martes, 17 de febrero de 2026

La larga noche te espera

Para Miguel 

Gracias por los pasos

que te trajeron a mi casa.

 

Tú, descreído de los mitos viniste a dar al bosque de los unicornios; al peñasco de las sirenas.

 

No debes nada al pasado ni temes nada del futuro. El presente se alarga, se convierte en pasado que pasa. Haces un pacto con el tiempo para seguir en el presente del mundo. Te vemos, como Ulises, al pie del mástil de tu cama, ondeando las banderas.

 

Oigo tu respiración de azul silencioso subir por el sendero de la montaña de tu infancia. Un zorro blanco se atraviesa en el verde donde todo es verde, menos las lagartijas que arrastran el sol.  

 

Tu seca serenidad nos mantiene en la delgada cuerda del instante; en el funambulismo de los minutos que pasan amarrados a la gota que cae de cada suero; se adentra en tus venas, desciende en los confines del bebedor de música que eres y pulsa el botón interno que te deshace.

 

Quedan atrás los lunes de batalla, los martes del amor, los viernes del regreso; los domingos de la voz en do y los sábados de danza. Quedan atrás las jornadas de letras, los agostos de la lluvia y la cosecha.

 

La culpa se aleja avergonzada de su fracaso; como los pingüinos, se esconde en los confines del mundo, donde tu conciencia no la alcanza.

 

Caminas jornadas largas, largas, hasta que la sombra se convierte en noche.

 

En el pueblo, los pasos de las mujeres resuenan en las calles de ceniza. Traen los mangos, los guamúchiles, las agualamas del cerro. Las ciruelas del Rincón alborotan la orilla del dolor. En el volcán se desbordan los anaranjados de la tarde, el diluvio que espanta a los tigrillos, los pájaros que no se detienen en las espinas.

 

Cuando reposas, las nubes viajan directo a las estrellas. En la casa, tu corazón te regala estar contigo mismo; en tanto, las iguanas juegan secretamente entre las tejas.

 

¿Qué sueñas en este sueño que ya no sueñas? Tal vez en el acordeón de los tangos; tal vez en las hojas de laurel de tus victorias, en el sosegado murmurar de tus poemas, en el amor disfrutado en las tarde y en las noches.

 

Alguien entona el Aleluya.

 

Entras mansamente a la larga y silenciosa noche.

 

Termino con este texto que escribí hace tiempo:

 

Empuja el cielo

 

Gracias por los amigos que me trajiste

por los azahares de los limoneros

y la suave melancolía.

 

Gracias también, por el silencio.

 

Canta hasta el amanecer.

Canta hasta arrancarme el pánico

Canta para levantar la casa que no

nos espera en ningún lugar,

donde los hijos no pidieron nacer.

 

La felicidad ha estado tan cerca,

tan posible.

 

No sé si llegamos al lugar que queríamos llegar,

debimos torcer más el camino para llegar a otro sitio.

y mira, este es el lugar al que llegamos.

 

Gritamos, mentimos, robamos, como cualquiera que vive.

 

Tú sigue empujando el cielo

 

No sé si esta noche se incendiará tu cuerpo,

no lo sé.

No sé si será esta noche

cuando encuentres la llama en que alzarás el vuelo.

 

Tú sigue empujando el cielo.

 

Y cuando puedas mantenerte en pie,

incéndialo.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de febrero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

La ciudad y el deseo

Yo, amor

he aprendido a coser

con tu nombre,

voy juntando mis días,

mis minutos, mis horas

con tu hilo de letras

 

Gioconda Belli. Te busco


 

Cuando llegábamos a la casa de la bisabuela sabíamos que había llegado el tío Jesús porque recargaba el trombón en la pared de la entrada. Iba a despedirse de la abuela todas las noches antes de ir a trabajar. Mi tío tocaba en la Orquesta del Estado que todos los domingos daba serenata en la plaza de la ciudad de mi infancia. Por las noches, tocaba en otro lugar, a donde nunca lo íbamos a ver. Una vez pregunté y como respuesta tuve un silencio de todas las adultas que se encontraban ahí.

 

Una de sus hermanas decía que mi tío Jesús rayaba en lo sicalíptico. Yo no sabía qué era eso, pero tampoco preguntaba, parecía una palabra de mucho respeto. Esa tía arqueaba las cejas y refunfuñaba. De vez en vez la escuchaba discutir con la bisabuela.

- ¡Y usted que le da la bendición para ir a esas casas, como si no pudiera encontrar dónde trabajar decentemente!

 

Mucho tiempo después supe cuáles eran esas casas a las que iba a trabajar mi tío Jesús. Eran casas de la sexualidad, del deseo. Así que leer la ciudad, desde la sexualidad, es encontrar las claves de la forma como cada sociedad construye y canaliza el deseo. Qué se permite y qué se prohíbe da cuenta de cada ciudad idealizada en el deber ser. En las ciudades del deseo las personas han dejado de ser tales para convertirse en cuerpos. Cuerpos portadores de sexo y regulados de acuerdo a normas establecidas por los dioses, el bien social, las leyes civiles, la higiene, la salud, los medios de comunicación.

 

En la Ciudad del Deseo habitan cuerpos que miran y son mirados, cuerpos que provocan los deseos de los demás. Generalmente hablamos del deseo masculino dirigido a cuerpos femeninos y también, a cuerpos masculinos. Porque el deseo erótico que se ha documentado como tal, ha sido el deseo masculino, las mujeres han sido construidas como “las deseadas”.

 

Se les ha privado de ser las deseantes. Las mujeres que expresan deseos sexuales han sido consideradas como malas, mujeres fatales e, incluso, pervertidas.

 

El mapa de la ciudad ideal de Platón contenía disposiciones sobre las relaciones entre los sexos. Era, a su vez, la división de los sexos la que daba origen a la estructura de la ciudad. La comunidad de mujeres a la disposición de los guerreros del Estado, aludía a una sexualidad proscrita para la reproducción y condición para el mantenimiento sano de todo el cuerpo social (Platón, 1971).

 

La ciudad, vista desde la sexualidad permite descubrir a las ciudades basadas en la heterosexualidad como forma de dominio, como forma de exclusión de las expresiones no heterosexuales. Ciudades que, a su vez, necesitan producir sus propios ciudadanos heterosexuales para seguir existiendo. Ciudades de fragmentación sexual de los espacios: espacios públicos de socialización masculina y espacios privados de interiorización femenina.

 

Más grande me di cuenta de casas del deseo especializadas. Casas para políticos; para pobres, para hombres que desean hombres, ahí siguen en brotando en la ciudad; jugando a la clandestinidad, al medio cumplimiento de la norma; a la transmisión de los domicilios entre los interesados.

 

Pero también surgen lugares del deseo para expresar otros deseos, que no son, necesariamente, casas: empiezan como lugares marginales, de lo prohibido y poco a poco van colocándose al centro, reivindicando los otros deseos, como deseos legítimos.

 

La ciudad es también el punto de consolidación de la sociedad que establece la familia monogámica como la única forma permitida de sexuar, con todo y sus transgresiones. Hace poco, dentro del matrimonio monogámico se reconoció el matrimonio igualitario, entre personas no heterosexuales; un pequeño avance en el reconocimiento de la existencia de otros deseos.

 

La sexualidad y la reproducción, si bien son asuntos particulares, se convirtieron en asuntos del Estado, de las iglesias, como expresión del control de la sexualidad de las mujeres. Siempre lo que se controla es la sexualidad de las mujeres. Ese es el fundamento de las religiones y de las legislaciones. Son su base y su fundamento. El control del deseo fue incorporado a las políticas públicas a través del discurso científico de la medicina cuando se hicieron obsoletos los discursos morales. En las religiones, el control del deseo se argumenta en base a la procreación, no al placer ni al disfrute, como si la sexualidad solo tuviese la arista de la reproducción.

 

Si bien el deseo es una experiencia individual, se ejerce dentro de la colectividad a la que se pertenece. Es una experiencia personal en tanto es una experiencia colectiva. Justamente porque la sexualidad personal es la forma que asumen los controles y delimitaciones establecidos desde lo colectivo, deja de ser un acto de individuación y se convierte en una aceptación de lo colectivo porque la sexualidad es un elemento estructurador de lo social.

 

Por ejemplo, damos besos en la boca como acto de erotización, pero ello no es común a todas las culturas del mundo. Para algunos grupos humanos, el beso en la boca no es parte del ritual del amor. En cambio, nosotras, en la cultura occidental, lo consideramos natural. El beso erótico en la boca contiene la simbología del amor romántico.

 

Las ciudades organizan el deseo sexual, ya sea en el centro, lo permitido, para lo cual existen ceremonias y rituales; o en los márgenes donde surgen otras prácticas y discursos.

 

Mucho tiempo después entendí este doble trabajo de mi tío: el del día donde las niñas que éramos podíamos saludarlo en la plaza principal, y el de la noche, donde se perdía en las calles del deseo. Busqué el significado de sicalíptico que en esa época se usaba comúnmente, para encontrar que se usaba para denominar lo erótico festivo, el lugar prohibido. Así que mi tío era sicalíptico. En ese doble trabajo se abría la fisura de la ciudad del deseo que emergía ahí, a la vista de todos, pero que empezaba donde las luces de la ciudad no alcanzaban: a una cuadra de la plaza principal, a la vuelta de la catedral.

 

Hoy podríamos hacer un mapa de la ciudad del deseo con sus andadores, su periférico, sus entrecruces, bares y plazas para ligar. Tendríamos que agregar las ciudades virtuales donde están las citas con fines sexuales, de intercambio de parejas o de búsqueda de citas múltiples. También, como en esa época, enviados a los lugares marginales y, tal vez, sin música en vivo.

 

Finalmente termino con el siguiente poema de mi autoría

 

Ayer llovió

 

Ayer llovió

la tormenta trozó el árbol sobre la banqueta

El agua encharcó las calles, derrumbó viviendas.

 

Esperaba que abrieras la reja del jardín

donde vive la tarde.

 

La naturaleza es el cielo,

la ciudad no tiene esa armonía.

 

El río se metió a las viviendas;

tan impotente es nuestra sabiduría.

 

El viento empujó las palmeras,

los postes de luz se abatieron sobre las casas.

 

Te esperaba como la colina espera el atardecer.

 

Las sirenas ulularon,

el perro no dejó de ladrar.

 

Ayer debimos encontrarnos, amor, pero llovió.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 31 de enero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

lunes, 26 de enero de 2026

El viejismo

Mi vejez se incubaba.

Me esperaba al fondo de un espejo.

Me asombraba que caminara hacia mí

con tanta seguridad mientras que en mí

nada concordaba con ella.

 

Simone de Beauvoir.

 

Mi generación rebasamos los 70 años y ello nos convierte en un nuevo colectivo, el del viejismo. No importa si nos catalogan como adultos mayores, viejos, grandes o longevos; todas estas denominaciones nos convierten en población desechable, prescindible para una sociedad basada en la ideología de que lo viejo está obsoleto. Mis amigos y amigas tenemos hipertensión, diabetes, nos estamos recuperando de un cáncer; algunas sin riñón, otras sin matriz; sobrevivientes de divorcios, naufragios sentimentales; creyentes de internet.

 

Me conmueven los vendedores de seguros cuando tienen que decirnos los precios de los seguros de gastos médicos mayores o de los seguros de vida. Primero, nos ven mal y segundo, tratan de aplicarnos las tarifas más altas, porque saben que, lo más probable, es que no les dejemos las ganancias que tienen trazadas. Se trata de lugares límite donde las decisiones obedecen a contextos excepcionales.

 

Los viejos y las viejas en las sociedades analfabetas representan compendios de experiencia, de saber y conexión con los antepasados. Su longevidad era motivo de orgullo para el grupo, por lo que cada persona vieja que moría significaba la pérdida de conocimientos de toda la colectividad. Eran el vínculo entre el presente y el pasado por lo que tenían un lugar especial en la sociedad ya que significaban la memoria colectiva que trasmitían a las generaciones jóvenes para, de esta forma, lograr la continuidad del grupo. Llegar a una edad avanzada se consideraba una hazaña que no podría lograrse sin la ayuda de la divinidad; por lo tanto, se consideraba que, de alguna forma, llegar a la vejez era un premio, una distinción.  

 

En la Biblia se tienen diferentes menciones a la vejez, una de ellas se encuentra en el libro de los Números donde la creación del Consejo de Ancianos surge como una iniciativa divina: “Entonces dijo Yahvé a Moisés: Elígeme a setenta varones de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo…para que te ayuden a llevar la carga y no la cargues tú solo” (N, 11:16 y 17).  Posteriormente, esa centralidad de los ancianos cesará para ser considerados viejos y necios. Se pasó del anciano cargado de autoridad, a la ancianidad caduca en otra época social.

 

Cuando no se conocía si una planta era comestible o no, eran las personas ancianas quienes las probaban; si sobrevivía, el grupo había acumulado un saber. Si moría, se le veneraba, porque su muerte no simplemente había ocurrido, sino que había dejado un conocimiento para la colectividad.

 

También ha cambiado el umbral de edad de lo que se considera viejo, se era anciano a los 30 años en sociedades agrícolas del pasado, mientras que hoy, la esperanza de vida ha requerido nuevas divisiones: se es adulto joven de los 30 a los 59 años, mientras que a partir de los 60 se es adulto mayor. De los 75 a los 90 se considera como viejo, en tanto que después de los 90 se utiliza el término longevo. Cada extensión de la vida requerirá de nuevas categorizaciones.

 

En la sociedad contemporánea la ideología del viejismo está fundada en dos ideas principales: 1) En el criterio economicista para el que todos aquellos que no participan directamente de la creación de riqueza mercantil, son considerados superfluos donde lo efímero y desechable serán la marca del mercado; 2) en el criterio biologicista que plantea la vida como nacimiento, desarrollo, reproducción y muerte. Este simplismo del ciclo biológico, reduce a los seres humanos a metabolismo y ata el destino de cada ser humano a lo que ocurre en las células. Actualmente, el culto al cuerpo es un culto a su potencialidad, tanto como generador de bienes materiales como generador de vida, por lo que se otorga valor social al cuerpo joven como el cuerpo deseable, fértil, productivo.

 

No se envejece igual si se es hombre o mujer. Generalmente los hombres realizan acumulación de bienes y, la esperanza de que los repartan, es el mayor tesoro por el que podrán ser valorados cuando lleguen a la ancianidad. Las mujeres, en cambio, acumulan afectos y saberes sobre el mantenimiento y cuidado de la vida, por lo que son indispensables para el cuidado de las nuevas vidas en alianza con mujeres de diversas generaciones. Las mujeres, en esta etapa, son imprescindibles, pues los saberes de los cuidados de la vida los han desarrollado a partir de su cuerpo como síntesis de la experiencia de las generaciones anteriores.  

 

Si bien el viejismo es una construcción cultural, social y temporal, existen dos acontecimientos claros: el deterioro de cualidades físicas y el juicio de valor que se realiza sobre ello. Ambos contextualizado en sociedades específicas. En la sociedad contemporánea, los viejos y viejas son relegados a un lugar de no deseos. Se espera que los cuerpos viejos no tengan deseos sensuales y, prácticamente de ningún tipo, por lo que se les puede dejar en las zonas grises de la familia o en reclusorios para ancianos.

 

La sociedad tecnológica piensa que puede prescindir de los viejos; sin embargo, se tendría que repensar que la sociedad no sólo se reproduce biológicamente, sino también socialmente y en ello, la mirada de la vejez puede ser la diferencia. Los ancianos y ancianas ven reducido su espacio de influencia e interiorizan el discurso social que los coloca en un lugar de marginación.

 

¿De cuántos viejos y viejas hablamos en México? De acuerdo a datos del INEGI (2020), existen 15 millones de personas de 60 años y más, que representan casi el 12% del total de la población. Ello significa que uno de cada diez habitantes del país es mayor de 60 años, (54% mujeres, 46% hombres).

 

¿Podemos cambiar la ideología del viejismo? Aristóteles veía la vejez como un defecto, un deterioro del cuerpo y de la mente, por lo que esa idea se ha exponenciado en el capitalismo. Desde luego, no se es viejo igual en la antigüedad que en la actualidad, ni en el campo que en la ciudad. Cada vejez debe valorarse en cada contexto. Otras pensadoras piensan que la vejez es una edad para la libertad puesto que se ha llegado a un lugar del futuro.

 

El cuerpo va dejando su impronta en la subjetividad de las personas, porque la existencia se percibe como ser en el presente, no como ser en el futuro. Las transformaciones biológicas y subjetivas se van registrando como pérdidas, no pasos para llegar al destino del final de la vida.

 

Para entender la vejez se ha utilizado la metáfora de las estaciones: la primavera, el otoño, el invierno. Un proceso inevitable que todos y todas tendremos que pasar y que estaba vinculado al tiempo externo, el que mostraba la naturaleza. Posteriormente, el tiempo se convirtió en algo capitalizable que se puede invertir y obtener ganancia; es entonces cuando la vejez se carga con matices negativos.

 

Los viejos y las viejas de ser identificados como poseedores de sabiduría, de vínculos con la tradición, se pasa al viejo improductivo que no hace nada útil para la sociedad. Por lo tanto, el modelo es el joven, cada vez más joven aún o la muchacha casi adolescente.

 

Recuerdo que en las historietas que leí en mi niñez, Superman era un señor maduro, después lo convirtieron en un joven, el cual es mostrado en las películas. Lo mismo ocurre con otros superhéroes o representaciones míticas, porque lo joven empezó a convertirse en el centro de las fantasías de una sociedad que cada vez se va envejeciendo, pero que es incapaz de vivir una relación serena con la evolución biológica. Como muestra tenemos el caudal de medicamentos, cosméticos y libros de autoayuda para permanecer siempre jóvenes, una ideología que alcanzó a las mujeres muy pronto, pero que actualmente se aplica para mujeres y hombres.

 

Se piensa que los viejos y viejas están más cerca de la muerte que quienes son jóvenes, pero ello es una falacia si se piensa que todos estamos a la misma distancia de la muerte. Tal vez, tendremos que cambiar los enfoques para propiciar encuentros entre quienes inician la vida, niños y niñas con las y los ancianos; ahí, la memoria de la humanidad se transfigurará en los sueños de cada generación retomados por quienes continuarán la vida.

 

En la vejez se acepta la finitud, la llegada inminente del adiós. En eso consiste la sabiduría de estar en el último tramo, aunque no se sepa cuándo termina.

 

Finalmente, un poema de mi autoría

 

Cuando tenemos el camino andado

surge un nuevo sendero,

aunque no podamos caminar por él.

 

Nada se ha construido sobre el lecho del río,

aunque hayamos levantado casas con ventanas altas.

 

Tal vez en nuestra larga vida

solo enterramos a nuestros muertos

y las huellas que dejamos

sea una piedra encima de la otra.

 

El aire mismo nos trae el tiempo

de las criaturas que fuimos en las paredes,

en las playas de mares conocidos.

 

De pronto, reconozco la herencia

de otras mujeres que igual a mí

fueron labradas por la voz de otras antiguas.

 

Alguien dice en voz alta mi nombre

ha sido revelado de nuevo y para siempre

cascada, danza, pluma.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 24 de enero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

domingo, 18 de enero de 2026

La Venezuela que nos espera

 El pícaro está dispuesto 

a hacer el mal,

 temo que incluso se divierte

si puede quebrantar

las buenas costumbres.

 

Goethe. Fausto

 

Para quienes nacimos en la segunda mitad del siglo XX en México, nos es ajena la experiencia de la guerra. Mis abuelas y abuelos narraban la época de la revolución mexicana como un tiempo de desazón, de esconderse de los diversos grupos armados, de escasez de alimento, etc. Para nosotras, las guerras han sido algo del pasado, ocurrieron en diversas partes del mundo y siguen ocurriendo en confines lejanos. Hasta que nos fue cercando la violencia del narcotráfico, lo más parecido que hemos vivido a una conflagración armada, junto con los feminicidios.

 

Hoy, no es que estemos a las puertas de una situación de guerra, esperemos que no sea así, pero el sentimiento general que se está gestando, muestra esa desazón. Mis amigas y las personas más cercanas, expresan la angustia que puede significar el cumplimiento de las amenazas de Trump hacia México. Venezuela representa lo que le puede pasar a cualquier país latinoamericano que sea diagnosticado por los Estados Unidos como narcoterrorista.

 

Estados Unidos entrará a territorio nacional por las personas que tenga en la mira, con o sin el visto bueno de las autoridades mexicanas. No necesita la autorización de México porque se rige por sus propios diagnósticos.

 

Estados Unidos ha mostrado que tiene la capacidad tecnológica para realizar intervenciones militares sin que ninguna fuerza se le pueda oponer. Ha creado una máquina de guerra capaz de mostrar al mundo su poderío y ha generado el discurso que legitima las intervenciones.

 

Es un país invasor en América Latina. Recordemos la invasión a México en los años de 1846 a 1848, derivado de lo cual, Estados Unidos se quedó con la mitad del territorio mexicano. Ha invadido países de América Latina y el Caribe como Cuba (1898), Nicaragua (1933) y Panamá (1989) y propiciados golpes de Estado como el de Brasil (1964) y Chile (1973), por mencionar algunos. Siempre, en busca de expandir sus intereses.

 

En cambio, cuando estudié en Europa, tenía la sensación de que, para una buena parte de la gente común y corriente, los Estados Unidos tenían otra valoración de ese país: se presentaban a sí mismos como los salvadores del fascismo de Hitler y fueron fundamentales para la reconstrucción de la Europa devastada. La intervención económica a través del Plan Marshall les permitió avanzar en la recuperación de manera acelerada; una estrategia contra el avance de los intereses de la URSS que se consolidaba con los países del Este. Fue garante de una paz basada en bloques económicos e ideológicos a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con claros intereses estratégicos en el inicio de la guerra fría.

 

Ese capital sigue jugando a favor de Trump, aunque con las economías reconstruidas, Estados Unidos ha dejado de ser un socio para convertirse en un rival económico de la Unión Europea.

 

Volvamos a América Latina y también a México. ¿Qué le interesa a Trump, de acuerdo a lo que ha dicho? Que se desmantele la red de protección política al narcotráfico. ¿Qué esto es un problema interno? Desde luego, pero la capacidad o no de resolver este problema interno, tiene consecuencias porque el policía del mundo lo utiliza como un argumento para intervenir.

 

Hoy lo que se haga o no para aumentar la gubernabilidad, liberar territorios del dominio de la delincuencia organizada y limitar su influencia en la estructura de poder, tiene consecuencias para la estabilidad del país.

 

Confío en que las enseñanzas de la historia no se quedarán en meras invocaciones patrióticas, sino que la larga historia de ser vecinos del país más poderoso del mundo, muestre a una clase política prudente, capaz de dar respuestas y ejecutar acciones que neutralicen la ambición de poder del presidente de Estados Unidos, porque nos queda claro que se trata de intereses económicos y geopolíticos los que están detrás de su discurso.

 

Hoy es el combate al narcotráfico el argumento para intervenir; ayer fue la instalación de democracias que le fuesen favorables. En todos los casos, son argumentos para instalar gobiernos que le permitan hacer negocios, sus negocios; los que tienen que ver con el capital avorazado que, en su carrera insaciable se lleva la vida humana. Es una materialidad que niega la generosidad, la colectividad, lo humano posible para mostrar las zancadas salvajes con que se oprime la vida.

 

Porque eso es el capitalismo hoy: conseguir ganancias para unos cuantos a costa de lo que sea.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 13 de enero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

lunes, 5 de enero de 2026

¡Buen año nuevo!, tú tienes razón…

Y avanza, avanza

despertando ruidos ocultos,

 animando los rumores adormidos.

 

Amado Nervo. ¡Año nuevo!

 

Amado Nervo (1870-1919) escribió, al menos, dos textos con el título de ¡Año nuevo! El primero en diciembre de 1896 y el segundo al año siguiente. El de 1896:

 

Ya está al cumplirse un periodo más de tiempo, denominado año, como podría denominarse cualquier otra cosa.

Llegamos a él con el fardo de trescientos sesenta y cinco días más sobre las espaldas, con algunas quimeras menos, y tan niños como hace doce meses, como hace un lustro, como hace diez años, y muy dispuestos a forjarnos, una vez más, la ilusión de que, al entrar el nuevo periodo de doce meses, vamos a ser más felices, como si el año que viene no fuese la continuación inmediata, sin solución alguna de continuidad, del año que se va, y como si los sucesos dependiesen de esas divisiones convencionales del tiempo que relacionadas con la revolución del planeta alrededor del Sol, plugo hacer a los humanos.”

 

En este primer texto, (Aguilar, Obras completas de Amado Nervo, Madrid, 1951, p 440), el escritor critica la fantasía de quienes piensan que seremos mejores en el siguiente año, solo por el hecho de soñar: “El año entrante seremos ricos? ¿Ricos, por qué? ¿Trabajaremos más para serlo?”

 

También se burla de quienes piensan que seremos felices. “La dicha estaba tan lejos de nosotros el año pasado que hoy debe estar muy cerca ¿Acaso viene con el tiempo? Parece que sí, aunque siempre nos dice: Mañana”.

 

Para el escritor, “soñar cuesta menos que los billetes de lotería, que son ilusiones de papel”.

 

Este papel irónico de AN de 1896 contrasta con el tono reflexivo de un año después. Dice: “¡Buen año nuevo!, tú tienes razón porque eres la imperecedera alegría de vivir que sobrenada por encima de la conciencia humana”. El texto inicia con una cita de El Rey Lear de Shakespeare, tal vez porque en esa obra se hace alusión al último día del año

 

“…Y allá se fue el buen viejo, el trágico Lear con su blanca barba revuelta y su amplia túnica rasgada. Allá se fue el trémulo anciano, en la alta noche, cuando la campana de la iglesia vecina ha volcado al espacio sus vibraciones sonoras y, en el hogar, se apura la última copa del año…, allá se fue.”

 

Amado Nervo escribe el texto ¡Año nuevo! bajo el seudónimo de Oberón, en El Mundo: Semanario Ilustrado, texto que fue publicado el 2 de enero de 1898[1] De esta manera daba cuenta del año que se iba y con ello, hacía referencia a la vida, al tiempo que pasa. Dice:

 

Pero el año se impacienta, llama a las puertas de la vetusta casa desmantelada, trae su tarjeta de visita y sus regalos relucientes. Por él son esas picantes rosas y esas curiosas miradas que sorprendéis en nuestra vuelta por el boulevard; por él cantan himnos los espíritus y la palabra santa, la que redime y vivifica, se prende en todas las almas y germina en todas las conciencias”.

 

¿A qué se refiere cuando dice “eres la imperecedera alegría de vivir que sobrenada por encima de las tragedias humanas”? Muy posiblemente a que el tiempo transcurre de manera ininterrumpida ajeno a las vicisitudes humanas. Aunque nos afanemos en atrapar el tiempo, anotarlo en cuentas históricas, otorgarle calificativos, el tiempo solamente pasa y en ese transcurrir, sobrenada por encima de lo humano posible. Aún más, el nuevo día tiene una claridad que se niega a ser parte de la fiesta:

 

Tiene esta claridad del nuevo día un como honesto pudor que se recata; parece que huye de la fiesta, que repugna entrar en el amplio hall en donde el color brinca y corretea en deslumbrantes irisaciones. La acobarda el brillo de los espejos, el resplandor de los candiles, el tintineo de las copas y la ola musical que se desprende de la caja de piano.”

 

El día transcurre en el afuera, mientras en el adentro de los salones, siguen los brillos artificiales de candiles, puesto que la electricidad todavía estaba en ciernes ya que, aunque era conocida desde tiempos remotos, fue en 1879 cuando Thomas A. Edison patentó la bombilla que dio paso a la masificación de la electricidad en las principales urbes del mundo. Amado Nervo, narra las fiestas de navidades y del año viejo con la luz de candiles y velas.

 

La reflexión sobre el año que inicia le permite, al escritor, plantear los dos planos del adentro donde ocurren los dolores de la vida, los insomnios y el plano del afuera con su claridad de día:

 

Y el día sigue su aparición radiosa y los últimos parpadeos de los astros se esfuman en el lago azulado de los cielos. ¡Cómo pasáis y repasáis entonces el rosario de los recuerdos vosotros los que habéis vislumbrado estos terribles amaneceres después de una larga noche insomne escuchado el rumor de una respiración fatigosa, asiéndoos de cada débil esperanza en tanto que, a lo lejos, a largos intervalos, escucháis un grito perdido como el chirrido de un ave perdida en un bosque desierto!...

Pero la fiesta prosigue, y corretea por el hall espacioso, irradian los candiles y en las ventanas la primera claridad del día torna diáfanos los cristales.

¡Es el año nuevo!, el desconocido amigo que llama a vuestras puertas y os trae su tarjeta de visita”.

 

Volvamos al final del texto de 1896 con su tono burlón de los buenos deseos:

El año que entra seremos buenos. Hoy no lo fuimos por esto y por aquello; porque había hábitos contraídos. Pero mañana… ¿Qué esos hábitos se arraigarán más! ¡Pues no y requeno!

El año que entra, por último, sabremos cosas nuevas…Esto sí es cierto, en absoluto. La experiencia, aunque en dosis homeopáticas, aumenta año por año.

¡Lástima grande que cuando la poseemos toda no nos sirve de nada, porque hemos acabado el viaje!

¡El año que entra! Que entre en buena hora, y entretanto: ¡Feliz año nuevo!”

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 3 de enero de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx



[1] El texto fue consultado en: Flores, María (2013) Tesis de Maestría en Letras Mexicanas, UNAM.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Letras de navidad

Pastores y pastoras 

abierto está el edén

¿No oís voces sonoras?

Jesús nació en Belén

 

Amado Nervo. Nochebuena (1917)

 

Diversos autores latinoamericanos han escrito con motivo de la Natividad. Algunos expresan espiritualidad y júbilo como los casos de Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral y Amado Nervo. Federico García Lorca, escribe el poema Navidad en el Hudson, desde la sensibilidad de un ser marginal. A continuación reproduzco fragmentos de poemas de los autores citados.

 

Sor Juana Inés de la Cruz (ca. 1651-1695) escribió diversos villancicos, cuyo fin era que la población pudiera celebrarlos en diferentes celebraciones. Puede ser que ahora nadie entone los villancicos de Sor Juana, ya que Noche de paz, Mi burrito sabanero o Campana sobre campana sean de los más cantados en el país, pero vale la pena conocer la entrada del villancico Navidad de Sor Juana:

 

Estribillo

 

-Al Niño Divino que llora en Belén,

¡déjenle

¡que a lo Criollito yo le cantaré!

¡Le, le,

que le, le le!

 

Copla

 

1-Sed tiene de penas

Dios, y es bien le den

sus ojos al agua,

el barro mi ser:

¡déjenle!

 

2-Deje que el Sol llore;

pues aunque al nacer

También llora el Alba,

No llora tan bien:

¡déjenle!

que es el llanto del mal,

aurora del bien!

que a lo criollito yo le cantaré..!

 

Escribe Federico García Lorca (1898-1936), Navidad en el Hudson en Nueva York el 27 de diciembre de 1929. El poema no es amable con la navidad ni tampoco sencillo de leer. Se trata de una navidad desde la desesperación de lo cruento que existe y vive. El poeta pasa de El romancero gitano, calificado como de poesía local y popular a Poeta en Nueva York, poesía universal:

 

“…El mundo solo por el cielo solo

Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa.

Son los vivísimos hormigueros y las monedas en el fango.

El mundo solo por el cielo solo

y el aire a la salida de todas las aldeas.

 

Cantaba la lombriz el terror de la rueda

y el marinero degollado

cantaba el oso de agua que lo había de estrechar;

y todos cantaban aleluya,

aleluya. Cielo, desierto.

Es lo mismo, ¡lo mismo!, aleluya

 

He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales

dejándome la sangre por la escayola de los proyectos,

ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas.

Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura…”

 

En tanto, que Gabriela Mistral (1889-1957) en Romance de Nochebuena celebra la llegada de Jesús, lo festivo de su nacimiento; todo ello dentro del conocimiento del valor didáctico de la literatura ya que utiliza el ritmo musical para transmitir la buena nueva de la esperanza en el nacimiento del niño. Dice:

 

“Vamos a buscar

dónde nació el niño:

nació en todo el mundo,

ciudades, caminos…

 

Tal vez caminando

lo hallemos dormido

en la era más alta

debajo del trigo.

 

O está en estas horas

llorando caidito

en la mancha espesa

de un montón de lirios…”

 

Gabriela Mistral es heredera de la tradición latinoamericana de mecer al niño. Aunque María es la madre, puede mamar del pecho de Juana. También observemos cómo a todos nos convierte en pastorcillos:

 

Lo tiene Lucía,

Lo meces Francisco

y mama en el pecho

de Juana, suavísimo

 

Vamos a buscarlo

por estos caminos

¡Todos en pastores

somos convertidos!..

 

Amado Nervo (1870-1919) habla desde una voz sencilla, invocando a los pastores a que acudan a Belén; les invoca que asistan a la “luz nacida del cielo” y aún les pregunta retóricamente “¿no oís voces sonoras? Las exclamaciones subrayan la alegría del propio poeta ante el nacimiento del Justo de Israel.

 

“La luz del cielo baja

el Cristo nació ya

y en un nido de paja

cual pajarillo está.

 

El niño está friolento

¡Oh, noble buey

Arropa con tu aliento

al Niño Rey!

 

Los cantos y los vuelos

invaden la extensión

y están de fiesta cielos

y tierra…y corazón.

 

Resuenan voces puras

que cantan en tropel:

¡Hossana en las alturas

al Justo de Israel!

 

¡Pastores, en bandadas

Venid, venid,

ver la anunciada

Flor de David!..

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 27 de diciembre de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx