martes, 20 de junio de 2023

¿Existe el instinto paternal?

No es la carne y la sangre 

sino el corazón

 lo que nos hace padres e hijos.

 

Friedrich Schiller

 

El día que su padre cerró la puerta tras de sí, las horas se fueron desvaneciendo; el día se fue junto con el olor a lavanda: ningún lunes volvió a parecerse al martes ni al viernes. Las horas pasaban sin el orden que debían; a veces daban las doce de la noche tres veces seguidas; otras, las horas llegaban hasta el mediodía y volvían a empezar. A su padre solo lo miraba colgado en la pared con el mismo pantalón negro con que había asistido a su boda; los pantalones se volvieron columnas de humo y poco a poco quedaron manchas donde antes estaban los ojos y las manos.

 

Un padre, como tantos, que sale de la casa para no regresar. Desconcierta saber de hombres que tienen descendencia y que no se ocupan de ella. Las historias familiares se vuelven repetitivas al contar las anécdotas de hijos e hijas que crecieron sin padres. A mí lo que más me desconcierta es la selección que los padres realizan sobre unos hijos, en tanto que desconocen a otros. Por eso se puede afirmar que no existe el instinto paternal…ni el instinto maternal, sino que se trata de construcciones sociales, culturales y epocales.

 

Las relaciones sociales de la paternidad se encuentran vinculadas a las creencias de cada cultura de cómo deben ser los padres; a las relaciones establecidas por la pareja; a la familia de la cual procede; a la experiencia de hijo/padre y a las expectativas en torno a hijos e hijas. Por ello, más allá del vínculo biológico, la paternidad es una cuestión relacional-social-cultural. La paternidad forma parte del mundo intencional de los varones que se lleva a cabo junto con el mundo del trabajo, los amigos y camaradas políticos. La experiencia de la paternidad se vive en familia, pero también es parte de las cartas de presentación que los hombres adultos realizan en sociedad. Llegar a la mayoría de edad, convertirse en padre y ejercer como tal, es una de las credenciales con que se admite a los hombres en la adultez.

 

No existe un sentimiento exclusivo de la paternidad, más bien, podríamos pensar que se trata de un cúmulo de sentimientos que van apareciendo en los varones o que va reconociendo cada uno, dependiendo de la edad de hijos e hijas. Así, se tienen conflictos, temores, alegrías o impedimentos de su vivencia como padres. Sentimientos como la empatía con sus propios hijos o conflictos permanentes es parte de las posibilidades y consecuencias derivadas de la reproducción biológica y el compromiso social. Algunos padres desarrollan el sentimiento de protección permanente, el cual, fácilmente se puede transformar en control.

 

Cada generación estrena nuevos padres. Con ello quiero referirme a que la paternidad es una institución social que se transforma continuamente. ¿Quién no recuerda la paternidad de los abuelos? ¿Y ahora, la paternidad de nuestros hijos? Si las comparamos, veremos que, permanentemente, estamos ante nuevos padres porque tomar conciencia de los cambios nos ayuda a introducir transformaciones y, por lo tanto, disminuir los sufrimientos. Venimos de abuelos que casi nunca abrazaron a sus hijos, mucho menos, decirles lo importante que eran para ellos o, simplemente, hacerles saber que los querían.

Sin embargo, el domingo pasado vi al carnicero del mercado al que acudo, abrazar a su padre. El señor, un tanto desconcertado, se ruborizó e intentó rechazarlo porque el abrazo ocurrió delante de quienes estábamos en la compra de la semana.

 

Ser padre es una relación ante los hijos-hijas y esposa, pero, sobre todo, es una relación que se vive ante otros hombres adultos que también están en relación de paternidad: hay una manera de ser padre generacionalmente hablando a partir de la cual se comparten formas de crianza, de entretenimiento y ocio. Si antes, los padres llevaban a los hijos varones a las peleas de box o a las corridas de toros, en la actualidad es más probable que pasen tiempo jugando videojuegos.

 

De alguna manera, las relaciones que se desarrollan por los padres e hijos tienden a crear camaraderías masculinas que después se van a convertir en complicidades ante las mujeres de la familia. “Noche de chicos” es una frase que refleja esos momentos en que los hombres se reconocen entre ellos, ya sea que la dediquen a ver una película de superhéroes, lavar el coche o bañar al perro. Es el reconocimiento de un espacio de varones, donde los niños reconocen al padre y también, se ensayan en el padre que podrán llega a ser.

 

La fotografía de la pared se desvaneció. En su lugar, permaneció el hueco del cuadro donde nadie volvió a colgar otra fotografía. Poco a poco, las horas volvieron a ser las mismas.

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 20 de junio de 2023.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

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