ha apropiado de los avances teóricos y de prestigio del feminismo, lo que se ha traducido en la conservación del poder por parte del colectivo de los hombres.
Por ello, la autora trabaja con el concepto de resistencias en tres vertientes: las resistencias individuales, colectivas e institucionales; las tres se refuerzan y confirman; una es constitutiva de la otra y de la otra y de la otra. En palabras de la autora: “Cuando las autoridades no apoyan los cambios, muestran reservas o se manifiestan en contra, envían un mensaje a la colectividad, por lo que es más probable que las personas se resistan de manera individual” (p. 27).
En el libro se urde una mirada sobre las alianzas masculinas en diversos momentos de la vida universitaria. Así queda en evidencia la estructura patriarcal activada en redes que actúan en diversos momentos de la vida universitaria para evitar la transformación de las relaciones entre mujeres y hombres al interior de la uiversidad; se refuerza el régimen de género; se arraigan las posturas individuales de las masculinidades en la universidad y se fortalecen las complicidades masculinas. Ello contrasta con los discursos y los planes institucionales, los cuales son políticamente correctos ya que incorporan lenguaje de género, pero, como afirma la autora, se trata de políticas de igualdad creadas dentro de lógicas patriarcales.
Son universidades igualitarias en el papel, aparador para simular que se cumple con las normas y que se está en el pulso del tiempo, pero que en la práctica no se desarticulan las alianzas micro y macro que sostienen las desigualdades en diversos planos.
Quizá sería necesario, en una siguiente investigación, realizar un estudio sobre la cultura política institucional de la UNAM con la finalidad de fundamentar el modus operandi de las combinaciones de las “resistencias patriarcales individuales, colectivas e institucionales”. Esas combinaciones se mencionan, pero hace falta, discernir finamente, cómo ocurren en la práctica.
El libro permite avanzar en la comprensión de cuál es el resultado de las políticas de género en la educación superior, de las acciones organizacionales, de los esfuerzos de los organismos internacional, de las propuestas de las feministas institucionales, de las exigencias de las colectivas universitarias en transformar el lugar de las mujeres en las IES.
Las mujeres avanzamos hacia la igualdad en base a derechos, pero el patriarcado tiene pactos, alianzas, lugares obscuros, costumbres, por donde camina. Por eso la autora distingue los comportamientos formales y los informales en la construcción de igualdad.
El libro nos invita a un alto en el camino. A valorar los resultados de lo que se ha implementado, desde 2010 a 2026.
Agradezco a Ana Buquet, a su equipo de trabajo y al CIEG la realización de esta investigación cuyo profesionalismo en el manejo de los datos, la interpretación de resultados, el análisis pormenorizado, establece un piso desde el cual mirar la realidad de la construcción de igualdad en la UNAM, sin perdernos en los aplausos fáciles, pero tampoco en críticas sin fundamento.
A partir de estos resultados es posible introducir cambios en las políticas, realizar acciones de incidencia en poblaciones específicas para que el propósito de cambiar el lugar de las mujeres en la educación superior tenga posibilidades de ser realidad. Y no repetir la historia de la clásica Penélope que lo que se teje de día, se desteje en la noche permanente del patriarcado.
Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de marzo de 2026
Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx