lunes, 20 de febrero de 2023

¿Por qué es necesario el carnaval, la efervescencia colectiva?

Que la vida es un carnaval 

y es más bello vivir cantando

 

Celia Cruz

 

Emile Durkheim creó la expresión efervescencia colectiva para denominar las fiestas rituales que consolidan lazos sociales; son la base de la religión y rehacen el sentido comunitario. Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas sospecha que los rituales africanos tienen un significado que escapa a primera vista.  Aunque ambos conceptos surgieron de la observación de rituales considerados “primitivos”, muy pronto se dieron cuenta que las sociedades europeas tenían momentos semejantes: ese momento era el carnaval.

 

El carnaval subvertía el orden social (y cristiano) en España, Alemania, Francia e Inglaterra. Esos días, considerados de alegría y, sobre todo, donde se permitían licencias sexuales, fueron permitidos por la iglesia católica dado que no pudieron suprimirlos, a condición de que el miércoles de ceniza se arrepintieran de los excesos.

 

En muchos lugares del mundo no se celebra carnaval, pero la necesidad de la efervescencia colectiva adquirió el rostro de ferias regionales que cumplen el mismo papel que los carnavales: detienen el tiempo del trabajo para convertirse en tiempo del bullicio, de la alegría. También se puede pensar que esa función cumplen los conciertos de las grandes estrellas: momentos donde el orden se detiene para beber, gritar, cantar, al unísono de la música y bailar, moverse: usar el cuerpo de una manera diferente a como se utiliza en el trabajo. Todo ello son mecanismos para alcanzar cohesión y producir sentimientos de comunidad.

 

También la función de la Fiesta/Alegría es ofrecer un escape a las tensiones del mundo moderno en forma de desbordamiento de emociones en la fiesta del pueblo o en el estadio. Ello ocurre en la proximidad de los cuerpos, en la cadencia de la música, en la excitación con o sin bebidas, ¿quién se abstiene de gritar y cantar en un concierto de Lila Downs, Shakira, Alejandro Fernández o Paquita la del Barrio? ¿La Banda del Recodo, Pancho Barraza, Maldita Vecindad o el Grupo Firme?

 

Mantenerse en la racionalidad en medio de la fiesta es un reto para quienes consideran las emociones como la expresión primitiva del cuerpo. Desde ese autocontrol, muy celebrado por la mentalidad occidental, valorado por la moral y las religiones, se legisla la prohibición.

 

Víctor Turner en El proceso ritual, menciona que toda sociedad debe tener su espacio de carnaval; de fiesta, de feria, ya que, en caso contrario, sobrevendrá la fractura social, preámbulo del despotismo.

 

Si no puedo bailar, no me interesa tu revolución contestó la feminista Emma Goldman a quien un camarada le reprochara que bailar no abonaba a la causa de la revolución.

 

¿Cómo se denomina la fusión de una persona con el grupo, con la colectividad? ¿Tiene nombre ese amor del tumulto? Durkheim la denominó efervescencia colectiva, mientras que Turner se refirió a lo comunidad. Este amor es un amor diferente al de una persona individual por otra; al amor erótico que fue reconocido por Freud y prácticamente, es el único amor que reconoce, el de individuo a individuo.  Sin embargo, la fusión en la fiesta carnavalesca es un amor en grupo y por el grupo, diferente al amor entre personas individuales, sino el amor de/en colectividades que genera pertenencia. Ello produce lazos irrompibles entre quienes asistieron a un concierto específico, puesto que las emociones que se experimentaron se convierten en parte de sensaciones que solo surgieron en ese momento como multitud.

 

Dejo de ser el ser racional para sentirme en lo gregario. Ahí existo porque siento la multitud; soy en tanto permanezco en esta informe masa.

 

Ejemplo de la Fiesta/Carnaval/Alegría son los estadios de futbol, donde la afición, las porras; el público en general, se asume como partidario de un equipo; grita frenéticamente los triunfos y llora los fracasos del equipo. Ahí también, como en los rituales primitivos del éxtasis se tienen atuendos especiales; comida, bebida; diferentes formas de decoración personal, pinturas corporales y faciales; ropa celebratoria para ese momento; música, porras colectivas. Conductas corporales espontáneamente planeadas como la ola mexicana y otras. Piruetas que solo ocurren en la celebración.

 

El carnaval, y su necesidad de la alegría, se ha trasladado a estos lugares de la modernidad: los estadios deportivos, ferias de pueblo, rodeos, conciertos, como lo señala Bárbara Ehrenreich en Una historia de la alegría. En síntesis, se trata de alcanzar el placer comunitario en los que prevalece la fiesta, la música, la cercanía corporal. En todas ellas ocurre la pérdida de la identidad individual en la multitud que festeja.  

 

Todo aquello que surja de la alegría, la posibilidad de perderme en la multitud; volver a ser anónima, quitarme la máscara de todos los días para ser simplemente alguien más en la indiferenciación de lo uno.

 

La alegría, la fiesta, la feria no pueden reprimirse. La sociedad tiene que tener una manera donde se construya el sentido de pertenencia colectiva de la mismidad humana fraccionada por el trabajo, el ocio productivo, la enajenación comunicacional, la búsqueda de méritos individuales, la distinción.

 

Por eso, la civilización no pudo haber empezado con la guerra (¡Oh, Ilíada!); más bien, debió haber iniciado con la fiesta; con la alegría colectiva, con el adorno. Si lo pensamos así, escribiremos otra historia.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 21 de febrero de 2023.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

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