viernes, 31 de diciembre de 2021

Sazonar el último día del año y andar en el más acá

Para la comunidad universitaria comprometida con el presente

 

Cruzo el día con pasos enredados. Abro la puerta por donde miro lo que contiene el mundo. Intento ser una abeja sobre el leve soplo del aire. La mañana luce un largo sueño mientras un colibrí se columpia en las flores diminutas del balcón. 

 

En la casa se sazona la cena. Alguna ha traído los olores de su propia cocina; otra, deshace la masa para el atole; la más pequeña, esparce dulces por los rincones. También trajeron vino y colaciones. Las risas de niñas y niños empiezan a poblar el día. La Madre sobrevive al trajinar, a su propia edad; cierra los ojos a intervalos, quizá para empezar a habitar esa zona en la que poco a poco se va quedando, mientras nosotras, andamos en el más acá. La despertamos para que nos diga si agregamos comino. 

 

Hablamos con despreocupación, a la ligera. Las conversaciones cruzan de la cocina al comedor, a la sala. Alguien cuenta la boda de la prima, el coche que se renovará; extrañamos a la hija que este año no vino. En los ojos de alguna veo pasar peces amarillos mientras sus manos se afanan en los filamentos de la cebolla. Entre risas se cortan los pedazos de cañas dulces que hervirán en vino caliente. Las que vinieron, celebran el aire de la tribu.

 

Dije ensayo ser una abeja que se deja llevar por la corriente de aire. La abeja que visita las flores a su antojo. Michell es así, solo visita a quien quiere, mas nunca recibe a nadie en su casa. Supongo que es la libertad de remar a cualquier parte de una misma sin las ataduras de los sellos, de las promesas.

 

¿La casa es esto? Todas las voces reunidas alrededor de la cocina, con las niñas jalando nuestra ropa para que dejemos el guiso y les digamos sí, a sus balbuceos. Un joven se asoma a la reja y pide comida. De nuevo el mundo se asoma a nuestra vida de jolgorio. Pasan los migrantes de a dos, de a cinco, de a familias. Ahora son haitianos con su historia de desalojo a cuestas. Nuestras casas tienen paredes, se llenan de olores. Las de ellos, son eternas ventanas por donde salen y entran cada día y cada noche. 

 

Pasa la vecina, una madre que perdió a su hija y ahora forma parte de quienes buscan; remueve las fosas que va encontrando para buscar los huesos que le darán consuelo. Un salvadoreño se cuelga un letrero en medio de la calle para que sepamos que transita. Sabemos de reclamos de trabajadores a quienes no les pagan el sueldo ni los bonos de fin de año. El covid vuelve en su disfraz de omicróm; quizá nunca se fue.

 

Alguien entona una canción, los ruidos de dentro vuelven a extasiarnos como pichones sobre torres altas. Tarareamos al unísono quienes moramos en la casa. El día pasa mientras el mediodía se convierte en ese largo espacio de gratitud familiar donde nos sabemos acogidas, necesarias, expulsadas a veces. Este último día del año se convierte en el íntimo recinto donde podemos entrecerrar los ojos, quizá para que el mundo desaparezca en sus grietas, en sus fracturas.

 

Es cierto, miramos con agradecimiento esta hora en que las pisadas responden a nuestros pies. Sabemos que basta con girar la llave para que mundo vuelva a entrar en este recinto y volver a estar hambrientas de justicia. Mientras, aquí en la calidez de este palacio, los instantes transcurren plácidamente.

 

Pasa el equinoccio de invierno, pasa el último día del año y pienso que los días podrían estar, cada uno, ordenados. Tal vez empezar desde el final para llegar al principio con otras certidumbres, con un nuevo orden donde todos los seres humanos puedan sazonar su vida en comunidad, en tribalidad.

 

Y sí, es un derecho recibir aguinaldo. Hemos trabajado como marca la ley.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 30 de diciembre de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx 

jueves, 16 de diciembre de 2021

Prólogo al libro Madres Nuestras. Más cruel que el olvido es la desaparición de Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara

 Entra desarmado a este libro de poesía, estimado lector o lectora. Pero advierto: es de una poeta de la región occidental de México, de ahí donde los cárteles de la droga y los de quién sabe cuántas atrocidades más han librado una guerra y han dejado huellas entre las ramas de la selva, los cañaverales, las olas de la costa del Pacífico llamada Riviera Nayarit y el corazón de tantas víctimas y sus familias, que también lo son. Tepic, capital de Nayarit, es la tierra donde bebió del aire Amado Nervo. 

 

Entra desarmado, y acógete a la esperanza sola de ver nombrada la crueldad y la muerte violenta de una manera entrañable, luminosa, bella. Como no queriendo develarlas en el texto del poema, pero documentando muy bien a pie de página cada caso truculento, adolorido, que el poema evoca, de manera susurrante. A plena luz, bajo la neblina o en plena oscuridad, con delicadeza.  

 

La poesía no se puede leer con un escudo puesto. Hay que dejar a un lado la beligerancia, reposar los agravios, agradecer lo que venga desde el alba y después. Porque la poesía honra la vida y retrasa la guerra o quisiera retrasarla y evitarla. Como las mujeres que, en Homero, Ilíada, de Alessandro Baricco, reflejo de su original griego, pero más al alcance de nuestros pensamientos, se detienen a conversar en largos parlamentos para postergar la confrontación. Para intentar crear otra belleza que no proceda de las espadas afiladas ni de los desfiles militares, dice el autor italiano en las apostillas de su obra. En fin, para introducir nuevos modelos dignos de admiración, y de imitación, más allá de los rígidos generales pertrechados de medallas. 

 

Y luego ten presente, lector, lectora queridos, que los poetas en esta patria nuestra no quisiéramos estar siempre únicamente a la intemperie de la sangre; también sabemos –y debemos– escribir del vuelo de las luciérnagas, aunque sea diminuto, o del relámpago del rayo, aunque suene eterno. También añoramos la paz, una paz construida entre muchos, dialogante, escuchante, trabajada y esculpida como un mosaico de múltiples figuras en armonía. 

 

 

Conocí a Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara a raíz de unos talleres de poesía que Ricardo Yáñez y Carmen Villoro, entre otros, impartían a un grupo de poetas nayaritas. Alma Vidal, que formaba parte de este grupo, me invitó a presentarle su libro Los frutos del tiempo en Tepic en 1996 y de ahí vino el contacto inicial. Pasé dos días muy gratos en la capital nayarita. Años después, fue la misma Lourdes quien me invitó en 2011 al Coloquio Nacional de Letras del Pacífico Amado Nervo, titulado “Poeta, tú no cantes la guerra”, auspiciado por la Universidad Autónoma de Nayarit, en la cual ella ha desarrollado una amplia carrera académica. 

 

Comienzo a leer Madres Nuestras, y siento como si la poeta hubiera puesto una piedra encendida en mis manos. Es un libro que registra al final de cada poema, un episodio trágico, de desaparición, feminicidio, asesinato. Pura lumbre de dolor. ¿Es posible hacer poesía con esa materia prima? me pregunto. Pero la respuesta es casi inmediata: ¿de cuál otra sustancia, de cuál otra cantera sacan los poetas su tinta, su sangre, su esperanza, su desolación, su consuelo, sino del dolor, la ausencia, el hambre de unidad?

 

El corazón del libro son los pasos, faenas y sueños de las madres buscadoras de sus hijos e hijas asesinados y desaparecidos. “¿De qué sirve elevar la mirada a los dioses?”, escribe Lourdes (poema 3). El suyo es un buscar en la noche. “¿Quién llama? ¿Quién cerca el silencio con súplicas?” (poema 4). El odio se ha encarnizado contra ellas: es un odio que no les da reposo. Y sin embargo, caminan con una esperanza inconstante, que les da consuelo (poema 1).

 

La desaparición cubre de ausencia el mundo. Hace agonizar a aquellas que aman a quienes no están (poema 5). Las hace caminar con la piel abierta (poema 6). Entre la agonía y la espera (poema 7). Son despiadadas la catedral y el palacio por la mera presencia de las que buscan (poema 8).

 

 

Suben, ascienden las palabras poéticas. Pero en cada página, como corolario del poema, aparece la síntesis de la nota roja y es como si la oscuridad llenara con su pena el tiempo… Copio algunas de los poemas iniciales.

 

48 cuerpos recuperados de desaparecidos. 

50 no han sido identificados

Tepic, diciembre 2019.

 

El esposo la estranguló, 

la enterró en un lote baldío.

Mezcales, Nayarit, febrero 2021.

 

Después de la fiesta, 

golpes y violencia sexual hasta que la mataron.

Tenía 17 años.

Amapa, Nayarit, marzo 2021.

 

 

Era la noche, 

a balazos la mataron, 

a balazos.

San Cayetano, Nayarit, mayo 2021.

 

Un automóvil la golpeó,

otro le pasó encima.

Tenía 20 años y era transexual.

Tepic, Nayarit, mayo 2021.

 

Lavó el colchón donde la mató, 

lavó las sábanas, la enterró en el patio.

Bahía de Banderas, agosto 2020.

 

 

Y así podría seguir…

 

Lourdes honra la memoria de las víctimas, se hace luz con esas mujeres que van buscando a sus hijas en la intemperie de las fosas, o de los juzgados; en las fauces de un sistema que les ha dado la espalda (poema 9). Esas madres hacen y rehacen cuerpos a partir de los huesos, alfabetos de huesos para nombrar a la hija ausente, sola, sin un campanario, sin un ave minúscula (poema 11). Inevitable conectar en mi memoria con las madres buscadoras de Ciudad Juárez, o con las de mi propia tierra, en Jalisco, o con las de tantos otros puntos de este México humeante de polvo levantado por sus pasos persistentes. 

 

La geografía se ha vuelto cementerio, campo donde tirar a quienes se ha descartado. La poeta se declara en la des pertenencia. “Nada de lo que tengo es mi propiedad”, y su pregunta punzante es “¿Acaso podemos detener el dolor?” (poema 13). 

 

Se resiste a la estigmatización oficial, al “en algo andaban”; “se lo buscaron”; los hijos son los hijos (poema 14). Nueve feminicidios la llevan a escribir el atroz dolor de las madres que sobreviven a sus hijas, pero con la vida trunca (poema 16). Y justo al dar la vuelta a la página leemos que canta al árbol de mango que ha vuelto a dar flores (poema 17). Y luego aparece el mar, y con él las tortugas, las ballenas, un atardecer al que quien escribe no irá (poema 18).

 

Y prosigue, conectando sin duda a las madres nayaritas con las madres buscadoras de Veracruz, Sinaloa, Sonora, Guanajuato, Jalisco, Coahuila, ¿cuál rincón se salva en este país nuestro de albergar fosas con restos humanos, que son buscadas a través de cientos de pisadas por años y por años?

 

“Si un ave pudiera hacerles una seña,

si las abejas, con su danza, las condujeran.” (poema 21). 

 

Rememoran el tiempo en que el domingo se convertía en paraíso (poema 22). 

 

Hago una pausa en mi lectura y pienso en Memorias de un corazón ausente. Historias de vida, coordinado por Jorge Verástegui bajo el auspicio de la Fundación Heinrich Böll, de 2018. Las voces de las mujeres, sobre todo madres, describen ahí a sus amados desaparecidos en Coahuila. Cuánto eco encontraría este libro Madres Nuestras de Lourdes Pacheco en miles de madres que siguen acariciando el cabello de sus hijas e hijos a la distancia, en la imaginación. Mientras la Iglesia, los palacios donde anidan los poderes, los juzgados y las notarías las ignoran, como tordos en día nublado, mientras ellas encarnan la paciencia (poema 24).

 

Ni el aleteo del colibrí de encandilado azul capta los sollozos de las madres, sus quejas (poema 26). Pero no es un destino elegido, confiesa páginas adelante: “Nadie por su propia voluntad decide habitar lo fantasmal.” (poema 28). Y con todo, pese a las tempestades que las agitan (poema 47) en el abismo de los desaparecidos (poema 48), son madres victoriosas, escribe, pues conservan su ciclo interior: dejan vivir lo que tiene que vivir, y dejan morir lo que tiene que morir (poema 30). Cantan como si estuvieran rodeadas. La dulzura en el nombrar a sus ausentes es lo suyo (poema 32). Son madres que vuelven a parir a sus idos con cada desenterramiento. Quieren arrullar todos los huesos encontrados; todos son sus hijos (poema 33). 

 

En el poema 36 pienso en Wendy, desaparecida en la ruta Bahía de Banderas–Guadalajara en enero de 2021. “Viajan como peregrinas. Envueltas en calamidades nadie sabe si verán brillar un nuevo día ni a dónde irán a encaminarse, si llegarán a la puerta del paraíso…” Pienso en Baruc, su hermano, que no deja de buscarla, en sus papás… Me pregunto cómo, por qué caminos, a través de qué ternura y empatía amorosa ha podido Lourdes adentrarse tanto en esa intimidad de Madres a las que llama Nuestras, en mayúscula, en merecida mayúscula, en merecido plural de adueñamiento de un país que las hace suyas y debe honrarlas, como pilares de comunidad, de vida pacífica y civilizada, como teas ardientes de humanidad, que siguen cantando a la vida en medio de su tarea de luciérnagas. 

 

Como lo hiciera Julia Monárrez con las mujeres asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez, llevando el más minucioso registro, Lourdes Pacheco ha ido coleccionando notas de prensa, historias de vida, hallazgos, nombres, fechas, páramos, ciudades, playas, cañaverales. 

 

La poeta nos interpela: somos una sociedad vieja, sí, esa que va de compras, esa que consulta pantallas para evitar aglomeraciones de tráfico, esa que toma vacaciones frente a un mar sin sangre… Y mientras…la catástrofe cobra altura (poema 44).

 

Este poemario debieran leerlo las madres de todos los colectivos de búsqueda. Pero también el personal de las fiscalías, juzgados, comisiones de búsqueda, corporaciones policiales, civiles y militares. Y también quienes defienden derechos humanos, y las y los poetas que hemos traído el alma empenumbrada desde hace años por esta no guerra que sí es guerra y que nos lleva a cantar y a contar con más intensidad que antes esas pequeñas cosas que vamos haciendo grandes porque nos ayudan como muletas para la esperanza. 

 

Lourdes Pacheco enumera algunas de estas pequeñas grandes cosas. “Abracémonos juntas nosotras mismas mientras deletreamos las sílabas con que comienza el alba.” (poema 59). Pequeñas grandes cosas que nos salvan, porque las que parecían grandes faenas, como la democracia, el cuidado sostenible de nuestro mundo y la paz están muy cerca del naufragio y no ofrecen asideros. En cambio, que una mamá siga cantando una canción de cuna, acariciando un borrador en forma de dinosaurio, peinando en el aire el cabello de su hija… eso, a gotas, con su fina persistencia, nos alimenta el sueño de que la luz llegue.

Los Libros de Texto Gratuitos: estereotipos, no inclusividad y valores. Sobre el libro Mujer y Ciencia en los libros de texto gratuito de Lourdes Pacheco

 Eulalia Pérez Sedeño

Depto. Ciencia, Tecnología y Sociedad

IFS-CSIC

 

El libro que prologo constituye un análisis espléndido, desde la perspectiva de género, de las diferentes series de Libros de Texto Gratuitos (LTG) que se han ido sucediendo en México. Su análisis se centra en dos aspectos fundamentales: los estereotipos de género que aparecen en ellos, mostrando un “paradigma de debilidad”, como lo denomina la autora; y la imposibilidad de que esos libros animen a las niñas a estudiar ciencias, entre otros motivos, por la ausencia de figuras femeninas en papeles protagonistas.

Los LTG surgieron en 1960 a propuesta del secretario de Educación Jaime Torres Bodet durante la presidencia de Adolfo López Mateos (1958-1964). La idea que hay tras esta propuesta es que niñas y niños pasan mucho tiempo con sus madres, por lo que era importante que las madres en cierne también fueran a la escuela, de modo que en el futuro pudieran hacer lecturas religiosas a su progenie. Esta idea subyacente al interés de la Iglesia Católica por la educación de las mujeres no es nueva, pues ya el gran humanista, filósofo y pedagogo Juan Luis Vives (1492-1540) mantenía que sin educación, las mujeres no pueden ser buenas; o Fray Antonio de Guevara (1480-1545), obispo de Mondoñedo, que en su Reloj de príncipes (1575) aconseja enseñar todo lo que se pueda a las hijas "y no se deben engañar diciendo que por ser mujeres para las ciencias son inhábiles, pues no es regla general que todos los niños son de juicio claro y todas las niñas son de entendimiento obscuro; porque si ellos y ellas aprendiesen a la par, yo creo que habría tantas mujeres sabias como hay hombres necios" (citado en Vigil, 1986: 48).

             El humanismo en general abogó por una instrucción 'fuertemente ideologizada' que permitiera un mejor gobierno del hogar y la educación cristiana de los hijos. Tenemos un ejemplo manifiesto de esta afirmación en La instrucción de la mujer cristiana. Escrita por Vives a petición de Catalina de Aragón, es muy clara con respecto al sentido y finalidad de la educación de la mujer: la educación de los hijos, a la par que aumentar la bondad de la mujer. Por decirlo con sus propias palabras, los estudios de letras "dan forma a la crianza y costumbre; instruyen en la vida; enseñan a obrar conforme a virtud; encaminan a la razón; y finalmente muestran vivir sin perjuicio de nadie, ni de sí misma"(citado en Vigil, 1986: 46).

Así, algunos humanistas recomendaban el estudio del latín y el griego y la lectura de los Evangelios, Los hechos de los Apóstoles, Epístolas, El Viejo Testamento, San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio, Boecio, Latancio, Tertuliano, Santa Catalina de Siena, Platón Séneca o Cicerón. Pero esa educación nunca puede estar orientada al magisterio, a conseguir un puesto profesional, pues "no es bien que ella enseñe ... porque habiéndose puesto en la cabeza alguna falsa opinión no la traspase a los auditores con la autoridad que tiene la maestra y traiga a los otros a su mismo error” (ibidem). La educación de la mujer es un complemento que no le serviría para escapar a las tareas del hogar ni las capacitaría para ejercer una profesión, algo que parece mantenerse, en diversos grados, a lo largo de las distintas ediciones y modificaciones de los LTG.

Como ya he señalado, los primeros LTG ven la luz en 1960, cuando comenzó a estudiar la primera generación que utilizó los Libros de Texto Gratuitos otorgados por el gobierno mexicano, generación a la que pertenece la autora del trabajo que comento. Libros que se podían llevar a cualquier lugar, no solo manejarlos en la escuela. Y la primera modificación se realizó en 1973 durante el sexenio de Luis Echevarría (1970-1976), donde se cambiaron las materias por campos o áreas de conocimiento.  Posteriormente, aunque hubo cambios menores en algunos temas, la siguiente reforma se realizó durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) a partir del Acuerdo de la Modernización Educativa en 1993, cuyo eje era el desarrollo educativo por competencias. Posteriormente, con la Alianza para la Calidad de la Educación (2008-2009), impulsada durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), los libros fueron modificados para adaptar la educación a los cambios mundiales. Sin embargo, el lugar de las mujeres siguió siendo el de cuidadoras dentro de la casa, responsables de la reproducción y de los cuidados. Hay que tener en cuenta que, durante la educación primaria, es decir, durante seis años, las niñas y niños manejan estos textos escritos e ilustrados que transmiten estereotipos de género que refuerzan los papeles tradicionales de mujeres y hombres.

Los estereotipos son creencias ampliamente compartidas, simplistas y esencialista sobre un grupo concreto. Pueden ser positivos (los alemanes son muy trabajadores), neutros (las suecas son rubias), o negativos (las mujeres no sirven para las matemáticas). Cuando son negativos producen prejuicios y discriminación que puede ser directa (agresiones físicas, insultos…) o indirectas (discriminación en la legislación, en el acceso al trabajo, el salario…). Los estereotipos de género reflejan ideas normativas de feminidades y masculinidades, de mujeres y hombres, y presentan estas feminidades y masculinidades como dualismos u opuestos binarios. Además, representan de forma errónea los grupos que pretenden describir y persisten muchas veces incluso cuando la realidad estadística en la que se basaron en un principio (si es que fue así) ha cambiado. Y lo que es más importante, sirven para definir metas y expectativas diferentes para hombres y mujeres.

Se transmiten en la familia: los adultos tienen expectativas concretas y diferentes sobre el comportamiento que deben tener las niñas y niños. También entre los iguales, pues niñas y niños asumen y defienden los estereotipos que les han inculcado (nadie quiere ser el bicho raro). Los medios de comunicación son un medio de transmisión importante: programas, series y anuncios transmiten una imagen de cómo deben ser y comportarse mujeres y hombres.  Y, desde luego, la escuela es un vehículo importante, a través del currículo oficial o abierto y del oculto, ese proceso de “transmisión de normas implícitas, valores y creencias que subyacen en las formas culturales utilizadas por las escuelas, pero [que] se localizan, especialmente, en las relaciones sociales establecidas en los centros escolares y en las aulas” (Subirats y Brullet, 1988: 43). En el primero, aparecen de manera clara en los objetivos educativos a desarrollar en el centro escolar, al definir el enfoque y las estrategias pedagógicas, contenidos, metodología y criterios de evaluación. Viene estipulado en las diferentes leyes educativas que fija cada país. Y en el currículo oculto, que puede ser latente – es decir, ese conjunto de valores y pautas, que, sin ser explícito, contribuye a reforzar el mensaje estereotipado y discriminador, lo que se suele denominar “pedagogía invisible”; o en el currículo omitido: ese conjunto de problemas fundamentales de la sociedad actual que, directa o indirectamente, están excluidas de la cultura escolar dominante (aborto, drogas, abuso sexual, violación, violencia de género, incesto...). En el caso de la escuela, los libros de texto desempeñan un papel fundamental a la hora de transmitir estereotipos de género.

Los análisis que presenta esta obra muestran que las profesiones y ocupaciones que aparecen en estos libros no proporcionan modelos para transformar las percepciones de niñas y niños, ni contribuyen a construir relaciones de igualdad entre ellos. Además, aunque las que se muestran pretenden ser descriptivas, pues reflejan la sociedad de su época, en realidad también son prescriptivas dado que indican cómo deben ser las mujeres (y los hombres). Y también las ausencias, lo que no muestran, tienen un carácter descriptivo (si no se muestra, no existe) y prescriptivo (así debe ser).

A pesar de los cambios que hay a lo largo del recorrido que hace Lourdes Pacheco (como paso de materias a áreas de conocimiento…) apenas sí cambia la representación de las mujeres en estos libros. Siempre las mujeres hacen tareas del hogar y se representan con delantales, aun cuando no estén realizando tareas del hogar. Y eso se extiende a otros campos y otras edades: los niños son representados jugando al aire libre y las niñas ayudando a la mamá en el hogar, como si jugaran a ser madres en miniatura. Además de la socialización estereotípica que esto supone, quienes lideran los grupos siempre son varones.

Sucede igual con los LTG que pretenden modernizar la educación, desarrollando competencias. Por ejemplo, la explicación del ciclo del agua, fundamental para la industria, la agricultura, la navegación o el clima, se inicia con la ilustración de una niña feliz lavando cacharros de cocina y termina con una mujer adulta lavando ropa. Como señala la autora, según esta visión, las mujeres “están vinculadas al agua desde la posición de reproductoras de la vida, cuidadoras de familia y realizadoras del trabajo doméstico.” Lo mismo sucede con otras ilustraciones del ciclo del agua donde los hombres utilizan el agua de manera productiva, mientras las mujeres hacen un uso doméstico.

Los libros de la generación posterior muestran algunos ejemplos de algunas actividades que realizan las mujeres, como bibliotecarias, médicas y maestras, pero siguen apareciendo mayoritariamente ilustraciones que las muestran en tareas del hogar y del cuidado. Lo mismo sucede en los LTG posteriores, aunque incorporan figuras de mujeres utilizando computadoras o manejando automóviles, pero siempre en una menor proporción que los varones.  También incorporan aspectos de las nuevas relaciones entre mujeres y hombres, aunque siguen mostrando a las mujeres en sus roles de madres, cuidadoras y en profesiones “femeninas”. 

Los nuevos LTG se publicaron en 2014 y han continuado hasta el curso 2020-2021. Aquí aparecen mujeres que trabajan fuera de casa, pero en trabajos feminizados de cuidado o ayuda: maestras, enfermeras, secretarias. Hay un cambio del rol que ocupan las mujeres o, mejor, un aumento de ellos: si antes eran solo madres de familia, responsables de la reproducción y de los cuidados ahora, además, trabajan fuera del hogar. Pero como el lugar de los hombres no ha cambiado en los LTG, las ilustraciones no contribuyen a la construcción de relaciones igualitarias entre mujeres y hombres. 

Otro de los aspectos que señala Lourdes Pacheco en su análisis es el uso de lenguaje no inclusivo, pues la dedicatoria es “al niño mexicano” en unos casos o al padre de familia, en otros o a “mi querido amigo”, o el genérico “Una invitación a los niños”. Según el Observatorio Del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey “El lenguaje inclusivo en cuanto al género, lenguaje incluyente o lenguaje no sexista se refiere a la creación y uso de términos que visibilicen a los grupos demográficos con identidad de género y orientación sexual diferente” (https://observatorio.tec.mx/edu-news/lenguaje-accesibilidad-inclusivo; último acceso 2 de septiembre de 2021). El fundamento que hay detrás de esta propuesta es que la lengua forja y refuerza la realidad de quienes la usan y conscientemente destituye, minimiza, desvaloriza e invisibiliza a las mujeres y otros grupos minoritarios. El lenguaje inclusivo sirve para visibilizar a las mujeres, para que accedan al espacio público, para mostrar la menor presencia de mujeres en ciertas profesiones y en puestos de toma de decisiones o para solicitar igualdad salarial de las trabajadoras frente a los trabajadores. Aunque los libros de la generación 2008 y de la generación 2011, contienen desdoblamiento en algunos casos, en los libros de la generación 2014, el lenguaje no es inclusivo.

En la segunda parte de su obra, Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara indaga en si estos LTG promueven las vocaciones científicas en las niñas. Uno de los factores que influyen a la hora de elegir una carrera es disponer de modelos de referencia (rol models). Un modelo de referencia es alguien que vive de forma que nos hace sentirnos orgullosos de formar parte del mismo grupo. Los modelos de referencia son importantes, especialmente para las mujeres y otros grupos que se enfrentan a una serie de retos y obstáculos sociales, pues nos muestran lo que es posible y nos muestran las posibles formas de superar los obstáculos y retos.

Sin embargo, en los LTG apenas hay referencia a científicas, y, aunque aparecen unas pocas figuras conocidas (como Marie Curie), no se profundiza en sus aportaciones y son los hombres los protagonistas: “La lección presenta a los hombres prehistóricos como los protagonistas de la domesticación de animales y en el descubrimiento de la agricultura, así como los inventores y constructores de herramientas, los manejadores del fuego, la elaboración de estrategias de cacería, etc. En cambio, las mujeres para llevar a cabo la única función que realizaban, amamantar, no requerían nada más que su propio cuerpo.” Un planteamiento muy alejado de lo que la teoría de la evolución y la antropología nos dice de las sociedades cazadoras-recolectoras

De igual modo, las niñas están menos representadas en la elaboración de experimentos y cuando se incluye en ellos a mujeres o niñas, los hombres y niños son quienes tienen una participación activa y ellas pasiva, en todo caso, tomando notas. Como señala Lourdes Pacheco, eso “convierte a las mujeres en ayudantes de los científicos.”

Por último, este libro muestra también la imagen muy estereotipada que los LTG dan de la ciencia, como algo plenamente acabado, verdadero y objetivo, sin que se presente en absoluto su proceso interno, su contexto o los posibles conflictos que puede originar. Pues, como bien sabemos, la ciencia es una actividad social, como cualquier otra actividad desarrollada por los seres humanos, que no se puede entender fuera de su contexto sociocultural. Es un proceso y una actividad de comunidades científicas insertas en contextos sociohistóricos concretos en cuyo seno encontramos valores personales, sociales y culturales, preferencias de grupo o individuales, etc. que inciden o pueden incidir de diversas maneras y en diferentes grados sobre la práctica científica. El estudio de las dimensiones sociales de la ciencia abarca los efectos de la investigación científica sobre la vida humana y las relaciones sociales; los efectos de las relaciones sociales y los valores sobre la investigación; y, además, los aspectos sociales de la propia investigación, por ejemplo el efecto Mateo, por el que ante descubrimientos simultáneos de dos científicos, se le atribuye al de mayor prestigio – según el Evangelio, “a quien más tiene más se le dará” - o el efecto Matilda, cuando ante el descubrimiento simultáneo por un hombre y una mujer, se le atribuye al varón – según el mismo Evangelio, “a quien menos tiene, se le quitará incluso lo poco que posee” (García Dauder  y Pérez Sedeño, 2017: 70-74).

Esperamos que este excelente estudio realizado por Lourdes Consuelo Pacheco Ladrón de Guevara servirá para mejorar los próximos libros de modo que sean menos estereotipados, usen un lenguaje más inclusivo y den una idea más cabal y ajustada de la ciencia.

 

Referencias

 

García Dauder, Dau y Pérez Sedeño, Eulalia (2017). Las `mentiras` científicas sobre las mujeres. Los libros de La Catarata.

 

Subirats Martori, Marina y Brullet Tenas, Cristina (1988). Rosa y Azul: la transmisión de los géneros en la escuela mixta. Instituto de la Mujer.

 

Vigil, Mariló (1986).  La vida de las mujeres en los siglos     XVI y XVII. Siglo XXI ed.

 

A modo de prólogo del libro Armonización de la vida laboral y familiar coordinado por Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara

La incorporación de las mujeres a la universidad es un logro individual y social que muestra avances en las rupturas del techo de cristal. De ahí la importancia de aproximarse a ello con una visión que manteniendo la amplitud y complejidad del enfoque,  permita ahondar en dicotomías significativas presentes en las ideologías y en la vida social. 

 

Cada día que pasa resulta más importante conocer mejor la problemática en torno a la armonización de la vida laboral y vida familiar por parte de las mujeres debido a que ellas soportan el peso de su armonización de ahí la importancia del libro que hoy nos ocupa. Una de ellas es la de la separación estructural e ideológica entre lo público y lo privado que aún se corresponde con lo que en este libro se identifica como el mundo académico y el recinto de lo familiar. El estudio   muestra la importancia de la reflexión sobre la distancia y sus características entre ambos universos donde las académicas se encuentran con puentes o muros por los que transitar. O   en procesos de superar  formas de vida y responsabilidades cotidianas. La investigación se lleva a cabo con rigurosidad en un marco comparativo donde aparecen las valoraciones diferenciadas cuando se examinan las informaciones de las mujeres respecto a los contenidos y habilidades que requiere su trabajo académico. Así como  la lejanía unas veces, ignorancia otras con que se perciben necesidades que emanan de la obligatoriedad del cuidado, ubicado  en el universo de la domesticidad. 

 

El estudio  muestra de manera rigurosa las aproximaciones cuantitativas y cualitativas que aportan una visión amplia  de las situaciones en cada universo. Se muestran  conocimientos individualizados de lo que representa la navegación entre lo  público y lo privado. Y donde a pesar de las dificultades que experimentan las  académicas,  es evidente que las mujeres que han ido entrando en la academia no ha sido coyuntural sino que lo han hecho para quedarse. Esto es muy importante de cara a evaluar su fuerza y lo que pueden conseguir de cara al futuro. 

 

A pesar de las restricciones de la separación ideológica y real de los diferentes contextos los enfoques feministas mantienen el  cuestionamiento  a identificar a las mujeres de manera unitaria con  la domesticidad y el cuidado. De ahí la insistencia de que una vez identificado el problema, es preciso  trabajar la   complementariedad definida y pactada.  Que conlleva  la necesaria transformación de los roles estáticos heredados del pasado. En este sentido el libro enriquece la visión de las mujeres uniendo espacios a través de sus formas efectivas del transitar,  y denunciar  a su vez las  dificultades para ello.  Cada investigación realizada en este campo aporta teoría y prácticas  emancipatorias, características propias de la crítica feminista.

 

 Las investigaciones en las que se apoyan las autoras dejan ver  los entresijos del poder  que informan de lo que muchas veces se plantea como poder cuando en realidad  genera lo contrario.  Algo que sucede cuando se mantiene la dicotomía entre lo privado y lo público o entre el mundo familiar y el de la enseñanza universitaria. Los datos revelan las  realidades  llenas de dificultades para poder responder a demandas institucionales y las que genera la organización familiar.   Para ello el concepto de tensión sirve de marco para el análisis por las distintas manifestaciones que   puede tomar y que aparecen en varios de los análisis. Concepto que  no forma parte de la experiencia general de los académicos. 

El concepto de tensión es amplio. Así puede   ser positiva, negativa, creativa. Cabe resaltar que en varios ejemplos del análisis domina la negativa. Aparece vinculada a las dobles responsabilidades asignadas a las académicas que también deben asumir tareas   vinculadas a los cuidados.  Su pertenencia a dos mundos se manifiestan cuando se afronta la problemática desde una visión amplia y compleja. En muchas situaciones las académicas llevan a cabo sus obligaciones con un coste mayor del que les corresponde a los académicos. 

 

De ahí la importancia que tiene la investigación sobre dos campos que se presentan necesarios y por tanto debieran de ser compatibles y complementarios.  Las investigaciones presentes en el libro ofrecen resultados que muestran directrices sólidas para generar procesos de cambio. 

 

Los estudios realizados combinan panorámicas globales con datos personales, con resultados de diseños estadísticos.  Detrás de todo ello está una visión positiva del lugar de las mujeres en la academia. Sienten y piensan que es su lugar al tiempo que identifican las dificultades y son agudas en sus pronósticos. Son mujeres que saben lo que es la vida universitaria, se han preparado para ella, han adquirido los conocimientos necesarios, aspiran al buen hacer y a la excelencia porque son competitivas a partir del saber, de intereses intelectuales y de responsabilidad social. Es algo que impacta al leer los resultados de cada uno de los capítulos donde  aparecen las tensiones como un elemento clave de sus vidas. Tensiones que en la mayor parte de los casos se presentan como negativas.

 

Se trata de  dicotomías que permanecen más estáticas que los avances que se han ido dado en el acceso a la educación. Las mujeres que protagonizan el estudio son académicas y pertenecen al espacio público y simultáneamente pertenecen al ámbito de lo privado donde la familia mantiene su soberanía. De ahí la presencia de las tensiones entre responsabilidades hacia la familia, el hogar con sus horarios y demandas y la vivencia, la pasión de muchas de las mujeres entrevistadas hacia su trabajo con las demandas de profesionalización que conlleva. El estudio revela tensiones relacionadas con su tiempo cuando aparece comparado con el de los varones en las mismas circunstancias laborales. El tiempo propio por el contrario está mucho más presente en las vidas de los varones.  

 

La investigación realizada muestra a través de sus distintas vertientes que  ciertos cambios que proponen las mujeres  tienen una dimensión social y política; por ello deben verse de manera específica y contextualiza para conocer su complejidad. Esta  ha quedado en muchos casos oscurecida por el  dualismo social entre lo público y lo privado  y por el predominio del primero. Objeto de crítica en la investigación feminista desde el siglo pasado. De ahí la importancia de dar a conocer esta publicación como modelo de investigaciones realizadas desde el feminismo académico. 

 

Teresa del Valle Murga

Catedrática Emérita de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea 

1917 

martes, 14 de diciembre de 2021

Grabé en la penca de un maguey tu nombre

Abstemios de Vicente Fernández, no lean este texto.

 

Cuando tenía quince años solíamos grabar un corazón atravesado por una flecha, con la inicial del nombre del muchacho que nos gustaba, y nuestra propia inicial, en hojas de los árboles que sombreaban el patio de la Secundaria Federal. Era un juego entre las amigas en los escarceos de los primeros enamoramientos. 

 

Quizá por eso nos hacía sentido escuchar grabé en la penca de un maguey tu nombre, /unido al mío, entrelazado, / ya que, aunque la hoja o la penca son efímeras, la intención de grabar los nombres expresa el deseo de recordar para siempre a una persona, que precisamente, ya no recordamos. Nuestros siempres sueles ser efímeros, por eso los tatuajes en la piel, de los nombres de las personas amadas, provocan arrepentimientos.

 

¿Qué tienen las letras, las palabras, que atrapan el instante para pensarlo para siempre? Con la vida amenazada por el olvido y por el tiempo, la impresión de letras permite construir una ilusión de continuidad. Los seres humanos han escrito en diversos soportes desde tiempos remotos. Los escritos más antiguos que se conocen datan de 3000 años a. C. en Mesopotamia y Egipto. Diversas escrituras han quedado en silencio durante siglos, como el lenguaje maya o el egipcio, reducidos a trazos por una sociedad que no comprende los lenguajes pasados o que, incluso, los considera balbuceos o proto-escritura. En el año 196 antes de nuestra era, el rey Ptolomeo V ordenó grabar un decreto sacerdotal en tres tipos de escritura: en jeroglíficos egipcios, en demótica y en griego antiguo en una piedra de casi 800 kilogramos. Se llama la Piedra Rosetta porque fue encontrada en el lugar del mismo nombre en el delta del Río Nilo. Su descubrimiento se realizó en 1799 por un soldado francés cuando Napoleón soñó con conquistar Egipto. No lo logró porque el desierto venció a las tropas, pero salió a la luz la Piedra Roseta con la cual, después de siglos de silencio, los monumentos egipcios y los papiros, pudieron ser traducidos y recuperaron su voz.

 

La Piedra Rosetta se encuentra en el Museo Británico de Londres ya que los ingleses derrotaron a los franceses y como buenos ganadores, les arrebataron el principal hallazgo. Hoy es la pieza central del Museo, la que más atrae la atención de paseantes y sigue dando lugar a interpretaciones. 

 

Hoy se escribe sobre el propio cuerpo para tatuar nombres, paisajes o símbolos de lo que cada quien quiere conservar para siempre. El cuerpo se ha convertido en un texto, en una Piedra Rosseta o en la penca. Como en el caso de los pergaminos, hechos con pieles de becerro, cabras, ovejas o corderos, grabar el nombre en la piel encierra un proceso doloroso del cual pocas veces estamos conscientes. La escritura ha tenido que inventar nuevos soportes porque las pieles de animales no darían abasto al ritmo de la escritura contemporánea. Si tan solo se calcula que una piel de becerro dará medio metro cuadrado, un libro de cincuenta páginas requeriría sacrificar al menos a cinco animales. 

 

Escribir ha sido parte de la huella humana, es la prolongación de la memoria, es la voz de quienes nos han antecedido.  Quien escribía, eran los sabios convocados por los emperadores; los intelectuales reconocidos por el poder; los escritores encerrados en sus premiaciones. Quien lee presta su voz a quien escribe, le redondea la página, le otorga sentido. Cada época ha generado sus propios lectores con gestos determinados, en ceremonias de lo que significa leer. Mi abuelo, solo leía en voz alta. Para esa generación era impensable la lectura en silencio. Leer era una actividad colectiva que se realizaba cuando caía la tarde, mientras los demás integrantes de la familia, lo escuchaban. 

 

Quizá por eso, grabé en la penca de un maguey tu nombre, popularizada por Vicente Fernández, nos convierte a todas y todos en escribas; en escribas de los sentimientos, escritoras de lo efímero.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de diciembre de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

  

jueves, 9 de diciembre de 2021

Padre de Rodolfo Dagnino


Tardó en reconocerme y cuando lo logró,

se le iluminó el rostro con una sonrisa.

 

Rodolfo Dagnino. Padre

 

Un joven emprende la búsqueda del padre real y simbólico y en esa búsqueda se encierra toda la literatura legítima del Occidente planetario, quizá porque en la búsqueda se realiza la masculinidad, el proyecto del hombre: un ir desde el padre para arribar a la propia paternidad. 

 

La Biblia puede ser leída como el designio del padre hacia los hijos varones. Su ausencia, su presencia, su ira, sus castigos, sus exigencias de sacrificios. Todo, con tal de que el padre contenga la ira sobre los hijos y reprima la violencia contra las mujeres.Como padre absoluto, puede dar y quitar la vida.

 

Entramos a la literatura a través de la búsqueda del padre en el relato de Telémaco en busca de Ulises, en la Odisea, aunque Irene Vallejo (El infinito en un junco, 2019) nos diga que la primera obra escrita y firmada con autoría pertenece a una mujer, Enheduanna, mil quinientos años antes que Homero escribiera la Ilíada y la Odisea. 

 

Desde luego que la Odisea puede ser leída en diversas claves, sin embargo, la búsqueda del padre marca uno de los motivos literarios más frecuentes en la literatura. No la búsqueda de la madre, porque a la madre no se la tiene que buscar puesto que la madre se encuentra en lo próximo: Penélope en sus aposentos obedeciendo la orden de tejer y esperando que los hombres realicen sus masculinidades. Está ahí, pertenece a la casa, a la armonía íntima.

 

El padre es el ausente, el que desaparece de la vida del hijo porque primero, antes de llegar al hijo tiene que realizar su propia vida. 

 

Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, es el inicio de Pedro Páramo de Juan Rulfo, donde también el motivo es la búsqueda real y simbólica de un padre biológico cuya historia es diferente a la del hijo y, por ello mismo, debe reencontrarlo como la búsqueda del límite. 

 

Jorge Volpi en Examen de mi padre, escribe el duelo de la muerte del padre a través de ensayos sobre el México contemporáneo. Desentraña cada parte del cuerpo del padre como si se tratara del país que se cae a pedazos. Es una referencia al padre muerto, pero también al país desnudado de metáforas y nacionalismos. 

 

La búsqueda del padre es también la búsqueda de un orden perdido, de un lugar mítico que da origen a la vida y que la ordena. Rodolfo Dagnino, en Padre (Mención honorífica del Concurso Novela Breve 2020 de la Universidad Autónoma de Nayarit) narra la búsqueda del padre desde un lugar interior poblado de recuerdos de niñez, de fragmentos, de soliloquios, donde el personaje se cuestiona a sí mismo en sus relaciones eróticas, pero, sobre todo, donde se enfrenta a un padre real despojado de relaciones edulcoradas sobre lo que debe ser un padre.

 

La novela está escrita en breves apartados donde se mezcla el diálogo interior, a cuyo través se perfilan los personajes del entorno de Ricardo, el protagonista. Tiempo pasado y tiempo presente se alternan para ir mostrando las maneras de apropiarse del padre. No se trata de una novela que otorga concesiones al ideal paterno; tampoco es una novela de denuncia ni de heroicidades. Lo que sí refiere es la forma de apropiarse del padre desde ese lugar que es la necesidad de un lugar de encuentro, de un lugar de reconciliación, para seguir con la vida y para a su vez, tornarse en padre. 

 

Felicidades a Rodolfo Dagnino por esta obra ambientada entre los cruces de Guadalajara y Tepic, por la prosa clara y por la manera de llevarnos de la mano dentro de recuerdos de recuerdos. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de diciembre de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

miércoles, 1 de diciembre de 2021

¡Bicibilicemos la violencia contra mujeres y niñas!

Que ninguna persona tome la vida de las mujeres en sus manos.

 

Georgina Guillén

 

En las actividades a las que invitó ONU-Mujeres del 25 de noviembre al 10 de diciembre de 2021, diversos colectivos de Nayarit realizamos una intervención de arte urbano. La intervención consiste en instalar bicicletas de colores (principalmente violeta y anaranjado) en diversos sitios públicos de la ciudad. Las bicicletas se han alterado para convertirse en maceteros donde florece la vida.

 

¿Por qué escogimos las bicicletas como símbolo de movilidad/inmovilidad? Porque las bicicletas están diseñadas para transporta a quien las conduce por el transcurso de la vida; las llantas simbolizan la movilidad, por ello, cuando no las tienen, pierden su razón de ser y quedan inmóviles. A las mujeres a las que se les ha arrancado la vida, quedaron para siempre en algún lugar, inmóviles también. A las bicicletas les quitan las llantas, a las mujeres, las alas, la vida. 

 

La calle no ha sido un lugar seguro para las mujeres, por el contrario, al hacer uso de la calle han encontrado la muerte ya sea como usuarias de la ciudad, como ciclistas o como peatonas; como si con ello se les estuviera expulsando de las calles. Por eso, la instalación de bicicletas se convierte en la instalación de Memoriales contra el olvido. Cada bicicleta representa un lugar para el no olvido: un lugar para recordar. 

 

Se han instalado bicicletas en el Parque de la Dignidad, la Universidad Autónoma de Nayarit, el Parque Metropolitano, el Parque de la Madre, el Cruce de Avenida Colosio e Insurgentes y el Parque Castilla. En algunos de estos lugares las mujeres perdieron la vida o las abandoraron después de matarlas. 

 

Por eso, respondemos a la violencia con propuestas de hacer crecer la vida. La intervención promueve la conservación y preservación de la naturaleza, al responder a la violencia con arte urbano y flores. Cuando pases por una bicicleta/memorial, tienes que saber que no olvidamos la violencia que se ejerce contra las mujeres y la esperanza de que la vida de ellas no haya sido en vano. Por eso sembramos flores.

 

La intervención urbana se realiza por parte de la colectiva Mujeres en Voz Alta en vinculación con diversos grupos de la sociedad civil entre las que se cuenta Tepic en Bici, Paseo Jaba, Fridas en Bici, APIS, PIAS y Progreso por México, A. C., el Ayuntamiento de Tepic que acogió la propuesta con entusiasmo, así como la Maestría en Estudios de Género y la Secretaría de Vinculación y Extensión de la Universidad Autónoma de Nayarit, claves en la materialización de la propuesta. La Bicibilización de la violencia corresponde a acciones locales realizadas dentro de la jornada mundial convocada por ONU-MUJERES para el año 2021.

 

También estamos pintando bicicletas en las paredes donde las mujeres fueron asesinadas. Son revelaciones de las paredes donde quedaron sus gritos.

 

Además de la instalación de las bicicletas/memoriales, se llevó a cabo una rodada ciclista el sábado 27 de noviembre a partir del Parque de la Madre. El 29 de noviembre se llevó a cabo el Conversatorio Mujeres y su derecho a la ciudadUn evento para sentipensar a las mujeres ciclistas, peatonas y madres en el territorio urbano de Tepic, en el auditorio del IMPLAN de Tepic, organizado por Getzemaní Cortés del grupo de Activistas por la Integración de la Sustentabilidad (APIS), con la finalidad de dignificar el espacio urbano. En el evento participaron: Gabriela Gallardo de Tepic en bici quien abordó el punto de vista de las mujeres ciclistas, exponiendo los peligros a los que se enfrentan por la falta de cultura hacia quienes transitan en bicicleta, en particular, hacia las mujeres a quienes es fácil violentar.

 

Mariana Gascón de la asociación Progreso para México planteó el androcentrismo del diseño del espacio público, al abordar el tema a partir de la problemática de las peatonas. Destacó la necesidad de diseñar políticas urbanas con mirada feminista. Por su parte, Hannia Orozco de Aquelarre Púrpura subrayó la urgencia de que se incluya la mirada de las mujeres que realizan labores de cuidado y que, por ello, hacen uso de la ciudad. 

 

Cada vez que pases cerca de una bicicleta/Memorial, recordarás que una mujer fue asesinada. Pero ahí donde otros dejaron muerte, nosotras, en nombre de las asesinadas, sembramos vida. Por ello, ¡no olvidamos!

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de diciembre de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx


Puede ser una imagen de bicicleta y al aire libre