miércoles, 12 de agosto de 2026

El Tren pasa primero

Pronto descubrió que lo que más le atraía era convivir 

con los patieros del ferrocarril. En la estación era otra realidad.

Nada se mantenía igual, todo iba hacia el horizonte

como el tren que se lanza a lo desconocido.

 

Elena Poniatowska, El Tren pasa primero

 

El trayecto de Tepic a México duraba 24 horas. Tomábamos el tren en el atardecer del cerro de San Juan y la noche siguiente estábamos llegando a los patios de Buenavista, en la Ciudad de México, cuando todavía era Distrito Federal. Mi abuela llevaba comida para el viaje: pollo cocido, huevos duros, papas, fruta. En el carro restaurant comprábamos café con leche y desayunábamos.

 

El tren se abría paso entre montañas verdes que fueron vencidas a fuerza de túneles. Las niñas que éramos entonces, veíamos los paisajes como lugares donde habitaba lo salvaje, lo no presentido. Al paso del tren se sucedían olores de flores, de remansos de agua. La ruta del Pacífico conectaba hacia el norte con Nogales, Sonora y hacia el sur con Guadalajara. Por eso teníamos que transbordar en esta última ciudad. Se oía el traca traca del cambio en el nodo ferroviario. El fierro nos anunciaba el futuro. Después, el tren se detenía en ciudades como Pénjamo, Salamanca, Querétaro y otras más, hasta llegar al Distrito Federal.

 

Ahí llegábamos al bullicio. Era una algarabía llegar a las estaciones de ferrocarril. Creo que el olor a enchiladas que recuerdo, proviene de esos viajes. No se habían inventado los radios de pilas o al menos, no eran masivos, por eso en los vagones lo que se escuchaba eran las conversaciones, niños que lloraban y sobre todo, el arrullo del traca traca del tren.

 

Leer la novela de Elena Poniatowska, El Tren pasa primero me hizo recordar los viajes de México a Tepic y de Tepic a México con mi abuela Cayetana, mi abuela materna. Ella nunca se acostumbró a los viajes en automóvil, así que siguió viajando en tren durante toda su vida. Decía que prefería que la llevaran a caballo o en mulas que en automóvil. Era una abuela del otro, otro siglo; había nacido en 1900. Recordemos que los Ferrocarriles Nacionales de México se privatizaron en 1997, lo que significó la cancelación del servicio de pasajeros. Mi abuela había muerto en 1985, así que no vio ese final. La novela de Poniatowska, ganadora del Premio Internacional Rómulo Gallegos 2007, da cuenta de la vida del movimiento ferrocarrilero de fines de los cincuenta en México. Uno de los movimientos laborales más importantes que prefiguraron la apertura democrática después del 68 estudiantil.

 

La novela está estructurada alrededor del movimiento social protagonizado por los ferrocarrileros dentro de la consolidación de la clase política emergida por la revolución mexicana. La trama da cuenta del entrelazamiento entre un movimiento laboral con fuertes anclajes sociales y la construcción del poder en el país. A través del tren, el personaje central Trinidad Pineda Chiñas se construye en líder; se mueve a través de la geografía del país y muestra la interrelación entre vida privada y vida pública. El uso de los diálogos recrea la atmósfera de la época a través de personajes centrales.

 

Se ha dicho que el personaje real que da origen a la novela es Demetrio Vallejo. Sin duda es cierto, la autora lo que crea es un personaje literario capaz de tener dudas, incertidumbres, confianzas y desconfianzas. Justamente, la confianza, la buena fe de los ferrocarrileros aparece como cuota de ingenuidad ante el funcionamiento de un poder capaz de engullirlo todo con tal de fortalecerse, de destruir cualquier intento de oposición; de centralizar las decisiones de un poder que lo quiere todo, porque los reclamos por el cumplimiento de derechos eran traducidos como oposición al régimen.

 

La novela visibiliza a las mujeres de los ferrocarrileros dentro una trama aparentemente muy masculina. Efectivamente, las mujeres muy poco lugar tienen en la vida de los ferrocarriles. No obstante, la escritora les otorga un papel fundamental al convertirlas en interlocutoras de los trabajadores en distintos papeles de su vida. Las mujeres no son sólo las compañeras de las vidas emocionales y sentimentales, sino que también son parte de las posibilidades de la reflexión a partir de la cual los ferrocarrileros toman las decisiones.

 

Son ellas con las que dialogan.

 

Quizá los personajes menos trabajados correspondan al poder. Aparecen como sombras, como detrás de telones. Ello es comprensible si se toma en cuenta que la autora opta por contar la trama desde el punto de vista de los ferrocarrileros. Aún así, sería de esperar una novelación más compleja de los personajes que ejercen el poder en México con la finalidad de atisbar ese, su propio mundo de quienes están en el poder.

 

La derrota de los ferrocarrileros, su encarcelamiento en Lecumberri, muestra la derrota de un régimen; no necesariamente la derrota de los ferrocarrileros ni del movimiento. Porque es el régimen el que fracasa cuando los obreros piden justicia, ampliación de derechos, pero el poder solo tiene la represión como respuesta. La entereza de los hombres y mujeres del ferrocarril queda de manifiesto en la sobrevivencia de cada día.

 

Afuera los grupos de presos se han dispersado. En la cárcel la repartición del rancho se inicia a la una y media de la tarde y los hombres entran a su crujía a comer. Sólo uno que otro permanece al acecho de una improbable visita. En la reja de salida, Rosa ve cómo una mujer vestida de negro con el rostro descompuesto baja de un taxi acompañada de dos hombres. “Viene por su muerto” y apresura el paso para no encontrarse con ella. Antes, Rosa se habría acercado: “Lo siento, ¿puedo servir en algo?” Ahora su marido Ramón ha muerto, Rafael está en la cárcel y Rosa huye de la desgracia- “Yo ya tuve lo mío; con más no puedo” y sus pasos precipitados la conducen a la carretera vacía” (237).

 

La novela inicia con la tensión antes del estallido de la huelga y termina con la entrada del líder a una nueva etapa amorosa en su edad otoñal. Un líder vencido y carismático cargando sus recuerdos a cuestas a punto de iniciar una nueva vida no deja un desaliento; deja lo que fue la esperanza de cambiar un régimen, la idea de que es posible empezar desde nuevos lugares.

 

La novela entrelaza los recursos que Elena Poniatoska utiliza: contexto de la época, testimonios, construcción de figuras literarias. La novela nos introduce en las luchas de los ferrocarrileros que no conocimos puesto que ocurrieron en la década de los cincuenta. Lo que sí nos queda de la novela es que no todos los líderes sindicales actúan para favorecer a los trabajadores, lo cual, a estas alturas, no es un descubrimiento en sí mismo, pero sí lo es, la constatación de la desilusión de las mayorías, la imposibilidad de transitar por vías de libertad y concientización en lugar de vías de complicidades y corrupciones.  

 

Para quienes utilizamos los trenes en las décadas de los sesenta y setenta, el viaje era una aventura. Los trenes eran lentos, es cierto, pero la niñez nos protegía de las prisas, sobre todo, si vamos en ese coche dormitorio a donde la abuela lleva las ceremonias del dormir, del soñar. Donde nos despertaba para ofrecernos las viandas de chayotes cocidos, de calabaza enmielada, como verdaderos tesoros.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 8 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 10 agosto de 2026

https://meridiano.mx/2026/08/10/el-tren-pasa-primero/

 

lunes, 3 de agosto de 2026

La España de adentro


Quienes vivimos aquí

solo necesitamos

 sopita caliente y buen vino.

 

Una voz en Perales

 

Salgo a caminar desde el centro del poblado. Todavía no es la hora en que las madres despiertan a las niñas para llevarlas a la escuela. Saliendo por el lado derecho del edificio del Ayuntamiento se encuentran las parcelas donde los productores cultivan lechugas de la tierra, jitomates, papas. Ahí los veo sobre la tierra, a hombres y mujeres cuidando los surcos de cebollas, de nabos. Hablan con el agua, con las flores moradas, con la tierra misma.

 

Alrededor de todos los caminos que entran o salen del pueblo -depende de si vas o vienes- los riachuelos te acompañan con su melodía de agua. En algunos tramos corre de prisa; en otros, tropieza con las piedras. El rumor del agua rodea al pueblo quien ha levantado fuentes en su honor: la Fuente Redonda que data de 1912, la Fuente de la María Blanca y Fontanilla, la Fuente del Cuartel, la de la Butrera, la de la Gasca, la Fuente de la Iglesia, la de la Matagacha, o los abrevaderos del Prado de Arriba y del Pico de la Alameda. En las fuentes puedes beber agua fresca todos los días del año. Todas ellas forman parte de la ruta del agua, de cerca de nueve kilómetros alrededor del municipio de Perales de Tajuña por donde se puede seguir el camino a Santiago. Quienes peregrinan, encuentran aquí el agua para seguir el viaje, como antes; igual hoy cuando la gente devota o turista viene a hacer el camino para llegar a Santiago.

 

El olor de los higos embriaga. Los higos se desprenden de sus ramas rompiendo el aire y caen en los caminos o sobre los tejados que, todavía, antes del sol, retienen palomas susurrando el amanecer.

 

Al llegar al sendero rumbo al panteón, me cruzo con las personas que seguirán la misma ruta que yo en estas mañanas frescas. Todas nos encaminamos al Risco de las Cuevas, un yacimiento que conserva las huellas de cuevas que fueron habitadas en el periodo Neolítico. No sé qué me emociona más, si mi incapacidad de imaginar la vida de esos pobladores o las personas de hoy, muy parecidas a la gente que vive en mi tierra en su deseo de buenos días, pero que aquí está hecha de árboles de oliva, de racimos de uvas, de praderas y terrazas húmedas.  

 

Estoy acá por una estancia académica, pero antes de iniciar mis labores camino en esta ruta que me hace recordar el poema de Emily Dikinson

 

Se necesita un trébol y una abeja

para hacer una pradera,

 un trébol y una abeja

y soñar.

Soñar es más que suficiente

si las abejas son pocas.

 

Es cierto que quienes subimos al risco a esta hora de la mañana somos personas de edad. Quizá porque es una señal del poblamiento de los pueblos rurales de buena parte del planeta, porque los jóvenes se trasladan a las ciudades en busca de sus vidas. Aquí permanecen personas jubiladas, parejas con hijas pequeñas, productores del campo, quienes guardan las remesas de la nostalgia, crean identidades y nos ayudan a conservar ese sentido de los pueblos de silencio donde se pueden escuchar las pisadas de quien pasa en las horas sin sombra.

 

Llegué hasta el final del risco orientándome por la propia montaña de piedra, por su frescura de roca y el sonar del río debajo. Se cruzan conejos que, apurados, suben la ladera para desaparecer en algún resquicio.

 

De entre la bruma del amanecer, sube el sol y vuelve todo de colores; les saca luz a las piedras, brilla en el esplendor del verano, mientras animales y personas empezamos a escondernos en la sombra. La remota lejanía se trasluce en un horizonte luminoso. Más allá se puede adivinar cualquier tramo de civilización con su inundación de tecnología, de vida apurada, de mercado.

 

Cuando descendemos del risco, dejamos atrás el aire fresco para sumergirnos en el calor con que inicia la mañana. Ese calor que, sin aire, se apropiará del pescadero y sus peces; de la costurera y sus diseños; de la panadera. De los niños de la población migrante que han encontrado en este lugar, una escuela, una farmacia, una clínica de salud. Y digo una, porque estos pueblos de la España de adentro están planeados así: tienen una sola oferta de cada servicio. Bueno, hay dos bares, pero una sola iglesia que el siete de julio inició el novenario de la Virgen del Carmen.  

 

El templo está destinado a la advocación de Santa María del Castillo; fue construido sobre los cimientos de una iglesia medieval que funcionaba como parroquia del castillo. Aún se pueden ver los restos del torreón de la Edad Media y las murallas del antiguo castillo. Dentro, la virgen es muy conocida por nosotras porque pertenece a la estética de la Virgen de Talpa, de Huajicori, de San Juan de los Lagos. Es una virgen pequeña, que porta un niño entre sus ropas, con manto triangular que en Europa es un simbolismo de la Contrarreforma porque simboliza a la Santísima Trinidad (Padre, hijo y Espíritu Santo), pero que en América fueron utilizadas para la evangelización ya que la forma triangular recordaba a las pirámides y a las divinidades femeninas prehispánicas.

 

Trabé amistad con Carmen, una mujer de Paraguay porque vi en sus ojos la confianza. Ahora podemos conversar sobre asuntos del pueblo, acompañarnos en el camino y, como latinoamericanas, compartir este sentimiento de estar en otro lugar; de convertirnos en las otras a los ojos de los moradores. Aquí están también mujeres afganas, dominicanas, argentinas, ecuatorianas.

 

La señora pelirroja de la esquina de la Iglesia se ha vuelto flor en la memoria del muro.

Por la noche, en ocasiones, frente a la plaza del Ayuntamiento hay verbenas con chotis y cantos. Ya se anuncian las fiestas del 15 de agosto. Un mes antes se hizo la presentación de los festejos taurinos de este año y el campeonato de Mus, un juego de cartas por parejas con baraja española, desde luego. El cartel del Certamen de Novilladas sin picadores del Sureste ya está publicado.

 

Muy pronto tendré que despedirme de estos lugares; del camino del risco, del bosque de los higos, de la ruta del agua; de estos cielos azules donde el verano transcurre como un aliento en que uno se deshace. Regresaré a mi ciudad donde el cielo, repleto de agua, se cae en las tormentas.

 

Entretanto, recuerdo las letras de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) en la novela Los Pazos de Ulloa (1886), donde narra la campiña española:

 

Ahora tiene que seguir hasta aquel pinar ¿ve? Y luego le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano derecha por un atajito hasta el crucero…En el crucero ya no tiene pérdida, porque se ven los Pazos, una construcción muy grandísima.

-Pero… ¿cómo cuánto faltará? -preguntó con inquietud el clérigo.

Meneó el peón la tostada cabeza.

-Un bocadito, un bocadito

 

Digo adiós a Perales de Tajuña, a este lugar del vínculo del agua, la montaña y la nostalgia.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de agosto de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 28 de julio de 2026

https://meridiano.mx/2026/07/28/la-espana-de-adentro/

¿Por qué necesitamos héroes?

La generosidad es un sentimiento 

que te puede hacer feliz eternamente 


Rosa Luxemburgo

 

¿Por qué necesitamos héroes? Tal vez porque la vida cotidiana es previsible y monótona necesitamos saber que existen seres extraordinarios que pueden hacer un bien para la humanidad. Actualmente, enfocamos nuestra atención en héroes que provienen de tres campos, principalmente. El primero es el deporte, el segundo, es el espectáculo y el tercero es la ciencia. ¿por qué tenemos esta necesidad mítica de héroes? Seguramente porque existe una necesidad de líderes, de quienes comandaban la tribu y de esa manera nos podían asegurar la existencia, darnos seguridad.

 

Los héroes no han sido los mismos en todos los tiempos: en el tiempo mítico robaron el fuego a los dioses, y se lo entregaron a los humanos con lo que dio inició la civilización. Ese es el cambio de lo que significó el fuego: pasar de lo crudo a lo cocido; de lo obscuro a lo iluminado; del frío al calor. El fuego es el elemento civilizador por excelencia, lo mismo en la mitología griega que en las narraciones wixaricas del Occidente de México.

 

En nuestra época, seguimos atribuyendo características extraordinarias a los héroes ya que son capaces de marcar el mayor número de goles en un mundial, de filmar películas que requieren osadía o de descubrir un medicamento que salvará de enfermedades incurables. En cualquier caso, los héroes no son como nosotros, sino que existen en el plano de lo extraordinario. Desde este punto de vista los vamos construyendo con atributos de las divinidades, de las diosas y dioses que nos conducían a un lugar determinado.

 

Hoy se acentúa la necesidad de héroes porque la vida, con su inmediatez atravesada por la tecnología globalizada, requiere de nuevos referentes; de comportamientos éticos que sean emulados por nosotras. Los héroes de hoy no pertenecen a una tribu, sino que tienen dimensiones globales debido a las comunicaciones instantáneas en que transcurre el tiempo presente.

 

Si bien, los héroes surgen del deporte, del espectáculo y de la ciencia para aliviar en situaciones límite, también surgen héroes de lo mínimo cotidiano. Se trata de héroes instantáneos cuyas acciones circulan por las redes y se miden en cantidades de likes que reciben. Eso es, justamente lo que proporcionan los medios de comunicación, porque consideramos héroes a quien salva un venado herido; a quienes se arriesgan en un incendio, a quienes plantan aboles para evitar la desertificación. Hay héroes que escalan montañas, pero también, quienes bajan un gato de un zarzal. El número de likes va mostrando las simpatías a estas heroicidades, aunque duren una hora. Seguramente no quedarán registradas en los libros de historia, pero sí quedarán para siempre en el mundo digital.

 

Cuando me refiero a héroes no lo hago solo en masculino, también buscamos a las heroínas, aunque sus proezas hayan sido consideradas menores. Como sabemos, las mujeres han estado en planos secundarios, pero son planos desde donde se asegura la vida. Las mujeres han estado ahí y hoy empezamos a descubrir a las mujeres que fueron pioneras en las ciencias; que estuvieron en la creación artística, no solamente como musas, sino que también fueron productoras de obras. Y descubrimos sus dimensiones desde donde perdura la vida.

 

Quizá buscamos héroes porque los seres humanos necesitamos espejos en los cuales vernos, conductas éticas que nos impulsen en el día a día. En el libro (Super) héroes. ¿Para qué los necesitamos? escrito en 2016, el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, dice que los necesitamos para explicar nuestras propias historias, ya que sus luchas tanto externas como internas se convierten en ejemplos a seguir. Son héroes porque pudieron cambiar una vida de infortunio en una de felicidad. Ahí está el Superman migrante de otro planeta que se rehace en el lugar de llegada; el huérfano Batman, víctima de las mafias de Ciudad Gótica; Tarzán, niño náufrago perdido en la selva. Los tres huérfanos, los tres pudieron cambiar su historia. Su heroicidad nos dice que, si ellos pudieron cambiar, también lo podremos hacer nosotras.

 

Cada quien se apropia de los héroes y heroínas que le significa algo para su vida.

 

No obstante que los héroes se definen en lo extraordinario, tenemos que hacer referencia a otra dimensión de la heroicidad, a la generosidad; porque no basta con que el héroe realice acciones extraordinarias hoy le damos una gran importancia al valor de sus acciones en el trato con las demás personas, en la proximidad.

 

La generosidad es un sentimiento de las personas heroicas, no de los déspotas. Se piensa que la generosidad puede estar en la base del sentido de autoridad. No de la autoridad basada en la fuerza, en el poder, en la violencia, en el dinero; sino la autoridad de quien puede dar, desprenderse de lo que tiene. Por ejemplo, si en un grupo humano se tienen pocos alimentos ¿qué impulsa a alguien a dar de lo poco que tiene? Lo más razonable es asegurar la propia subsistencia, pero la generosidad no es un principio de la razón, sino que es un principio de la vida, es un sentimiento. Cuando se identifica a alguien que da de lo poco que tiene, a esa persona se le inviste de una autoridad diferente a la autoridad del poder. Hoy le llamamos autoridad moral, porque esos gestos cohesionan a la población a partir de otro lugar, el lugar de la empatía, de la confianza.

 

Si bien los líderes buscan ser obedecidos a través del miedo, como recomendaba Maquiavelo al Príncipe, los héroes de hoy dan muestra de otro comportamiento ético. Generan confianza y, por esa vía, devuelven la esperanza a la población. Baruch Spinoza, filósofo del siglo XVII, ubicaba a la generosidad como el elemento fundamental para la sociedad ya que ello permitiría trabajar siempre por los demás. La sociedad, para este filósofo, estaría unido, precisamente, por la generosidad traducida en amistad humana, que hoy traducimos como solidaridad.

 

¿Por qué Spinoza lo piensa así? Porque dice que los seres humanos se unen por los afectos. Nótese que no dice por la razón, sino por los afectos. De ahí que es mejor desarrollar emociones o sentimientos altruistas, como la esperanza, que sentimientos de miedo, como los discursos de odio que hoy se fabrican contra inmigrantes, pobres, cuerpos racializados, mujeres.

 

El héroe no es el aprovechado, ni el más fuerte ni el más poderosos, sino aquel que es capaz de transformar su vida a partir de las circunstancias que le toca vivir. Quizá por eso, hoy los futbolistas del mundial se convierten en nuevos héroes cuando los vemos intercambiar camisetas, arrodillarse para abrazar a un niño que los admira, llorar la derrota y reconocer el valor de los rivales. Un héroe también es el que pierde, porque reconoce sus errores y las fortalezas de quien lo venció. No es venganza lo que reclaman los héroes contemporáneos, sino que llenan el mundo de mayor comprensión. Nos ayudan a entender las relaciones humanas de otra manera.

 

En este torneo de futbol mundial de 2026, el equipo de Noruega se mostró bajo la narrativa del pueblo vikingo. Los jugadores noruegos de hoy no son vikingos, como los jugadores de México no son aztecas, pero los jugadores noruegos se presentan bajo esa narrativa. Seleccionan el lugar de partida mítico y se construyen como los nuevos vikingos. Con su carga de leyenda antigua y de altruismo actual, rehacen la ficción del remo por mares helados. Ya estaban antes en el simbolismo construido desde los libros, las series, las películas, las proezas donde conocimos al dios Odin del reino de Asgard.

 

Los dioses bajan del Olimpo de sus glorias. Aún los dioses vencidos tienen enseñanzas para mostrarnos a través de la generosidad. A estos héroes los necesitamos en el mundo contemporáneo porque nos hacen ver que no solo gobierna el odio, la revancha, la venganza, sino que somos capaces de albergar solidaridad para los demás.

 

Los héroes y heroínas deben ser fuertes, llevar a cabo obras extraordinarias, pero, lo más importante, deben ser generosos. Así nuestra alma puede aguardar los pasos que se aproximan.

 

Finalmente, termino esta reflexión con un poema de George Eliot (pseudónimo de Mary Ann Evans, escritora británica que nació en 1819)

 

Cuenta ese día perdido

 

Si te sientas al atardecer,

cuenta los actos que has realizado,

y, si contando, encuentras

un acto de abnegación, una palabra

que alivió el corazón del que escuchó,

una mirada más amable

que caía como el sol donde se fue,

entonces, puedes contar ese día

bien aprovechado.

 

Pero si, a lo largo de todo el día,

No has animado ningún corazón.

Si a pesar de todo

no has hecho nada donde puedas rastrear,

una luz del sol en una cara,

algún acto aún más pequeño

que haya ayudado a un alma,

cuenta ese día como peor que perdido. 


Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 18 de julio de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 20 de julio de 2026

https://meridiano.mx/2026/07/20/por-que-necesitamos-heroes/






martes, 14 de julio de 2026

Futbol, la fiesta de todos tan temida

Tal vez a través de la alegría

podamos institucionalizar el festejo

 

Si los antropólogos, se encontraban con personas vestidas de manera no cotidiana, pintados sus cuerpos, cabellos y cara con colores de grupo, en actitud desafiante, con tambores y máscaras; documentaban el encuentro con salvajes.

 

Los términos grotesco, horrendo, indecente, espantoso alboroto, son términos con que los observadores, misioneros y conquistadores, se refirieron a ceremonias que no comprendían y que, por lo tanto, las interpretaban dentro de la moral de su época.

 

Nosotras, sabemos que no es así, se trata de porras del futbol; esa fiesta de todas tan temido, ese infierno de todos tan amado.

 

¿Por qué necesitamos el futbol, este éxtasis planetario de los goles? Porque los países han dejado de tener símbolos claros de unidad; la vida cotidiana está globalizada; utilizamos cada vez más la misma tecnología para encauzar las relaciones humanas, consumimos en un mercado global; es muy probable que vecinos distantes de Cabo Verde, las Filipinas y Chiapas, accedan a los mismos productos para su vida diaria. Además, la diáspora permanente que la etapa actual del capitalismo ha arrojado a los países ricos, hace que se necesiten ceremonias de cohesión social y sentimientos de unidad. El futbol cumple esa ausencia porque traspone fronteras, aún cuando se realice dentro del mercado de ganancias irracionales.

 

¿Qué ocurre en los grandes estadios en la proximidad de los cuerpos, la música que exalta los sentidos, las bebidas embriagantes, los cantos colectivos? Ese momento es el de la liberación de las restricciones habituales para acceder, simple y llanamente, a un momento de libertad signado por la alegría, el regocijo, el jolgorio. Lo mismo ocurre cuando los aficionados acuden al monumento del Ángel de la Independencia en México a celebrar triunfos de futbol; a la Plaza Colón en Madrid, al Obelisco en Buenos Aires o en la Puerta de Brandemburgo en Berlín.

 

Es el júbilo lo que atraviesa a la multitud. Hay una cierta pérdida de la individualidad de quienes participan en el estadio o en el festejo, para dar lugar a una fusión con lo colectivo. También hay un amor de grupo para la cual no tenemos palabras, porque la palabra amor está restringida a la pareja de amantes, al amor filial, al familiar, pero el amor al grupo carece de expresiones. A lo más se le denomina efervescencia colectiva como lo hizo Durkheim, sociólogo francés del siglo XIX.

 

Desde la psicología se hablará de emoción irracional reprimida que se canaliza hacia el festejo. Porque es el festejo lo que une a la multitud, a lo colectivo.

 

También podemos verlo como una recuperación de la emoción jubilosa que se tenía ante la llegada del padre o de la madre; de la hija ausente, del inicio de las estaciones o de la cosecha. Hoy ese regocijo lo desatan los once del equipo que han triunfado, aunque ese triunfo solo dure un día, el del partido de hoy, sin que sepamos lo que ocurrirá mañana.

 

El júbilo, aunque parezca espontáneo, no lo es, por el contrario, su parafernalia ha sido cuidadosamente diseñada:  las máscaras, los bailes, las porras, las canciones, las pinturas corporales, las botanas, se anticipan con meticulosidad.

 

También el tiempo está acotado: el tiempo del mundial.

 

Lo importante es experimentar el momento del júbilo. Ese estado de excitación en el cual se piensa que son mirados por los once que ganaron; que, al bailar, al cantar, están en comunión con ellos, que construyen solidaridad comunal; que se funden en sus marcaciones. No importa que se trate de actos que el día de mañana podrán ser vistos como irracionales. Lo valioso es haberlo vivido, sentido, ser, de nuevo parte de un grupo de manera emocional.

 

Bárbara Ehrenreich en su libro Una historia de la alegría (Paidós, 2008) señala que las comunidades han empleado las mismas actividades para celebrar el placer comunal: cantos, disfraces, bailes, comidas; romper el tiempo de lo cotidiano. Todo ello se ha configurado, en mayor o menor medida, en técnicas de éxtasis social, un uso que le podemos dar al estudio de Mircea Eliade sobre técnicas de éxtasis en su estudio del chamanismo. Solo que ahora es canalizado por los dueños del balón, de los equipos deportivos, por las compañías que monopolizan la comunicación; en síntesis, por el mercado. Los extraños se abrazan en los estadios, se funden en uno.

 

El futbol se convierte en el momento de la celebración, de la fiesta, eso que ha sido tan mal visto por los poderes de todos los tiempos. En la celebración se rompen las jerarquías; la colectividad adquiere vida propia donde cada individuo puede comportarse sin las inhibiciones a que obligan las morales de cada época.

 

También se desatan frustraciones cuando el equipo de mi país pierde. Entonces se acrecientan las llamadas al 911 para alertar sobre mayor violencia e inseguridad, sobre todo, contra mujeres, ejercida por quienes sienten que han perdido su honor.

 

Cuando gana el equipo de mi preferencia, ganamos. Cuando pierde mi equipo, fueron fallas del director técnico.

 

¿Por qué el poder desconfía de las multitudes celebrantes, eufóricas? Quizá porque ese tiempo se convierte en una anulación de las autoridades, de las limitaciones, de las restricciones, que tal vez se puedan convertir en sublevación, en rebelión.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 11 de julio de 2026


Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 14 de julio de 2026

https://tinyurl.com/3pc67x5s

 


martes, 7 de julio de 2026

Bebe tú también. El amor entre mujeres

Sabia señora, 

Sherezada,

inspírame:

 he de contarle

cada noche

un cuento diferente

de sí misma.

 

Nancy Cárdenas

Basta con que visitemos cualquier museo para entender que las sexualidades alternas a la heterosexualidad se encuentran ya en restos arqueológicos, en cerámica, en relieves. Es claro que a tales evidencias arqueológicas no se les pueden aplicar las categorías con que hoy nombramos la homosexualidad, el lesbianismo, lo queer, pero lo que sí se puede es reconocer los matices del pasado con que se mencionaron el amor y atracción entre personas del mismo sexo o del sexo diferente; la complejidad de las expresiones de la eroticidad.

 

Existe una nueva mirada sobre los vestigios arqueológicos, aunado a las técnicas actuales de identificación de lo antiguo, lo que permite formular nuevos cuestionamientos de la experiencia humana de la sexualidad en la historia.

 

Tradicionalmente, la arqueología utiliza ciertas técnicas para adscribir restos óseos a uno u otro sexo. En ello tiene una importancia creciente el contexto en que se encuentran los restos óseos. Por ejemplo, si en la excavación se encuentran armas, se adscribe al sexo masculino o si se encuentran adornos atribuidos a mujeres, como collares, se adscribe al sexo femenino. Sin embargo, la aplicación de la técnica del ADN en huesos de miles de años de antigüedad, ha arrojado nueva información que contradice lo que estaba clasificado. Son métodos de “sexar” los vestigios del pasado como una manera básica de organizar la mirada a través de los huesos.

 

En esa clasificación arqueológica se han encontrado marcadores de ambos sexos, en una minoría de casos, pero justamente de eso se trata, de documentar las múltiples posibilidades del desarrollo humano.

 

Ejemplo de ello son las cerámicas de dioses, llamados dioses oculados porque lo que destaca de esas cerámicas es que tienen grandes ojos, pelo y nariz, pero carecen de señalen de sexualización. Por ello, se piensa que eran deidades para que todos y todas pudieran identificarse con ellas. Estamos hablando del periodo de la Edad del Cobre.

 

Las huellas arqueológicas de diversas sexualidades las podemos seguir en las siguientes épocas. Las prácticas eróticas privilegiadas son las masculinas, porque cuando se ha hablado de “el deseo” se supone que es el de los hombres. Se ha pretendido que las mujeres sean las carentes de deseo, sean pasivas en su vida y su sexualidad; reproductoras físicas y sociales y que su deseo erótico estuviera encaminado al deseo de los varones. Se ha pretendido que las mujeres amaran como los hombres han querido que amen. Sin embargo, ello no se ha conseguido en ninguna sociedad, puesto que las mujeres que se aman entre sí, han sido documentadas en distintos formatos.

 

Particularmente me quiero detener en una vasija referida a sexualidad entre mujeres. Se trata de una vasija atribuida a Oltos, pintor griego del año 520 a. C. En ella, se representa a dos mujeres desnudas, recostadas, en la cual una ofrece a la otra una copa de vino, como diciendo bebe tú también. La postura en que están las mujeres, con las piernas entrelazadas, se ha interpretado como postura erótica. Otra representación es la del Pintor Phintias, cerca del año 510 a. C. En esta copa, que se conserva en el Museo de Munich, el Staatliche Antikensammlungen, se representan dos mujeres desnudas de la cintura para arriba, en una especie de juego.

 

En el siglo II de nuestra era, Ptolomeo astrónomo y astrólogo muy importante, en el libro III, 15 trata el homoerotismo femenino. Para él, los astros que deben tomarse en cuenta son Venus y Marte, así como el Sol y la Luna, a quienes llama luminarias. Dice:

 

Si las luminarias transitan solas en los signos zodiacales masculinos, los hombres exceden de virilidad, mientras que las mujeres desviarán su naturaleza y conseguirán comportamientos masculinos y más enérgicos…tendrán relaciones con mujeres asumiendo la parte del hombre” (Ptolomeo, Tetrabiblos)

 

Independientemente de que sean los astros los que determinen el comportamiento erótico de las mujeres entre sí, lo importante, tanto de los vestigios arqueológicos como de los documentos escritos, es la mención sobre el amor entre mujeres como una relación que ocurre en la sociedad. Desde luego, las representaciones a las que me he referido, fueron hechas por hombres.

 

En el campo de la poesía, distintos poetas se refieren al amor entre mujeres, de manera irónica, pero lo que importa, es que lo mencionan, por lo que suponemos que era importante.

 

La única voz de mujer que se distingue en ese periodo, es la de Safo de Lesbos, lo que señala la importancia de su poesía y su presencia.

 

Muchos siglos después tenemos las voces de mujeres que se abren paso no sin dificultades. Finalmente, termino con una poesía de Nancy Cárdenas, del libro Cuaderno de amor y desamor de 1973.

 

La noche,

La luna, nuestras cuerpas

en la cama

en la frescura

de la oscuridad

y la dulzura

de la silencia

 

Contigo,

 la compañía resulta un viaje deslumbrante

 alrededor de ti,

 de mí, de los otros:

pájaras hambrientas,

 íntimas,

de vuelo acordado y terso.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 4 de julio de 2026

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 5 de julio de 2026

https://meridiano.mx/2026/07/05/bebe-tu-tambien-el-amor-entre-mujeres/

lunes, 29 de junio de 2026

La poesía del conocimiento de Vicente Aleixandre

La luna como una mano 

reparte con la injusticia que la belleza usa,

sus dones sobre el mundo.

Miro unos rostros pálidos.

Miro unos rostros amados.

No seré yo quien bese ese dolor que en cada rostro asoma

 

Vicente Aleixandre Triunfo del amor


Conocí la poesía de Vicente Aleixandre cuando vivía en Berlín en los años de 1981 y 1982. En ese entonces existía en el centro de Berlín, una librería internacional donde se podían encontrar libros en diferentes idiomas, casi siempre eran publicaciones del campo socialista antes de que se derribara el muro de Berlín. En esa librería encontré un libro de poemas de Vicente Aleixandre, en edición bilingüe en alemán y español y esa fue la razón por la que lo compré. Quería, en esa lejanía estar cerca de mi país al menos en la lectura de poesía en mi lengua materna.

 

A través de estos gedichte o poemas me incorporé al grupo de lectoras de Vicente Aleixandre cautivada por una poesía cercana a lo humano profundo, cercada por este pensamiento de sabiduría. Lo tenía que leer una y otra vez, como se deben leer los poemas; lo tenía que leer en voz alta para intentar entender su significado o al menos, captura la musicalidad de los versos. Era como si su mirada quisiera abarcar todo lo humano y lo hiciera de una manera total, integrada. Lejos, sin embargo, de la sensiblería fácil de un altruismo.

 

Aleixandre llega a un conocimiento de lo fugacidad humana que lejos de someterlo a desesperación lo lleva a la aceptación humilde dentro de la complejidad del pensamiento:

 

…Es la noche larga,

acéptala. Acéptala blandamente. Es la hora del sueño.

Estás tendido en la oscuridad y sientes la suave mano quietísima,

la grande y sedosa mano que cierra tus cansados ojos vividos,

y tú aceptas la oscuridad y compasivamente te rindes.

(La oscuridad)

 

Para el poeta el mundo es uno, lejos de materia y espíritu, carne y mente, estos binomios conque hemos pensado lo humano: la unicidad de la total creación en su conjunto. Cada ser consistirá en una expresión momentánea de la sustancia fluyente “por eso en ti late el guerrero, el emperador y el soldado, el monje y el anacoreta; la cortesana pálida que acaba de ponerse su colorete en la triste mejilla, cuán gastada. Allá en la infinitud de los siglos” (Bouñoso, La poesía de Vicente Aleixandre, 1977).

 

La base de sustentación de la poesía de Vicente Aleixandre es la vida como historia o como un esfuerzo realizado en la dimensión temporal tras una decisión de carácter ético. Por eso para el poeta lo que ocurre, lo insignificante que ocurre tiene un lugar permanente en el devenir.

 

Si tú mueves esa mano, la ciudad lo registra un instante

y vibra en las aguas,

y si tú nombras y miras, todos saben que miras.

 

Si los seres humanos forman una sola unidad múltiple de la cual cada uno no es más que una expresión de lo mismo, entonces cada gesto repercutirá en el prójimo, en el mar, en todo lo que lo rodea. Ahí quedará ese gesto inserto y registrado. Lo humano no es algo dado sino que es un proceso permanente, es un proyecto por hacerse. Esta idea después la encontraremos en algunas epistemologías que dicen que el mundo es un dado-dánsose.Vivir es trabajar en la autorrealización, porque el ser humano es una proposición que se hace a sí mismo y hace al mundo.

 

Para mí es un poeta del conocimiento porque lejos de cerrar la creación, el ser humano la continúa en sus acciones, en sus pensamientos, en sus palabras. Esta postura va a tener una gran complejidad para quienes queremos decir algo sobre el mundo o hacer investigaciones científicas porque nunca podremos sacar un pedazo de realidad para estudiarla porque en el momento mismo de distinguir ese pedazo de realidad, ha dejado de serlo, porque la realidad sigue fluyendo, se fue en el devenir.

 

Aleixandre siente una unidad con toda la creación: lo mismo con los animales que con las rocas; el mundo cercano y el distante; lo conocido y lo sólo presentido, lo dicho y lo callado.

 

Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, mas nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, ya en tu rostro acaso.
Con tu pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.

Vicente Aleixandre, poeta español nació el 26 de abril de 1898 en Sevilla, España, vivió su infancia en Málaga por lo que decía que Málaga le dio su luz, la experiencia de la vida que es y la vida que pasa. Murió el 13 de diciembre de 1984 en Madrid. Premio Nobel de Literatura en 1977. Entre sus libros más difundidos se tiene Historias del corazón¸ Espadas como labios, Sombra del Paraíso.

 

Es una poesía del conocimiento porque en sus versos alberga una solidaridad con todo lo viviente. Siente la unidad del mundo y nos la entrega en forma de versos unificadores, lejos de pedagogías insulsas o ejemplos evangélicos; el poeta, simplemente, nombra. La naturaleza, los animales, todo lo viviente, deja de ser telón de fondo para compartir el protagonismo con lo humano.

 

Finalmente, el poema Mina publicado en 1933, dentro del poemario La destrucción o el amor:

 

Mina

 

Calla, calla. No soy el mar, no soy el cielo,

ni tampoco soy el mundo en que tú vives.

Soy el calor que sin nombre avanza sobre las piedras frías,

sobre las arenas donde quedó la huella de un pesar,

sobre el rostro que duerme como duermen las flores

cuando comprenden, soñando, que nunca fueron hierro.

 

Soy el sol que bajo la tierra pugna por quebrantarla

como un brazo solísimo que al fin entreabre su cárcel

y se eleva clamando mientras las aves huyen.

 

Soy esa amenaza a los cielos con el puño cerrado,

sueño de un monte o mar que nadie ha transportado

y que una noche escapa como un mar tan ligero.

 

Soy el brillo de los peces que sobre el agua finge una red de deseos

un espejo donde la luna se contempla temblando,

el brillo de unos ojos que pueden deshacerse

cuando la noche o nube se cierran como mano.

 

Dejarme entonces, comprendiendo que el hierro es la salud de vivir

que el hierro es el resplandor que de sí mismo nace

y que no espera sino la única tierra blanca a que herir como muerte,

dejadme que alce un pico y que hienda la roca,

a la inmutable faz que las aguas no tocan.

 

Aquí a la orilla, mientras el azul profundo casi es negro,

mientras pasan relámpagos o luto funeral, o ya espejos,

dejadme que se quiebre la luz sobre el acero,

ira que, amor o muerte, se hincará en esta piedra,

en esta boca o dientes que saltarán sin luna.

 

Dejadme, sí, cavar, cavar sin tregua,

cavar hasta ese nido caliente o plumón tibio,

hasta esa carne dulce donde duermen los pájaros,

los amores de un día cuando el sol luce fuera.

 

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit. Correo: lpacheco@uan.edu.mx

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 27 de junio de 2026