jueves, 14 de enero de 2021

Trump: la tentación totalitaria


 Imposible conocer el alma, los sentimientos y el pensamiento

 de ningún hombre hasta que no se le haya visto  

                                                                        en la aplicación de las leyes y en el ejercicio del poder.            

                                                                                                                                           Sófocles. Antígona 

La transición pacífica entre un gobierno y otro es, quizá, el mejor logro de las democracias, resultado de la decisión de los grupos políticos al participar en elecciones en las cuales pueden ganar o perder. Por ello, la transición democrática es una señal de la propia democracia y se considera uno de los grandes logros del siglo XX de las sociedades occidentales. Cualquier intento de no reconocer los resultados de las elecciones, dentro de las normas establecidas, se considera asalto a la democracia.

 

Gran parte de la estabilidad de los sistemas de gobierno y del planeta en su conjunto, se basa en esta línea de continuidad en la sucesión, ya sea que el relevo ocurra dentro de un mismo partido o de partidos diversos. En cualquier caso, lo que importa es la transición, donde quienes pierden, aceptan la derrota y los que ganan, transformarán la contienda, en gobierno para todos y todas. 

 

En las democracias, quienes pierden tienen que saber que podrán ganar en la siguiente elección, puesto que de lo que se trata, es que ningún partido sea vencedor o vencido permanentemente. Cuando eso ocurre, debemos sospechar de las reglas. Seguir perseverando dentro de la competencia política es el horizonte que permite avanzar a los diversos partidos. 

 

Estados Unidos se convirtió en el ejemplo de democracia y, por lo tanto, se atribuyó ser su vigilante en América Latina, Asia y África. Sus reglas de cómo debía ocurrir la sucesión gubernamental le permitieron, de manera ilegal, intervenir en diversos países, pues los EU calificaban qué era democrático y qué no. Actualmente, en su propio proceso de transición del 2021 se enfrentan a un intento de totalitarismo desde el poder. 

 

Una democracia como la de EU no se tambalea fácilmente; sin embargo, el intento totalitario de Trump de seguir en la presidencia de manera legal o ilegal, ha mostrado una fisura por la cual se puede empezar a resquebrajar la confianza en la democracia norteamericana. Los seguidores de Trump, energizados por los mensajes de devolverles el orgullo norteamericano y la grandeza, pueden desmoronar la democracia aún cuando los telones puedan permanecer. La democracia se vacía de contenido porque aún cuando los procesos electorales puedan ser intachables, uno de los contendientes apela la ilegitimidad del proceso mismo.

 

El discurso revanchista, blanco y misógino de Trump desbalancea la democracia. Revive sentimientos en una parte de la población, para quien el mensaje se convierte en un activador de su propio orgullo, de su propia dignidad. Son quienes perderían privilegios e impunidad. También, paradójicamente, Trump les otorga identidad a quienes no la tienen al interior de un sistema que lo más que puede ofrecerles para sentirse integrados son las ofertas de supermercados, los descuentos del 70%, donde se agota su bono democrático. 

 

Trump coloca la democracia de EU en un despeñadero. El sistema norteamericano tiene que activar todos los protocolos para contener el intento totalitario de un presidente, que como todos los que intentan permanecer en el poder, encuentra en la combinación de ira y violencia, sentimientos y armas; los instrumentos para movilizar el descontento y el odio. Tal vez eso anunciaba Trump desde un principio; como dice el tirano Creonte en “Antígona”, en el ejercicio del poder se muestra la verdadera personalidad de quien lo ejerce. También, Shakespeare escogía a los reyes para mostrar la miseria humana, sus límites.

 

Las democracias no solo deben permitir transiciones pacíficas, sino que también deben saber leer los tiempos para entrar a otros ámbitos donde los daños del capitalismo global han hecho estragos: el bienestar de la población a corto plazo, porque de lo contrario, los telones de la democracia, el teatro mismo y las entradas, no serán cambiados; serán destruidos por los que, quienes somos escolarizados, denominamos “hordas, turbas”. 

 

¿Así saldremos de la era democrática? ¿Será el siglo XXI el final de las democracias?

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de enero de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

No hay comentarios:

Publicar un comentario