viernes, 13 de enero de 2017

El descontento y la esperanza

Ah, ¿por qué habría de ser muda la ira y sorda la furia?

William Shakespeare. Aarón en Tito Andrónico

Vaciaron las palabras de sentido: dijeron democracia cuando instalaron tiranía; dijeron justicia  cuando instalaron impunidad; dijeron derecho cuando aparecieron las complicidades. ¿Cómo saldremos de este laberinto donde las palabras se encuentran convertidas en su propia negación?

La política nos limita y nos fracciona. Son las acciones de la clase política las que provocan el descontento porque muy poco alcanzamos a entender sobre las medidas económicas que dicen beneficiar a la población pero favorecen a una porción muy pequeña: la clase del capital financiero especulativo que gana y gana. El aumento de la gasolina tiene como propósito hacer competitivo el mercado de la gasolina en México para que sea atractivo a las compañías mundiales que venden gasolina. Si no se les garantiza una ganancia media, no se establecerán en México. Tener sólo gasolina de Pemex es como continuar con una pantalla monocromática. ¡Debe instalarse la competencia! Que usted pueda comprar gasolina Shell o Chevron en Tecuitata o en Real de Catorce.

La clase política ha logrado desaparecer la realidad. En su lugar establece las verdades de sus propios fines: crecer para mejorar, una fórmula rebasada por su injusticia y su falacia.

¡Eliminar el subsidio a la gasolina sería creíble si se quitara el subsidio a la ganancia subiendo el salario mínimo!

Los partidos han quedado varados en medio de la farándula de las elecciones. Nada qué decir, nada qué liderear ante las demandas cotidianas de la población. La multiplicación de partidos políticos ad infinitum con nula o muy escasa variedad de posiciones ante el proyecto de país sólo muestra su inventiva para nombrar partidos, siglas, lemas, escoger colores y obtener prerrogativas.

La información nos bombardea de escándalo en escándalo: la anemia de una artista es sustituida por el tiroteo en el aeropuerto, la caída del cantante, la extinción de la última especie, el descubrimiento de la nanomolécula, el derroche de tal presidente. No pensar, no dialogar, no discutir. Sólo un suceso tras otro sin que sigamos de cerca los acontecimientos. Ya no hay pasado ni futuro, todo queda en un eterno presente donde esperamos el próximo escándalo, la siguiente catástrofe. Se nos arrebata la experiencia para sustituirla por el ruido de lo que está pasando en algún lugar del mundo establecido como centro del espectáculo.

Pero salieron a la calle los que no debían. Desde quienes ya habían tomado la justicia por su propia cuenta, las que buscaban a sus hijos desaparecidos, quienes pugnaban por la presencia de los 43, quienes demandaban justicia a los criminales, quienes resistían en sus tierras los proyectos invasores. Ahora también está en la calle la inconformidad por el aumento de precio a la gasolina.

Probablemente no tienen los medios políticos para hacerlo. Quizá por el momento son poco claros,  son balbuceos de lo que vendrá. Pero en toda circunstancia están resistiendo a la desmemoria, están actuando contra el olvido. Ahora tenemos que imaginar otra sociedad entre fuegos: el del narcotráfico, el del descontento, el de la incivilidad, el del gobierno opresor

Porque quizá si la clase política fuera decente, honesta, cumpliera el estado de derecho. Quizá si los gobernantes, senadores, magistrados, diputados, no tuvieran la fastuidad faraónica de las casas blancas, los caballos de raza, los aviones de lujo, aguinaldos insultantes, bonos y comisiones millonarias. Quizá si estuviesen en la cárcel los corruptos, los saqueadores, los ladrones. Quizá entonces podrían pedir “sacrificios” al pueblo.

Hasta en tanto, esos balbuceos en su demanda y protesta instalan la esperanza: tenemos la herencia y el coraje para resistir, tenemos la memoria.

El presidente fue a jugar golf en las vacaciones. No sabemos si ya regresó.


Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 13 de enero de 2017.

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