miércoles, 26 de mayo de 2021

Territorio Nervo

Ha muerto Rubén Darío, 

¡el de las piedras preciosas!

 

Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío,
unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas,
sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío,
más allá de los astros y de las nebulosas!

 

Amado Nervo. Homenaje 

Tal vez porque acabo de leer, de nuevo, Los Jardines Interiores pienso que cada vez que abro un libro de Amado Nervo vuelvo a entrar en el territorio Nervo.

 

Eso ha sido Nervo para muchas generaciones.  Desde sus contemporáneos, como Ramón López Velarde quien ante su muerte declaró “que era el poeta máximo nuestro”, hasta los académicos de actualidad quienes, de manera erudita, estudian los distintos aspectos de la escritura para mostrarnos el territorio Nervo. 

 

El territorio Nervo está conformado por la crónica social, la poesía del poeta místico y del autor de novela breve. También se puede hacer alusión al diplomático, al testigo presencial de la Primera Guerra Mundial, al convocante de la paz durante la Revolución Mexicana, al poeta doliente y sensual; al autor de poesía cívica como La Raza de Bronce o de poesía costumbrista, como Guadalupe La Chinaca. En el territorio Nervo se encuentra también la literatura de ficción, los poemas escolares y las conferencias sobre astronomía. Todo ello es Amado Nervo.

 

Destaco, sobre todo, la recuperación de Sor Juana Inés de la Cruz, la primera biografía, elaborada por Nervo, Juana de Asbaje, con motivo de la celebración del centenario de la independencia de México. En la Universidad Claustro de Sor Juana, se recomienda como obra inicial para quien quiera adentrarse a la monja jerónima.   

 

¿Somos los herederos de Nervo? Hace dos años vi a un joven con una antología de poemas de Nervo en el metro de la Ciudad de México. Esto nos hace ver la vigencia de un poeta a quien Octavio Paz había declarado “laico Padre de la Patria” y de alguna manera, enviado a un lugar otro de la poesía mexicana, con su sentimentalismo a flor de piel y su afán moralizante que no encajaba en las corrientes de los contemporáneos. Sin embargo, ese sentimentalismo de Nervo terminó por traducirse en canciones popularizadas por Jorge Negrete, en la generación de mis padres, o en el último capítulo de la serie de Luis Miguel que nos habla a esta sociedad de la pandemia, de los encierros en pantallas, de las izquierdas que son derechas. En el concierto de mañana, de Juan Gabriel,  está ese sentimentalismo que nos homogeneiza a quienes compartimos una época, porque lo que sentimos es muy personal, nos individualiza como espejos de los otros. 

 

De cualquier manera, Nervo fue ese personaje que atravesó la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial; el invento de la electricidad y el ingreso de las mujeres al trabajo. De todo dejó constancia: de la princesa Carlota encerrada en Miramar, de los pobres saliendo de las pulquerías, de los paisajes de magueyes en el sol tropical, de las costas hirsutas de Irlanda, del barullo de Mazatlán, de la infancia en Tepic. Quizá estos versos del Éxodo y los Flores del Camino (1902), atrapen ese afán de nervializarlo todo:

 

El ansia del misterio me agita y desespera:

jinete en mis pegasos o nauta en mi galera,

corriendo voy tras todo señuelo que lo finge;

mi hermana la cigüeña me ha visto dondequiera

que el rojo sol proyecta la mitra de la esfinge.

… 

Criatura fugitiva que cruza el mundo vano,

Temiendo que la alforja sus éxodos impida,

ni traje amor ni llevo, y así voy al arcano,

lanzando con un gesto de sembrador el grano

fecundo de mis versos al surco de mi vida.

 

Porque el sentimiento del yo, ese lugar de la identidad íntima que roza con la memoria emocional colectiva, se renueva en cada generación, pero mantiene un sustrato que le da forma y vida. Los jardines interiores (1905), con su carga de simbolismo exótico, sigue hablando de los amores devotos y ardientes a mujeres pensadas como inocentes. Y ello, recrea los imaginarios del delirio erótico masculino. 

 

Un colega me reveló, con cierto pudor, que nunca ha leído a Nervo. Me pidió una carta de navegación que le permitiera empezar a leer al poeta. Pues bien, no hay tal carta de navegación, ni instrucciones para leer al poeta. Pienso que la poesía, de Nervo, de Rosario Castellanos o de Dante, te encuentra a ti cuando la tienes que encontrar. Son, como el mar, en las palabras de José Emilio Pacheco: “Digamos que no tiene principio el mar, empieza donde los hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes”. Así es la poesía de Amado Nervo, te sale al encuentro en las canciones que tarareas, en los pensamientos melancólicos cuando añoras; en los testimonios que vas hilando para que tu vida tenga un sentido. 

 

Aunque no hayamos leído la obra de Nervo, ella te ha leído a ti, porque los seres humanos, construidos como seres de afectos, a la menor provocación ya estamos imaginando El día que me quieras…, le hablamos al Destino, dime dónde, cómo, cuando… o, en la versión ecologista, le llamamos Madre a la tierra y Hermana, al agua. 

 

Como seres de palabras que somos, habitamos el territorio Nervo. Y sí, pienso que además de los homenajes se tiene que poner la obra de Nervo al alcance de todos y todas. 

 

Palabras en el Homenaje a Amado Nervo en la Universidad Autónoma de Nayarit, el 26 de mayo de 2021.

Una primera versión del presente texto fue publicado en Meridiano, Tepic, Nayarit, 25 de mayo de 2021.

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