sábado, 29 de agosto de 2026

Artemisia Gentileschi o el Arte como denuncia

                                                                                                             No quisiste olvido, 

                                                                                                                no quisiste perdón

 

Una de las obras de la pintora Artemisia Gentileschi muestra la situación de las mujeres en el siglo XVII. En efecto, el cuadro Judith decapitando a Holofernes, se ha convertido en la tarjeta de presentación de la pintora ya que con esta obra se instala entre las grandes pintoras de Occidente.

 

¿Qué muestra la pintura? Recrea el mito bíblico del Antiguo Testamento, el Libro de Judit, precisamente, en el que Judit, seduce al general asirio Holofernes y lo decapita cuando está embriagado. Con esta acción, Judit salva a su ciudad, además de que la cabeza de Holofernes se exhibe como victoria para derrocar al ejército que pretendía invadir la ciudad de Betulia.

 

El cuadro hubiera pasado a la historia del arte como un cuadro más de motivos religiosos, si no fuera porque la representación de Judit es el autorretrato de Artemisia y el general Holofernes corresponde al pintor Agostino Tassi, quien, siendo su maestro de pintura, la violó cuando tenía 18 años. Entonces, la pintura se convierte en una denuncia; la manera como Artemisia muestra la venganza sobre el violador.

 

Se llevó a cabo un juicio en contra del pintor, donde ella, lejos de ser escuchada fue torturada puesto que, como se sabe, las palabras de las mujeres son sospechosas de no ser verdaderas. Dicen las crónicas que aún, sometida a tortura, ella sostuvo la versión de la violación. Por eso, debemos desconfiar de las películas donde muestran a una Artemisia que acude voluntariamente a la seducción; es un intento de restar importancia a los abusos que los maestros cometen contra sus estudiantes y, sobre todo, niega las declaraciones de ella en el juicio contra el pintor, donde narra explícitamente cómo se cometió la violación.

 


En esa época las mujeres tenían que formarse con maestros particulares, lo que las colocaba en una situación de desventaja, puesto que, prácticamente, estaban a su merced.

 

La pintura también muestra el conocimiento de Artemisia de principios científicos a partir de la observación y de la convivencia con la comunidad de intelectuales de la época. En la primera versión de la pintura, elaborada entre 1612 y 1613, del cuello degollado gotea la sangre y se derrama por la cama; en cambio, en la segunda versión de la obra, fechada en 1620-21, la sangre sale disparada desde la herida, lo que evoca la trayectoria parabólica de proyectiles propuesta por Galileo en 1608. De acuerdo a historiadores de la ciencia, Galileo Galilei y Artemisia Gentileschi se conocieron en la Accademia del Disegno, en la cual, a Galileo se le nombró Astrónomo (Galech, 2015, Revista Situaciones no. 5. Barcelona) y Artemisia fue la primera mujer en ser admitida.

 

Artemisia es autora de otras pinturas como Susana y los viejos, relacionada con otro relato bíblico de acoso. En este caso, de acuerdo al Libro de Daniel, son dos jueces viejos quienes la espían mientras se baña. Ella no accede a sus requerimientos, por lo que la acusan de adulterio, por lo que la condenan a ser lapidada. No ocurre esto último ya que la intervención de Daniel lo impide. Son los viejos los que fueron condenados por impiedad y lujuria.

 

Artemisia, lejos de tomar el relato para hacer un cuadro erótico, de acuerdo a la mirada masculina, le da centralidad a la angustia de la mujer, a la vulnerabilidad en que se encuentra ante los viejos. Susana rechaza a los viejos, -no se deja mirar-. Su rostro muestra la repulsión que siente ante el asedio, el ultraje.

 

Es claro, que su propia situación la proveyó de narrativas que fue encontrando en la Biblia y en historias antiguas, donde las mujeres, lejos de quedarse como víctimas se convirtieron en protagonistas.

 

No fueron los únicos cuadros que pintó, pero en todos muestra a mujeres fuertes, decididas. A través de la pintura les otorga una fuerza central. A mí me emociona esa fortaleza que logra transmitir. Ejemplo de ello es su autorretrato donde la vemos pintando sobre un lienzo que la sobrepasa. La luz le ilumina la cara, el pecho y la mano que pinta, en tanto que el resto del cuerpo está entrando en la sombra. En el enfoque seleccionado por la pintora la vemos desde un ángulo que nos permite contemplarla como si nosotras estuviéramos en un plano inferior. Quizá lo que más me sorprende es la poca complacencia femenina que muestra su rostro, ya que no sonríe para agradar como se supone que las mujeres deben ser. Por el contrario, expresa la concentración de la pintora en el acto de creación, y vemos la dureza del trazo, la decisión.

 

Artemisia Gentileschi es retomada por el movimiento feminista como ejemplo de una mujer que toma conciencia de la situación de abusos en que viven las mujeres para llevarla a la pintura. Selecciona a mujeres bíblicas que lejos de ser víctimas, se convierten en mujeres capaces de entablar acciones contra sus opresores: Susana, Judit, Yael o Ester; capaces de hacer justicia por su propia mano.

 

También da cuenta de las dificultades de las mujeres para acceder al poder como fue el caso de haber sido la primera mujer admitida en la Academia de Dibujo de Florencia.

 

Actualmente se le considera una pintora feminista o más bien dicho, la primera pintora feminista

 

Ante Judith decapitando a Holofernes

 

No quisiste olvido, no quisiste perdón.

El ímpetu de la sangre sofoca el grito.

 

Con esta demencia miro el día, el nudo que fuiste,

la perla preciosa sin miedo

la luz que salvaje habita en tu cuerpo.

 

Ojalá los garfios no hubieran caído en tus hombros,

la fuerza no ciñera el ultraje,

los colmillos no marcaran tus dedos.

 

Te miro alucinada arrojada al fuego,

embellecido tu rostro en la venganza.

 

No hay lágrimas, no hay pavor

solo la secreta seguridad del odio.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 22 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 23 agosto de 2026

https://meridiano.mx/2026/08/23/artemisia-gentileschi-o-el-arte-como-denuncia/

 

lunes, 17 de agosto de 2026

Vicente Quirarte palabras para permanecer: Amado Nervo y Alí Chumacero

Vuelvo para quedarme .

Que me enciendan cien cirios

y preparen el lecho

donde habré de dormir lo que me falta.

 

Vicente Quirarte. La canción de la tierra

 

Vicente Quirarte (1954-2026) en el homenaje por los 100 años de la muerte de Amado Nervo, en 2019 dijo en el Colegio Nacional:

 

Fue Nervo una víctima de la sinceridad; no sin ironía puede pensarse que éste fue su heroísmo. Nadie mejor que él puede servir de pretexto para meditar  sobre  esa  antítesis  que  se  ha  hecho  de la vida y del arte. Para quienes predican su des-humanización  “y  que  rompa  las  amarras  que  a  la  vida  lo  sujetan”,  el  ejemplo  de  este  poeta  es un argumento valioso: el hombre, allí, acabó por destruir al artista”.

 

El texto completo “100 años con Amado Nervo” se publicó en el Boletín de la Biblioteca Nacional de México (12/04/2019), en el cual menciona que el sepulcro de Amado Nervo es el más visitado en la actual Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. Al igual que la tumba de Agustín Lara, siempre tiene flores frescas.

 

En el reconocimiento que hace Vicente Quirarte a la obra de Amado Nervo, transita por las diversas etapas del poeta, de las que reconoce dos: la de juventud, caracterizada por el tono íntimo, y la de madurez donde se acentúa el tono moralista. Para Quirarte, la primera etapa es más pura en cuanto arte, en tanto que la segunda, es una poesía de la desnudez de Amado Nervo como hombre.

 

Un año antes, en el centenario del nacimiento de Alí Chumacero, poeta nacido en Acaponeta, Nayarit, Vicente Quirarte escribió el texto “El príncipe feliz: centenario de Alí Chumacero”, publicado por el Colegio de México en la revista Otros Diálogos (2018). Quirarte afirma que Alí Chumacero nació inmortal porque sus versos, todos sus versos, brotaron clásicos y eternos, pero también porque tenía una presencia donde se reconocía el valor del silencio y de la risa. Alí “nunca usó la retórica para verstir la emoción; desde el principio se exigió las palabras potenciadas a su más alta escala. Toda su obra -afirma- es de una belleza que no admite pausas, sino un compromiso para toda la vida”.

 

Fue unánimemente amado porque no peleó posiciones de poder ni causó daño para conquistar el sitio que desde muy joven alcanzó”.

 

¿Por qué tituló el texto como “El príncipe feliz”? porque en el cuento de Oscar Wilde el principe reparte su riqueza en la ciudad. Los habitantes lo admiran por sus destellos exteriores, pero ignoran el dolor de su corazón. Alí Chumacero era un príncipe porque ofrecía felicidad a los otros, en tanto, que secretamente, cultivaba la pureza de la palabra.

 

El reconocimiento era mutuo: Alí Chumacero dio respuesta al Discurso de ingreso de Vicente Quirarte a la Academia Mexicana de la Lengua el 19 de junio de 2003. En ese discurso, Quirarte se refirió a Alí como “poeta mayor de nuestro idioma, que se define como corrector de pruebas, y cuya obra -ejemplar y perfecta- es lección de permanencia ante las amenazas de la resignación, el silencio o la muerte” (p 10). Su discurso de ingreso se refirió a El México de los Contemporáneos.

 

Alí Chumacero le da la bienvenida a la silla XXIII que había correspondido a Carlos Pellicer. Dijo de Quirarte que es un universitario a carta cabal, dedicado a la amistad constante con la página escrita. Su inclinación por la literatura lo llevó a buscar en las palabras la traducción de sus emociones. Reconoce a un escritor que dedica su tiempo al ensayo, la narración, la poesía, el teatro. Esa pasión se convirtió en el acto definitorio de su vida. Termina su respuesta al Discurso de ingreso diciendo:

 

Más debería decir acerca de Vicente Quirarte y su notable obra. Pero por ahora me basta con rematar la faena afirmando que su presencia, al cubrir el sitial que correspondió a Carlos Pellicer, llega con señalados méritos a honrar a nuestra institución. Es bienvenido” (p 70).

Termino esta breve reflexión sobre Vicente Quirarte, como un breve tributo por su deceso, con un texto de su autoría:

Teoría del oso

 

Sumergido en lo más hondo de esta página, tiene la seguridad de la cobra en el desierto. Fiel guerrero del olvido, pisotea el gozo del último pinar estremecido por el viento. Emerge al fin, fatigado del odio en bruto que es él mismo, el hambre desnuda, los colmillos prestos. Nadie como él es omnívoro. Mastica el plomo de los lápices y bebe tinta a mares, llevándose en los belfos restos de teclas y de cintas. Se aleja eructando puntos suspensivos; deja en su camino los excrementos de tropos nunca usados. Pero aun la bestia tiene rasgos de nobleza: deja sobre el escritorio la goma de borrar.

 

Y un poema:

 

Nevó toda la noche y amanece
la tierra inmaculada.
Quién pudiera decir que bajo el manto
prepara su verdor la primavera.
Si la pureza existe,
qué semejante es a la nieve:
hoja blanca cedida por el mundo
para probar que nada permanece.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 15 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 17 agosto de 2026

https://meridiano.mx/2026/08/17/vicente-quirarte-palabras-para-permanecer-amado-nervo-y-ali-chumacero/

miércoles, 12 de agosto de 2026

El Tren pasa primero

Pronto descubrió que lo que más le atraía era convivir 

con los patieros del ferrocarril. En la estación era otra realidad.

Nada se mantenía igual, todo iba hacia el horizonte

como el tren que se lanza a lo desconocido.

 

Elena Poniatowska, El Tren pasa primero

 

El trayecto de Tepic a México duraba 24 horas. Tomábamos el tren en el atardecer del cerro de San Juan y la noche siguiente estábamos llegando a los patios de Buenavista, en la Ciudad de México, cuando todavía era Distrito Federal. Mi abuela llevaba comida para el viaje: pollo cocido, huevos duros, papas, fruta. En el carro restaurant comprábamos café con leche y desayunábamos.

 

El tren se abría paso entre montañas verdes que fueron vencidas a fuerza de túneles. Las niñas que éramos entonces, veíamos los paisajes como lugares donde habitaba lo salvaje, lo no presentido. Al paso del tren se sucedían olores de flores, de remansos de agua. La ruta del Pacífico conectaba hacia el norte con Nogales, Sonora y hacia el sur con Guadalajara. Por eso teníamos que transbordar en esta última ciudad. Se oía el traca traca del cambio en el nodo ferroviario. El fierro nos anunciaba el futuro. Después, el tren se detenía en ciudades como Pénjamo, Salamanca, Querétaro y otras más, hasta llegar al Distrito Federal.

 

Ahí llegábamos al bullicio. Era una algarabía llegar a las estaciones de ferrocarril. Creo que el olor a enchiladas que recuerdo, proviene de esos viajes. No se habían inventado los radios de pilas o al menos, no eran masivos, por eso en los vagones lo que se escuchaba eran las conversaciones, niños que lloraban y sobre todo, el arrullo del traca traca del tren.

 

Leer la novela de Elena Poniatowska, El Tren pasa primero me hizo recordar los viajes de México a Tepic y de Tepic a México con mi abuela Cayetana, mi abuela materna. Ella nunca se acostumbró a los viajes en automóvil, así que siguió viajando en tren durante toda su vida. Decía que prefería que la llevaran a caballo o en mulas que en automóvil. Era una abuela del otro, otro siglo; había nacido en 1900. Recordemos que los Ferrocarriles Nacionales de México se privatizaron en 1997, lo que significó la cancelación del servicio de pasajeros. Mi abuela había muerto en 1985, así que no vio ese final. La novela de Poniatowska, ganadora del Premio Internacional Rómulo Gallegos 2007, da cuenta de la vida del movimiento ferrocarrilero de fines de los cincuenta en México. Uno de los movimientos laborales más importantes que prefiguraron la apertura democrática después del 68 estudiantil.

 

La novela está estructurada alrededor del movimiento social protagonizado por los ferrocarrileros dentro de la consolidación de la clase política emergida por la revolución mexicana. La trama da cuenta del entrelazamiento entre un movimiento laboral con fuertes anclajes sociales y la construcción del poder en el país. A través del tren, el personaje central Trinidad Pineda Chiñas se construye en líder; se mueve a través de la geografía del país y muestra la interrelación entre vida privada y vida pública. El uso de los diálogos recrea la atmósfera de la época a través de personajes centrales.

 

Se ha dicho que el personaje real que da origen a la novela es Demetrio Vallejo. Sin duda es cierto, la autora lo que crea es un personaje literario capaz de tener dudas, incertidumbres, confianzas y desconfianzas. Justamente, la confianza, la buena fe de los ferrocarrileros aparece como cuota de ingenuidad ante el funcionamiento de un poder capaz de engullirlo todo con tal de fortalecerse, de destruir cualquier intento de oposición; de centralizar las decisiones de un poder que lo quiere todo, porque los reclamos por el cumplimiento de derechos eran traducidos como oposición al régimen.

 

La novela visibiliza a las mujeres de los ferrocarrileros dentro una trama aparentemente muy masculina. Efectivamente, las mujeres muy poco lugar tienen en la vida de los ferrocarriles. No obstante, la escritora les otorga un papel fundamental al convertirlas en interlocutoras de los trabajadores en distintos papeles de su vida. Las mujeres no son sólo las compañeras de las vidas emocionales y sentimentales, sino que también son parte de las posibilidades de la reflexión a partir de la cual los ferrocarrileros toman las decisiones.

 

Son ellas con las que dialogan.

 

Quizá los personajes menos trabajados correspondan al poder. Aparecen como sombras, como detrás de telones. Ello es comprensible si se toma en cuenta que la autora opta por contar la trama desde el punto de vista de los ferrocarrileros. Aún así, sería de esperar una novelación más compleja de los personajes que ejercen el poder en México con la finalidad de atisbar ese, su propio mundo de quienes están en el poder.

 

La derrota de los ferrocarrileros, su encarcelamiento en Lecumberri, muestra la derrota de un régimen; no necesariamente la derrota de los ferrocarrileros ni del movimiento. Porque es el régimen el que fracasa cuando los obreros piden justicia, ampliación de derechos, pero el poder solo tiene la represión como respuesta. La entereza de los hombres y mujeres del ferrocarril queda de manifiesto en la sobrevivencia de cada día.

 

Afuera los grupos de presos se han dispersado. En la cárcel la repartición del rancho se inicia a la una y media de la tarde y los hombres entran a su crujía a comer. Sólo uno que otro permanece al acecho de una improbable visita. En la reja de salida, Rosa ve cómo una mujer vestida de negro con el rostro descompuesto baja de un taxi acompañada de dos hombres. “Viene por su muerto” y apresura el paso para no encontrarse con ella. Antes, Rosa se habría acercado: “Lo siento, ¿puedo servir en algo?” Ahora su marido Ramón ha muerto, Rafael está en la cárcel y Rosa huye de la desgracia- “Yo ya tuve lo mío; con más no puedo” y sus pasos precipitados la conducen a la carretera vacía” (237).

 

La novela inicia con la tensión antes del estallido de la huelga y termina con la entrada del líder a una nueva etapa amorosa en su edad otoñal. Un líder vencido y carismático cargando sus recuerdos a cuestas a punto de iniciar una nueva vida no deja un desaliento; deja lo que fue la esperanza de cambiar un régimen, la idea de que es posible empezar desde nuevos lugares.

 

La novela entrelaza los recursos que Elena Poniatoska utiliza: contexto de la época, testimonios, construcción de figuras literarias. La novela nos introduce en las luchas de los ferrocarrileros que no conocimos puesto que ocurrieron en la década de los cincuenta. Lo que sí nos queda de la novela es que no todos los líderes sindicales actúan para favorecer a los trabajadores, lo cual, a estas alturas, no es un descubrimiento en sí mismo, pero sí lo es, la constatación de la desilusión de las mayorías, la imposibilidad de transitar por vías de libertad y concientización en lugar de vías de complicidades y corrupciones.  

 

Para quienes utilizamos los trenes en las décadas de los sesenta y setenta, el viaje era una aventura. Los trenes eran lentos, es cierto, pero la niñez nos protegía de las prisas, sobre todo, si vamos en ese coche dormitorio a donde la abuela lleva las ceremonias del dormir, del soñar. Donde nos despertaba para ofrecernos las viandas de chayotes cocidos, de calabaza enmielada, como verdaderos tesoros.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 8 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 10 agosto de 2026

https://meridiano.mx/2026/08/10/el-tren-pasa-primero/

 

lunes, 3 de agosto de 2026

La España de adentro


Quienes vivimos aquí

solo necesitamos

 sopita caliente y buen vino.

 

Una voz en Perales

 

Salgo a caminar desde el centro del poblado. Todavía no es la hora en que las madres despiertan a las niñas para llevarlas a la escuela. Saliendo por el lado derecho del edificio del Ayuntamiento se encuentran las parcelas donde los productores cultivan lechugas de la tierra, jitomates, papas. Ahí los veo sobre la tierra, a hombres y mujeres cuidando los surcos de cebollas, de nabos. Hablan con el agua, con las flores moradas, con la tierra misma.

 

Alrededor de todos los caminos que entran o salen del pueblo -depende de si vas o vienes- los riachuelos te acompañan con su melodía de agua. En algunos tramos corre de prisa; en otros, tropieza con las piedras. El rumor del agua rodea al pueblo quien ha levantado fuentes en su honor: la Fuente Redonda que data de 1912, la Fuente de la María Blanca y Fontanilla, la Fuente del Cuartel, la de la Butrera, la de la Gasca, la Fuente de la Iglesia, la de la Matagacha, o los abrevaderos del Prado de Arriba y del Pico de la Alameda. En las fuentes puedes beber agua fresca todos los días del año. Todas ellas forman parte de la ruta del agua, de cerca de nueve kilómetros alrededor del municipio de Perales de Tajuña por donde se puede seguir el camino a Santiago. Quienes peregrinan, encuentran aquí el agua para seguir el viaje, como antes; igual hoy cuando la gente devota o turista viene a hacer el camino para llegar a Santiago.

 

El olor de los higos embriaga. Los higos se desprenden de sus ramas rompiendo el aire y caen en los caminos o sobre los tejados que, todavía, antes del sol, retienen palomas susurrando el amanecer.

 

Al llegar al sendero rumbo al panteón, me cruzo con las personas que seguirán la misma ruta que yo en estas mañanas frescas. Todas nos encaminamos al Risco de las Cuevas, un yacimiento que conserva las huellas de cuevas que fueron habitadas en el periodo Neolítico. No sé qué me emociona más, si mi incapacidad de imaginar la vida de esos pobladores o las personas de hoy, muy parecidas a la gente que vive en mi tierra en su deseo de buenos días, pero que aquí está hecha de árboles de oliva, de racimos de uvas, de praderas y terrazas húmedas.  

 

Estoy acá por una estancia académica, pero antes de iniciar mis labores camino en esta ruta que me hace recordar el poema de Emily Dikinson

 

Se necesita un trébol y una abeja

para hacer una pradera,

 un trébol y una abeja

y soñar.

Soñar es más que suficiente

si las abejas son pocas.

 

Es cierto que quienes subimos al risco a esta hora de la mañana somos personas de edad. Quizá porque es una señal del poblamiento de los pueblos rurales de buena parte del planeta, porque los jóvenes se trasladan a las ciudades en busca de sus vidas. Aquí permanecen personas jubiladas, parejas con hijas pequeñas, productores del campo, quienes guardan las remesas de la nostalgia, crean identidades y nos ayudan a conservar ese sentido de los pueblos de silencio donde se pueden escuchar las pisadas de quien pasa en las horas sin sombra.

 

Llegué hasta el final del risco orientándome por la propia montaña de piedra, por su frescura de roca y el sonar del río debajo. Se cruzan conejos que, apurados, suben la ladera para desaparecer en algún resquicio.

 

De entre la bruma del amanecer, sube el sol y vuelve todo de colores; les saca luz a las piedras, brilla en el esplendor del verano, mientras animales y personas empezamos a escondernos en la sombra. La remota lejanía se trasluce en un horizonte luminoso. Más allá se puede adivinar cualquier tramo de civilización con su inundación de tecnología, de vida apurada, de mercado.

 

Cuando descendemos del risco, dejamos atrás el aire fresco para sumergirnos en el calor con que inicia la mañana. Ese calor que, sin aire, se apropiará del pescadero y sus peces; de la costurera y sus diseños; de la panadera. De los niños de la población migrante que han encontrado en este lugar, una escuela, una farmacia, una clínica de salud. Y digo una, porque estos pueblos de la España de adentro están planeados así: tienen una sola oferta de cada servicio. Bueno, hay dos bares, pero una sola iglesia que el siete de julio inició el novenario de la Virgen del Carmen.  

 

El templo está destinado a la advocación de Santa María del Castillo; fue construido sobre los cimientos de una iglesia medieval que funcionaba como parroquia del castillo. Aún se pueden ver los restos del torreón de la Edad Media y las murallas del antiguo castillo. Dentro, la virgen es muy conocida por nosotras porque pertenece a la estética de la Virgen de Talpa, de Huajicori, de San Juan de los Lagos. Es una virgen pequeña, que porta un niño entre sus ropas, con manto triangular que en Europa es un simbolismo de la Contrarreforma porque simboliza a la Santísima Trinidad (Padre, hijo y Espíritu Santo), pero que en América fueron utilizadas para la evangelización ya que la forma triangular recordaba a las pirámides y a las divinidades femeninas prehispánicas.

 

Trabé amistad con Carmen, una mujer de Paraguay porque vi en sus ojos la confianza. Ahora podemos conversar sobre asuntos del pueblo, acompañarnos en el camino y, como latinoamericanas, compartir este sentimiento de estar en otro lugar; de convertirnos en las otras a los ojos de los moradores. Aquí están también mujeres afganas, dominicanas, argentinas, ecuatorianas.

 

La señora pelirroja de la esquina de la Iglesia se ha vuelto flor en la memoria del muro.

Por la noche, en ocasiones, frente a la plaza del Ayuntamiento hay verbenas con chotis y cantos. Ya se anuncian las fiestas del 15 de agosto. Un mes antes se hizo la presentación de los festejos taurinos de este año y el campeonato de Mus, un juego de cartas por parejas con baraja española, desde luego. El cartel del Certamen de Novilladas sin picadores del Sureste ya está publicado.

 

Muy pronto tendré que despedirme de estos lugares; del camino del risco, del bosque de los higos, de la ruta del agua; de estos cielos azules donde el verano transcurre como un aliento en que uno se deshace. Regresaré a mi ciudad donde el cielo, repleto de agua, se cae en las tormentas.

 

Entretanto, recuerdo las letras de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) en la novela Los Pazos de Ulloa (1886), donde narra la campiña española:

 

Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? Y luego le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano derecha por un atajito hasta el crucero…En el crucero ya no tiene pérdida, porque se ven los Pazos, una construcción muy grandísima.

-Pero… ¿cómo cuánto faltará? -preguntó con inquietud el clérigo.

Meneó el peón la tostada cabeza.

-Un bocadito, un bocadito

 

Digo adiós a Perales de Tajuña, a este lugar del vínculo del agua, la montaña y la nostalgia.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 28 de julio de 2026

https://meridiano.mx/2026/07/28/la-espana-de-adentro/

¿Por qué necesitamos héroes?

La generosidad es un sentimiento 

que te puede hacer feliz eternamente 


Rosa Luxemburgo

 

¿Por qué necesitamos héroes? Tal vez porque la vida cotidiana es previsible y monótona necesitamos saber que existen seres extraordinarios que pueden hacer un bien para la humanidad. Actualmente, enfocamos nuestra atención en héroes que provienen de tres campos, principalmente. El primero es el deporte, el segundo, es el espectáculo y el tercero es la ciencia. ¿por qué tenemos esta necesidad mítica de héroes? Seguramente porque existe una necesidad de líderes, de quienes comandaban la tribu y de esa manera nos podían asegurar la existencia, darnos seguridad.

 

Los héroes no han sido los mismos en todos los tiempos: en el tiempo mítico robaron el fuego a los dioses, y se lo entregaron a los humanos con lo que dio inició la civilización. Ese es el cambio de lo que significó el fuego: pasar de lo crudo a lo cocido; de lo obscuro a lo iluminado; del frío al calor. El fuego es el elemento civilizador por excelencia, lo mismo en la mitología griega que en las narraciones wixaricas del Occidente de México.

 

En nuestra época, seguimos atribuyendo características extraordinarias a los héroes ya que son capaces de marcar el mayor número de goles en un mundial, de filmar películas que requieren osadía o de descubrir un medicamento que salvará de enfermedades incurables. En cualquier caso, los héroes no son como nosotros, sino que existen en el plano de lo extraordinario. Desde este punto de vista los vamos construyendo con atributos de las divinidades, de las diosas y dioses que nos conducían a un lugar determinado.

 

Hoy se acentúa la necesidad de héroes porque la vida, con su inmediatez atravesada por la tecnología globalizada, requiere de nuevos referentes; de comportamientos éticos que sean emulados por nosotras. Los héroes de hoy no pertenecen a una tribu, sino que tienen dimensiones globales debido a las comunicaciones instantáneas en que transcurre el tiempo presente.

 

Si bien, los héroes surgen del deporte, del espectáculo y de la ciencia para aliviar en situaciones límite, también surgen héroes de lo mínimo cotidiano. Se trata de héroes instantáneos cuyas acciones circulan por las redes y se miden en cantidades de likes que reciben. Eso es, justamente lo que proporcionan los medios de comunicación, porque consideramos héroes a quien salva un venado herido; a quienes se arriesgan en un incendio, a quienes plantan aboles para evitar la desertificación. Hay héroes que escalan montañas, pero también, quienes bajan un gato de un zarzal. El número de likes va mostrando las simpatías a estas heroicidades, aunque duren una hora. Seguramente no quedarán registradas en los libros de historia, pero sí quedarán para siempre en el mundo digital.

 

Cuando me refiero a héroes no lo hago solo en masculino, también buscamos a las heroínas, aunque sus proezas hayan sido consideradas menores. Como sabemos, las mujeres han estado en planos secundarios, pero son planos desde donde se asegura la vida. Las mujeres han estado ahí y hoy empezamos a descubrir a las mujeres que fueron pioneras en las ciencias; que estuvieron en la creación artística, no solamente como musas, sino que también fueron productoras de obras. Y descubrimos sus dimensiones desde donde perdura la vida.

 

Quizá buscamos héroes porque los seres humanos necesitamos espejos en los cuales vernos, conductas éticas que nos impulsen en el día a día. En el libro (Super) héroes. ¿Para qué los necesitamos? escrito en 2016, el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, dice que los necesitamos para explicar nuestras propias historias, ya que sus luchas tanto externas como internas se convierten en ejemplos a seguir. Son héroes porque pudieron cambiar una vida de infortunio en una de felicidad. Ahí está el Superman migrante de otro planeta que se rehace en el lugar de llegada; el huérfano Batman, víctima de las mafias de Ciudad Gótica; Tarzán, niño náufrago perdido en la selva. Los tres huérfanos, los tres pudieron cambiar su historia. Su heroicidad nos dice que, si ellos pudieron cambiar, también lo podremos hacer nosotras.

 

Cada quien se apropia de los héroes y heroínas que le significa algo para su vida.

 

No obstante que los héroes se definen en lo extraordinario, tenemos que hacer referencia a otra dimensión de la heroicidad, a la generosidad; porque no basta con que el héroe realice acciones extraordinarias hoy le damos una gran importancia al valor de sus acciones en el trato con las demás personas, en la proximidad.

 

La generosidad es un sentimiento de las personas heroicas, no de los déspotas. Se piensa que la generosidad puede estar en la base del sentido de autoridad. No de la autoridad basada en la fuerza, en el poder, en la violencia, en el dinero; sino la autoridad de quien puede dar, desprenderse de lo que tiene. Por ejemplo, si en un grupo humano se tienen pocos alimentos ¿qué impulsa a alguien a dar de lo poco que tiene? Lo más razonable es asegurar la propia subsistencia, pero la generosidad no es un principio de la razón, sino que es un principio de la vida, es un sentimiento. Cuando se identifica a alguien que da de lo poco que tiene, a esa persona se le inviste de una autoridad diferente a la autoridad del poder. Hoy le llamamos autoridad moral, porque esos gestos cohesionan a la población a partir de otro lugar, el lugar de la empatía, de la confianza.

 

Si bien los líderes buscan ser obedecidos a través del miedo, como recomendaba Maquiavelo al Príncipe, los héroes de hoy dan muestra de otro comportamiento ético. Generan confianza y, por esa vía, devuelven la esperanza a la población. Baruch Spinoza, filósofo del siglo XVII, ubicaba a la generosidad como el elemento fundamental para la sociedad ya que ello permitiría trabajar siempre por los demás. La sociedad, para este filósofo, estaría unido, precisamente, por la generosidad traducida en amistad humana, que hoy traducimos como solidaridad.

 

¿Por qué Spinoza lo piensa así? Porque dice que los seres humanos se unen por los afectos. Nótese que no dice por la razón, sino por los afectos. De ahí que es mejor desarrollar emociones o sentimientos altruistas, como la esperanza, que sentimientos de miedo, como los discursos de odio que hoy se fabrican contra inmigrantes, pobres, cuerpos racializados, mujeres.

 

El héroe no es el aprovechado, ni el más fuerte ni el más poderosos, sino aquel que es capaz de transformar su vida a partir de las circunstancias que le toca vivir. Quizá por eso, hoy los futbolistas del mundial se convierten en nuevos héroes cuando los vemos intercambiar camisetas, arrodillarse para abrazar a un niño que los admira, llorar la derrota y reconocer el valor de los rivales. Un héroe también es el que pierde, porque reconoce sus errores y las fortalezas de quien lo venció. No es venganza lo que reclaman los héroes contemporáneos, sino que llenan el mundo de mayor comprensión. Nos ayudan a entender las relaciones humanas de otra manera.

 

En este torneo de futbol mundial de 2026, el equipo de Noruega se mostró bajo la narrativa del pueblo vikingo. Los jugadores noruegos de hoy no son vikingos, como los jugadores de México no son aztecas, pero los jugadores noruegos se presentan bajo esa narrativa. Seleccionan el lugar de partida mítico y se construyen como los nuevos vikingos. Con su carga de leyenda antigua y de altruismo actual, rehacen la ficción del remo por mares helados. Ya estaban antes en el simbolismo construido desde los libros, las series, las películas, las proezas donde conocimos al dios Odin del reino de Asgard.

 

Los dioses bajan del Olimpo de sus glorias. Aún los dioses vencidos tienen enseñanzas para mostrarnos a través de la generosidad. A estos héroes los necesitamos en el mundo contemporáneo porque nos hacen ver que no solo gobierna el odio, la revancha, la venganza, sino que somos capaces de albergar solidaridad para los demás.

 

Los héroes y heroínas deben ser fuertes, llevar a cabo obras extraordinarias, pero, lo más importante, deben ser generosos. Así nuestra alma puede aguardar los pasos que se aproximan.

 

Finalmente, termino esta reflexión con un poema de George Eliot (pseudónimo de Mary Ann Evans, escritora británica que nació en 1819)

 

Cuenta ese día perdido

 

Si te sientas al atardecer,

cuenta los actos que has realizado,

y, si contando, encuentras

un acto de abnegación, una palabra

que alivió el corazón del que escuchó,

una mirada más amable

que caía como el sol donde se fue,

entonces, puedes contar ese día

bien aprovechado.

 

Pero si, a lo largo de todo el día,

No has animado ningún corazón.

Si a pesar de todo

no has hecho nada donde puedas rastrear,

una luz del sol en una cara,

algún acto aún más pequeño

que haya ayudado a un alma,

cuenta ese día como peor que perdido. 


Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 18 de julio de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 20 de julio de 2026

https://meridiano.mx/2026/07/20/por-que-necesitamos-heroes/






martes, 14 de julio de 2026

Futbol, la fiesta de todos tan temida

Tal vez a través de la alegría

podamos institucionalizar el festejo

 

Si los antropólogos, se encontraban con personas vestidas de manera no cotidiana, pintados sus cuerpos, cabellos y cara con colores de grupo, en actitud desafiante, con tambores y máscaras; documentaban el encuentro con salvajes.

 

Los términos grotesco, horrendo, indecente, espantoso alboroto, son términos con que los observadores, misioneros y conquistadores, se refirieron a ceremonias que no comprendían y que, por lo tanto, las interpretaban dentro de la moral de su época.

 

Nosotras, sabemos que no es así, se trata de porras del futbol; esa fiesta de todas tan temido, ese infierno de todos tan amado.

 

¿Por qué necesitamos el futbol, este éxtasis planetario de los goles? Porque los países han dejado de tener símbolos claros de unidad; la vida cotidiana está globalizada; utilizamos cada vez más la misma tecnología para encauzar las relaciones humanas, consumimos en un mercado global; es muy probable que vecinos distantes de Cabo Verde, las Filipinas y Chiapas, accedan a los mismos productos para su vida diaria. Además, la diáspora permanente que la etapa actual del capitalismo ha arrojado a los países ricos, hace que se necesiten ceremonias de cohesión social y sentimientos de unidad. El futbol cumple esa ausencia porque traspone fronteras, aún cuando se realice dentro del mercado de ganancias irracionales.

 

¿Qué ocurre en los grandes estadios en la proximidad de los cuerpos, la música que exalta los sentidos, las bebidas embriagantes, los cantos colectivos? Ese momento es el de la liberación de las restricciones habituales para acceder, simple y llanamente, a un momento de libertad signado por la alegría, el regocijo, el jolgorio. Lo mismo ocurre cuando los aficionados acuden al monumento del Ángel de la Independencia en México a celebrar triunfos de futbol; a la Plaza Colón en Madrid, al Obelisco en Buenos Aires o en la Puerta de Brandemburgo en Berlín.

 

Es el júbilo lo que atraviesa a la multitud. Hay una cierta pérdida de la individualidad de quienes participan en el estadio o en el festejo, para dar lugar a una fusión con lo colectivo. También hay un amor de grupo para la cual no tenemos palabras, porque la palabra amor está restringida a la pareja de amantes, al amor filial, al familiar, pero el amor al grupo carece de expresiones. A lo más se le denomina efervescencia colectiva como lo hizo Durkheim, sociólogo francés del siglo XIX.

 

Desde la psicología se hablará de emoción irracional reprimida que se canaliza hacia el festejo. Porque es el festejo lo que une a la multitud, a lo colectivo.

 

También podemos verlo como una recuperación de la emoción jubilosa que se tenía ante la llegada del padre o de la madre; de la hija ausente, del inicio de las estaciones o de la cosecha. Hoy ese regocijo lo desatan los once del equipo que han triunfado, aunque ese triunfo solo dure un día, el del partido de hoy, sin que sepamos lo que ocurrirá mañana.

 

El júbilo, aunque parezca espontáneo, no lo es, por el contrario, su parafernalia ha sido cuidadosamente diseñada:  las máscaras, los bailes, las porras, las canciones, las pinturas corporales, las botanas, se anticipan con meticulosidad.

 

También el tiempo está acotado: el tiempo del mundial.

 

Lo importante es experimentar el momento del júbilo. Ese estado de excitación en el cual se piensa que son mirados por los once que ganaron; que, al bailar, al cantar, están en comunión con ellos, que construyen solidaridad comunal; que se funden en sus marcaciones. No importa que se trate de actos que el día de mañana podrán ser vistos como irracionales. Lo valioso es haberlo vivido, sentido, ser, de nuevo parte de un grupo de manera emocional.

 

Bárbara Ehrenreich en su libro Una historia de la alegría (Paidós, 2008) señala que las comunidades han empleado las mismas actividades para celebrar el placer comunal: cantos, disfraces, bailes, comidas; romper el tiempo de lo cotidiano. Todo ello se ha configurado, en mayor o menor medida, en técnicas de éxtasis social, un uso que le podemos dar al estudio de Mircea Eliade sobre técnicas de éxtasis en su estudio del chamanismo. Solo que ahora es canalizado por los dueños del balón, de los equipos deportivos, por las compañías que monopolizan la comunicación; en síntesis, por el mercado. Los extraños se abrazan en los estadios, se funden en uno.

 

El futbol se convierte en el momento de la celebración, de la fiesta, eso que ha sido tan mal visto por los poderes de todos los tiempos. En la celebración se rompen las jerarquías; la colectividad adquiere vida propia donde cada individuo puede comportarse sin las inhibiciones a que obligan las morales de cada época.

 

También se desatan frustraciones cuando el equipo de mi país pierde. Entonces se acrecientan las llamadas al 911 para alertar sobre mayor violencia e inseguridad, sobre todo, contra mujeres, ejercida por quienes sienten que han perdido su honor.

 

Cuando gana el equipo de mi preferencia, ganamos. Cuando pierde mi equipo, fueron fallas del director técnico.

 

¿Por qué el poder desconfía de las multitudes celebrantes, eufóricas? Quizá porque ese tiempo se convierte en una anulación de las autoridades, de las limitaciones, de las restricciones, que tal vez se puedan convertir en sublevación, en rebelión.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 11 de julio de 2026


Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 14 de julio de 2026

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