lunes, 18 de mayo de 2026

No quiero ser la preferida de mi profesor

Lo más importante es la integridad ética 

de los profesores

 

En la década de los sesenta fue muy popular la canción La preferida del profesor, en la voz de Julissa. Era 1963 cuando la canción se estrenó en rock and roll en español, a partir de la versión en inglés de 1958. En esa época las mujeres estaban entrando a la educación preparatoria y muy pocas, a las universidades, ya que fue en la década de los setenta del siglo XX, cuando las mujeres empezaron a entrar de forma masiva a la educación superior.  

 

Esa canción reforzaba la idea que las mujeres obtienen lo que quieren a través de la coquetería femenina.  Uno de los renglones dice “Con un poco de tarea un diez me voy a sacar”. Además, agregaba “Quiero sentirme mimada, admirada, envidiada por todo el salón”.

 

La canción refiere que a las mujeres les basta con ser bonitas y estar disponibles para que el profesor se fije en ellas a fin de obtener las más altas calificaciones. Por lo tanto, las estudiantes no necesitan ser inteligentes ni esforzarse, ya que la belleza compensa la falta de inteligencia. Seguramente muchas mujeres cantaron esa canción, pensando que así debería de ser, que la guapura es capaz de conseguir lo que sea, en este caso, las mejores calificaciones.

 

Se trataba de una canción donde se desalentaba a las mujeres a ser inteligentes. Con que fueran arregladas y acentuaran la femineidad sería suficiente para transitar por la universidad. Además, la meta de las estudiantes sería llegar a ser la “consentida” del profesor para, de esa manera, esforzarse poco y alcanzar la máxima calificación.

 

Sesenta años después, las estudiantes son mayoría en las universidades y no quieren ser las consentidas de los profesores, ni de los directores de escuelas, ni de los funcionarios. Todo lo contrario, quieren ser respetadas por ellos. A partir del movimiento Mee Too, iniciado en el ámbito artístico, el movimiento se extendió al ámbito académico, lo que permitió visibilizar casos de abuso de poder, de acoso sexual, de violaciones en espacios de la educación superior como universidades, institutos tecnológicos y en centros de investigación. El Mee Too académico tuvo gran relevancia en los años de 2018 a 2019.

 

Hoy las estudiantes se han volcado a denunciar a profesores que las ven como cuerpos; se aprovechan de la jerarquía que tienen ante las estudiantes para obtener favores sexuales; las reprueban para citarlas en su despacho o consultorio y aprovecharse de ellas. Es cierto que no nos referimos a todos los profesores, pero sí a un comportamiento que ha sido conocido a través de denuncias, de tendederos anónimos, de gritos, de marchas, de toma de edificios.

 

Cuando empezaron a conocerse las historias de las estudiantes sobre los acosos de los profesores, diversas universidades trataron de negarlos, de esconderlo en lo más recóndito de los rincones universitarios, diciendo que “desprestigiaba” a la institución. La respuesta de algunos profesores fue de indignación porque atentaba contra su buena reputación. Sin embargo, las estudiantes, lograron colocar el problema de los acosos como una de las demandas principales dentro de las casas de estudio.

 

Las estudiantes tuvieron que agruparse en colectivas que les permitiera nombrar lo que ocurría a fin de denunciar ante los medios de comunicación y, posteriormente, ante las autoridades. Es más, tuvieron que lograr convencer a los directivos de la existencia de esas prácticas. El asunto no fue nada fácil porque la mayor parte de las autoridades eran hombres que compartían lo mismos comportamientos que quienes eran denunciados.

 

De acuerdo a diversas investigaciones realizadas en universidades, institutos tecnológicos, centros de investigación y otras instituciones de educación superior, la principal violencia que el profesorado ejerce sobre las estudiantes es la sexual. Desde tocamientos, miradas lascivas, toma de fotografías sin autorización, hasta abusos y violaciones. El profesorado que ejerce estas prácticas utiliza el poder jerárquico sobre las estudiantes para pedirles favores a cambio de calificaciones. Desde luego, el patrón en el que esto ocurre refiere ser más recurrente en estudiantes mujeres que tienen mayores factores de vulnerabilidad, como lo son las estudiantes que vienen de lugares rurales y, que, por lo tanto, carecen de redes suficientes de apoyo.

 

“Te subo un punto si aceptas salir conmigo”, “el profesor tal me invitó a tomar una cerveza”; “me dijo que me pone la calificación si primero voy a su despacho”; “me pidió que fuera a su cubículo, pero yo sola”, “me dijo que me reprobó porque quiere seguir viéndome”, son frases que escuchamos de las estudiantes cuando organizamos círculos de confianza para analizar la problemática de la violencia.

 

Este 15 de mayo, día en que se celebra el día del maestro y de la maestra, espero que la fecha sea una oportunidad para que las universidades reflexionen sobre qué tipo de profesorado se permite en las universidades. Quiero felicitar al profesorado que realiza su labor de enseñanza ante estudiantes que son consideradas seres con derechos y desde este lugar, respetan su cuerpo, su espacio, su imaginario. Porque no basta con que el profesorado tenga habilidades didácticas ni domine procesos pedagógicos, lo más importante es que su conducta se base en la integridad ética y desde ahí acompañe a estudiantes -mujeres y hombres- en la maravilla de explicar el mundo.

 

Hoy, las estudiantes lo menos que desean es ser consentidas de profesores.

 

Huye, cuando un profesor muestre preferencia sobre ti.  

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de mayo de 2026

Publicado en Meridiano, Tepic, Nayarit, 17 de mayo de 2026

https://meridiano.mx/2026/05/17/no-quiero-ser-la-preferida-de-mi-profesor/

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 12 de mayo de 2026

El brillo de los Ojos. Maternidades travestis en la literatura

Eso que sucede en esa casa 

es complicidad de huérfanas.

 

Camila Sosa. Las malas

 

Encarna se acerca a las canaletas donde se esconden las travestis cuando ven acercarse las luces de la policía y por fin lo encuentra. Unas ramas espinosas cubren al niño. Llora con desesperación, el Parque parece llorar con él. La Tía Encarna se pone muy nerviosa, todo el terror del mundo se le prende a la garganta en ese momento…cuando intenta sacarlo de su tumba de ramas se clava espinas en las manos y las pinchaduras comienzan a sangrar, tiñen las mangas de su blusa. Parece una partera metiendo las manos dentro de la yegua para extraer al potrillo.

 

Las travestis del Parque Sarmiento en Córdoba Argentina, encuentran un bebé, de aproximadamente tres meses; lo fueron a tirar ahí. La Tía Encarna decide quedarse con él, lo lleva a la casa-refugio donde alberga a las travestis expulsadas de sus propios hogares y a partir de ahí inicia la maternidad colectiva en la clandestinidad.

 

Alguna dice que el niño tiene cara de llamarse El Brillo de los Ojos, así que se queda con ese nombre para ser amado por el conjunto de mujeres que, al acogerse a esta maternidad prohibida, transgreden los mandatos de que infancia y travesti son incompatibles.

 

Camila Sosa (Argentina, 1982) nos presenta en la novela Las malas, la maternidad desde otros sujetos, diferentes de la madre; los sujetos prohibidos de la maternidad normalizada. Lo hace en escenas de la cotidianidad que van adquiriendo una dimensión nueva. De lo pequeño y oculto a lo engrandecido y público, porque tener un hijo en brazos, siendo una travesti es un delirio, un delito y un pecado.

 

El Brillo de los Ojos tiene hambre, entonces La Tía Encarna desnuda su pecho ensiliconado y lleva al bebé hacia él. El niño olfatea la teta dura y gigante y se prende con tranquilidad. No podrá extraer de ese pezón ni una sola gota de leche, pero la mujer travesti que lo lleva en brazos finge amamantarlo y le canta una canción de cuna… La Tía Encarna amamantando con su pecho relleno de aceite de avión a un recién nacido. La Tía Encarna está como a diez centímetros del suelo de la paz que siente en todo el cuerpo en aquel momento, con ese niño que drena el dolor histórico que la habita. El secreto mejor guardado de las nodrizas, el placer y el dolor de ser drenadas por un cachorro. Una dolorosa inyección de paz. La Tía encarna tiene los ojos derribados hacia atrás, un éxtasis absoluto. Susurra, bañada en lágrimas que resbalan por sus tetas y caen sobre la ropa del niño.

 

Mamar, por parte de un recién nacido y dar de mamar, por parte de una madre, es un acontecimiento normalizado en las maternidades. Se convierte en una escena perturbadora en esta novela donde el pecho solo tiene la función de calmar la angustia del hambre porque la teta esté rellena de aceite de avión y su dureza está ahí, sin posibilidad de ser blanda ni perfumada. Sin embargo, es el acto de ternura lo que la convierte en una práctica de maternidad. Al fin y al cabo, el alimento no es solo el fluir de la leche, sino el abrazar al cachorro humano desde la infinita ternura que provoca tener a este ser indefenso.

 

Puede parecer que la Tía Encarna y el colectivo de travestis salvan a El Brillo de los Ojos, pero es el pequeño niño quien las salva a ellas. Las devuelve a una maternidad no pedida, pero sí, encontrada. Una maternidad colectiva donde se reconocen en otra dimensión de su travestismo.

 

El niño las ve como nadie nunca las han mirado. Las ve con una curiosidad inteligente, directo a los ojos de cada una. Nunca se sintieron miradas de esa forma.

 

Las escenas están construidas así, desde lo pequeño cotidiano donde vemos los lugares, los personajes, las formas de caminar, la obscuridad de la noche en el parque, hasta los acontecimientos que se van entrelazando para dar complejidad a la novela. Los policías que rondan a las travestis en la complicidad política; los hombres heterosexuales ansiosos de placeres con otros hombres; las vecinas de la casona rosa donde vive el colectivo.

 

Vemos el entrelazamiento de los conflictos y casi podemos anticiparnos a las tragedias que se ciernen. Las escenas son presentadas con ritmos diferentes, lo que nos hace surgir un diluvio de emociones. Algunas parecen episodios de novela policiaca, en tanto que otras están planteadas como situaciones románticas, normalizadas en el mundo de las travestis.

 

La narradora observa a las otras: la golpiza que le dio el novio cuando se enteró que es portadora positiva; los remedios a los que se acude cuando la farmacia está cerrada. De esa manera se siente a sí misma y al colectivo al que pertenece.

 

La autora nos muestra, como de pasada, otra maternidad prohibida para las travestis; las de sus propios hijos porque Los idiotas dirán que es mejor ocultarlas de sus hijos, que no vean hasta qué punto puede degenerarse un ser humano.

 

La novela inicia con las travestis del Parque Sarmiento en el momento en que encuentran a El Brillo de los Ojos; de ahí, de esos personajes irán apareciendo otros más lo que hará la urdimbre de la novela. Se moverán del parque Sarmiento a la casona y de ahí a otras partes de la ciudad donde viven otras travestis y de ahí, al campo. La novela se irá expandiendo porque no solo agrega personajes y lugares, sino también el mundo interior, las voces con que la narradora se observa en las otras y se habla a sí misma.

 

La maternidad prohibida de las travestis las hace volver a tener ilusiones. La narradora, al tener al Brillo de los Ojos en los brazos, cuando le toca arrullarlo, fantasea con tener un esposo, una casa, flores en las macetas y obtener el perdón de sus padres. Otra más, se inscribe en una escuela nocturna para contar con un Diploma y demostrar que puede hacer algo por sí misma. En síntesis, la maternidad se vuelve el eje alrededor del cual se muestra el mundo travesti con todas sus contradicciones.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de mayo de 2026

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

La fragilidad a la vuelta de la esquina

Para Rossana Reguillo

Gracias por ayudarnos a pensar

esta sociedad de la muerte,

que no pasa.

 

Puede una estar en la vida cotidiana, en los pequeños espacios esperando que llegue la familia para comer el picoso mole que trajeron de Oaxaca, el agua de fresa de la temporada, las tortillas calientes. Vamos llegando cada quien, con las conversaciones de la escuela, del trabajo, de la oficina, del negocio. Mi perro Berlín muestra su contento al tener la casa llena, en tanto que la gata aprovecha para irse al último rincón fuera del alcance de quien quiere abrazarla.

 

Empiezan las conversaciones de lo que ocurrió en el recreo; del camión que tardó en pasar; del libro que se está leyendo: de la serie que se terminó y ahí empiezan a colarse las noticias de la desventura. Aunque no vemos los celulares a la hora de la comida, ya tenemos la suficiente información para darnos cuenta del desajuste de la tarde que se avecina.

 

Los ruidos de la calle se apagan poco a poco, de tal manera de distinguir el canto de los pájaros. Generalmente no se oyen a esta hora del atardecer porque el ruido de la ciudad ahoga esos pequeños trinos. Ahora, ha quedado en silencio; ya no se escucha el trajín de la ciudad. A lo lejos, se oyen las sirenas. El restaurant de la calle cercana cierra sus puertas. Emerge ese canto de las aves porque nadie les avisa de la fragilidad: el sol sigue ocultándose a la misma hora acompañado de los trinos. Las aves volverán a esperar la salida del sol para anunciar el día.

 

Los amigos, las estudiantes avisan dónde quedaron atrapados sin transporte público para regresar a casa. Los comunicados oficiales disputan la veracidad de las noticias a los medios de comunicación que se solazan transmitiendo videos de quemas de estacionamientos, de negocios; la obstrucción de carreteras.

 

Así es como la fragilidad se apodera de la tarde. Las familias nos enviamos mensajes de quedarnos en casa. Cerramos las ventanas ante el infortunio. Aunque no estamos en la zona norte de la entidad, la que parece que tiene mayores disturbios, el miedo ya está entre nosotras porque la habíamos experimentado antes. Tenemos la memoria de los destrozos, de los desmanes, de los robos de vehículos, de las quemas de negocios, de las obstrucciones de las carreteras. Por eso, basta con que veamos una voluta de humo para que el miedo reaparezca en nuestra propia puerta.

 

¿Qué hacer? Los comunicados van y vienen. Los temores también. ¿Quién es responsable? ¿quién debe garantizar la simple vida cotidiana donde el transcurrir del tiempo sea posible, dónde decir buenas tarde y buenos días a quienes caminan por la banqueta sea una ceremonia de rutina?

 

La sociedad es balaceada porque se atrapa a alguien. Un alguien que es más que alguien. Un alguien capaz de cambiar el ritmo del tiempo, de silenciar la ciudad, de interrumpir las clases, de cerrar los negocios, de desviar los flujos de las carreteras.

 

Cada vez la fragilidad nos cerca. Vivimos en el tiempo normal hasta que el infortunio vuelve a quebrar ese simple transcurrir. No, no es una guerra, no es un huracán el que hace que cerremos las ventanas, que nos alejemos de las puertas; quien vacía las mesas de los cafés. Tampoco es un virus.

 

Un mundo se nos ha venido abajo, el mundo que pensamos construido sobre bases firmes. Desprevenidas, ingenuas, atolondradas, pensábamos que eso de los balazos era cosa del pasado y que en el pasado había quedado. Nuestras rutinas las creíamos sólidas, por lo tanto, no las veíamos, solo estaban ahí: un día tras otro, llenándose de las pequeñas cosas en que se entretiene el día.

 

Así nos asalta el desconcierto.

 

Es la violencia en su careta de crimen organizado quien altera la superficie de la vida social, porque desde antes, ya había alterado la profundidad de la sociedad. No se resigna a perder sus conexiones, su poder, su fuerza, su equilibrio, el entramado de poder, negocio y delincuencia y aquí está, clamando a golpe de violencia, su descontento ante las nuevas reglas del juego que le imponen.

 

¿Qué nuevos pactos se firmarán? ¿quiénes serán los signatarios? ¿con qué reglas?

 

Nosotras, la ciudadanía o quien quiera que seamos, el pueblo, la gente, la clase media, los de abajo, los votantes, somos los rehenes. Nuestra capacidad de agencia surge en algunos momentos: en el periodismo crítico, en los estudios profundos, en el activismo. Mientras, los políticos siguen en los espejismos de las concentraciones de fines de semana ante adeptos que bostezan. Ven su imagen en el agua del río, pero el río pasa.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 2 de mayo de 2026

Publicado en Meridiano de Nayarit, 3 de mayo de 2026 https://meridiano.mx/2026/05/03/la-fragilidad-a-la-vuelta-de-la-esquina/

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx