martes, 27 de febrero de 2024

Las marchas feministas abren la rebelión de "nosotras"

En México, el feminismo incomoda más 

que los feminicidios

 

Pancarta en marcha del 8 de marzo

 

El sujeto social y político del feminismo somos las mujeres. Eso ha quedado claro a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Las marchas feministas alrededor del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, han sido momentos donde las mujeres nos reconocemos en una sola voz con múltiples demandas.

 

Las marchas toman las calles para nombrar las relaciones de dominación que atraviesan a las mujeres en la sociedad patriarcal. Han roto el silencio en que se tenía a las mujeres; ese griterío establece las premisas fundamentales de la lucha de las mujeres: visibiliza las brechas de género y, sobre todo, construye un nosotras que antes no existía.

 

Las marchas también muestran el enojo ante las complicidades de los hombres para mantener el sistema de privilegios; no obstante, las denuncias sobre ello, los avances de los derechos humanos y las exigencias de justicia.

 

Las marchas construyen un sujeto colectivo desde pequeñas localidades hasta las metrópolis globalizadas. El griterío de las mujeres atraviesa el mundo a través de las redes sociales, de las plazas pintadas de violeta, de las pancartas con que cada una lleva una consigna.

 

Es cierto, las marchas nos han puesto de pie ante un sistema que nos definía como separadas unas de las otras, enfrentadas, enemigas, rivales. A través de la acción colectiva hemos sido capaces de elaborar agendas feministas, de exigirlas, de llevarlas a cabo. A través del reconocimiento de nosotras como el nuevo sujeto político de las sociedades democráticas, hemos avanzado para cambiar las condiciones en que estamos.

 

Las marchas abren el momento histórico del reconocimiento. Ahí estamos las feministas que empezamos en el siglo pasado y las jóvenes que reclaman derecho, igualdad, vidas libres de violencia, acceso a la justicia y dejar de ser vistas como cuerpos apropiables. Ahí están las académicas, las cineastas, las trabajadoras, las políticas, las artistas: todas en medio de la exigencia de otra forma de vivir, de participar en la vida pública, pero también, de relacionarnos y de construir maternidades y conyugalidades no sacrificiales.

 

Las protestas feministas se instalan en el no; en el alto a lo que existe para que pueda dar lugar a nuevas formas de relaciones. Aunque son marchas que dicen lo que no queremos las mujeres, realmente son formas de afirmar la vida de otras maneras: imaginar otros mundos y caminar hacia ellos.

 

 Las marchas abren el momento de la rebelión, pero no tendrían efecto si se agotan en sí mismas. A partir de las protestas masivas se han abierto líneas de escritura, de documentación sobre injusticias y desigualdades, tanto del yo individual como del nosotras colectivo. El yo de las mujeres individuales y colectivas está en la literatura y en la historia, la antropología, el cine. Está en la voz de las mujeres científicas.

 

Aquí aparecen las mujeres como sujetas en contextos específicos, con historias precisas. No se trata solo de enunciar demandas generales o globales en las marchas; se trata de ponerle cara, nombre y apellido a las diversas situaciones de violencia e injusticia en que se vive; determinar las brechas de género; enunciar los déficits de políticas de igualdad; revelar las dificultades para acceder a la justicia.

 

Un ejemplo de ello es la revelación de la generalidad del acoso como una verdad silenciada referida a la estructura de las relaciones de poder. Porque el acoso contra las mujeres ha sido una actitud permitida, solapada y celebrada entre los hombres en las universidades, en la cultura, en el cine, en las empresas, en el deporte, en la política, en las iglesias.

 

La revelación del acoso como una práctica de hombres depredadores ha hecho caer el hálito de prestigio de los hombres con poder porque son conductas develadas como abuso sexual. La supuesta cortesía del caballero que permitía seducir a las jóvenes, se ha revelado como violación.

 

Ha sido necesaria la insurrección de las mujeres a través de las marchas, del movimiento colectivo para vislumbrar otro lugar para las mujeres; el reconocimiento de su voz como legítima; de sus deseos como existentes y válidos. Para que empecemos a documentar el lugar de subordinación, opresión y falta de poder en que estamos y, sobre todo, encontrar un lenguaje propio en el cual enunciemos los mundos que queremos.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 28 de febrero de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 20 de febrero de 2024

¿Es posible una democracia desde las mujeres?

Nuestra cultura ha identificado a las mujeres

en tanto sujetos de la maternidad.

Con esto les ha asignado un lugar y un papel social

considerado como garante de su salud mental.

 

Mabel Burin

 

Es difícil pensar la democracia desde las mujeres porque las reglas del juego de la democracia se fundaron en base a un sujeto masculino dentro de una cultura salvífica varonil. El largo entrenamiento de las mujeres para la resolución de la vida privada las ha llevado a ser especialistas en la construcción de afectos, lo cual las desvaloriza para las actividades de la política a la masculina ya que carecen de las habilidades necesarias para la competencia masculina. Una de esas capacidades es la de negociación ya que las mujeres generalmente se han encontrado en situación de opresión desde las cuales generalmente no negocian, sino que aceptan. En todo caso, los recursos de la negociación de la vida privada pasan por canales del afecto.

 

En ocasiones me he preguntado cómo se construye la subjetividad de las mujeres de manera tal de dar el resultado generalizado de un destino asumido como propio por cada una de las mujeres y por todas, en conjunto. Si bien Simón de Beauvoir encontró que la maternidad atrapa a las mujeres muy pronto y eso determina su vida, su postura ante los demás, la relación con ella misma y su cuerpo, tendríamos que discutir hoy la construcción de la subjetividad de las mujeres y su vinculación con el ámbito del poder y la política.

 

La ideología de la maternidad se ha considerado una moral destinada a ser interiorizada por las mujeres con la finalidad de que cumplan el papel de cuidadoras de la vida íntima del varón. Este cambio en la función de las mujeres, de participantes de la vida productiva a formar parte de una familia de consumo, ocurrió al mismo tiempo que se incrementó la represión sexual hacia las mujeres. El goce sexual es constreñido a la familia nuclear y más específicamente al ejercicio de la maternidad. Se puede decir que la sociedad contemporánea expropió el goce sexual de las mujeres con la finalidad de afianzar una forma de familia capaz de producir un varón productivo que tuviera resuelta su situación privada.

 

La ideología de la maternidad se convierte en uno de los discursos más poderosos alrededor del cual se construye la identidad de las mujeres, el deseo íntimo interiorizado de la maternidad. La subjetividad de las mujeres se volcó en torno a lo que ocurría dentro de la familia, independientemente de la división social del trabajo. El énfasis se centró en los sentimientos personales, la construcción de comunidades de afectos y en la resolución de las necesidades de los individuos al interior de la familia. La estabilidad emocional de los miembros de la familia dependía de las mujeres. La producción de sujetos humanos a través de la maternidad condujo a la construcción de una subjetividad específica vinculada al afecto y la sobrevivencia del otro. En esa relación, las propias mujeres se producían a sí mismas (Mabel Burin, Estudios sobre la subjetividad femenina, Buenos Aires).

 

 Además, el uso del lenguaje supone una desvalorización para las mujeres ya que la práctica de un lenguaje práctico, corpóreo destinado a resolver lo inmediato; lenguaje creado en la intimidad de los afectos, las pone en desventaja ante la necesidad de utilizar el lenguaje como oratoria, la destreza en la palabra escrita y la abstracción.  

 

Las mujeres viven en el espacio de lo inmediato, de lo cercano, su vivencia con los otros es a través de espacios cerrados, en relaciones cuerpo a cuerpo. Este espacio cerrado va a ser la representación de su ámbito de acción, por lo que, al pasar al ámbito público, de lo abierto y externo, tendrán que construir nuevos referentes.

 

Es necesario precisar que el éxito en la obtención del poder es a menudo interpretado como vivencia de pérdida del hogar como un lugar ideal, aún cuando ese ideal no exista en la práctica.

 

La incorporación de las mujeres a la política se realiza dentro de las normas legales y culturales establecidas antes de la llegada de las mujeres. Pocas mujeres acceden al poder tal y como está diseñado. Sería interesante observar qué sucedería si las mujeres en masa participaran en el poder, la capacidad para transformar el poder desde otra situación o si el poder sólo puede ejercerse en las lógicas masculinas. ¿Es posible integrar las habilidades de los mundos de mujeres al mundo público? ¿Es posible que las mujeres incorporen lo aprendido en la vida privada en el quehacer público para construir otro poder? Porque éste hasta la fecha no ha hecho más que relativizarlo. Participar no sólo desde lo igualitario sino desde la potencialización de nuevas formas de estructurar la sociedad a partir de relaciones menos desiguales y jerárquicas. Para ello es necesario otra subjetividad femenina y otra subjetividad masculina.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 20 de febrero de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 13 de febrero de 2024

Mi tía leía novelas de amor de Corín Tellado

Por ti, yo dejé de pensar en el mar

Por ti, yo deje de fijarme en el cielo.

Por ti me ha dado por llorar como el mar

Me he puesto a sollozar como el cielo

Me ha dado por llorar

 

Oscar Chávez

 

¿Por qué te quiero así? El doloroso ayer, Ya me llamarás, El destino viajaba en tren, son títulos de las cuatro mil novelas que escribió Corín Tellado (1927-2009), denominada la escritora del corazón.

 

Mi tía dejaba las novelas en el buró cerca de su cama, así que era fácil tomarlas cuando ella no estaba. La trama versaba, invariablemente, sobre una mujer joven y bella y un hombre atractivo. Casi siempre se conocían por casualidad, sabiendo que uno a otro se amarían, pero tendrían que superar una serie de obstáculos para lograrlo. Las jóvenes podían ser estudiantes, en busca de una superación personal, pero, finalmente, el matrimonio las atrapaba donde encontraban su verdadera felicidad.

 

Se puede criticar la novela rosa de Corín Tellado como parte de la construcción del romanticismo del siglo XX. Lo que no se puede es desconocer la influencia que tuvo en distintas generaciones de habla española. Tan solo el dato de que vendió 400 millones de novelas nos habla del alcance de sus letras. Los escenarios fueron cambiando con el transcurso del tiempo, mientras los personajes se adaptaban a las situaciones en que avanzaba el cambiante siglo.

 

¿Por qué nos atraen las historias de amor exitosas? Quizá porque tienen que ver con un deseo de que ese amor romántico sea cierto. También, porque el enamoramiento intensifica el tiempo que vivimos haciéndonos salir del tedio. Se crean espejismos amorosos porque el sentirse emocionada nos libera de lo cotidiano. De ahí que estemos dispuestas a entregarnos a ese sentimiento que le de sentido a nuestra vida.

 

¿Por qué hablamos de intensificación al referirnos a la vida amorosa? Porque ese estado provoca ver la realidad de una manera diferente, la abrillanta; abre lo que vemos a otras dimensiones que antes no veíamos, nos llena de euforia de tal manera de hacernos olvidar los lugares comunes en que vivimos. Nada es nuevo, solo que llegaste tú, dice una famosa canción, porque el otro, o la otra, le otorga nueva profundidad a las cosas.

 

Las canciones que hablan de ver el mundo color de rosa, parten de esta experiencia, donde la presencia del otro/otra se convierte en un centro desde el cual irradia luz a la vida que vivimos. Se trata de sentimientos agradables, paradisiacos, donde queremos permanecer.

 

Gabriela Mistral (poeta chilena), dice:

 

Por ti aprendí a amar la lluvia,

los días grises, el frío en la piel,

la tibieza del sol en la tarde

y el sabor del amor verdadero.

 

También la nostalgia del amor se convierte en el amor. El dolor de la ausencia nos revela la profundidad del sentimiento que teníamos y que, por la lejanía, se ha convertido en nostalgia. Como si el amor perdido, fuese un paraíso que nos perteneció y del que ahora estamos expulsadas.

 

Todas conocemos a amigas que están enamoradas del amor. De ese momento que les provoca el descubrimiento de otra persona que abre las puertas a paisajes que la vida cotidiana no les da. A veces pienso que se trata del amor propio necesitado de una causa exterior, como decía Spinoza “El amor es una alegría acompañada de la idea de una causa exterior” (Ética III).

 

El amor es darse cuenta de la alegría que provoca la otra persona. Quizá por eso, las novelas de Corín Tellado han sido tan exitosas. Nos trasmiten el relato de que el amor, ese amor que deseamos, puede colmar la vida, no importa que se trate de espejismos. Al fin y al cabo, la vida es la sucesión de espejismos.

 

Siete años pasaron, e irremediablemente, el pasado siempre vuelve”, recuerdo este final de una novela de Corín Tellado, donde la protagonista regresa al lugar donde perdió a su enamorado y, sí, como pueden pensar, lo volvió a encontrar. El amor estaba intacto; ambos lo habían conservado como un tesoro. ¡Qué bonito! ¿verdad?

 

Mi tía leía novelas de amor de Corín Tellado. Nunca se casó y no sé si alguna vez se enamoró en la vida real. Era una tía amorosa con toda la familia.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de febrero de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

miércoles, 7 de febrero de 2024

Cuando las mujeres producen ciencia, el mundo mejora

Siempre saqué cero en francés y diez en matemáticas.

Desde pequeña sabía que la ciencia era lo mío

 

Julieta Fierro (astrónoma)

 

Para las investigadoras, académicas, ayudantas

y estudiantas de la UAN

¿Sabía usted que, a nivel mundial, solo el 30% de mujeres son investigadoras? Este es un dato de la UNESCO, quien afirma que las mujeres reciben menos salario que los investigadores. En México, de acuerdo a los datos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el 38% son mujeres, aunque conforme aumentan los niveles del SNI, disminuye el número de mujeres. Por ejemplo, son apenas el 12% en la categoría III en matemáticas.  También debe decirse que en la aprobación de Investigadoras/es Eméritos de 2022, se reconoció a 38 mujeres de un total de 183 investigadores que fueron reconocidos. 

Esa brecha de género se amplía en cada uno de los niveles debido a diversas circunstancias. Una de ellas es que la actividad de investigación científica se ha pensado como una actividad masculina, de ahí que las mujeres carezcan de ejemplos a los cuáles seguir en el campo de la ciencia. La actividad científica se piensa como un área donde se requiere inteligencias, dedicación, objetividad, etc., lo cual, de acuerdo a estereotipos, se supone que las mujeres carecen.

Cuando las mujeres ingresan a áreas de la ciencia, es común que les encarguen tareas menores, por lo que no siempre lideran proyectos de investigación. La calidad de líder sigue siendo reservada, en su mayoría, a hombres; por lo tanto, son ellos los que encabezan los artículos científicos, acuden a congresos internacionales, reciben patrocinio para sus investigaciones, etc.

Además de lo anterior, las mujeres tienen condiciones que deben tomarse en cuenta para pensar políticas que impulsen a las mujeres a participar en la ciencia. Como se sabe, a las mujeres se les ha asignado la tarea de cuidados a partir de la reproducción biológica, por lo que la maternidad y la conyugalidad se han convertido en dos de las condiciones que impiden a las mujeres dedicar tiempo al trabajo científico. De ahí que se pugne por cambiar los conceptos de maternidad sacrificial por el concepto de crianza humana, donde participen los dos cónyuges y se reconozca la intervención del grupo familiar y servicios estatales en la socialización de niñas y niños.

Naciones Unidas reconoce que las mujeres se encuentran en desiguales condiciones respecto de los varones para dedicarse a la ciencia. De ahí que haya impulsado el día 11 de febrero de cada año como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Con ello se quieren visibilizar las brechas de género e impulsar medidas que logren que cada vez más mujeres ingresen a la ciencia.

¿Por qué es necesaria la participación de las mujeres en la ciencia? Porque la humanidad está desperdiciando el talento de las mujeres, la inteligencia, las preguntas que pueden formular sobre diversos campos del conocimiento. Es muy posible que el ingreso masivo de las mujeres a la ciencia pueda cambiar la manera como vemos el mundo, planteamos problemas y, sobre todo, formulamos soluciones.

Además, es un derecho de las mujeres. Por ese derecho han sido quemadas mujeres en otras épocas, con el estigma de brujas. Otras, han sido excluidas de los reconocimientos de sus propios descubrimientos y otras más, han sido discriminadas negando el reconocimiento de sus méritos.

El largo camino de las mujeres para ser científicas cuenta con decenas de historias de desigualdad. Como ejemplo, basta citar que, en 124 años de entrega de Premio Nobel, éste ha sido entregado al 94% de hombres y al 6% de mujeres.

Por lo tanto, ¡urge no desperdiciar el talento y la inteligencia de la mitad de la población! Porque, cuando las mujeres producen ciencia, se mejora el mundo, el ejemplo es Marie Curie quien inventó el primer aparato de rayos X móvil y con ello salvó la vida de miles de personas. Dedicó su descubrimiento de los rayos X a la mejora de la salud de quien lo necesitara, sin patentarlo.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 8 de febrero de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx