miércoles, 12 de febrero de 2025

50 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer

En la Declaración Política emanada de la Conferencia

los gobiernos subrayaron que

‘las mujeres y hombres de todos los países

deben tener iguales derechos y deberes,

 y que incumbe a todos los Estados

crear las condiciones necesarias

 para que aquéllas los alcancen

y puedan ejercerlos,

 

UNIFEM

 

Hace 50 años, la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer se realizó en México del 19 de junio al 2 de julio de 1975. La Conferencia estuvo auspiciada por el gobierno de México y la Organización de las Naciones Unidas que declaró ese año como Año Internacional de la Mujer.  La Conferencia de 1975 tuvo tres objetivos principales: 1) Igualdad de género y eliminación de discriminación con motivos de género; 2) Plena participación de las mujeres en el desarrollo y 3) Mayor contribución de las mujeres a la paz mundial.

 

El 31 de diciembre de 1974, un día antes de que se declarara el año de 1975 como “Año Internacional de la Mujer”, el gobierno mexicano derogó disposiciones que limitaban el pleno desarrollo de las mujeres. Entre ellos, se derogó la disposición del Código Civil que señalaba que el marido tenía que otorgar permiso a las esposas para tener un empleo, ya que, de acuerdo a ese Código, la principal misión de las mujeres era el cuidado del hogar.  

 

“Artículo 168: Estará a cargo de la mujer la dirección y cuidado de los trabajos del hogar;

 

Artículo 169: La mujer podrá desempeñar un empleo, ejercer una profesión, industria, oficio o comercio, cuando ello no perjudique a la misión que le impone el artículo anterior;

 

Artículo 170: El marido podrá oponerse a que la mujer se dedique a las actividades a que se refiere el artículo anterior, siempre que subvenga a todas las necesidades del hogar y funde la oposición en causas graves y justificadas;

 

 Artículo 171: En caso de que la mujer insista en usar de los derechos que le concede el artículo 169, no obstante de que el marido se los rehúse apoyado en lo dispuesto en el artículo anterior, el juez respectivo resolverá lo que sea procedente” (Código Civil Federal. México: Diario Oficial de la Federación, 26 de mayo de 1928, artículos derogados Diario Oficial de la Federación, 31 de diciembre de 1974).

 

También, ese 31 de diciembre se modificó el artículo cuarto Constitucional que estableció “El varón y la mujer son iguales ante la ley”.

 

La primera consecuencia de la Primera Conferencia Mundial de la Mujer es la existencia de una normatividad internacional y nacional que reconoce los derechos de las mujeres y de la cual se derivan políticas específicas.

 

El empoderamiento político de las mujeres, es otra consecuencia, ya que en ese año se carecía de mujeres en puestos de representación y actualmente se ha logrado representación de las mujeres en los tres poderes de la república y en los diversos órdenes de gobierno.

 

La presencia de las mujeres en la educación y, sobre todo, en la educación superior, es una muestra visible del avance de las mujeres. También lo es el reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos.

 

Nada de estos logros han sido consecuencias de las políticas, sino que el movimiento de las mujeres se encuentra en el centro de los logros. Son las colectivas, las activistas quienes han obligado a las instituciones a tomar decisiones sobre aspectos cruciales.

 

Se ha avanzado, es cierto, pero persisten atavismos y desigualdades. Es cierto que hoy las mujeres no necesitan permiso escrito del marido para trabajar, pero los sistemas de cuidados descansan sobre el tiempo de las mujeres, lo que las limita en su desarrollo. Hoy las mujeres somos mayoría en la educación superior, pero el paso por estas instituciones está signado por las violencias que se encuentran en su interior, por las resistencias patriarcales que marcan las dinámicas universitarias. Hoy las mujeres estamos en las políticas, pero los códigos de la masculinidad siguen rigiendo la toma decisiones.

 

Lo más importante, en estos cincuenta años, es el surgimiento de la clase política de las mujeres. La clase política de las mujeres está conformada por mujeres de diversos ámbitos del poder público: diputadas, magistradas, consejeras, senadoras, diplomáticas, funcionarias de primero y segundo nivel de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial tanto del gobierno federal como de las entidades federativas. A la clase política de las mujeres también pertenecen las mujeres de los partidos políticos que pugnan por el avance político de las mujeres dentro y fuera de esos institutos. Además de gobernadoras, presidentas municipales, regidoras, alcaldesas, junto con académicas, comunicadoras, empresarias, artistas, activistas.

 

¿Son una clase política? De acuerdo a la definición clásica de qué es una clase política, seguramente no, porque no provienen de un lugar en el modo de producción. Sin embargo, lo más importante es reconocer que se trata de un colectivo que se encuentra estructurado en torno al avance de las mujeres.

 

Las mujeres hoy no solo somos titulares de derechos, sino que somos actoras colectivas que exigen su cumplimiento.

 

El mundo ha cambiado en 50 años: tenemos otra ciencia, otra tecnología, pero el cambio más importante, es el de las mujeres.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 8 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

                                                         

sábado, 1 de febrero de 2025

Legal

Hay una distancia irreductible 

entre el discurso del derecho

 y el de la experiencia.

Y la experiencia del aborto

dice que el cuerpo no cabe en el derecho

 

Laura Klein

 

Cuando estaba en la Preparatoria una de nuestras compañeras murió por un aborto mal practicado en algún lugar de la ciudad donde cursé esos estudios. Era Tepic, Nayarit en 1970.

 

Esa muerte nos despertó a una realidad alejada del romanticismo de las relaciones de pareja. Supimos la crueldad de los mandatos cifrados sobre el cuerpo de las mujeres, aunque en ese momento no pudiéramos pensarlo de esa manera. Solo teníamos la impresión de que esa muerte no debió ocurrir. Vimos a sus padres doblarse de dolor cuando la llevamos a enterrar.

 

Después, en la licenciatura, tres compañeras quedaron estériles por abortos mal practicados. Por cierto, dos de los embarazos fueron de profesores, que, en ese tiempo, impunemente burlaban a las muchachas, sobre todo, a las que venían del ámbito rural y carecían de redes de apoyo en la ciudad. Ellos siguieron campantes con sus vidas honorables, mientras ellas se enfrentaban a realidades inhóspitas, a la crueldad de ver sus cuerpos transformados y sus destinos, fracturados.

 

Después las vi en sus vidas: intentando adoptar criaturas; alguna fue rechazada por el esposo cuando supo que no tendría descendencia; otra permaneció soltera. Doy cuenta de estas compañeras porque seguimos siendo amigas en la vida adulta. Para los hombres que las embarazaron solo fue una aventura, una prueba de la masculinidad depredadora que presumían ante otros como ellos. Nunca les importaron las jóvenes estudiantes cuyas vidas habían marcado.

 

Ese es el dolor que me atraviesa cuando escucho la palabra aborto. El dolor de mis amigas y el mío propio.

 

Ahora, el Congreso del Estado ha despenalizado el aborto en acatamiento a la disposición de la Suprema Corte, que considera la penalización del aborto en la legislación nayarita como una contradicción a la Constitución General.

 

Con este cambio, las mujeres que deciden abortan o que tengan que abortar tendrán derecho a un aborto en clínicas del sector salud, desde luego con el protocolo correspondiente.

 

Detrás está la lucha de gran cantidad de mujeres en todo el mundo, en las grandes ciudades y en las pequeñas. Están las activistas por el derecho de la vida de las mujeres, de que sus decisiones sean tomadas en cuenta, de que sus cuerpos son de ellas, no de las iglesias ni de los estados; no de las morales ni de los códigos de honor. Está el enfrentamiento con grupos conservadores y tradicionales que quieren inamovible el lugar de las mujeres en la sociedad. Está la argumentación contra la maternidad como destino fatal.

 

Por el contrario, quienes están a favor del aborto seguro y legal estamos por el derecho a la maternidad, no por la obligación fatal de la maternidad. Reconocemos el derecho de las mujeres a tener o no hijos. A espaciarlos el tiempo que deseen, a tenerlos en otras condiciones de crianza.

 

El aborto seguro es un derecho de las mujeres. Ahora lo pensamos así, como un derecho. Sale de un acto que ocurre en la clandestinidad para ser parte del andamiaje de derechos que les corresponden a las mujeres. Lo pensamos como un derecho de las mujeres porque, obviamente, los hombres no lucharon por ese derecho para ellos. Es un derecho exclusivo de las mujeres, que, sin duda, abre la posibilidad de pensar en otros derechos.

 

Después, en la ciudad de México, supe de la existencia de procesos de “extracción de regla retenida”, lo que se podía realizar casi en las primeras semanas de retraso de la menstruación. En Nueva York, en la década de los ochenta, las clínicas para abortar se anunciaban en el metro al lado de los espectáculos musicales de Broadway, al igual que en diversos países europeos.

 

Las mujeres han conservado recetas para abortar, las conocían las madres y las abuelas. “No comas caldo de frijoles a medio cocer cuando estés embarazada porque se te saldrá el niño, decía la abuela”. Las hierbas para calentar el vientre o para enfriarlo, eran conocidas por las sanadoras de las comunidades. Entre los pueblos indígenas, me enteré de curaciones para no tener hijos cuando no se querían tener. La lista puede ser larga porque las mujeres aprendieron a identificar qué les podía evitar un embarazo o abortar el producto si no se quería tener. El conocimiento fue legado de mujeres a mujeres como un secreto guardado.

 

El aborto hoy es legal en gran parte del país. Nayarit es la entidad número 20 que lo despenaliza. Falta, desde luego, la publicación en el Periódico Oficial, así como la generación de políticas de salud para llevarlos a cabo en procesos seguros. Sobre todo, falta el cambio de mentalidad en el sentido de respetar la decisión de las mujeres que deciden abortar. Por ejemplo, el personal de salud debe guiarse por el respeto a derechos en su práctica profesional y no guiarse por creencias religiosas y morales. Ese cambio es el necesario para garantizar el cumplimiento de las leyes.

 

Y no, nunca fui a los homenajes que se hicieron a esos profesores cuando se jubilaron. Algunos ya murieron, pero creo que todavía los desprecio.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

domingo, 26 de enero de 2025

Endulzamientos

¿Qué sueño es tan hermoso?

¿Qué recuerdo brilla con tal fulgor?

 

Date prisa y sigue tu camino

 

Han Kang

 

En el poste de la esquina de mi casa pegaron un letrero anunciando lectura de cartas del Tarot. Entre los servicios que se ofrecen está Limpias, Amarres y Endulzamientos. No me atrevo a llamar al número señalado para preguntar en qué consisten los endulzamientos. Las limpias supongo que son una serie de conjuros para eliminar las malas vibras, los conjuros negativos, las maldiciones. Los amarres suenan a volver a unir lo que está desunido en asuntos de amor, de afectos. ¿Pero, los endulzamientos? No tengo idea a qué se puedan referir.

 

Tal vez se trate de agregar dulzor a la existencia cotidiana, en el supuesto de que no lo tenga. Como dice Emily Dickinson, se trata de habitar una casa más hermosa que la prosa; más numerosa en ventanas, donde entre más luz. Tener, por techo, las cimbras del cielo; recibir los más bellos visitantes y extender abiertas las manos para recoger el paraíso, como ocupación.

 

Veo a mi vecina en su diario trajinar. Todos los días baja a la misma hora para pasear a su perra, que, en estas épocas de invierno, es arropada con una pequeña capa que le da un aire de superheroína. La perra pasea al lado de la vecina en una perfecta compañía donde ninguna de las dos articula ningún sonido. Puede ser que este momento sea el endulzamiento de mi vecina, porque un rato más, encerrará a la perrita para dirigirse a su trabajo en algún punto de la ciudad. Entonces, empieza el caminar de prisa; el voltear a un lado y otro en el cruce de la calle para, precavida, conservar el equilibrio entre los automóviles que también se dirigen de un lugar a otro, sin que los conductores adivinen el edén que vivió al lado del ser viviente que asoma en la ventana.

 

Por la tarde, en el instante que no se olvida, las nubes tienden a tornarse rosas y violetas. Dura una insignificancia ese tono envuelto en la luz de los atardeceres que será devuelto al día siguiente en el temprano amanecer. Es un instante vacío de tiempo, rechazado por los relojes incapaces de medir el arrobamiento del cielo. Ahí, desalojada de recuerdos solo puedo mirar las tonalidades que cambian detrás del cerro de San Juan, en la otra ladera donde sé que respira el mar. Un momento después, las nubes rosas desaparecen, para con ese resplandor, vislumbrar la aparición de la luna.

 

Puede ser que los endulzamientos nos acurruquen en la cueva iluminada para regalar mariposas a ancianas extraviados en sus recuerdos. Laten cerca de nosotras las semillas donde palpita la fecundidad del mundo. Entramos a ese palpitar como al resplandor de las niñas recién nacidas, cuyas manos se cierran sobre la piel de la madre, atrapan el pezón, en el afán de encontrar a qué asirse.

 

 

En el endulzamiento podemos tropezar con piedras al azar y seguir. Todavía está la luz. Aún veo la iridiscencia de las nubes, el titilar de las estrellas; aún siento el ciego viaje que corre por mis venas. Es el endulzamiento de la vida que se anuncia cuando te ves en el espejo, cuando envías mensajes y sonríes. Cuando, llena de ti, añoras el último abrazo donde no había angustias.

 

Aquello que pasó fugitivamente, al ser mirado, apenas se dejó esbozar por una luz demasiado grande que, en su grandeza, la anula. Quedó ahí como la infancia que te ampara del viento, de la resequedad. Vuelven las melodías viejas a recordarte las otras edades cuando no nos cuidábamos del amor y el abrazo era la algarabía.

 

Por un segundo de vida breve, el endulzamiento nos acoge. Es el instante cuando saltamos de estrella en estrella con la piel dorada de las iluminadas. Cuando termina, cuando cesa el momento, tendré que volver al estruendo del odio de Trump, al pavor de las muchachas desaparecidas, a las heladas de los caminos.

 

Tal vez los endulzamientos permitan no mirar los sitios donde mueren las golondrinas; donde niñas y niños son atrapado por lo desconocido para entrar a destinos que no les correspondían.

 

Quizá mañana marque el número donde anuncian el endulzamiento y del otro lado de la línea alguien señale el silencio de las rosas.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 24 de enero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

viernes, 17 de enero de 2025

El síndrome de levedad del primer cuarto de siglo

Para hacer esta muralla 

tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.

Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

 

Nicolás Guillén

 

Estamos llegando al primer cuarto del siglo XXI cuando el mundo es atravesado por el síndrome de levedad (Maruan Soto Antaki). Yo lo interpreto como un síndrome que consiste en que todo es tomado a la ligera, así sea las desapariciones de personas, las guerras en diversas partes del mundo, las catástrofes ambientalistas, las migraciones, el populismo de derecha o el trasplante de pulmones. ¿Cuándo perdimos, como humanidad la capacidad de asombro y de indignación? ¿dónde quedaron las acciones colectivas para construir sociedades justas?

 

Mientras esto escribo veo las filas ante un restaurant cerca de casa. Me pregunto si en la comida de los domingos los integrantes de las familias hablarán de alguno de estos temas, aunque es claro que no. Si acaso, se referirán al incendio que ocurre en California centrado en la devastación de las casas de gente famosa. La música se escucha y aunque no siempre reconozco las canciones, sé que se trata de festejos alrededor de comida y bebida. Ese paréntesis de los domingos donde la cerveza se vuelve homenaje.

 

¿En dónde hablamos de los temas que nos preocupan como sociedad? No, ciertamente en familia; tampoco en los ámbitos laborales puesto que el tiempo del trabajo está cooptado por las lógicas propias de los ambientes laborales. En las redes sociales los temas se abordan de manera fragmentaria, dependiendo del interés que cada quien tenga en tal o cual problemática. Más bien, las redes sociales están enfocadas a mostrar al yo de cada quien, ya sea en las minucias de la vida cotidiana o en lo que se quiere exhibir ante los demás; sus afectos, su turismo, sus festejos, sus preferencias.

 

Entonces, carecemos de comunidad en la cual reflexionar colectivamente lo que duele a la sociedad. Por eso, el síndrome de levedad conduce a abordar los sucesos de pasada, sin profundizar en lo que puede significar para la vida en conjunto y, mucho menos para la vida de cada quien.

 

El síndrome de levedad consiste en darle un instante de atención a los sucesos, sabiendo que detrás de este, vendrá otro de mayores proporciones. Nuestra atención está preparada para desechar la información que acaba de pasar para esperar una nueva que vendrá a suplir la anterior y a mostrarnos algo más más escandaloso, de mayor estruendo, más cruel o banal. En cualquier caso, solo merecerá un instante de atención para ser desechado, arrojado al tiempo del olvido. Somos consumidores de espectáculos: siempre estamos esperando el siguiente. Como tales, cambiamos de canal o de página de la web.

 

Perdemos humanidad con cada nueva tragedia que ocurre en el mundo. Retrocedemos en sensibilidad con la mera visualización de las catástrofes, en tanto, no están en nuestra cercanía. Hemos dejado de tener empatía con las personas lejanas o tal vez nunca la tuvimos. Tal vez esa idea de sentirnos humanidad con todos y todas haya sido solamente una canción de la década de los setenta, una idea de una generación que está muriendo con ella.

 

¿Será posible que encontremos otra manera de relacionarnos con los otros y otras que no sea a través de categorías? ¿Dejar de vernos como migrantes, hondureños, mujeres, negras, extranjeras, ancianas, para recuperar el hecho de ser personas? En el amor eso ocurre, tratamos de encontrar en el otro, en la otra, una forma de ver el mundo de otra manera. De atisbar la profundidad de cada quien que el otro me revela y me contiene y en ello, nos reinventamos humanos. ¿Podremos hacerlo de manera colectiva?

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de enero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 17 de diciembre de 2024

Adiós a Lucinda Arias

Una Gota de Rocío se bastó a sí misma 

y satisfizo a una Hoja

 y sintió “cuán vasto es un destino”.

 

Emily Dikinson

 

¿Qué hace una cuando las amigas se mueren? ¿Recogemos los pedazos de recuerdos en los que estuvimos juntas para zurcirlos al cuerpo que nos queda? Nos miramos las que todavía estamos sobre la tierra, para cerciorarnos de que algo ha enmudecido dentro de nosotras porque ya no tendremos esa voz, esa figura que nos acompañó en los tiempos de la juventud. Envejecimos hasta decantar los instantes donde transcurrió la vida.

 

A Lucinda Arias la conocí en la Preparatoria 1 de la Universidad Autónoma de Nayarit, cuando cursamos el bachillerato de 1969 a 1971. Después, seguimos la carrera de Derecho, de 1971 a 1976. Durante todo ese lapso compartimos el tiempo de la escuela que también fue el tiempo de hacernos adultas. Lucinda muy pronto, entró a trabajar al Instituto Nacional Indigenista (INI), donde se convirtió en la abogada de esa institución con una posición de defensa de los pueblos indios.

 

La veo subiendo a las comunidades para explicarles lo que significaba que el territorio era de ellos; que merecían otro reconocimiento por parte del Estado; que tenían derechos.

 

Ha sido la persona más experta en la normatividad de los pueblos indígenas. A ella se le deben juicios memorables de defensa de los derechos indígenas ya que desarrolló una sensibilidad de lado de los pueblos de la montaña, los que recorría de un extremo a otro de la sierra. Lucinda posibilitaba defensas reales a partir de la visión de las comunidades y en más de una ocasión, tuvo enfrentamientos con las autoridades por la defensa de mujeres violentadas, de comunidades afectadas por las obras que pretendidamente se les querían instalar en su territorio con el argumento de que las propias comunidades serían las beneficiarias, pero que, en realidad, se trataba de modernas invasiones al territorio con la finalidad de saquear las riquezas.

 

Era consejera de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos para el Estado de Nayarit donde se distinguía por el apoyo a los casos de los pueblos originarios. Impulsó diversas normatividades con la finalidad de que los pueblos originarios tuvieran acceso a justicia, como la Ley General de Derechos Lingüísticos, la cual pretende que el gobierno de a conocer todos los programas y acciones a los grupos étnicos en sus propias lenguas. Lo mismo ocurría con la participación de los habitantes de comunidades en los juicios, ya que por falta de intérpretes se encuentran casos de personas que se encuentran encarcelados sin que tengan expediente. El caso extremo, nos contaba Lucinda, eran los de quienes purgan condenas injustas derivadas de la incomunicabilidad ocasionada por la falta de intérpretes.

 

En una ocasión la acompañamos en un caso paradójico de la injusticia en que son atrapados los indígenas. Resulta que un joven tenía sentencia definitiva porque, con motivo de una fiesta tradicional, dos jóvenes fueron a buscar venado a la montaña. Después de varios días, uno de ellos regresó con un venado para la ceremonia, pero el otro no regresó. En el pueblo empezaron a decir que, seguramente, lo había matado y dejado entre los cerros. A partir de este rumor la policía lo apresó. Cuando el Agente del Ministerio Público le preguntó “¿Dicen en el pueblo que mataste a fulano de tal, es cierto?”, el joven contestó “Sí”. La confesión fue considerada definitiva, por lo cual lo sentenciaron a prisión. Así, sin tener cuerpo del delito.

 

Unos dos años después, el otro joven lo visitó en la cárcel, puesto que eran primos. Explicó que después de cazar el venado se fue al norte a buscar trabajo, por lo que no se dio cuenta de la acusación de que fue objeto su compañero. Lucinda Arias expuso cómo se había culpado al joven debido a una deficiente comunicabilidad: cuando le preguntaron “Dicen en el pueblo que mataste a fulano de tal” y contestó que sí, estaba afirmando que efectivamente, en el pueblo decían que había matado a fulano de tal. El caso no podía ser abierto puesto que había sentencia firme, por lo que se realizó el trámite para conseguir el indulto.

 

La carencia de intérpretes y de abogados con perspectiva de los pueblos indígenas, la hizo desarrollar diplomados para capacitar a las propias personas indígenas en su defensa. También, desplegó una obra de sensibilización hacia la sociedad mestiza hacia las comunidades indígenas.  

 

También acompañaba a grupos de indígenas a realizar gestiones a la Ciudad de México cuando se requería. Lucinda Arias se convirtió en la cara jurídica del Instituto Nacional Indigenista (aunque este mudara de nombre en los distintos sexenios, como ocurrió cuando se le cambió el nombre a Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas o CDI). Los titulares del INI cambiaban de acuerdo a los gobernadores de Nayarit o a disposiciones del gobierno federal, pero Lucinda permanecía como parte de la estructura básica que le daba sentido a esa dependencia. Conservaba la memoria de la institución.

 

Para ella, los habitantes de los pueblos indígenas eran personas con nombre, apellido e historia. Lejos de la soberbia mestiza de considerar a las comunidades indígenas desde un lugar de lo superior, ella les devolvía el rostro y la dignidad.

 

Lucinda era vecina del barrio del Santuario de la Virgen de Guadalupe en las calles de Ures y Bravo en Tepic, Nayarit. No era una vecina más, sino que formaba parte de la comunidad que hacía posible la festividad de la Virgen los 12s de diciembre de cada año. Desde la etapa cuando estudiábamos en la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Nayarit, se encargaba del carro alegórico del 11 de diciembre para la peregrinación principal de las festividades guadalupanas; del adorno y vestuario de personajes que irían en el carro alegórico y, en general, de la logística de esa peregrinación. Era, en síntesis, una persona de comunidad.

 

Se involucró en la atención al asilo de ancianos Juan de Zelayeta, que da cobijo a ancianos y ancianas que se encuentran en condición de calle y con riesgo de salud. Su entrega para que el asilo tuviera las provisiones necesarias la hizo desarrollar comunidad con las religiosas encargadas del lugar y, por ello, mismo, contribuir a la sobrevivencia de ese proyecto, porque son pocas las personas que atienden a estos viejos y viejas, lejos de los reflectores que les pueden proporcionar notoriedad.

 

Yo la recuerdo como una persona comprometida con lo que hacía, dispuesta a trabajar para los demás. Amiga siempre, solidaria desde abajo, dispuesta a cruzar la montaña para ir a las comunidades. Atenta a los casos de injusticia y, sobre todo, sonriente ante lo que traía la vida.

 

Lucinda era esta persona, generosa en la sombra, donde sus acciones eran vistas por la comunidad que la rodeaba. Hoy lamentamos su deceso porque, aunque ella hacía cosas comunes como apoyar a las mujeres indígenas, conversar con una anciana, pintar a un ángel para la peregrinación, realmente poblaba el mundo de cautelosa melodía.  

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 18 de diciembre de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

Te invito a escuchar mi podcast Palabras Para Volver a Casa, disponible en todas las plataformas. Disfruta cada miércoles de un episodio nuevo.

 

Solo da clic en el siguiente link, y selecciona la plataforma de tu preferencia. https://linktr.ee/lourdespacheco

 

viernes, 13 de diciembre de 2024

Los cuentos del Abuelo Nayar


Guadalajara, Jalisco

San Juan de las cuatro esquinas,

 donde correteó la loba

a toditas las catrinas.

 

Para Chema y su familia, 

en particular a su madre, 

una contadora de historias

 

¿Cuántos cuentos, guarda la montaña? Sin duda, cada generación hace un recuento de las historias que se van contando, de tal manera de que se puede imaginar un río de narraciones que fluyen a través del tiempo para hacerse presentes en cada época con nuevos personajes.

 

En esta ocasión José María Jiménez Carrillo nos entrega este volumen de Cuentos del Abuelo Nayar. En ellos atisbamos a escenarios y situaciones diversas, desde la montaña, las marismas hasta las cantinas. Allí ocurre el diario transcurrir de la vida, ahí vemos a los personajes en sus maneras de sobrevivir, en las rencillas que les arranca la vida o que le sirven para pasar el tiempo.

 

Porque los cuentos nos relacionan con el mundo. A través de los personajes pensamos, sentimos y aprendemos de los contextos en los que la vida transcurre. Por ejemplo, yo no sé si fueron reales las cantinas llamas Cielo e Infierno en un poblado de la costa, porque, como se imaginarán, poco sé de cantinas y tampoco sé mucho de los pueblos costeros. Sin embargo, la cantina le sirve al autor para recrear un suceso donde la niebla es el personaje principal. La niebla que empaña la visión de quienes regresan al pueblo y en ese extravío alguien pierde la vida.

 

Regresamos también a otras épocas donde la vida en la escuela estaba lejos de tabletas y videos educaciones. Eran los tiempos donde se jugaba el tropo. Leemos: “A la hora del recreo, en la primaria se compraba una paleta y recargado en la pared de la escuela, se ponía a ver el juego del trompo que jugaban algunos alumnos de sexto año de primaria” Por sí solo, el inicio del cuento nos deja la expectación de lo que ocurrirá.  Queremos saber más de lo que pasaba en ese recreo. Efectivamente, se narra el detalle del juego del trompo, cuya descripción hubiera maravillado a Sor Juana Inés de la Cruz, quien narra cómo, cuando le prohibieron tener libros y estudiar, ella se basaba en lo cotidiano para seguir creando conocimiento. Dice, por ejemplo, que tiraba harina a las niñas que jugaban el juego del trompo para analizar los círculos que dejaban al dar vueltas. En el relato que nos ocupa tenemos una verdadera lección de los tipos de trompo que existían y de las suertes más apreciadas entre los jugadores.

 

Cuando leemos los relatos del Abuelo Nayar nos transportamos a los diversos lugares donde se ambientan las narraciones, ya sean los pueblos costeros o los ranchos de la serranía. Intentamos ajustar la información que se nos va dando para nosotros inventar otros finales, porque así es, vamos interpretando la información a partir de esquemas que ya tenemos. Por ello, leer estos cuentos nos permite recrear diversas situaciones y también asomarnos a finales inesperados, a otras formas de resolver las situaciones, a otras sensaciones y maneras de resolver los conflictos cotidianos.

 

En los cuentos del Abuelo Nayar también intentamos entender las motivaciones de los personajes. Sabemos, por ejemplo, que Don Canuto tiene un hijo llamado Canuto, que este va a vender huevos al mercado Juan Escutia de Tepic, pero que las rencillas se resuelven con ira. En otros cuentos, también la ira, la violencia atraviesan las relaciones entre los personajes.

 

Las personas son atrapadas por su época y su contexto. Se hace lo que se ha hecho durante años y poco a poco empieza a cambiar. Sin duda, también, la sensibilidad de la

sociedad cambia en las diversas épocas, por eso, lo que era normal en un momento dado, ya no es aceptado en otra.

 

Los cuentos que nos presenta José María Jiménez tienen la virtud de recoger el habla de las personas de la costa y de la sierra en una época precisa. Supongo que será a mediados y fines del siglo XX. Quizá algunos de estos tipos de habla siguen usándose, en aquellas tierras o ahora se entrelacen con las palabras y modismos de la televisión, de las redes sociales, del internet. Leemos palabras como “varejones”, “tiliches”, “enmuinado”, “tirria”, “sopetón” y otras.

 

Los cuentos del Abuelo Nayar nos transportan a escenarios donde quisiéramos estar o no quisiéramos: al interior de las cantinas, a los paseos en panga, a los ríos, a la vida cotidiana llevando a la nieta. Vemos la angustia de los personajes que se pierden entre la neblina y no les queda más que el cielo para orientarse. Por eso, como dicen los personajes del cuento “El arado”, le digo a José María, “Tírale a la luna” para llegar al puerto que quieres. Sigue adelante con las narraciones, para seguir contando historias, que, al fin y al cabo, los seres humanos somos eso: animales que confabulamos, que narramos para explicarnos quiénes somos.

 

Intervención en la presentación del libro el 11 de diciembre de 2024 en la Universidad Autónoma de Nayarit.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de diciembre de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

Te invito a escuchar mi podcast Palabras Para Volver a Casa, disponible en todas las plataformas. Disfruta cada miércoles de un episodio nuevo.

 

Solo da clic en el siguiente link, y selecciona la plataforma de tu preferencia. https://linktr.ee/lourdespacheco

 

lunes, 2 de diciembre de 2024

Lagunilla-Niño Perdido, un libro de Miguel González Lomelí


Siento un poderoso impulso 

de seguir a mi padre y alcanzarlo

 y empiezo a caminar.

 Luego, no sé por dónde se fue

y a mis seis años, no puedo orientarme

 

Miguel González Lomelí. Con el sol en los ojos

 

Siempre es un gusto leer a Miguel porque nos sorprende con su manera de articular los hechos vividos para ser contados de manera literaria. Seguramente todos los ambientes que se describen en los cuentos que conforman este volumen tienen parte de situaciones que experimentó durante su estancia en la gran ciudad. La diferencia estriba en que no se trata de crónicas de su vida en México, Distrito Federal, cuando era Distrito Federal, sino que utiliza esas circunstancias para devolvernos una realidad literaria.

 

Toda la literatura es una manera de ficcionalizar la realidad, aunque la realidad, en sí misma, sea ficción. La no ficción, donde podríamos catalogar este conjunto de cuentos, es un género basado en hechos, situaciones o personas reales que se transmutan para volverse literarios. El narrador se convierte en testigo, un testigo privilegiado porque presenta personajes y situaciones en sus particularidades, en sus sensaciones.

 

Quienes saben de literatura dicen que en las narraciones lo que cuenta son los detalles. Por eso entramos a la vecindad donde viven Damiana y Felipe en el callejón de la calle Meave para ser testigos de la tragedia de la pobreza. Nos asomamos al hotel Alameda donde admiramos a Marilyn Monroe y sentimos la emoción de los marchistas al entrar a las calles del conjunto Tlatelolco.

 

Todo eso siempre estuvo ahí, lo que cambia es la mirada del escritor. El desafío no es narrar la calle o la habitación, sino traducir esos detalles a algo estético en la literatura como ocurre en los cuentos que se agrupan en este libro.

 

Las narraciones tratan de acontecimientos que realmente han tenido lugar, pero ese acontecimiento puede ser parte de un recuerdo, de algo que ocurrió de alguna manera, a los que a través de la escritura se le da otro significado. De esta manera, la ficcionalidad es un producto del lenguaje literario que se basa en lo que ocurrió para convertirse en otra narrativa.

 

En estos cuentos se reconstruyen las pequeñas historias, escena por escena saltando de una a otra sin que en ningún momento se trate de una crónica. Algunos cuentos tienen finales divertidos; otros, cuentan situaciones de pobreza y desesperación; otros más se detienen en la solidaridad de empleados de la delegación, ante el desastre del sismo. Ahí vemos crecer la solidaridad de un burócrata gris para con las víctimas del sismo ante la incertidumbre de encontrar un rastro de la hija perdida. En la literatura, este burócrata gris, se convierte en un héroe.

 

Este cuento nos introduce al ambiente después del sismo. Es una manera, elegante, de referirse al sismo en sus consecuencias.

 

Sobresale la imaginación de los personajes. Un joven se encuentra a una mujer que pasea perros en la Alameda e inmediatamente imagina lo que pudo haber sido su vida: corista de un teatro de revista; descendiente de un hacendado venido a menos por la Revolución o prostituta en un bar de París.

 

También debe señalarse la capacidad del autor para reproducir diálogos realistas puesto que las palabras de quienes hablan, con sus entonaciones, modismos y redundancias se muestran en habitantes de la Merced o de vecindades; en estudiantes o en empleados de gobierno. A través de la lectura podemos imaginar los gestos, comportamientos, hábitos de las personas detrás de los diálogos.

 

No hay mirada compasiva para quienes viven en la pobreza ni tampoco para quienes toman decisiones que afectan su vida. La distancia con que se cuentan las historias es la suficiente para que el lector genere empatía con los personajes o, por el contrario, forme su propio criterio.

 

Existe una constante en los personajes masculinos que se enamoran. Siempre lo hacen de mujeres bellas y, por lo tanto, lejanas, aún las mujeres cercanas, las comunes y corrientes tienen cabida en la literatura trastocadas en seres bellos.

 

En el cuento “La tercera María”, narra: … Llegó a la entrada simultáneamente a una mujer de apariencia por demás interesante: llevaba el pelo suelto como a media espalda, sin ningún elemento que lo sujetara y le caía de manera muy natural, con un leve ensortijado que ondulaba suavemente sobre sus hombros. Iba arropada con una especie de capa negra y cuando se fijó en su rostro, se dio cuenta de una luz muy especial en sus ojos y una apenas insinuada sonrisa en sus labios.

 

En “Marilyn en la Alameda”, describe: …aquella cabellera, ligeramente ondulada parecía derramar plata a su paso como si esta pudiera renovarse constantemente ¡y su sonrisa, su sonrisa! En su sonrisa naufragaban todas las miradas, todos los deseos, todos los sueños.

 

El narrador es la primera persona o es un narrador omnisciente que puede adentrarse a los pensamientos del personaje. En el cuento “Con el sol en los ojos”, encontramos prosa poética en lo siguiente: A lo lejos se pierde mi padre, se desvanece su figura, debo alcanzarlo si no, qué voy a hacer, a dónde voy a ir, me voy a perder, ayúdenme, almas blancas de la niebla.

 

Los cuentos de este volumen tienen como trasfondo la ciudad de México o más bien, la ciudad de México es el personaje principal. Aquí están sus calles, sus oficinas, sus bares, sus esquinas, sus parques. No es la ciudad de México del pasado, de la nostalgia, sino la de quienes caminan, disfrutan, batallan. En Lagunilla-Niño Perdido, el autor encierra un periodo de esta ciudad a modo de mensaje para el futuro: en esta urbe caminaron, soñaron, lucharon estos personajes que ahora son sustituidos por quienes con otras narrativas individuales construyen la vida colectiva en la ciudad que les toca.

 

Debemos agradecer a Miguel su oficio de escribir. Porque en su escritura, y en esta en particular, podemos preguntarnos a través de los personajes que construye ¿cuántas personas se pueden conocer en una vida? ¿cuántas ilusiones y desilusiones se pueden sentir? ¿cuántas vidas se pueden atisbar?

 

Miguel es una persona que escribe a partir de su tiempo, de sus circunstancias y con ello nos devuelve nuestra época para que quede ahí, en el sustrato de una generación que se reconoce en los títulos de las películas o en los nombres de las calles que ya no se usan.

 

 Es cierto, la literatura no va a resolver lo urgente, pero nos acompaña en la vida, puede generar respuestas a largo plazo más duraderas y resistentes. Por eso, muchas gracias.

 

Intervención en la presentación del libro Lagunilla-Niño Perdido de Miguel González Lomelí, el 29 de noviembre en el Museo de Los Cinco Pueblos en Tepic, Nayarit.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 7 de diciembre  de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

Te invito a escuchar mi podcast Palabras Para Volver a Casa, disponible en todas las plataformas. Disfruta cada miércoles de un episodio nuevo.

 

Solo da clic en el siguiente link, y selecciona la plataforma de tu preferencia. https://linktr.ee/lourdespacheco