miércoles, 5 de marzo de 2025

Las cínicas y la tierra extraña

Tú me quieres alga,

Me quieres de espumas,

Me quieres de nácar.

Que sea azucena

Sobre todas, casta.

De perfume tenue,

Corola cerrada.

 

Alfonsina Storni

 

¿A dónde van las cínicas? a tierras extrañas lejos de las noches de temor y de terror. Las cínicas no tienen compromiso con el viejo piso moral que las reduce a vientres fecundables, a cuerpos violables, a inteligencias domesticables.

 

Las cínicas se apartan del binomio en que están encerradas en el dominio patriarcal: buena-mala, pasiva-violenta, nuera-suegra, sumisa-desvergonzada, cotidiana-exótica, dulce-maligna, subordinada-fiera, para subvertir ese lugar y convertirlo en la tierra extraña de nuevos amaneceres.

 

Las cínicas reconocen que los varones no están dispuestos a actuar bajo los códigos morales que ellos mismos han asignado a las mujeres. Entonces, ellas tampoco están dispuestas a cumplir ningún código que ellos no se autoimpongan. Como dice Alfonsina Storni: ¿Tú me quieres blanca? ¿tú me quieres alba? Vete a la montaña, límpiate la boca. Toca con las manos la tierra mojada.

 

El piso moral que las cínicas fracturan es el que reconoce al hombre como el dios que ilumina la historia, la literatura, la política, donde las mujeres son inferiorizadas, depositadas en el subsuelo de la ciudadanía, en la cueva del amamantamiento presocial.

 

Las cínicas tiran la supremacía masculina a la vergüenza de la historia; desnudan la ética racional para mostrarla como misoginia.

 

Gritan las cínicas, ladran. No razonan en el logo del amo porque ahí el lenguaje es trampa para volver a someterlas. El lenguaje es una prisión circular cuyos andamiajes conducen a pensar en los mismos caminos de la razón androcéntrica. El discurso que el hombre se da a sí mismo lo posiciona como el ser racional y todo lo demás, mujeres, animales, naturaleza le son subordinados.

 

Por eso el grito antes del logo. Por eso el murmullo antes que la palabra.

 

La cínicas no reconocen al hombre como cultura ni a las mujeres como naturaleza. Es solo el ilusionismo de la supremacía, las trampas de la razón las que convierten inferiores a las mujeres.

 

Las cínicas no quieren ser una idea que el hombre ha construido para la existencia de sí mismo. No son las idénticas ni las intercambiables; no son un rol ni las repetidoras de sus apellidos. No son la satisfacción de sus fantasías y deseos.

 

Las cínicas repudian el romanticismo según el cual las mujeres son sensibles y espirituales, por lo que deben seguir siendo esposas y madres y abonar con su ternura el mundo.

 

Las cínicas no reconocen un destino por nacimiento: ni heroína, ni monja, ni hija, ni supermadre; ni mujer fatal ni ángel de la casa,  ni exótica o recatada; ni ninguna categoría que nos digan qué somos.

 

Las cínicas no quieren ser como las hormigas, que al final de la cópula pierden las alas.

 

Las cínicas son irreverentes, locas, rotas, feas para los códigos de la belleza normada. Se despojan de las religiones, de los códigos civiles y de la moral que se han tatuado sobre sus cuerpos. No quieren ser medias naranjas, ni naranjas completas. No quieren ser damas para ningún caballero ni doncellas para ningún enamorado. No quieren ser Julietas ni Penélopes, ni musas ni brujas; ni flores ni vírgenes coronadas.

 

Quieren las tierras extrañas, las tierras libres para otra manera de ser. Quieren levantarse de las esclavitudes en que están, liberarse de las tutelas permanentes, cómo dice la poeta Maya Angelou, en el poema Y aún así me levanto:

 

Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levantaré.

¿Mi descaro te molesta?
¿Por qué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa…

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levantaré.

¿Me quieres ver destrozada?
¿Cabeza agachada y ojos bajos?
Hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levantaré.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando

me extiendo sobre la marea.

Dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza de la esclava.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de marzo de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

sábado, 22 de febrero de 2025

Leer a escritoras es un acto político

Bajo un cielo extraño

sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra

 

Ingeborg Bachman

 

Leernos, entre mujeres, es un acto de voluntad, de decisión; es un acto político. Durante toda la historia de la literatura el canon señalaba que la literatura era escrita por hombres, porque la literatura se pensó como universal, neutra y asexuada. Cualquier colección de obras literarias clásicas da cuenta de esa mirada. Dentro de este canon, la literatura de las mujeres fue considerada menor por su particularidad. El presupuesto en que se funda esta valoración es que el hombre, cuando escribe, porta una mirada universal, en cambio las mujeres sólo pueden escribir desde la particularidad de la identidad de ser mujeres.

 

El estilo directo y conciso, la escritura sin sentimentalismos se han asociado a la forma de escribir masculinas, lo que a su vez, se ha considerado características de la escritura universal. La voz universal supuestamente portada por el varón demostró ser una particularidad, una falsa universalidad. Era, precisamente, la mirada del varón que se autodefinía como el portador de lo universal.

 

La literatura, al igual que otras esferas del arte, reproduce las desigualdades de acceso de mujeres lo que contribuye a la percepción social de diferencias de hombres y mujeres, por lo que la producción del texto literario debe abordarse como un espacio de disputa entre ambos sexos.

 

Las mujeres vienen de actos milenarios de contar, por eso Las Mil y una Noches es  ejemplo de las mujeres contadoras de historias. Sherezada se convirtió en la narradora por excelencia al tejer historias donde lo mismo ocurría la pérdida del reino que el encantamiento de los amantes o el hallazgo de los tesoros.

 

Leer literatura de mujeres es un acto político porque estamos inundadas de literatura masculina mostrada como canon. Entonces, tenemos que hurgar en los márgenes para encontrar la literatura escrita por ellas que ha sido llevada a segundo plano. Ler a las mujeres nos permite redescubrir otros mundos, otras maneras de estar. Aquí solo quiero destacar los textos de escritoras como Cristina Rivera Garza en su producción poética, con el poema “Escribir”:

 

Hay lugares a los que es necesario ir sola.

Todo estorba en el camino —las uvas, el afecto, el subjuntivo, la lluvia, la conversación, el yo, el silencio, inclusive los libros.

Uno nunca sabe cuándo exactamente se inicia el trayecto o hacia donde se dirigirá. Uno solo sabe a dónde iba en el momento de llegar.

Luego es cuestión de estar.

Luego es cuestiona de estar, inclusive y fundamentalmente sin uno mismo…

 

También leernos las escritoras de las localidades pequeñas, aquellas que no estarán en las grandes editoriales, pero que tienen una voz para narrar. La siguiente es de la poeta Pilar Acosta de Acaponeta, Nayarit:

 

Nací mujer

Asumo que nací mujer

como lo aprendí de mis ancestros;

agua mansa, sombra etérea,

llanto de lluvia, caricia de viento.

sí, nací mujer

flor de cristal, opaca luciérnaga,

aura sumisa, montaña silenciosa,

árbol que soporta tormentas.

Pero en el camina del tiempo

no pude sostener el decreto de luna sobre mi espalda,

me cansé de tener alas de ángel

alas de polvo de mariposa blanca,

me cansé de vivir en la afonía de una jaula,

de soportar hirientes espinas en mi garganta,

de trenzar mi llanto de pelo negro

y silenciar mi voz al florecer el alba.

Aprendí a musitar entre piedras

en el sombrío destello de mi voz interna

sequé el río que inundaba mis ojos

que los mantenía en infinita ceguera.

 

Y un hálito de voz salió,

frágil, temblorosa en el miedo a las propias palabras

aprendí a gritar con voz de hoguera

a encender mi canto junto a sombras silenciadas;

en iluminado fuego encontré

miles de voces en la mía reflejada,

voces de mujeres que vivieron

por largo tiempo mudas bajo el agua.

Hoy mi voz es fulgor que el cielo alcanza;

sí, asumo que soy mujer;

¡Una mujer que no calla!

 

En este breve alegato de la necesidad de leer escritura de mujeres, un párrafo de Elena Garro, en la prosa poética de “Los Recuerdos del Porvenir”

 

“¿De dónde llegan las fechas y a dónde van? Viajan un año entero y con la precisión de una saeta se clavan en el día señalado, nos muestran un pasado, presente en el espacio, nos deslumbran y se apagan. Se levantan puntuales de un tiempo invisible y en un instante recuperamos el fragmento de un gesto, la torre de una ciudad olvidada, las frases de los héroes disecadas en los libros o el asombro de la mañana del bautizo cuando nos dieron nombre.

Basta decir la magia de una cifra para entrar en un espacio inmediato que habíamos olvidado”.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 22 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Más mujeres en la ciencia

Hay que ayudar a las niñas

a que tengan las metas más altas

 y ayudarlas a que las alcancen

 

Silvia Torres Castilleja (astrónoma)

 

Para las investigadoras, académicas, ayudantas

y estudiantas de posgrado de la UAN

¿Sabe usted diez nombres de mujeres científicas? Muy posiblemente solo podamos identificar a Marie Curie, a Julieta Fierro y quizá a alguna más. Este ejercicio lo he hecho con estudiantes y generalmente se quedan en unas tres o cuatro. ¿A qué se debe la poca visibilidad de las mujeres en la ciencia?

Veamos las cifras, nivel mundial, solo el 30% de mujeres son investigadoras. Este es un dato de la UNESCO, quien afirma que las mujeres reciben menos salario que los investigadores. En México, de acuerdo a los datos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el 38% son mujeres, aunque conforme aumentan los niveles del SNI, disminuye el número de mujeres. Por ejemplo, son apenas el 12% en la categoría III en matemáticas.  También debe decirse que en la aprobación de Investigadoras/es Eméritos de 2022, se reconoció a 38 mujeres de un total de 183 investigadores que fueron reconocidos. 

Esa brecha de género se amplía en cada uno de los niveles debido a diversas circunstancias. Una de ellas es que la actividad de investigación científica se ha pensado como una actividad masculina, de ahí que las mujeres carezcan de ejemplos a los cuáles seguir en el campo de la ciencia. La actividad científica se piensa como un área donde se requiere inteligencias, dedicación, objetividad, etc., lo cual, de acuerdo a estereotipos, se supone que las mujeres carecen.

Cuando las mujeres ingresan a áreas de la ciencia, es común que les encarguen tareas menores, por lo que no siempre lideran proyectos de investigación. La calidad de líder sigue siendo reservada, en su mayoría, a hombres; por lo tanto, son ellos los que encabezan los artículos científicos, acuden a congresos internacionales, reciben patrocinio para sus investigaciones, etc.

Además de lo anterior, las mujeres tienen condiciones que deben tomarse en cuenta para pensar políticas que impulsen a las mujeres a participar en la ciencia. Como se sabe, a las mujeres se les ha asignado la tarea de cuidados a partir de la reproducción biológica, por lo que la maternidad y la conyugalidad se han convertido en dos de las condiciones que impiden a las mujeres dedicar tiempo al trabajo científico. De ahí que se pugne por cambiar los conceptos de maternidad sacrificial por el concepto de crianza humana, donde participen los dos cónyuges y se reconozca la intervención del grupo familiar y servicios estatales en la socialización de niñas y niños.

Naciones Unidas reconoce que las mujeres se encuentran en desiguales condiciones respecto de los varones para dedicarse a la ciencia. De ahí que haya impulsado el día 11 de febrero de cada año como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Con ello se quieren visibilizar las brechas de género e impulsar medidas que logren que cada vez más mujeres ingresen a la ciencia.

¿Por qué es necesaria la participación de las mujeres en la ciencia? Porque la humanidad está desperdiciando el talento de las mujeres, la inteligencia, las preguntas que pueden formular sobre diversos campos del conocimiento. Es muy posible que el ingreso masivo de las mujeres a la ciencia pueda cambiar la manera como vemos el mundo, planteamos problemas y, sobre todo, formulamos soluciones.

Además, es un derecho de las mujeres. Por ese derecho han sido quemadas mujeres en otras épocas, con el estigma de brujas. Otras, han sido excluidas de los reconocimientos de sus propios descubrimientos y otras más, han sido discriminadas negando el reconocimiento de sus méritos.

El largo camino de las mujeres para ser científicas cuenta con decenas de historias de desigualdad. Como ejemplo, basta citar que, en 124 años de entrega de Premio Nobel, éste ha sido entregado al 94% de hombres y al 6% de mujeres.

Por lo tanto, ¡urge no desperdiciar el talento y la inteligencia de la mitad de la población! Porque, cuando las mujeres producen ciencia, se mejora el mundo, el ejemplo es Marie Curie quien inventó el primer aparato de rayos X móvil y con ello salvó la vida de miles de personas. Dedicó su descubrimiento de los rayos X a la mejora de la salud de quien lo necesitara, sin patentarlo.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 15 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

50 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer

En la Declaración Política emanada de la Conferencia

los gobiernos subrayaron que

‘las mujeres y hombres de todos los países

deben tener iguales derechos y deberes,

 y que incumbe a todos los Estados

crear las condiciones necesarias

 para que aquéllas los alcancen

y puedan ejercerlos,

 

UNIFEM

 

Hace 50 años, la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer se realizó en México del 19 de junio al 2 de julio de 1975. La Conferencia estuvo auspiciada por el gobierno de México y la Organización de las Naciones Unidas que declaró ese año como Año Internacional de la Mujer.  La Conferencia de 1975 tuvo tres objetivos principales: 1) Igualdad de género y eliminación de discriminación con motivos de género; 2) Plena participación de las mujeres en el desarrollo y 3) Mayor contribución de las mujeres a la paz mundial.

 

El 31 de diciembre de 1974, un día antes de que se declarara el año de 1975 como “Año Internacional de la Mujer”, el gobierno mexicano derogó disposiciones que limitaban el pleno desarrollo de las mujeres. Entre ellos, se derogó la disposición del Código Civil que señalaba que el marido tenía que otorgar permiso a las esposas para tener un empleo, ya que, de acuerdo a ese Código, la principal misión de las mujeres era el cuidado del hogar.  

 

“Artículo 168: Estará a cargo de la mujer la dirección y cuidado de los trabajos del hogar;

 

Artículo 169: La mujer podrá desempeñar un empleo, ejercer una profesión, industria, oficio o comercio, cuando ello no perjudique a la misión que le impone el artículo anterior;

 

Artículo 170: El marido podrá oponerse a que la mujer se dedique a las actividades a que se refiere el artículo anterior, siempre que subvenga a todas las necesidades del hogar y funde la oposición en causas graves y justificadas;

 

 Artículo 171: En caso de que la mujer insista en usar de los derechos que le concede el artículo 169, no obstante de que el marido se los rehúse apoyado en lo dispuesto en el artículo anterior, el juez respectivo resolverá lo que sea procedente” (Código Civil Federal. México: Diario Oficial de la Federación, 26 de mayo de 1928, artículos derogados Diario Oficial de la Federación, 31 de diciembre de 1974).

 

También, ese 31 de diciembre se modificó el artículo cuarto Constitucional que estableció “El varón y la mujer son iguales ante la ley”.

 

La primera consecuencia de la Primera Conferencia Mundial de la Mujer es la existencia de una normatividad internacional y nacional que reconoce los derechos de las mujeres y de la cual se derivan políticas específicas.

 

El empoderamiento político de las mujeres, es otra consecuencia, ya que en ese año se carecía de mujeres en puestos de representación y actualmente se ha logrado representación de las mujeres en los tres poderes de la república y en los diversos órdenes de gobierno.

 

La presencia de las mujeres en la educación y, sobre todo, en la educación superior, es una muestra visible del avance de las mujeres. También lo es el reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos.

 

Nada de estos logros han sido consecuencias de las políticas, sino que el movimiento de las mujeres se encuentra en el centro de los logros. Son las colectivas, las activistas quienes han obligado a las instituciones a tomar decisiones sobre aspectos cruciales.

 

Se ha avanzado, es cierto, pero persisten atavismos y desigualdades. Es cierto que hoy las mujeres no necesitan permiso escrito del marido para trabajar, pero los sistemas de cuidados descansan sobre el tiempo de las mujeres, lo que las limita en su desarrollo. Hoy las mujeres somos mayoría en la educación superior, pero el paso por estas instituciones está signado por las violencias que se encuentran en su interior, por las resistencias patriarcales que marcan las dinámicas universitarias. Hoy las mujeres estamos en las políticas, pero los códigos de la masculinidad siguen rigiendo la toma decisiones.

 

Lo más importante, en estos cincuenta años, es el surgimiento de la clase política de las mujeres. La clase política de las mujeres está conformada por mujeres de diversos ámbitos del poder público: diputadas, magistradas, consejeras, senadoras, diplomáticas, funcionarias de primero y segundo nivel de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial tanto del gobierno federal como de las entidades federativas. A la clase política de las mujeres también pertenecen las mujeres de los partidos políticos que pugnan por el avance político de las mujeres dentro y fuera de esos institutos. Además de gobernadoras, presidentas municipales, regidoras, alcaldesas, junto con académicas, comunicadoras, empresarias, artistas, activistas.

 

¿Son una clase política? De acuerdo a la definición clásica de qué es una clase política, seguramente no, porque no provienen de un lugar en el modo de producción. Sin embargo, lo más importante es reconocer que se trata de un colectivo que se encuentra estructurado en torno al avance de las mujeres.

 

Las mujeres hoy no solo somos titulares de derechos, sino que somos actoras colectivas que exigen su cumplimiento.

 

El mundo ha cambiado en 50 años: tenemos otra ciencia, otra tecnología, pero el cambio más importante, es el de las mujeres.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 8 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

                                                         

sábado, 1 de febrero de 2025

Legal

Hay una distancia irreductible 

entre el discurso del derecho

 y el de la experiencia.

Y la experiencia del aborto

dice que el cuerpo no cabe en el derecho

 

Laura Klein

 

Cuando estaba en la Preparatoria una de nuestras compañeras murió por un aborto mal practicado en algún lugar de la ciudad donde cursé esos estudios. Era Tepic, Nayarit en 1970.

 

Esa muerte nos despertó a una realidad alejada del romanticismo de las relaciones de pareja. Supimos la crueldad de los mandatos cifrados sobre el cuerpo de las mujeres, aunque en ese momento no pudiéramos pensarlo de esa manera. Solo teníamos la impresión de que esa muerte no debió ocurrir. Vimos a sus padres doblarse de dolor cuando la llevamos a enterrar.

 

Después, en la licenciatura, tres compañeras quedaron estériles por abortos mal practicados. Por cierto, dos de los embarazos fueron de profesores, que, en ese tiempo, impunemente burlaban a las muchachas, sobre todo, a las que venían del ámbito rural y carecían de redes de apoyo en la ciudad. Ellos siguieron campantes con sus vidas honorables, mientras ellas se enfrentaban a realidades inhóspitas, a la crueldad de ver sus cuerpos transformados y sus destinos, fracturados.

 

Después las vi en sus vidas: intentando adoptar criaturas; alguna fue rechazada por el esposo cuando supo que no tendría descendencia; otra permaneció soltera. Doy cuenta de estas compañeras porque seguimos siendo amigas en la vida adulta. Para los hombres que las embarazaron solo fue una aventura, una prueba de la masculinidad depredadora que presumían ante otros como ellos. Nunca les importaron las jóvenes estudiantes cuyas vidas habían marcado.

 

Ese es el dolor que me atraviesa cuando escucho la palabra aborto. El dolor de mis amigas y el mío propio.

 

Ahora, el Congreso del Estado ha despenalizado el aborto en acatamiento a la disposición de la Suprema Corte, que considera la penalización del aborto en la legislación nayarita como una contradicción a la Constitución General.

 

Con este cambio, las mujeres que deciden abortan o que tengan que abortar tendrán derecho a un aborto en clínicas del sector salud, desde luego con el protocolo correspondiente.

 

Detrás está la lucha de gran cantidad de mujeres en todo el mundo, en las grandes ciudades y en las pequeñas. Están las activistas por el derecho de la vida de las mujeres, de que sus decisiones sean tomadas en cuenta, de que sus cuerpos son de ellas, no de las iglesias ni de los estados; no de las morales ni de los códigos de honor. Está el enfrentamiento con grupos conservadores y tradicionales que quieren inamovible el lugar de las mujeres en la sociedad. Está la argumentación contra la maternidad como destino fatal.

 

Por el contrario, quienes están a favor del aborto seguro y legal estamos por el derecho a la maternidad, no por la obligación fatal de la maternidad. Reconocemos el derecho de las mujeres a tener o no hijos. A espaciarlos el tiempo que deseen, a tenerlos en otras condiciones de crianza.

 

El aborto seguro es un derecho de las mujeres. Ahora lo pensamos así, como un derecho. Sale de un acto que ocurre en la clandestinidad para ser parte del andamiaje de derechos que les corresponden a las mujeres. Lo pensamos como un derecho de las mujeres porque, obviamente, los hombres no lucharon por ese derecho para ellos. Es un derecho exclusivo de las mujeres, que, sin duda, abre la posibilidad de pensar en otros derechos.

 

Después, en la ciudad de México, supe de la existencia de procesos de “extracción de regla retenida”, lo que se podía realizar casi en las primeras semanas de retraso de la menstruación. En Nueva York, en la década de los ochenta, las clínicas para abortar se anunciaban en el metro al lado de los espectáculos musicales de Broadway, al igual que en diversos países europeos.

 

Las mujeres han conservado recetas para abortar, las conocían las madres y las abuelas. “No comas caldo de frijoles a medio cocer cuando estés embarazada porque se te saldrá el niño, decía la abuela”. Las hierbas para calentar el vientre o para enfriarlo, eran conocidas por las sanadoras de las comunidades. Entre los pueblos indígenas, me enteré de curaciones para no tener hijos cuando no se querían tener. La lista puede ser larga porque las mujeres aprendieron a identificar qué les podía evitar un embarazo o abortar el producto si no se quería tener. El conocimiento fue legado de mujeres a mujeres como un secreto guardado.

 

El aborto hoy es legal en gran parte del país. Nayarit es la entidad número 20 que lo despenaliza. Falta, desde luego, la publicación en el Periódico Oficial, así como la generación de políticas de salud para llevarlos a cabo en procesos seguros. Sobre todo, falta el cambio de mentalidad en el sentido de respetar la decisión de las mujeres que deciden abortar. Por ejemplo, el personal de salud debe guiarse por el respeto a derechos en su práctica profesional y no guiarse por creencias religiosas y morales. Ese cambio es el necesario para garantizar el cumplimiento de las leyes.

 

Y no, nunca fui a los homenajes que se hicieron a esos profesores cuando se jubilaron. Algunos ya murieron, pero creo que todavía los desprecio.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 1 de febrero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

domingo, 26 de enero de 2025

Endulzamientos

¿Qué sueño es tan hermoso?

¿Qué recuerdo brilla con tal fulgor?

 

Date prisa y sigue tu camino

 

Han Kang

 

En el poste de la esquina de mi casa pegaron un letrero anunciando lectura de cartas del Tarot. Entre los servicios que se ofrecen está Limpias, Amarres y Endulzamientos. No me atrevo a llamar al número señalado para preguntar en qué consisten los endulzamientos. Las limpias supongo que son una serie de conjuros para eliminar las malas vibras, los conjuros negativos, las maldiciones. Los amarres suenan a volver a unir lo que está desunido en asuntos de amor, de afectos. ¿Pero, los endulzamientos? No tengo idea a qué se puedan referir.

 

Tal vez se trate de agregar dulzor a la existencia cotidiana, en el supuesto de que no lo tenga. Como dice Emily Dickinson, se trata de habitar una casa más hermosa que la prosa; más numerosa en ventanas, donde entre más luz. Tener, por techo, las cimbras del cielo; recibir los más bellos visitantes y extender abiertas las manos para recoger el paraíso, como ocupación.

 

Veo a mi vecina en su diario trajinar. Todos los días baja a la misma hora para pasear a su perra, que, en estas épocas de invierno, es arropada con una pequeña capa que le da un aire de superheroína. La perra pasea al lado de la vecina en una perfecta compañía donde ninguna de las dos articula ningún sonido. Puede ser que este momento sea el endulzamiento de mi vecina, porque un rato más, encerrará a la perrita para dirigirse a su trabajo en algún punto de la ciudad. Entonces, empieza el caminar de prisa; el voltear a un lado y otro en el cruce de la calle para, precavida, conservar el equilibrio entre los automóviles que también se dirigen de un lugar a otro, sin que los conductores adivinen el edén que vivió al lado del ser viviente que asoma en la ventana.

 

Por la tarde, en el instante que no se olvida, las nubes tienden a tornarse rosas y violetas. Dura una insignificancia ese tono envuelto en la luz de los atardeceres que será devuelto al día siguiente en el temprano amanecer. Es un instante vacío de tiempo, rechazado por los relojes incapaces de medir el arrobamiento del cielo. Ahí, desalojada de recuerdos solo puedo mirar las tonalidades que cambian detrás del cerro de San Juan, en la otra ladera donde sé que respira el mar. Un momento después, las nubes rosas desaparecen, para con ese resplandor, vislumbrar la aparición de la luna.

 

Puede ser que los endulzamientos nos acurruquen en la cueva iluminada para regalar mariposas a ancianas extraviados en sus recuerdos. Laten cerca de nosotras las semillas donde palpita la fecundidad del mundo. Entramos a ese palpitar como al resplandor de las niñas recién nacidas, cuyas manos se cierran sobre la piel de la madre, atrapan el pezón, en el afán de encontrar a qué asirse.

 

 

En el endulzamiento podemos tropezar con piedras al azar y seguir. Todavía está la luz. Aún veo la iridiscencia de las nubes, el titilar de las estrellas; aún siento el ciego viaje que corre por mis venas. Es el endulzamiento de la vida que se anuncia cuando te ves en el espejo, cuando envías mensajes y sonríes. Cuando, llena de ti, añoras el último abrazo donde no había angustias.

 

Aquello que pasó fugitivamente, al ser mirado, apenas se dejó esbozar por una luz demasiado grande que, en su grandeza, la anula. Quedó ahí como la infancia que te ampara del viento, de la resequedad. Vuelven las melodías viejas a recordarte las otras edades cuando no nos cuidábamos del amor y el abrazo era la algarabía.

 

Por un segundo de vida breve, el endulzamiento nos acoge. Es el instante cuando saltamos de estrella en estrella con la piel dorada de las iluminadas. Cuando termina, cuando cesa el momento, tendré que volver al estruendo del odio de Trump, al pavor de las muchachas desaparecidas, a las heladas de los caminos.

 

Tal vez los endulzamientos permitan no mirar los sitios donde mueren las golondrinas; donde niñas y niños son atrapado por lo desconocido para entrar a destinos que no les correspondían.

 

Quizá mañana marque el número donde anuncian el endulzamiento y del otro lado de la línea alguien señale el silencio de las rosas.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 24 de enero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

viernes, 17 de enero de 2025

El síndrome de levedad del primer cuarto de siglo

Para hacer esta muralla 

tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.

Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

 

Nicolás Guillén

 

Estamos llegando al primer cuarto del siglo XXI cuando el mundo es atravesado por el síndrome de levedad (Maruan Soto Antaki). Yo lo interpreto como un síndrome que consiste en que todo es tomado a la ligera, así sea las desapariciones de personas, las guerras en diversas partes del mundo, las catástrofes ambientalistas, las migraciones, el populismo de derecha o el trasplante de pulmones. ¿Cuándo perdimos, como humanidad la capacidad de asombro y de indignación? ¿dónde quedaron las acciones colectivas para construir sociedades justas?

 

Mientras esto escribo veo las filas ante un restaurant cerca de casa. Me pregunto si en la comida de los domingos los integrantes de las familias hablarán de alguno de estos temas, aunque es claro que no. Si acaso, se referirán al incendio que ocurre en California centrado en la devastación de las casas de gente famosa. La música se escucha y aunque no siempre reconozco las canciones, sé que se trata de festejos alrededor de comida y bebida. Ese paréntesis de los domingos donde la cerveza se vuelve homenaje.

 

¿En dónde hablamos de los temas que nos preocupan como sociedad? No, ciertamente en familia; tampoco en los ámbitos laborales puesto que el tiempo del trabajo está cooptado por las lógicas propias de los ambientes laborales. En las redes sociales los temas se abordan de manera fragmentaria, dependiendo del interés que cada quien tenga en tal o cual problemática. Más bien, las redes sociales están enfocadas a mostrar al yo de cada quien, ya sea en las minucias de la vida cotidiana o en lo que se quiere exhibir ante los demás; sus afectos, su turismo, sus festejos, sus preferencias.

 

Entonces, carecemos de comunidad en la cual reflexionar colectivamente lo que duele a la sociedad. Por eso, el síndrome de levedad conduce a abordar los sucesos de pasada, sin profundizar en lo que puede significar para la vida en conjunto y, mucho menos para la vida de cada quien.

 

El síndrome de levedad consiste en darle un instante de atención a los sucesos, sabiendo que detrás de este, vendrá otro de mayores proporciones. Nuestra atención está preparada para desechar la información que acaba de pasar para esperar una nueva que vendrá a suplir la anterior y a mostrarnos algo más más escandaloso, de mayor estruendo, más cruel o banal. En cualquier caso, solo merecerá un instante de atención para ser desechado, arrojado al tiempo del olvido. Somos consumidores de espectáculos: siempre estamos esperando el siguiente. Como tales, cambiamos de canal o de página de la web.

 

Perdemos humanidad con cada nueva tragedia que ocurre en el mundo. Retrocedemos en sensibilidad con la mera visualización de las catástrofes, en tanto, no están en nuestra cercanía. Hemos dejado de tener empatía con las personas lejanas o tal vez nunca la tuvimos. Tal vez esa idea de sentirnos humanidad con todos y todas haya sido solamente una canción de la década de los setenta, una idea de una generación que está muriendo con ella.

 

¿Será posible que encontremos otra manera de relacionarnos con los otros y otras que no sea a través de categorías? ¿Dejar de vernos como migrantes, hondureños, mujeres, negras, extranjeras, ancianas, para recuperar el hecho de ser personas? En el amor eso ocurre, tratamos de encontrar en el otro, en la otra, una forma de ver el mundo de otra manera. De atisbar la profundidad de cada quien que el otro me revela y me contiene y en ello, nos reinventamos humanos. ¿Podremos hacerlo de manera colectiva?

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de enero de 2025.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx