lunes, 18 de mayo de 2026

No quiero ser la preferida de mi profesor

Lo más importante es la integridad ética 

de los profesores

 

En la década de los sesenta fue muy popular la canción La preferida del profesor, en la voz de Julissa. Era 1963 cuando la canción se estrenó en rock and roll en español, a partir de la versión en inglés de 1958. En esa época las mujeres estaban entrando a la educación preparatoria y muy pocas, a las universidades, ya que fue en la década de los setenta del siglo XX, cuando las mujeres empezaron a entrar de forma masiva a la educación superior.  

 

Esa canción reforzaba la idea que las mujeres obtienen lo que quieren a través de la coquetería femenina.  Uno de los renglones dice “Con un poco de tarea un diez me voy a sacar”. Además, agregaba “Quiero sentirme mimada, admirada, envidiada por todo el salón”.

 

La canción refiere que a las mujeres les basta con ser bonitas y estar disponibles para que el profesor se fije en ellas a fin de obtener las más altas calificaciones. Por lo tanto, las estudiantes no necesitan ser inteligentes ni esforzarse, ya que la belleza compensa la falta de inteligencia. Seguramente muchas mujeres cantaron esa canción, pensando que así debería de ser, que la guapura es capaz de conseguir lo que sea, en este caso, las mejores calificaciones.

 

Se trataba de una canción donde se desalentaba a las mujeres a ser inteligentes. Con que fueran arregladas y acentuaran la femineidad sería suficiente para transitar por la universidad. Además, la meta de las estudiantes sería llegar a ser la “consentida” del profesor para, de esa manera, esforzarse poco y alcanzar la máxima calificación.

 

Sesenta años después, las estudiantes son mayoría en las universidades y no quieren ser las consentidas de los profesores, ni de los directores de escuelas, ni de los funcionarios. Todo lo contrario, quieren ser respetadas por ellos. A partir del movimiento Mee Too, iniciado en el ámbito artístico, el movimiento se extendió al ámbito académico, lo que permitió visibilizar casos de abuso de poder, de acoso sexual, de violaciones en espacios de la educación superior como universidades, institutos tecnológicos y en centros de investigación. El Mee Too académico tuvo gran relevancia en los años de 2018 a 2019.

 

Hoy las estudiantes se han volcado a denunciar a profesores que las ven como cuerpos; se aprovechan de la jerarquía que tienen ante las estudiantes para obtener favores sexuales; las reprueban para citarlas en su despacho o consultorio y aprovecharse de ellas. Es cierto que no nos referimos a todos los profesores, pero sí a un comportamiento que ha sido conocido a través de denuncias, de tendederos anónimos, de gritos, de marchas, de toma de edificios.

 

Cuando empezaron a conocerse las historias de las estudiantes sobre los acosos de los profesores, diversas universidades trataron de negarlos, de esconderlo en lo más recóndito de los rincones universitarios, diciendo que “desprestigiaba” a la institución. La respuesta de algunos profesores fue de indignación porque atentaba contra su buena reputación. Sin embargo, las estudiantes, lograron colocar el problema de los acosos como una de las demandas principales dentro de las casas de estudio.

 

Las estudiantes tuvieron que agruparse en colectivas que les permitiera nombrar lo que ocurría a fin de denunciar ante los medios de comunicación y, posteriormente, ante las autoridades. Es más, tuvieron que lograr convencer a los directivos de la existencia de esas prácticas. El asunto no fue nada fácil porque la mayor parte de las autoridades eran hombres que compartían lo mismos comportamientos que quienes eran denunciados.

 

De acuerdo a diversas investigaciones realizadas en universidades, institutos tecnológicos, centros de investigación y otras instituciones de educación superior, la principal violencia que el profesorado ejerce sobre las estudiantes es la sexual. Desde tocamientos, miradas lascivas, toma de fotografías sin autorización, hasta abusos y violaciones. El profesorado que ejerce estas prácticas utiliza el poder jerárquico sobre las estudiantes para pedirles favores a cambio de calificaciones. Desde luego, el patrón en el que esto ocurre refiere ser más recurrente en estudiantes mujeres que tienen mayores factores de vulnerabilidad, como lo son las estudiantes que vienen de lugares rurales y, que, por lo tanto, carecen de redes suficientes de apoyo.

 

“Te subo un punto si aceptas salir conmigo”, “el profesor tal me invitó a tomar una cerveza”; “me dijo que me pone la calificación si primero voy a su despacho”; “me pidió que fuera a su cubículo, pero yo sola”, “me dijo que me reprobó porque quiere seguir viéndome”, son frases que escuchamos de las estudiantes cuando organizamos círculos de confianza para analizar la problemática de la violencia.

 

Este 15 de mayo, día en que se celebra el día del maestro y de la maestra, espero que la fecha sea una oportunidad para que las universidades reflexionen sobre qué tipo de profesorado se permite en las universidades. Quiero felicitar al profesorado que realiza su labor de enseñanza ante estudiantes que son consideradas seres con derechos y desde este lugar, respetan su cuerpo, su espacio, su imaginario. Porque no basta con que el profesorado tenga habilidades didácticas ni domine procesos pedagógicos, lo más importante es que su conducta se base en la integridad ética y desde ahí acompañe a estudiantes -mujeres y hombres- en la maravilla de explicar el mundo.

 

Hoy, las estudiantes lo menos que desean es ser consentidas de profesores.

 

Huye, cuando un profesor muestre preferencia sobre ti.  

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de mayo de 2026

Publicado en Meridiano, Tepic, Nayarit, 17 de mayo de 2026

https://meridiano.mx/2026/05/17/no-quiero-ser-la-preferida-de-mi-profesor/

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 12 de mayo de 2026

El brillo de los Ojos. Maternidades travestis en la literatura

Eso que sucede en esa casa 

es complicidad de huérfanas.

 

Camila Sosa. Las malas

 

Encarna se acerca a las canaletas donde se esconden las travestis cuando ven acercarse las luces de la policía y por fin lo encuentra. Unas ramas espinosas cubren al niño. Llora con desesperación, el Parque parece llorar con él. La Tía Encarna se pone muy nerviosa, todo el terror del mundo se le prende a la garganta en ese momento…cuando intenta sacarlo de su tumba de ramas se clava espinas en las manos y las pinchaduras comienzan a sangrar, tiñen las mangas de su blusa. Parece una partera metiendo las manos dentro de la yegua para extraer al potrillo.

 

Las travestis del Parque Sarmiento en Córdoba Argentina, encuentran un bebé, de aproximadamente tres meses; lo fueron a tirar ahí. La Tía Encarna decide quedarse con él, lo lleva a la casa-refugio donde alberga a las travestis expulsadas de sus propios hogares y a partir de ahí inicia la maternidad colectiva en la clandestinidad.

 

Alguna dice que el niño tiene cara de llamarse El Brillo de los Ojos, así que se queda con ese nombre para ser amado por el conjunto de mujeres que, al acogerse a esta maternidad prohibida, transgreden los mandatos de que infancia y travesti son incompatibles.

 

Camila Sosa (Argentina, 1982) nos presenta en la novela Las malas, la maternidad desde otros sujetos, diferentes de la madre; los sujetos prohibidos de la maternidad normalizada. Lo hace en escenas de la cotidianidad que van adquiriendo una dimensión nueva. De lo pequeño y oculto a lo engrandecido y público, porque tener un hijo en brazos, siendo una travesti es un delirio, un delito y un pecado.

 

El Brillo de los Ojos tiene hambre, entonces La Tía Encarna desnuda su pecho ensiliconado y lleva al bebé hacia él. El niño olfatea la teta dura y gigante y se prende con tranquilidad. No podrá extraer de ese pezón ni una sola gota de leche, pero la mujer travesti que lo lleva en brazos finge amamantarlo y le canta una canción de cuna… La Tía Encarna amamantando con su pecho relleno de aceite de avión a un recién nacido. La Tía Encarna está como a diez centímetros del suelo de la paz que siente en todo el cuerpo en aquel momento, con ese niño que drena el dolor histórico que la habita. El secreto mejor guardado de las nodrizas, el placer y el dolor de ser drenadas por un cachorro. Una dolorosa inyección de paz. La Tía encarna tiene los ojos derribados hacia atrás, un éxtasis absoluto. Susurra, bañada en lágrimas que resbalan por sus tetas y caen sobre la ropa del niño.

 

Mamar, por parte de un recién nacido y dar de mamar, por parte de una madre, es un acontecimiento normalizado en las maternidades. Se convierte en una escena perturbadora en esta novela donde el pecho solo tiene la función de calmar la angustia del hambre porque la teta esté rellena de aceite de avión y su dureza está ahí, sin posibilidad de ser blanda ni perfumada. Sin embargo, es el acto de ternura lo que la convierte en una práctica de maternidad. Al fin y al cabo, el alimento no es solo el fluir de la leche, sino el abrazar al cachorro humano desde la infinita ternura que provoca tener a este ser indefenso.

 

Puede parecer que la Tía Encarna y el colectivo de travestis salvan a El Brillo de los Ojos, pero es el pequeño niño quien las salva a ellas. Las devuelve a una maternidad no pedida, pero sí, encontrada. Una maternidad colectiva donde se reconocen en otra dimensión de su travestismo.

 

El niño las ve como nadie nunca las han mirado. Las ve con una curiosidad inteligente, directo a los ojos de cada una. Nunca se sintieron miradas de esa forma.

 

Las escenas están construidas así, desde lo pequeño cotidiano donde vemos los lugares, los personajes, las formas de caminar, la obscuridad de la noche en el parque, hasta los acontecimientos que se van entrelazando para dar complejidad a la novela. Los policías que rondan a las travestis en la complicidad política; los hombres heterosexuales ansiosos de placeres con otros hombres; las vecinas de la casona rosa donde vive el colectivo.

 

Vemos el entrelazamiento de los conflictos y casi podemos anticiparnos a las tragedias que se ciernen. Las escenas son presentadas con ritmos diferentes, lo que nos hace surgir un diluvio de emociones. Algunas parecen episodios de novela policiaca, en tanto que otras están planteadas como situaciones románticas, normalizadas en el mundo de las travestis.

 

La narradora observa a las otras: la golpiza que le dio el novio cuando se enteró que es portadora positiva; los remedios a los que se acude cuando la farmacia está cerrada. De esa manera se siente a sí misma y al colectivo al que pertenece.

 

La autora nos muestra, como de pasada, otra maternidad prohibida para las travestis; las de sus propios hijos porque Los idiotas dirán que es mejor ocultarlas de sus hijos, que no vean hasta qué punto puede degenerarse un ser humano.

 

La novela inicia con las travestis del Parque Sarmiento en el momento en que encuentran a El Brillo de los Ojos; de ahí, de esos personajes irán apareciendo otros más lo que hará la urdimbre de la novela. Se moverán del parque Sarmiento a la casona y de ahí a otras partes de la ciudad donde viven otras travestis y de ahí, al campo. La novela se irá expandiendo porque no solo agrega personajes y lugares, sino también el mundo interior, las voces con que la narradora se observa en las otras y se habla a sí misma.

 

La maternidad prohibida de las travestis las hace volver a tener ilusiones. La narradora, al tener al Brillo de los Ojos en los brazos, cuando le toca arrullarlo, fantasea con tener un esposo, una casa, flores en las macetas y obtener el perdón de sus padres. Otra más, se inscribe en una escuela nocturna para contar con un Diploma y demostrar que puede hacer algo por sí misma. En síntesis, la maternidad se vuelve el eje alrededor del cual se muestra el mundo travesti con todas sus contradicciones.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de mayo de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

La fragilidad a la vuelta de la esquina

Para Rossana Reguillo

Gracias por ayudarnos a pensar

esta sociedad de la muerte,

que no pasa.

 

Puede una estar en la vida cotidiana, en los pequeños espacios esperando que llegue la familia para comer el picoso mole que trajeron de Oaxaca, el agua de fresa de la temporada, las tortillas calientes. Vamos llegando cada quien, con las conversaciones de la escuela, del trabajo, de la oficina, del negocio. Mi perro Berlín muestra su contento al tener la casa llena, en tanto que la gata aprovecha para irse al último rincón fuera del alcance de quien quiere abrazarla.

 

Empiezan las conversaciones de lo que ocurrió en el recreo; del camión que tardó en pasar; del libro que se está leyendo: de la serie que se terminó y ahí empiezan a colarse las noticias de la desventura. Aunque no vemos los celulares a la hora de la comida, ya tenemos la suficiente información para darnos cuenta del desajuste de la tarde que se avecina.

 

Los ruidos de la calle se apagan poco a poco, de tal manera de distinguir el canto de los pájaros. Generalmente no se oyen a esta hora del atardecer porque el ruido de la ciudad ahoga esos pequeños trinos. Ahora, ha quedado en silencio; ya no se escucha el trajín de la ciudad. A lo lejos, se oyen las sirenas. El restaurant de la calle cercana cierra sus puertas. Emerge ese canto de las aves porque nadie les avisa de la fragilidad: el sol sigue ocultándose a la misma hora acompañado de los trinos. Las aves volverán a esperar la salida del sol para anunciar el día.

 

Los amigos, las estudiantes avisan dónde quedaron atrapados sin transporte público para regresar a casa. Los comunicados oficiales disputan la veracidad de las noticias a los medios de comunicación que se solazan transmitiendo videos de quemas de estacionamientos, de negocios; la obstrucción de carreteras.

 

Así es como la fragilidad se apodera de la tarde. Las familias nos enviamos mensajes de quedarnos en casa. Cerramos las ventanas ante el infortunio. Aunque no estamos en la zona norte de la entidad, la que parece que tiene mayores disturbios, el miedo ya está entre nosotras porque la habíamos experimentado antes. Tenemos la memoria de los destrozos, de los desmanes, de los robos de vehículos, de las quemas de negocios, de las obstrucciones de las carreteras. Por eso, basta con que veamos una voluta de humo para que el miedo reaparezca en nuestra propia puerta.

 

¿Qué hacer? Los comunicados van y vienen. Los temores también. ¿Quién es responsable? ¿quién debe garantizar la simple vida cotidiana donde el transcurrir del tiempo sea posible, dónde decir buenas tarde y buenos días a quienes caminan por la banqueta sea una ceremonia de rutina?

 

La sociedad es balaceada porque se atrapa a alguien. Un alguien que es más que alguien. Un alguien capaz de cambiar el ritmo del tiempo, de silenciar la ciudad, de interrumpir las clases, de cerrar los negocios, de desviar los flujos de las carreteras.

 

Cada vez la fragilidad nos cerca. Vivimos en el tiempo normal hasta que el infortunio vuelve a quebrar ese simple transcurrir. No, no es una guerra, no es un huracán el que hace que cerremos las ventanas, que nos alejemos de las puertas; quien vacía las mesas de los cafés. Tampoco es un virus.

 

Un mundo se nos ha venido abajo, el mundo que pensamos construido sobre bases firmes. Desprevenidas, ingenuas, atolondradas, pensábamos que eso de los balazos era cosa del pasado y que en el pasado había quedado. Nuestras rutinas las creíamos sólidas, por lo tanto, no las veíamos, solo estaban ahí: un día tras otro, llenándose de las pequeñas cosas en que se entretiene el día.

 

Así nos asalta el desconcierto.

 

Es la violencia en su careta de crimen organizado quien altera la superficie de la vida social, porque desde antes, ya había alterado la profundidad de la sociedad. No se resigna a perder sus conexiones, su poder, su fuerza, su equilibrio, el entramado de poder, negocio y delincuencia y aquí está, clamando a golpe de violencia, su descontento ante las nuevas reglas del juego que le imponen.

 

¿Qué nuevos pactos se firmarán? ¿quiénes serán los signatarios? ¿con qué reglas?

 

Nosotras, la ciudadanía o quien quiera que seamos, el pueblo, la gente, la clase media, los de abajo, los votantes, somos los rehenes. Nuestra capacidad de agencia surge en algunos momentos: en el periodismo crítico, en los estudios profundos, en el activismo. Mientras, los políticos siguen en los espejismos de las concentraciones de fines de semana ante adeptos que bostezan. Ven su imagen en el agua del río, pero el río pasa.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 2 de mayo de 2026

Publicado en Meridiano de Nayarit, 3 de mayo de 2026 https://meridiano.mx/2026/05/03/la-fragilidad-a-la-vuelta-de-la-esquina/

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

lunes, 27 de abril de 2026

La mujer de Lot, la desobediente sin nombre

Tal vez miré hacia atrás por curiosidad,

Pero además de curiosidad pude tener otras razones.

Por la desobediencia natural de los humildes.

Escuchando cómo nos perseguían.

Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea

 

Wislawa Szymborska

 

 En la historia bíblica la mujer de Lott, -que se menciona así, sin nombre, solo por la relación conyugal con el esposo-, se convierte en estatua de sal porque, no obstante, la advertencia de los ángeles de no voltear a ver la destrucción de Sodoma y Gomorra, ella desobedece.

 

Lo anterior se ha interpretado como el apego a la vida que llevaba, por lo que, al no querer dar pasos hacia otra forma de vida, queda permanentemente, viendo ese pasado.

La versión de la Biblia de Reina Valera de 1960 lo narra de la siguiente manera:

 

“Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Génesis 19:26-28).

 

La mujer de Lot es una mujer anónima, es esposa de alguien, como hoy cuando se menciona a un funcionario “y su distinguida esposa”, sin nombre, totalmente intercambiable por cualquiera.

 

¿Por qué volteó la mujer de Lot? Dios la castiga por la desobediencia, meramente; no tanto porque tuviera prohibido ver la destrucción, ya que al día siguiente Abraham vio lo que quedaba de la ciudad maldecida. El humo todavía subía desde la tierra.

 

La mujer de Lot simboliza a la mujer desobediente de los mandatos patriarcales. Voltea porque no está de acuerdo en el pacto que tiene su esposo con Dios, al fin al cabo, pacto entre varones para destruir a otros. Voltea, también, porque están destruyendo su hogar, su casa, lo que ella había construido, sin que le importe al esposo. Sin que él intente oponerse a la destrucción, solo le importa seguir siendo el hombre justo para que Dios lo premie.

 

Pienso que voltea porque le da vergüenza ser salvada mientras que el resto de sus conocidas tendrán el fin que un Dios vengativo ha decretado. Voltea por solidaridad con sus hermanas, con sus vecinas, con sus conocidas; con las desconocidas, incluso.

 

Voltea porque ya no quiere seguir siendo la mujer de Lot, el hombre justo. No quiere seguirlo en esta nueva etapa de ser un hombre obediente que sirve a un Dios masculino Voltea porque quiere ser la única testigo del asesinato masivo que Dios está cometiendo contra la humanidad.

 

Voltea porque es una forma de resistencia ante los mandatos. No quiere ser cómplice de un secreto que la vuelve privilegiada. Voltea para quedarse así, como estatua, en lugar de ser una exiliada. Se queda en el lugar que elige, cuando ella no ha elegido nada, ni siquiera el nombre. Entonces, elige el lugar donde quiere quedar.

 

No quiere ser una exiliada y llevar el pasado como recuerdo. Empezar en otro lugar bajo la mirada disciplinante del esposo justo. No, no lo quiere.

 

Voltea porque es una mujer curiosa y las mujeres tienen prohibido ser curiosas, solo deben ser obedientes. Quiere ver lo que sucede en su entorno, en su proximidad. La vida no es lo que ocurrirá, sino lo que está ocurriendo.

 

Basta un movimiento en contrario a lo que tiene mandatado, para recuperar su identidad, su lugar convertido en no lugar.

 

La mujer de Lot, como otras mujeres en la actualidad, quedan atrapadas en conflictos bélicos no desatadas por ellas, pero sí se convierten en las principales víctimas.

 

Termino con las siguientes palabras a la Mujer de Lot:

 

Miraste por todas;

por todas las que no pudieron mirar

por las que fueron calcinadas.

Tal vez querías volver a mirar el patio de tu casa,

el pozo de agua,

la tumba de tu madre muerta.

 

Te convertiste en la testigo del crimen de Dios

cuando él no quería a nadie como testigo.

Así operan los destructores, no quieren dejar rastro,

ni nadie con vida que de cuenta de sus crímenes.

Hoy diríamos, crímenes contra la humanidad

 

No quisiste el dolor del exilio,

ni conocer una nueva tierra despojada de ti misma.

No quisiste

acomodar tus trastes en nuevas hornillas

ante leyes extranjeras.

 

Serías sombra de ti, desposeída de tu pasado

Lanzada al exilio del tiempo que viviste.

 

Un ángel morboso usó tu cuerpo

como materia artística moldeable,

¿o fuiste la musa de Dios?

 

Y ahí quedaste, en el lugar que escogiste

 

Anclas tus pies de sal en el lugar de la memoria.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 25 de abril de 2026

y en Meridiano de Nayarit, 26 de abril de 2026.


Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 21 de abril de 2026

Un futuro sin imaginación

Aquí parece que empezara el tiempo

en solo un remolino de animales y nubes,

de gigantescas hojas y relámpagos

 

Rosario Castellanos

 

 Rosario Castellanos en Apuntes para una declaración de fe, dice: Somos la raza estrangulada por la inteligencia. Con esta reflexión quiero referirme al momento en que estamos; un momento en que carecemos de futuro imaginado.

 

En el transcurrir de las ideas han existido futuros imaginados como utopías. Entre las más importantes está La República de Platón, escrita en el año 370 antes de nuestra era, donde explora las posibilidades de un Estado ideal gobernado por una aristocracia de filósofos; La Ciudad de las Damas de Christine de Pizán, escrita en 1405, en la cual se cimenta una Ciudad de Damas a partir de la enumeración de las mujeres célebres. Ellas son el pilar y las habitantes de la ciudad, a consejo de tres diosas: Razón, Rectitud y Justicia; la Utopía, de Tomás Moro, de 1516, en la cual se describía la vida en una isla basada en la propiedad comunal y la tolerancia religiosa.

 

La distopía Un mundo feliz de Aldous Huxley de 1932, describe una sociedad avanzada tecnológicamente, pero deshumanizada. Fue, sin duda, una de las primeras advertencias de lo que podrían acarrear las sociedades cuyo desarrollo se centrara en la tecnología. Se denomina distopía porque presenta una sociedad futura negativa para la vida humana, a diferencia de las utopías cuyos contenidos plasman sociedades ideales.

 

Entre las utopías que los seres humanos han imaginado están las políticas, las religiosas, las tecnológicas, las ecológicas y las feministas, entre las más importantes.

 

Muy cercana a nuestra época, circuló la utopía del socialismo y el comunismo como el imaginario capaz de movilizar a generaciones de distintos países durante el siglo XX. Hoy, ese imaginario ha sido enviado al bote de la basura de la historia sin que tengamos un reemplazo capaz de mover las conciencias, articular las voluntades y dirigir acciones hacia algún lugar.

 

Cuando viví en Berlín, conocí un movimiento juvenil que proclamaba una sociedad postcapitalista no socialista. Como nos damos cuenta, los jóvenes integrantes de ese movimiento podían enunciar lo que no querían, no así el tipo de sociedad que deseaban.

 

Hoy sabemos que la derecha conserva su propia utopía: el futuro es una continuación del presente. Los estados nacionales tenderán a convertirse en empresas donde no existan ciudadanos con derechos sino, clientes y consumidores. Cada quien podrá cambiarse de empresa-estado según obtenga mayores beneficios personales. Los estados empresas actuarán de acuerdo a criterios para maximizar las ganancias. ¿Se pelearán por los clientes? Supongo que sí, siempre y cuando les conlleve un beneficio.

 

En las izquierdas, la inteligencia ha asfixiado a la imaginación. Se es incapaz de pensar un futuro con utopía o simplemente, pensar un futuro con futuro. Hoy lo que mueve a los movimientos de izquierda no es la libertad, ni la justicia, ni la democracia.

 

Si para las derechas el futuro es una continuación del presente, para algunas izquierdas, el futuro es un regreso al pasado: ahí están las causas comunitarias acríticas; el rescate de costumbre prehispánicas o pre-capitalistas.

 

Las utopías feministas no solo proclaman un futuro sin patriarcado y sin dominio androcéntrico, sino que apuntan a eliminar las estructuras de dominación simbólicas y materiales. Marcan, además, una nueva relación con todo lo viviente más allá de la superioridad humana.

 

Hemos perdido la capacidad de imaginar. De imaginar a partir del presente. ¿Cuántos futuros hay en este presente?

 

Hemos llegado a un punto de ¡sálvese quien pueda! puesto que los intereses individuales, los logros personales han ahogado las posibilidades de lo colectivo.

 

Quizá la salvación del planeta, derivado del desastre de los ecocidios, pueda convertirse en una causa que movilice conciencias para detener la destrucción que se realiza desde la avaricia del capital.

 

Quizá sean las pequeñas comunidades donde se generan lazos de reciprocidad y ayuda mutua las que puedan crear futuros basados en las personas próximas. La comunidad básica otorga sentido de pertenencia, seguridad y confianza. Nos remite a quiénes somos ante los próximos y puede conducir a priorizar metas más allá de lo individual.

 

Para lograrlo, se tienen que desmontar estructuras de competitividad, de reconocimiento del más fuerte; alentar acciones de reconocimiento mutuo. Todo ello dentro de las proclamas de las utopías feministas, indigenistas; donde se incluyan todos los grupos que han sido enviados a los márgenes.

 

A diferencia de los muchachos que proclamaban luchar por una sociedad postcapitalista, no socialista, podemos enunciar lo que sí queremos: una sociedad sin subordinación patriarcal ni discriminación de ningún tipo ni dominio androcéntrico. Lo que no hemos imaginado todavía, es cómo será esa sociedad porque la pensamos desde las personas patriarcales que somos. Cargamos con todos los cruces de las discriminaciones; nos damos cuenta del callejón en el que estamos: nosotras, habituadas a la habitar las discriminaciones, las exclusiones, ¿podemos imaginar otro orden social?

 

¿Quiénes podrán, entonces, imaginar otro futuro para el futuro? Como dice Rosario Castellanos al final de su poema

 

Abandonemos ya tanto cansancio.

Dejemos que los muertos entierren a sus muertos

y busquemos la aurora

apasionadamente atentos a su signo.

Porque hay aún un continente verde

que imanta nuestras brújulas.

Y yo agrego:

 

Me columpiaré en las estrellas

mientras pasa este mundo de monedas.

 

Cantaré en el mar luminiscente

Hasta que, por engaño, despedacemos las medidas.

 

Imaginemos que la mejor victoria no deja sombra.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 18 de abril de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

lunes, 6 de abril de 2026

Día Internacional de la poesía

alejandra, alejandra, 

debajo estoy yo

alejandra.

 

Alejandra Pizarnik

 

La Organización de las Naciones Unidas ha declarado el 21 de marzo como Día Internacional de la Poesía. ¿Por qué es importante la poesía? Porque en la poesía las palabras adquieren significados diferentes de los que tienen en la vida cotidiana. Por eso, todas las culturas del mundo, todos los pueblos, han creado poesía ya sea en forma de cantos, oraciones o poesía directamente.

 

Quien escribe poesía hace uso de las palabras cotidianas, pero las saca de ese uso para organizarlas de otra manera. Por ejemplo, cuando Rosario Castellanos dice:

 

La piedra no se mueve.

En su lugar exacto permanece

su fealdad está ahí, en medio del camino,

donde todos tropiecen

y es, como el corazón que no se entrega,

volumen de la muerte.

 

Esa faceta de la piedra no la vemos en el sentido común que le damos. La poesía nos permite ver otras aristas de la vida, de las cosas.

 

La poesía nos la enseñan a través de canciones infantiles, por eso quizá, la asociamos a una etapa infantil. Por lo que, así como debemos crecer en cualquier otro tema, así también debemos “crecer” en la poesía.

 

La poesía es anterior a la palabra escrita, es anterior a la prosa en todas las culturas. La Biblia misma está escrita en versículos, una forma especial de poesía. Las oraciones se expresan mediante poesías porque de esa manera es más fácil memorizar. La poesía contiene una melodía que la hace más accesible.

 

Existen muchos tipos de poesía. Seguramente todos y todas recordamos poetas que aprendimos en los libros de texto. Nos empieza a llamar la atención porque encontramos eco de nuestros propios sentimientos y así, poco a poco, entramos en poesías con otros significados.

 

Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) en Verde embeleso, dice:

 

Verde embeleso de la vida humana,

loca esperanza, frenesí dorado,

sueño de los despiertos intricado,

como de sueños, de tesoros vana;

sigan tu sombra en busca de tu día

los que, con verdes vidrios por anteojos,

todo lo ven pintado a su deseo:

 

Aquí está hablando de la subjetividad, en el sentido de que cada quien ve de acuerdo a los anteojos que porta.  

 

El siguiente es el inicio del poema Cuatro cuartetos de T.S. Eliot (1888-1965), en la traducción de José Emilio Pacheco:

 

El tiempo presente y el tiempo pasado

Acaso estén presentes en el tiempo futuro

Y tal vez al futuro lo contenga el pasado.

Si todo tiempo es un presente eterno

Todo tiempo es irredimible.

 

La poesía nos introduce a la filosofía del tiempo, se puede decir. De ahí que a través de la poesía se puede filosofar.

 

La poesía nos permite expresar emociones, sentimientos, razones de una manera insospechada. Por eso se ha convertido en una manera de decir que atraviesa las edades. Desde luego, la poesía que se escribe en la actualidad es diferente a la del siglo XVI, pero aún los sonetos de Shakespeare (1564-1616) de ese siglo, nos hablan a las habitantes que somos en el siglo XXI, porque la poesía, encierra el misterio humano. El soneto dos inicia con lo siguiente:

 

Cuando el asedio de cuarenta inviernos

En tu erial de belleza abra trincheras,

Tu juvenil librea, hoy admirada,

Será un paño raído y harapiento.

 

¡Cuarenta inviernos y ya tendrá arrugas de trinchera! Aquí se puede apreciar la condición de vejez de esa época. También debemos saber que los poemas escritos en una lengua diferente al español, son traducidos de manera distinta en cada época, por lo que se van actualizando.  

 

Por ejemplo, el monólogo de Hamlet lo leímos en la traducción de Porrúa. En el siglo XX, Tomás Segovia (1927-2011) hizo una traducción, que se considera una mejor traducción poética. El inicio dice:

 

Ser o no ser, de eso se trata.

Si para nuestro espíritu es más noble sufrir

las pérdidas y dardos de la atroz fortuna

o levantarse en armas contra un mar de aflicciones

y oponiéndose a ellas darles fin.

Morir para dormir; no más ¿y con dormirnos

 decir que damos fin a la congoja

y a los mil choques naturales

de que la carne es heredera?

 

 Finalmente, termino con el poema Lo fatal de Rubén Darío (1887-1916), considerado uno de los mejores poemas de la lengua española.

 

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos

y no saber a dónde vamos,

ni de dónde venimos…!

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 28 de marzo de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

viernes, 27 de marzo de 2026

Resistencias patriarcales en las universidades

 Resistencias patriarcales. Desigualdades y políticas de género en la Universidad, es un libro de Ana Buquet, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), publicado por esa casa de estudios a través del Centro de Investigaciones y Estudios de Género.

Aunque el libro se refiere a la UNAM, se puede considerar que gran parte de los resultados a los que arriba pueden ser extendido a las universidades públicas mexicanas.

 

En el texto se discuten los principales argumentos referidos a la construcción de igualdad al interior de las universidades en el ámbito europeo y latinoamericanos a partir de los marcos de las Convenciones Internacionales que apuntan al avance de las mujeres en la educación superior desde fines del siglo XX. Desde este punto de vista presenta la paradoja de que diversas Instituciones de Educación Superior (IES) han impulsado cambios normativos, impulsado estructuras y acciones institucionales a favor de la igualdad, sin que se observen los cambios esperados.

 

¿Por qué son importantes los resultados de la investigación que se plasman en este libro? Porque la investigación inicia con los estudios elaborados en el principio de las políticas de igualdad en las IES en México, los que son contrastados con la investigación reciente; esto es, un lapso de aproximadamente, quince años. Ello permite observar lo que persiste en las universidades; lo poco que se ha transformado el lugar de las mujeres en la UNAM y muestra las fisuras de las políticas. Constata que las políticas de igualdad que anunciaban transformaciones estructurales, de relaciones sociales y culturales en la UNAM, muy poco han cambiado el lugar de las mujeres.

 

La investigación se fundamenta en la normatividad jurídica nacional e internacional y en un enfoque feminista para mostrar el avance de los derechos de las mujeres para ser sujetas universitarias de pleno derecho; libre de ambientes de discriminación y violencia; con iguales posibilidades que los hombres para acceder a lugares de poder académicos y de gestión. Con ese andamiaje, la mirada se dirije hacia el interior de la propia institución para develar las características de la estructura y la cultura como factores que inciden en los esfuerzos de política pública universitaria para construir igualdad.

 

En el libro se reflexiona dentro de teorías que permiten comprender y analizar esta paradoja de la igualdad que se evade. Conceptos como códigos de género, resistencias, sistema de cuidados, violencias en razón de género, se convierten en filtros por donde se agudiza la mirada.

 

Los ejes de análisis se centran en las desigualdades más sensibles visibilizadas al interior de las universidades: la segregación por sexo en los puestos de toma de decisiones; la violencia de género como un mecanismo que regula las relaciones entre mujeres y hombres en la institución y el uso diferencial del tiempo. Esta última temática de reciente incorporación debido a los estudios sobre cuidados que han iniciado en la academia y de los cuales las universidades no han definido algún tipo de corresponsabilidad institucional de cuidados. Por ello, el uso del tiempo de universitarias y universitarios se considera un ejemplo que muestra la persistencia de desigualdades.

 

La autora borda de manera fina al preguntarse por qué, si se han dado las condiciones para que las universidades logren cambios a fin de que mujeres y hombres habiten las instituciones sin desventajas para ellas y sin privilegios para ellos, por qué estamos prácticamente en el mismo lugar de partida: el poder político y académico sigue siendo ejercido prioritariamente por el colectivo de los hombres, quienes, además, concentran los ingresos más altos; la violencia contra las mujeres sigue atravesando las relaciones entre mujeres y hombres en el ámbito estudiantil, académico y administrativo y persiste una desigual distribución del trabajo medido el uso diferencial del tiempo.

 

La autora propone no centrarse solamente en los obstáculos que enfrentan las mujeres en la educación superior, que sobre esto se han desarrollado las políticas, fundamentalmente, sino que propone una mirada del lado de la estructura de la universidad. Cómo el poder masculino se ha apropiado de los avances teóricos y de prestigio del feminismo, lo que se ha traducido en la conservación del poder por parte del colectivo de los hombres.

 

Por ello, la autora trabaja con el concepto de resistencias en tres vertientes: las resistencias individuales, colectivas e institucionales; las tres se refuerzan y confirman; una es constitutiva de la otra y de la otra y de la otra. En palabras de la autora: “Cuando las autoridades no apoyan los cambios, muestran reservas o se manifiestan en contra, envían un mensaje a la colectividad, por lo que es más probable que las personas se resistan de manera individual” (p. 27).

 

En el libro se urde una mirada sobre las alianzas masculinas en diversos momentos de la vida universitaria. Así queda en evidencia la estructura patriarcal activada en redes que actúan en diversos momentos de la vida universitaria para evitar la transformación de las relaciones entre mujeres y hombres al interior de la uiversidad; se refuerza el régimen de género; se arraigan las posturas individuales de las masculinidades en la universidad y se fortalecen las complicidades masculinas. Ello contrasta con los discursos y los planes institucionales, los cuales son políticamente correctos ya que incorporan lenguaje de género, pero, como afirma la autora, se trata de políticas de igualdad creadas dentro de lógicas patriarcales.

 

Son universidades igualitarias en el papel, aparador para simular que se cumple con las normas y que se está en el pulso del tiempo, pero que en la práctica no se desarticulan las alianzas micro y macro que sostienen las desigualdades en diversos planos.

 

Quizá sería necesario, en una siguiente investigación, realizar un estudio sobre la cultura política institucional de la UNAM con la finalidad de fundamentar el modus operandi de las combinaciones de las “resistencias patriarcales individuales, colectivas e institucionales”. Esas combinaciones se mencionan, pero hace falta, discernir finamente, cómo ocurren en la práctica.

 

El libro permite avanzar en la comprensión de cuál es el resultado de las políticas de género en la educación superior, de las acciones organizacionales, de los esfuerzos de los organismos internacional, de las propuestas de las feministas institucionales, de las exigencias de las colectivas universitarias en transformar el lugar de las mujeres en las IES.

 

Las mujeres avanzamos hacia la igualdad en base a derechos, pero el patriarcado tiene pactos, alianzas, lugares obscuros, costumbres, por donde camina. Por eso la autora distingue los comportamientos formales y los informales en la construcción de igualdad.

 

El libro nos invita a un alto en el camino. A valorar los resultados de lo que se ha implementado, desde 2010 a 2026.

 

Agradezco a Ana Buquet, a su equipo de trabajo y al CIEG la realización de esta investigación cuyo profesionalismo en el manejo de los datos, la interpretación de resultados, el análisis pormenorizado, establece un piso desde el cual mirar la realidad de la construcción de igualdad en la UNAM, sin perdernos en los aplausos fáciles, pero tampoco en críticas sin fundamento.  

 

A partir de estos resultados es posible introducir cambios en las políticas, realizar acciones de incidencia en poblaciones específicas para que el propósito de cambiar el lugar de las mujeres en la educación superior tenga posibilidades de ser realidad. Y no repetir la historia de la clásica Penélope que lo que se teje de día, se desteje en la noche permanente del patriarcado.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de marzo de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx