domingo, 19 de mayo de 2024

¿A dónde irá el voto masculino?

Ser hombre es, de entrada,

hallarse en una posición que implica poder.

 

Pierre Bourdieu

 

No existe un voto femenino como tal, si existiera, hubiera ganado Rosario Ibarra de Piedra cuando contendió por la Presidencia de la República en 1982 y en 1988; Cecilia Soto y Marcela Lombardo en 1994; Patricia Mercado en 2006 y Josefina Vázquez Mota en 2012. Tenemos que preguntarnos ¿tampoco existe un voto masculino?

 

La pregunta tiene sentido porque en la elección presidencial de 2024, quienes contienden por la Presidencia de la República son dos mujeres y un hombre. Desde luego que este es un planteamiento simple, donde solamente se está haciendo alusión al sexo de quienes son candidatxs, sin embargo, tenemos que cuestionarnos si los hombres votarán por lo que significa el mando masculino o si en ese voto puede pesar más el partido que postula o quien contiende.

 

Cultural e históricamente, el sufragio ha sido un sufragio masculino. Los hombres se dieron a sí mismos el voto en diversas sociedades, -en México en 1917; en 1953, reconocieron el de las mujeres-, porque eran los líderes naturales de la sociedad. Ello ocurrió debido a que son educados dentro de la supremacía masculina frente a las mujeres. En esta supremacía, las mujeres son consideradas inferiores por naturaleza, incapaces de mandar, de gobernar, por lo que son las gobernadas, las sujetadas al poder; por ello, el voto masculino reconocía, a cualquier hombre, la capacidad de mandar.

 

En México, la dirección masculina del país ocurrió desde Guadalupe Victoria, presidente de México en 1824 hasta Andrés Manuel López Obrador en 2024. Los doscientos años de vida independiente de México han sido liderados por el mando masculino.

 

El principio de igualdad se ha enfangado en sociedades androcéntricas donde la masculinidad hegemónica se vincula con la democracia tradicional que otorga el mando a los varones. Sociedades formalmente iguales, pero donde el androcentrismo constituye la norma social, dificulta ver la socialización de hombres en la supremacía de género y en la cultura del dominio. Tampoco se percibe la socialización de las mujeres en la inferioridad, la desigualdad y la cultura de la obediencia; lo que se reproduce en sus conductas públicas y privadas dando origen al orden material y simbólico del orden vigente con los hombres a la cabeza.

 

Tanto mujeres, como hombres, somos educados para otorgar a los varones los puestos de poder y, sobre todo, el primer puesto de poder.

 

La exclusión sociopolítica de las mujeres del poder se encuentra en la fundamentación del orden democrático moderno porque la razón instrumental, asignada a los hombres, los habilita para dirigir; en detrimento de la razón emocional, asignada a las mujeres, habilitadas para obedecer.

 

El hecho de que la supremacía masculina haya desempeñado un papel central en la conducción de las sociedades no significa que tenga que seguir haciéndolo en el futuro. Ello cambiará cuando los costos de la conducción masculina sean mayores que los beneficios, como se observa en la actualidad en términos de la guerra interna permanente, el deterioro de los ecosistemas, el agotamiento de los recursos naturales, la descalificación de movimientos en busca de justicia y desaparecidos y otros más.  

 

La jerarquía sexual se ha considerado derivado de la naturaleza, lo que ha empantanado la igualdad de los sexos. Derribar esta jerarquía depende, ahora, de la inteligencia y la voluntad. Por esto estaremos atentas a observar cómo se comporta el voto masculino, si se otorgará al único varón contendiente o en su caso, se otorgará a alguna de las candidatas.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de mayo de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

miércoles, 8 de mayo de 2024

Maternidad: la subjetividad entre pañales

Cada vez soy más igual a ti, madre,

 más huesos que horizonte,

más días animales que lluvia.

 

Me lo dijo mi hermana.

 

Y esperé la bandada de pájaros

que pasa en primavera.

 

Lourdes Pacheco

 

Es claro que las maternidades tradicionales están vaciadas de sentido, pero ¿cómo acceden las jóvenes a un nuevo significado de la maternidad? Conocemos estudiantes de posgrado y jóvenes investigadoras que han vencido diversos obstáculos para terminar los estudios de doctorado; disfrutan los derechos y libertades obtenidos por las generaciones de mujeres precedentes; entre ellas, la independencia individual, la autonomía, la forma de asumir la sexualidad; sin embargo, cuando se enfrentan a la decisión de maternar o dejar de hacerlo, los argumentos para tomar la decisión son limitados.

 

La maternidad había sido uno de los ejes de significación de las mujeres que hoy está en crisis. En la época de nuestras madres, la maternidad era un lugar bien delimitado y confortable, desde el cual se podía estar en el mundo.

 

Es cierto, la revolución de las mujeres ha desmontado diversos mandatos asignados a las mujeres, sin embargo, en el tema de la maternidad poco se ha avanzado, las decisiones siguen siendo individuales. Actualmente, la práctica de la maternidad sigue implicando una dedicación absoluta, lo que significa desgaste y la necesidad de posponer proyectos de realización personal. La maternidad compite con los proyectos de vida de las jóvenes quienes maternan en una permanente tensión.

 

Quizá porque la maternidad se convierte en el engranaje de la continuación del orden de género y desde este punto de vista, sigue intocado, es que nos causa esta desazón. Somos feministas, tengo un proyecto de vida propio, pero no quiero renunciar a mi deseo de maternar. ¿Qué me pierdo si renuncio a ello?

 

Entonces se embarazan en el supuesto de que realizarán una maternidad diferente a la maternidad sacrificial tradicional. Las mujeres que se atreven a intentar esta otra maternidad, construyen redes, alianzas con otras mujeres; hacen uso de servicios de guardería, lo cual viven con agotamiento y, en ocasiones con extrañeza y culpa. ¿Es esto lo que pensé que sería la maternidad?

 

¿Por qué las mujeres siguen teniendo hijos?  Una respuesta puede ser porque lo desean y este deseo se va configurando en cada época histórica a partir de diversos elementos. No se tienen hijos para garantizar la sobrevivencia de la especie, sino que la respuesta va más por el sentido del soporte emocional de lo que significa tener un hijo o hija. Anteriormente, los hijos tenían una función económica y, en sociedades como la mexicana, se convertían en el soporte para la vejez de los padres/madres, su seguro social.

 

La maternidad es como la roca que fragua los cimientos del orden de género, porque ni las libertades feministas, las críticas al patriarcado, los avances tecnológicos, las políticas, han logrado descolocar la maternidad de ese lugar fundante del orden de género porque la maternidad sigue siendo uno de los ejes de la identidad femenina.

 

Las jóvenes que hoy están en las aulas, ven transformada su subjetividad con la práctica de la maternidad. Enfrentarse a las vicisitudes del embarazo, en el sentido de cuidar de sí para hacer posible la vida que se está formando; el tránsito del parto, aprender a cuidar una cría humana en estado casi fetal, cambiar los pañales, sentir la transformación del cuerpo al lactar y otros, revoluciona la subjetividad de las jóvenes.

 

Quizá puedan explicitar los motivos que las llevó a ser madres, pero la experiencia de la maternidad se convierte en prácticas de vida que las lleva a preguntarse acerca de esa experiencia, del transcurrir como mujeres en tanto madres y de cuestionar las condiciones y posibilidades de la maternidad. Lo novedoso de ello es que se trata de voces colectivas; de mujeres madres que se reúnen para generar espacios de solidaridad que, en estos encuentros, generan comunidades de mujeres-madres y, pueden otorgar otros significados a las maternidades contemporáneas en colectividad, espejeándose unas con otras.

 

Al final de una conferencia que impartí sobre el avance de las mujeres en la educación, una estudiante me dijo “yo quería seguir estudiando maestría y doctorado, pero tuve una hija y eso me cambió la vida. Me salí de la escuela un año para dedicarme a mi hija. No podía volver a la escuela porque mi vida transcurría entre pañales. Pensé que ya no podía hacer otra cosa. Cuando, por fin retomé mis estudios, tenía otros intereses: buscaba a otras estudiantes que hubieran tenido hijos. Era como una urgencia de hablar entre nosotras”.

 

Bienvenidas los caudales de voces de todas las madres que somos.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de mayo de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 30 de abril de 2024

La Presidenta de un día después

Solo triunfaremos si no 

nos olvidamos de aprender.

 

Rosa Luxemburgo

 

El 3 de junio México tendrá la primera presidenta de la historia. ¿Qué cambiará, qué permanecerá? La elección de una presidenta, por sí sola, genera, lo siguiente:

 

Nuevos imaginarios sociales sobre las mujeres en el sentido de ejercer puestos de alta responsabilidad como es la Presidencia de la República. Con ello se redefinen los roles y ocupaciones que pueden ejercer las mujeres como una transgresión al mandato de vivir de acuerdo a su condición de género, que en el caso de las mujeres es de dependencia, subordinación y falta de poder (Lagarde. Cautiverios de las Mujeres), puesto que su encasillamiento en el trabajo de la vida cotidiana las destina a ámbitos sin valor, de servidumbre, de trabajo repetitivo.

 

Se abren simbolismos sobre las mujeres y su papel en la sociedad. Las niñas y jóvenes actuales sabrán que las mujeres pueden ocupar posiciones jerárquicas que estaban reservadas a los hombres. Estas altas posiciones les daban poderío, de lo que se excluía a las mujeres como colectivo.

 

Se rompe el monólogo masculino del poder, puesto que la presencia de las mujeres en los ámbitos de toma de decisiones introduce nuevas formas de discusión, de tomar acuerdos y priorizar los temas fundamentales que le dan sentido a la sociedad, al futuro inmediato, a la vida: las mujeres en el poder establecen una agenda de género que antes era invisibilizada por el colectivo de los hombres. Se trae lo ocultado y negado, al ámbito de lo público.

 

¿Qué permanecerá? Permanecerá el orden de género, la distribución patriarcal de funciones basada en la explotación de las mujeres, tanto en su trabajo material, como reproductivo, sexual, emocional e intelectual que fundamenta el sistema político, económico y social.

 

Es cierto, el poder es un ámbito de lo masculino signado por las características portadas y auto asignadas por los hombres: asertividad, conducción hacia logros, monopolio de las instituciones, acuerdos entre ellos de lo que es el desarrollo, definición del bien social que se persigue, etc. Cada hombre reconoce en el otro sus méritos patriarcales por los que está avalado para ejercer el poder, ya que todos los hombres han sido socializados dentro de la supremacía masculina de género.

 

Ellos están socializados para tener una posición jerárquica superior en relación a las mujeres: es su manera aprendida de estar en el mundo.

 

Hasta antes del ingreso de las mujeres en la política, la lucha por el poder era entre hombres sin la presencia de las mujeres, lo que se puede denominar democracia de cantina. El ingreso de las mujeres en la política, altera las formas de toma de acuerdos porque el sujeto mujer rompe las formas de negociación, ya que se tiene que discutir y negociar con quien no comparte la carga genérica de la condición masculina.

 

También es cierto que la política, dentro de la democracia, es un espacio participativo de legitimación de derechos; de rehacer los pactos para realizar nuevos acuerdos entre el colectivo de los hombres y el colectivo de las mujeres que amplíe el ámbito de la democracia al incluir a quienes estaban excluidas y con ello, visibilizar otras exclusiones.

 

Ni el 3 de junio ni el 4 ni el 20, cambiará el orden de género. A lo que aspiramos es que una mujer en la Presidencia de la República inicie la transformación, no solo de un régimen político, sino que socave el orden patriarcal existente. Es nuestra certidumbre de esperanza.

 

Nada más, pero nada menos.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 30 de abril de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 23 de abril de 2024

¿Qué tiene que decir la interculturalidad a las mujeres indígenas?

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.

 

Eduardo Galeano. Los nadie

 

Nazaria es una mujer wixaritari que cada cuando llega a la puerta de mi casa a venderme pulseras de chaquira. Este mes ha venido con mayor frecuencia porque no pudo seguir en el campo como jornalera, debido a que a su hijo pequeño no lo aceptaron en el albergue para hijos de jornaleras, ya que tiene fiebre. Vuelve, entonces, a pedir comida a cambio de las pulseras de chaquira que alcanza a hacer con los escasos recursos que tiene. Al niño lo carga en el regazo.

 

Tengo alumnas wixaritari en la universidad. Desde luego, sufren también discriminaciones por su condición de mujeres provenientes de un pueblo indígena. Sin embargo, aquí quisiera referirme a las diferencias entre las mujeres que viven en comunidades rurales o en barrios urbanos de la periferia y aquellas que lograron concluir la educación básica y que ahora están en la universidad. Ambas son mujeres wixaritari, pero las condiciones de unas y de otras son muy diferentes.

 

Casi todas las alumnas de origen indígena que están en la universidad, provienen de hogares cuyos padres ya habían salido de la comunidad o más bien, habían salido del trabajo agrícola. Se trata de profesores de la educación bilingüe o de choferes al servicio de departamentos gubernamentales indígenas. La característica es que ya no vivían de sembrar la parcela, sino del ingreso que les proporcionaba el sueldo del magisterio o la administración. Ya no dependían de las lluvias, sino del cheque quincenal.

 

Los destinos de las hijas de unos y otros tomaron caminos diferentes. En tanto, en las comunidades y barrios urbanos marginados permanecen mujeres sujetas a la tradición y a la pobreza, por decirlo de manera rápida, en las ciudades, las mujeres de origen indígena que terminan la educación básica, van accediendo a nuevas relaciones sociales, a diferentes explicaciones sobre ellas, a nuevas narrativas sobre su propia cultura; acceden a otros recursos tanto materiales como simbólicos, donde se posicionan como habitantes de su cultura desde otro lugar.

 

A ello se debe agregar la situación social en que se encuentran porque les otorga condiciones diversas: son mujeres wixaritari, pero no tienen las mismas circunstancias  ni los mismos horizontes: para una, ser jornalera en los campos tabacaleros, de café o de frijol es el único destino; para las otras, la educación superior y, posiblemente, posgrados.

 

¿Qué tiene que decirles el enfoque intercultural a estas mujeres? La discriminación por origen étnico tiene como supremacía el pensamiento mestizo con que se ha conformado la sociedad mexicana; en tanto que la discriminación por ser mujeres, se afianza en la supremacía que tiene como modelo al hombre. Tanto la pertenencia a la etnia y la pertenencia al género femenino son realidades que no desaparecen con el tiempo, sino que son parte de la persona para siempre; no se puede salir de ellas.

 

Es cierto que esas dos pertenencias, la etnia y el género son naturales, pero sobre esa situación natural, se construyen condiciones de desigualdad, de opresión, de exclusión.

 

La articulación de la etnia y el género se traducen en narrativas y simbolismos (del indio flojo, al antepasado glorioso); en formas estructurales de discriminación (el español como idioma oficial) y en prácticas concretas y situadas tanto colectivas como individuales.

 

¿Cómo transformar las relaciones entre la sociedad mexicana para empoderar a los grupos que han sido vituperados, excluidos, empobrecidos y al mismo tiempo cambiar la percepción de la mayoría mestiza sobre esos grupos? ¿Cómo promover procesos recíprocos de identidad entre mestizos y descendientes de grupos étnicos que conduzcan a construir una sociedad que no discrimine, que no excluya que no desprecie?

 

Veo a Nazaria cruzar la calle para dirigirse a algunos negocios que se encuentran en la cercanía de mi casa. Para ellos es una mujer indígena sucia, con un niño hambriento, y le adjudiquen calificativos de “posible ladrona”. No es de esperar que la consideren como parte de los pueblos indios vencedores ni como nuestros antepasados gloriosos de la historia patria. Lo más probable es que quieran que desaparezca de su banqueta lo más pronto posible.

 

Porque Nazaria es parte de los nadie del poema de Eduardo Galeano, esos nadie cuyas historias no hacen Historia.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 23 de abril de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 16 de abril de 2024

Feminicidio: el deseo mortal

El día que la mataron

Rosita estaba de suerte

de tres tiros que le dieron

nomás uno era de muerte

 

Corrido de Rosita Alvírez

 

No, no se trata de amor; los feminicidios son la forma extrema de violencia contra las mujeres. En ello entra en juego el deseo masculino llevado a su máxima expresión porque ese deseo exige el goce del cuerpo de esa mujer con o sin su consentimiento.

 

El feminicidio es el deseo masculino mortal porque se dirige a una mujer considerada en tanto cuerpo, de la cual no es necesario tener su voluntad. Cuando, en una relación de pareja, se pide el consentimiento de la otra, se está en la posibilidad de aceptar descifrar su deseo, pero la ley del deseo mortal no admite comprensiones, solo compele al forzamiento como ley para gozar.

 

Estamos en presencia de la ley de Sade: gozar el cuerpo de la otra como imperativo categórico. No importa que ese goce lleve a la destrucción. Si se enuncia como derecho, se tendrá, entonces, el derecho al goce sin límites, sin barreras: gozar sin tener en cuenta a la otra persona de la relación.

 

En gran parte de los feminicidios, el perpetrador es el esposo, novio o pareja de la víctima. ¿Qué ocurre, entonces? Se supone que ella otorgó un consentimiento para ser la novia, esposa o pareja, pero ese consentimiento se convirtió en un cheque en blanco, en permiso ilimitado para hacer cualquier cosa en el cuerpo de ella. Se trata de una estafa del consentimiento porque se emitió en un sentido, ser la esposa, novia o pareja y se tomó en otro: ser exclusiva para el otro.

 

Por eso se trata de consentimientos atrapados en una espiral que se sabe dónde inicia, pero no en los vericuetos de por dónde se desarrolla y en donde termina. De pronto, la esposa se da cuenta de que el esposo responde de manera violenta, que los requerimientos van subiendo de tono y ella permite que el deseo de él se cumpla en el cuerpo de ella. Generalmente, se puede confundir con su propio deseo, pero poco a poco va existiendo una distinción entre lo que ella quiere y lo que él hace.

 

Del deseo del cuerpo se pasa a dominar toda la vida de la novia, de la esposa, de la pareja. Algunas buscan refugio en la casa de su madre, con alguna amiga, con la hermana, pero es inútil, el victimario ya decidió la suerte de la víctima y la seguirá a cualquier lugar donde se refugie.

 

¡Qué ser tan extraño este al que le di mi consentimiento amoroso y ahora no lo reconozco en su deseo de muerte!

 

Puede ser que ella interponga demandas para mantenerlo alejado. Sabemos de casos donde se tenían una o dos demandas de violencia y él llegó con su carga de muerte hasta el lugar donde le habían dado refugio. La mata a ella, al hijo de ella, a la madre de ella; incendia la casa, la arroja a la basura, la destroza, la vuelve ceniza.

 

Es el clímax de su deseo: la destrucción de la otra, su desaparición física.

 

Cuando yo era niña se cantaba una canción “Virgencita de Talpa”, la cual en una de sus partes decía:

 

Yo te vengo a pedir

Virgencita de Talpa

que me vuelva a querer

que no sea ingrata.

...

 

Tú que todo lo puedes

Haz que regrese

que vuelva a ser como antes

y que me bese.

 

Y si no me la traes

vale más que se muera

ya que su alma no es mía

que sea de Dios.

 

La extinción se pedía a la Virgen que todo lo puede. El derecho al goce sin límites que se incubó en su imaginario de dominante desenfrenado, se convierte en el permiso de la ley para matar.

 

Por eso, los feminicidios se incuban en el deseo de poseer a la otra y de exterminarla, ya sea por intermedio de la Virgen o por su propia mano. No, no es amor.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de abril de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 8 de abril de 2024

En Novillero, el día del eclipse

Fotografía de Ismael Partida


El astro, 

mordido ya por la sombra invasora,

semejaba un barco de fuego

flotando en un revuelto

océano de nubes.

 

Amado Nervo, agosto de 1905

 

Unos temblorosos pájaros volaban al norte, pero no avanzaban. El viento de esta mañana era tan fuerte que los mantenía en el mismo lugar e, incluso, los empujaba hacia atrás. Era extraño ver esas aves marinas suspendidas en el espacio.

 

Era la playa Novillero en el Pacífico norte de Nayarit, con sus vientos de mar abierto, con su frescor de fin de primavera quien daba testimonio de quienes veníamos a anclar el recuerdo del eclipse en nuestros corazones.

 

En el camino, algunos árboles de mangos portaban una prenda roja, conjuro contra la “eclisada” que pudiera provocar la pérdida de la cosecha.

 

Arriba, en el cielo, sobre el mar, la sombra de la luna iniciaba las mordidas al sol. quienes llegamos a esta orilla del océano, presenciamos la ruta del disco negro sobre un sol, aparentemente, inmóvil. Unos minutos bastaron para que la luna suplantara al sol con su sombra. Vimos el atardecer en la media mañana, la pálida luz daba paso a la corona del sol como su nueva cara.

 

Quienes habían llegado de los ranchos cercanos o de lugares más remotos, volteaban al cielo portando diversas protecciones. Otros más, veían el continuum de luz a través de artefactos de cartón elaborados por ellos mismos. Había quien instaló telescopios en diversos puntos para aprovechar el cielo despejado.

 

Otros más utilizaron los hoteles de Tecuala y Acaponeta para dormir la noche del siete de abril para, muy temprano, continuar a Mazatlán. Nosotras decidimos quedarnos aquí en esta playa de más de 80 kilómetros de extensión, donde al mar no le importan nuestras miradas ni nuestras pisadas. Por la playa, mojando los pies descalzos, esta cercanía con el universo se asentaba más en el alma.

 

En la plena obscuridad del minuto y medio que nos tocó en esta parte del mar Pacífico, los niños descubrieron las estrellas; fue la algarabía. También lo fue ver la corona solar, esa atmósfera exterior del sol que se extiende a su alrededor y nos hace ver la ilusión de una luna rodeada de luminosidad.

 

Señoras en sillas de ruedas, bebés en carriolas, jóvenes en casas de campaña, familias completas; todas entonaban una canción sin palabras para celebrar lo maravilloso desplegado ante nuestros ojos. Un rayo se escapó de la sombra para volver a relucir en la vuelta de las olas; para, con su luminosidad, darnos abrigo a los seres de la tierra, del cielo y de los océanos.

 

Nos abrazamos abuelas con nietas, con hijas, con hermanas, con sobrinas porque no se sabe de emociones frías cuando toda la luminosidad del universo nos sorprende. Soportamos la parte de la noche/luna para ser parte del amanecer, para llenar la obscuridad con el deleite de la luz.

 

Es cierto, al sol se le conoce por los rayos; al mar por las aventuras y a los seres humanos por los recuerdos.

 

Aquí, extendimos nuestros ojos para recoger el Universo en este recuerdo del 8 de abril de 2024.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 10 de abril de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 2 de abril de 2024

Elecciones bajo fuego

Mirad por los fueros de la justicia; 

no dejéis que la iniquidad se consume,

y si es verdad que sois aborrecedores

de toda insolencia, sed justos.

 

Las suplicantes. Esquilo

 

El asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 marcó un quiebre en el sistema político mexicano porque desde ese magnicidio se tiene la idea de que la política es una actividad de alto riesgo personal y familiar.

 

Si en aquella época se pensó que se trataba de un asesinato de estado, 30 años después, la violencia política exterminadora ha tomado una fuerza inusitada. Efectivamente, en las elecciones de 2024, han sido ultimados 22 candidatos y candidatas a puestos de elección popular, en donde sobresalen quienes aspiran a presidencias municipales.

 

¿Por qué las presidencias municipales? Una respuesta puede ser porque las presidencias municipales tienen el control de la policía local, clave para la realización de distintas actividades que tienen que ver con el control territorial. Para el avance político de las mujeres, la violencia contra las candidatas a presidentas municipales se exacerba porque no solo se elimina a las que han decidido contender por una candidatura después de vencer múltiples obstáculos, sino porque se convierte en un contraejemplo a fin de que las mujeres no busquen candidaturas.

 

Es cierto que la violencia política exterminadora ataca por igual a hombres que a mujeres, pero el efecto devastador en las mujeres se multiplica por su efecto en otras posibles candidatas en este proceso y en los que vienen.  

 

Los tiempos de las campañas electorales están previstas en el calendario electoral, de ahí que las diversas autoridades tuvieron tiempo para tomar las medidas necesarias a fin de proteger la integridad de candidatxs. Por ello, sorprende la falta de previsiones, de arreglos necesarios para evitar los asesinatos. Las explicaciones, búsquedas de culpables, etc., se quedan en palabras de excusa, en argumentos vacíos ante la falta de acción de quien debió realizar los operativos necesarios para que las elecciones se llevaran a cabo en paz; en la única dinámica de dialogar con votantes, comparar programas de acción, buscar las mejores propuestas, convencer.

 

¿Quién es responsable de la seguridad de candidatxs? La intrincada relación entre las instituciones electorales: el INE federal, los OPLES locales, las juntas estatales, los tribunales electorales, los gobiernos de los estados, las fiscalías. ¿A dónde acudir para pedir protección? Es cierto que la Secretaría de Gobernación ha recibido solicitudes de protección de candidatxs en la presente contienda, pero también lo es, que se carece de un plan expedito para ofrecerles las garantías suficientes de protección.

 

Las 22 víctimas de violencia política exterminadora lo ejemplifican.

 

En la organización de la seguridad de candidatxs, se dejó al gobierno federal la seguridad de quien contiende a la Presidencia de la República, a las gubernaturas y al Congreso de la Unión. Mientras que son los gobiernos estatales y municipales quienes deben garantizar la seguridad de quienes aspiran a un puesto local. El mecanismo aprobado inicia por instancia de parte: quien se sienta agraviado debe solicitar la protección al INE, quien lo comunicará a la Secretaría de Seguridad, quien, a su vez, se coordinará con la Sedena y la Guardia Nacional, a fin de que se otorgue la protección.

 

Como se comprenderá, se trata de un mecanismo que se echa a andar solo si hay quien lo solicita. Debemos imaginar que la tramitología puede seguir su curso en los tiempos administrativos previstos, en tanto que las balas se disparan a mayor velocidad que en la que se sella un documento.

 

Estos 22 asesinatos son la marca de que morir bajo la violencia política exterminadora es algo diferente a simplemente morir. Participar en política puede llevarte a la muerte, a la muerte física, porque vivimos en el tiempo de las fuerzas desbocadas.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 4 de abril de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx