miércoles, 29 de junio de 2022

Los migrantes o los nuevos suplicantes

 Que el pueblo os ha de ver con buenos ojos

y siempre hay compasión para el más débil.

 

Rey Pelasgo en Las Suplicantes

 

En la obra Las suplicantes de Esquilo (Grecia 524-456 a.C.), las Danaides, hijas de Dánao, llegan hasta Argos, para solicitar asilo, ya que huyen de la violencia desatada en Egipto a raíz de su negativa a ser casadas sin su consentimiento. Pelasgo, el rey de Argos, se enfrenta a la disyuntiva de dar asilo a las Danaides, siguiendo el principio de Zeus, quien favorece la benevolencia de los reyes que acogen extranjeros. Pero, si las recibe en su reino, Egipto le declarará la guerra. Ya se oyen los heraldos anunciando el enfrentamiento.

 

Dice el rey Pelasgo: Necesito una idea salvadora, profunda; al modo de los buzos, que descienda hasta el abismo un ojo claro, no en exceso embriagado, y que, primero, no cause la cuestión a mis estados daño alguno, y que, luego, bien termine para nosotros mismos: que una guerra de desquite no nos alcance a todos, o que, si yo os entrego, arrodilladas como estáis frente al ara de los dioses, no vaya yo a instalar en nuestra patria al vengador, al dios de la ruina, que ni en el Hades al difunto suelta. ¿No urge una idea salvadora, y honda?

 

La disyuntiva de Pelasgo es la de los gobiernos que deben abrir las puertas a los miles de migrantes que caminan por el mundo en busca de condiciones mejores para vivir. Quizá la idea que necesita el rey Pelasgo es la de los Derechos Humanos, alrededor de la cual se puede fundamentar la acogida a los migrantes que buscan, simplemente, vivir.

 

Porque, vemos las caravanas que salen de Centroamérica hacia Estados Unidos; a los migrantes africanos que llegan a las fronteras de Europa a través de España; a quienes huyen de la guerra de Ucracia; de la sequía; de los terremotos de Afganistan; de la violencia de cualquier lugar. Ellos y ellas son los nuevos suplicantes del mundo en busca de Argos, el lugar para pedir refugio.

 

En la fotografía de la muchedumbre, los rostros son uno, cien, miles; personas que ya no se parecen a personas, sino a cuerpos que pueden ser estadísticas del desecho; números de algún informe; expulsados de sus paisajes, despojados de sus futuro; convertidos en la ignominia humana que camina por el planeta sin más aliento que tener un lugar para vivir la vida.

 

Los caminos que recorren son cacerías sangrientas. Deben huir de quienes les piden cuota, de quienes los pasan a la otra orilla, de quienes apuntan su nombre en algún cuaderno para cualquier trámite. Las mujeres migrantes, deben además, soportar vejaciones y violaciones. Su destino es el secuestro; el dolor, la desesperación, para sus familias.

 

¿Cuántos murieron hoy, 50? ¿cuántas ayer? el macabro delirio.


Quienes caminan se internan en desiertos, atraviesan ríos, suben trenes, cruzan mares, viajan en cualquier cosa con tal de llegar; pero sobre todo, caminan, caminan el planeta. Todo en el más vil desamparo, en una nueva competencia por la vida donde solo los más fuertes, socialmente hablando, sobreviven. Cuando leemos las historias de la sobrevivencia, me sobrecoge una duda ¿dónde está la compasión humana? Tantos siglos de Ilustración, de religiones del perdón, de educación para la convivencia,  sin que hayamos desarrollado la mínima empatía con los semejantes, con los otros.

 

El rey Pelasgo, decidió no resolver solo la disyuntiva de recibir a las suplicantes o devolverlas a una muerte segura. Por el contrario, apeló a la conciencia de la ciudad para resolverlo. La ciudad aprobó la estancia de la suplicantes sin reserva. Dice Dánae, el padre de las suplicantes:

 

Tendremos residencia en esta tierra, libres, sin gajes, con derecho a asilo. Y nadie del país podrá prendernos ni nadie venido de fuera. Y que si intenta imponernos la fuerza, quien no corra en nuestra ayuda, de los habitantes, la infamia sufrirá y duro destierro.

 

Actualmente no hay consulta a la población, no hay un rey Pelasgo que ponga a consideración de la ciudadanía lo que va a decidir. Lo que tenemos son leyes que pudieran alcanzar a acoger a los migrantes, simplemente porque son personas, porque tienen  derecho a ser considerados seres humanos, una categoría perdida en los laberintos del capitalismo voraz, de los ricos sin límite, de la globalidad sin meta.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 27 de junio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario