lunes, 4 de diciembre de 2023

¿Cuál ciudadanización? ¿Cuál democracia?

La sociedad civil,

puede articular diversidad de actores

 en una sociedad que aspire a ser democrática,

más allá de la clase política.

 

Si la ciudadanización es la forma de participar en el debate, la forma de construir lo social y lo público, establecer las normas que guiarán las normas sociales fuera de las visiones parciales de los partidos políticos, en nuestro país no existe ciudadanización.

 

No existe, porque la partidización y la fidelidad a políticos, ha tomado la forma de concertar acuerdos para elegir a los que, a su vez, dirigirán organismos autónomos. Si se hace un recuento de las personas que actualmente asumen cargos ciudadanos en nuestra entidad, podremos darnos cuenta de sus antecedentes partidistas muy marcados, y sus vínculos con políticos que les postularon.

 

Esos vínculos se van a traducir en fidelidad, se va a convertir en la forma de mirar, en la manera de exigir, en la subordinación a los antiguos correligionarios, amigos, jefes, a quienes piensen que les deben el cargo. No se trata, desde luego, de una postura extrema en el sentido de que sólo quienes no han participado en ningún partido pueden tener una mirada no partidista, desde luego que no. De lo que se trata es de construir otras miradas que parte desde lo social y vaya más allá de las estrechas posturas establecidas por la clase política.

 

La ciudadanización de los organismos autónomos en este país constituye una meta de largo aliento, la partidización priva por encima de intereses ciudadanos, lo cual constituye un obstáculo serio para ser considerad@ candidat@ imparcial. Ahora estamos en pleno proceso de selección de quienes presidirán órganos descentralizados del poder público: las convocatorias fueron publicadas, las y los candidatos llenaron sus expedientes; el Congreso del Estado les entrevistó.  Debemos preguntarnos ¿cuáles son los criterios de la designación que realice el Congreso del Estado? ¿Se basarán en cuestiones técnicas, en la expertis de quienes contienden o será de nueva cuenta un acuerdo desde la clase política?

 

Ciudadanizar los organismos autónomos no es cualquiera cosa en un Estado donde el poder hegemónico no admite fisuras, sino que trata de controlarlo todo. Por ello, se puede afirmar que el proceso de “ciudadanización” es una falacia cuando el propio poder público no entiende el beneficio que le acarrearía contar con verdaderos ciudadanos y ciudadanas al frente de organismos descentralizados. Ciudadanos no leales a partidos políticos ni tampoco a la clase política o a políticos en particular.

 

Es muy posible que los propios partidos políticos estén lejos de atender las demandas de los ciudadanos por estar pendientes de sus propios intereses.

 

El problema es que pierde la sociedad en su conjunto. La función de la política, lo que la vuelve democrática es hacer posible el diálogo entre las distintas posturas. Este diálogo tiene necesidad de libertad en que cada individuo se constituya prioritariamente como actor y como sujeto poniendo en relación entre sí prácticas y valores en organizaciones de la sociedad civil.

 

¿Por qué el énfasis en la ciudadanización? ¿Qué tienen las y los ciudadanos que los hace tan importantes para la democracia? Para responder estas preguntas se tiene que tomar en cuenta que la democracia representativa parte de una concepción de los derechos que funda toda una serie de derechos tan universales como l@s de ciudadan@s, pero que deben ser defendidos y puestos en práctica en situaciones concretas. Por su parte, los partidos políticos son instituciones que tienen como finalidad la toma del poder y el ejercicio de este con la finalidad de ¡de seguir en el poder!

 

Las y los ciudadanos, fuera de los partidos políticos e independientes de ellos, serían entonces aquellas personas que tendrían las posibilidades para regular la arena en la que actuarían los partidos políticos. Sin embargo, resulta que son precisamente, los partidos políticos los que tienen que seleccionar a l@s ciudadan@s que regularán buena parte de sus acciones. Como se observa, no hay manera de salir de tal incongruencia. En México ha habido, en la mayor parte de los casos, una simulación de la ciudadanización, lo que ha dado por resultado una permeabilidad de los partidos políticos gobernantes en las distintas agencias, dependencias u organismos, supuestamente ciudadanizados.

 

La democracia se vuelve social donde la sociedad se estructura como una gran clase media extendida en articulación con la clase popular. La democracia se coloca, por lo tanto, en el nivel de los actores sociales y no por encima de ellos. Busca garantizar el acceso de los dominados a una acción política que se convierta en su propia participación.

 

Se reconoce que en México tenemos una gran capacidad para establecer leyes avanzadas, leyes justas, leyes de vanguardia, como las leyes de la ciudadanización de los organismos públicos descentralizados, porque ello ampliaría las bases de la participación en el poder. Pero la clase política/partidaria ha acumulado todas las artimañas para simular que ellas se cumplen. De ahí que la ciudadanización de la democracia sea de esas metas pendientes de cumplir.

 

La ciudadanía nos convertimos en neuróticos contemplativos sin que actuemos para exigir el cumplimiento de las leyes.

 

*Neuróticos contemplativos es un término acuñado por Pablo González Casanova.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 5 de diciembre de 2023.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

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