lunes, 21 de junio de 2021

¿Y el instinto paternal?

  

No soy un dios, 

¿por qué me comparas con los inmortales?

sino tu padre por quien sufres dolores sin cuento…

 

Ulises. La Odisea

 

Cuando nos dicen que las mujeres tenemos “instinto maternal”, me pregunto por qué los hombres no tienen “instinto paternal”. La cuestión de instintos alude a programación biológica, inscrita en nuestros genes, la cual, los seres humanos debemos cumplir de acuerdo a las normas de cada sociedad. En esto, la idea de que las hormonas direccionalizan los comportamientos humanos se esgrime como el principal argumento. 

 

Es claro que los hombres desean tener hijos, pero ese deseo se ha instalado como un deseo social, como un mecanismo para asegurar la transmisión de los genes, del apellido, de la herencia. Para las mujeres, el instinto maternal se ha construido como un vínculo afectivo irreflexivo que lleva a las mujeres a querer ser madres a toda cosa, a destinar su vida a los hijos e hijas, e incluso, a sacrificarse por ellos. 

 

Por el contrario, el abandono del padre ha sido documentado tanto por las estadísticas como por la literatura. En esta última tenemos ejemplos del abandono del progenitor y, por lo tanto, de la búsqueda del padre por parte del hijo varón como un viaje exploratorio de la masculinidad/paternidad. Esta tradición se funda en la Odisea, en la cual Telémaco, heredero de Ulises, realiza un viaje en busca de su padre porque sin padre hay caos, conflicto y tristeza en su casa. Lo busca por orden de Atenea, para cerciorarse del destino del padre, a quien finalmente, encuentra cuando regresa a casa y ambos se reconocen. En este caso, el padre debe regresar a Itaca para legitimar las acciones del hijo y así poner orden en la casa paterna. 

 

En la búsqueda literaria del padre, se pueden reconocer diversos elementos: un joven que padece el abandono o ausencia del padre; el deseo del afecto paternofilial que se quiere experimentar o reencontrar y un viaje, que constituye tanto una exploración al exterior como al interior. En este viaje se adquirirá la maduración y se afianzará la identidad. 

 

La búsqueda del padre se funda en la ausencia y anhelo de contacto con el padre.  

 

En la literatura, la búsqueda del padre, ha dado pie a un sin número de variaciones, como El adolescente de Dostoiveski. Más cerca, en el tiempo, tenemos dos novelas emblemáticas referidas a la búsqueda del padre. La primera es Frankenstein (1818) de Mary Shelley (1797-1851) y la segunda es Pedro Páramo de Juan Rulfo. En la primera, el Dr. Víctor Frankenstein da vida a un ser a partir de experimentar en cuerpos inertes: “Tras noches y días de increíble labor y fatiga, conseguí descubrir el origen de la generación y la vida; es más, yo mismo estaba capacitado para infundir vida en la materia inerte. La estupefacción que en un principio experimenté ante el descubrimiento pronto dio paso al entusiasmo y al arrebato” (p. 73). Sin embargo, cuando por fin logra crear a un ser vivo se horroriza y lo abandona. El Dr. Frankenstein trata de alejarse de él para lo cual regresa con su familia, pero el ser creado por Frankenstein lo persigue a donde quiera que va porque desea ser amado por su creador. En el camino, siembra el terror en los lugares que pasa. El Dr. Frankenstein trae la desdicha a su familia puesto que el monstruo, mata a sus familiares y a su esposa Elizabeth. Finalmente, el Dr. Víctor muere tratando de atrapar al monstruo para eliminarlo, pero éste desaparece entre glaciares del polo norte. 

 

Juan Rulfo en Pedro Páramo, narra el viaje de Juan Preciado a Comala en busca de un padre que refería su madre: “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo, mi madre me lo dijo y yo le prometí que vendría a verlo en cuento ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, porque ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo”. Juan Preciado tiene la ilusión de encontrar y definir su propia identidad al conocer a su padre. El primer contacto lo tiene con Abundio, quien le dice que Pedro Páramo es un “rencor vivo” “nuestras madres nos parieron en un petate, aunque éramos hijos de Pedro Páramo”. 

 

Pedro Páramo solo tuvo un vínculo afectivo con uno de sus hijos, Miguel, cuya muerte lloró. A Juan Preciado se le diluye la ilusión de conocerlo.

 

La búsqueda del padre es un motivo que ha sido abordado por la literatura en diversas latitudes y épocas. A través de esa búsqueda el niño/joven se convierte en adulto y se posiciona ante el mundo. Se trata, tanto de viajes iniciáticos como de tramas de identidad, búsqueda de genealogías y recuento de la memoria. 

 

En estos casos, el instinto paterno no apareció por ningún lado porque los padres pueden tener hijos sin reconocerlos, sin hacerse cargo de ellos, sin crear vínculos afectivos o sin siquiera saber que los han tenido. Por ello pienso que esto de los instintos tiene algo que no acaba de convencerme. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 21 de junio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

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