Es tan formal, Lorenzo,
que primero faltara la luz
y quedáramos en horrorosas tinieblas,
que él a su palabra.
Luis G. Inclán. Astucia
Cuando tenía 14 años, aproximadamente, leí un libro que se llama Astucia, el jefe de los hermanos de la Hoja o los charros contrabandistas de la Rama, una novela costumbrista escrita por Luis G. Inclán publicada en 1865. El prólogo lo escribió Salvador Novo. Quizá esa fue mi primer acercamiento al tabaco. Era una novela donde se presenta a unos contrabandistas que se rigen por un código de honor de bandoleros en un territorio mexicano ingobernado; era la época de Santa Ana. Desde luego, se trata de contrabando de tabaco dentro del territorio mexicano. Se puede leer como la necesidad de la sociedad de tener héroes, Astucia (Lorenzo Cabello) se vuelve una leyenda, pero cuando cae este héroe-bandido, se termina ese orden y la sociedad vuelve a cierta barbarie.
¿Por qué menciono esta novela? Cuando leí el libro Producción de tabaco en América Latina ante el contexto de la Convención Marco de la Organización Mundial de la Salud, libro coordinado por Joel Orlando Bevilaqua Marín, Jesús Antonio Madera Pacheco y Dagoberto de Dios Hernández, en una coedición del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), de Buenos Aires y la Universidad de Passo Fundo en Brasil en 2025, no dejé de pensar en el arraigo del tabaco en nuestro país desde el siglo XIX, en medio de situaciones de ilegalidad, de falta de cumplimiento de las normas y de afectaciones al medio ambiente.
El libro, en ocho capítulos, hace un recuento de la aplicación de la Convención Marco de la Organización Mundial de la Salud, adoptada por la Organización Mundial de la Salud en 2003. En el estudio se distinguen dos aspectos cruciales. Por una parte, los daños a la salud que provoca el tabaquismo como tal y el segundo, los daños ambientales y a la salud de quienes se involucran en el cultivo, que provoca la producción de tabaco.
Este libro se enfoca en este segundo aspecto, en las condiciones en que se produce el tabaco en América Latina y sus efectos en la salud de quienes lo producen y sus familias. Es muy claro que se trata de una industria que se basa en la depredación de los recursos naturales, en la explotación de las personas, en el envenenamiento o contaminación de los suelos. El libro muestra las tensiones entre las políticas globales de salud pública, los intereses agroindustriales y los derechos de las comunidades rurales productoras de tabaco a tener empleo digno y conservar su convivialidad, su comunidad, por cierto, de alta vulnerabilidad ante las compañías trasnacionales del tabaco. De ello dan cuenta los capítulos que conforman el estudio referido a regiones de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y México.
De acuerdo a los análisis contenidos en este libro, la producción de tabaco en AL se produce, a grandes rasgos a través de dos modelos de negocios; ambos vinculados a grandes empresas del tabaco. El primero, tiene que ver con actividades empresariales cuyos titulares conforman un estrato de la población agroindustrial capaz de interferir en las decisiones del Estado, para que los mandatos del Convenio Marco se aminoren y se pueda continuar con la producción empresarial del tabaco, incluso, con subsidios del propio Estado.
Por otra parte, está el amplio mundo de las familias campesinas rurales que realizan contratos individuales con las compañías tabacaleras que controlan el campo latinoamericano y que se aprovechan de las condiciones desfavorables de esas familias. Por ejemplo, la carencia de derechos, de seguridad social, de información oportuna sobre la toxicidad de los agroquímicos que se utilizan; la inexistencia de asistencia técnica oportuna. Las familias del tabaco han ingresado a este modelo de habilitación del tabaco, prácticamente para tener asegurado el acceso a servicios médicos para ellos y sus familias y tener asegurada la venta de su producción. A contrario de otros esquemas de negocios, las familias tabacaleras trabajan bajo el supuesto de que toda la producción será adquirida por la empresa. La trampa aquí es que la compañía direccionaliza el proceso productivo, lo controla y de esa manera, establece paquetes tecnológicos y, voy a agregar, paquetes de vida, e interviene en la vida cotidiana de las comunidades.
En el libro, se da cuenta de las iniciativas del Estado, en este caso, de Brasil, para propiciar la transición de los productores hacia otros cultivos a partir del enfoque de la diversificación productiva, lo cual, pretende acercar a los productores a recursos financieros y otros apoyos a fin de que, a partir de sus propias capacidades, construyan sus vidas laborales y familiares en cultivos diferentes al tabaco. Aunque estas políticas no prohíben el cultivo del tabaco, se parte del supuesto de que la disminución del consumo, llevará a una disminución de la demanda. Sin embargo, son las empresas las que, con su poderío vuelven nulas las acciones del Estado. Por ejemplo, la sola garantía de la compra del tabaco por parte de las compañías, les otorga una ventaja muy grande a los ojos de las familias del tabaco.
En los dos tipos de negocios del tabaco, el Estado debiera ser el intermediario para detener la voracidad de las empresas, pero no siempre es así, sino que el Estado se convierte en otro agente más, a quien le interesa conservar la inversión de las empresas tabacaleras, supuestamente por la cantidad de empleo que generan. Lo cual, como se muestra en los análisis es una falacia.
En el libro se profundiza en que las compañías tabacaleras no solamente moldean el paisaje de los países en que se asientan, sino que moldean los propios cuerpos de las personas que intervienen en el proceso productivo. Ahí están los estudios sobre las enfermedades a partir de la producción de tabaco, las dolencias individuales y también, las sociales. El desplazamiento de responsabilidades estatales a productores empobrecidos, que, a su vez, las trasladan a migrantes indígenas, que, a partir de sus propias condiciones de vulnerabilidad, se convierten en el eslabón más frágil de la cadena de producción de tabaco. El tabaco no solamente daña a quien fuma, sino también a quien lo produce ya que el contacto con los agroquímicos, en el libro llamados “venenos”, realizados sin las protecciones necesarias, se convierte en un factor de riesgo para quienes aplican el producto. El tabaco, entonces, introduce morbilidades en quien lo produce y en sus familias.
En el libro se da cuenta de lo que se ha estudiado desde diversas disciplinas. También se señala lo que hace falta estudiar para conocer.
Yo quisiera agregar que, de acuerdo a los estudios contenidos en este libro, las compañías tabacaleras se aprovechan de algo más, de la experiencia que generaciones de productores de tabaco han desarrollado sobre el cultivo; de los saberes que las familias campesinas han acumulado sobre el trato al tabaco en sus diversas fases; de los horizontes de comprensión de los jornaleros indígenas ante el tabaco, desarrollados a partir de sus competencias ante la hoja, pero también, a partir de sus propios marcos de referencia. Recuerdo que, en la década de los noventa, los jornaleros wixarikas del tabaco nos decían que el tabaco nunca les podría hacer daño. Esto ante nuestra insistencia de que utilizaran protección ante la presencia de agroquímicos. Ellos decían que el tabaco es la respiración de los dioses. Porque en la primera creación del mundo, los dioses les habían dado un surco de maíz para el cuerpo y un surco de tabaco para el alma.
El libro contiene análisis que todo interesado en el tema debería de conocer porque contiene los principales hitos de la discusión contemporánea de la producción del tabaco ante el Convenio Marco en los principales países productores de América Latina. En este tema, como en otros, mientras no existan actores sociales que presionen al Estado a su cumplimiento, el Convenio se seguirá aplicando, pero al modo de las compañías tabacaleras financiadas internacionalmente, sin que se vean realmente afectadas. Las compañías encuentran los resquicios de las leyes, la debilidad de los Estados, la vulnerabilidad de los productores para continuar con este negocio no alimentario que deja mucho dinero a sus socios, y en los territorios donde se asienta, deja destrucción, erosión, contaminación y enfermedades.
Hoy como en el siglo XIX, las compañías hermanadas en torno a la ganancia, llevan a cabo el contrabando globalizado.
Un párrafo de la novela que he comentado dice:
“Tu presencia infunde respeto, se conoce que eres un verdadero charro, que hará más temible a la sociedad de los Hermanos de la Hoja, con que vamos al negocio…: te dije que el habernos reunido nos ha librado de algunos lances, que hemos hecho intereses comunes, para trabajar y defendernos con más vigor y fuerzas, si necesario fuere con nuestra propia sangre” (p. 133)
Actualmente, como en el tiempo de Astucia, las épocas son convulsas; el Estado está un tanto debilitado y los contrabandistas se unen contra los Estados, contra los productores; pueden ir de un país a otro, de una región a otra, por eso vemos regiones en América Latina donde el cultivo del tabaco disminuye y otras, donde se incrementa. Son las compañías las que se mueven en los territorios porque el capital se lo pueden llevar a los lugares donde Estados más débiles, les molesten menos; donde puedan obtener más ganancia con el menor riesgo posible. Y sí, son los nuevos contrabandistas de la hoja.
Felicidades a los coordinadores por este libro y a las y los autores de los capítulos.
Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit lpacheco@uan.edu.mx
Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 30 de mayo de 2026
Palabras pronunciadas en la presentación del libro Producción de tabaco en América Latina ante el contexto de la Convención Marco de la Organización Mundial de la Salud, el 20 de mayo en la Universidad Autónoma de Nayarit.
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