lunes, 26 de abril de 2021

Como si las mujeres importaran

La razón no tiene capacidad 

de convencernos 

de que seamos decentes. 

Victoria Camps. El gobierno de las emociones. 

Al depositar la basura en el frente de la casa, antes de que pasara el camión recolector, a una de mis hijas, un hombre que pasaba en bicicleta, le levantó la falda. En la campaña electoral vimos a un candidato a gobernador, tocar las nalgas de una candidata. 

 

¡Qué delgadas son las paredes entre una emoción y otra! Nos indignamos con el candidato que toquetea a una candidata en plena acción electoral; nos llenamos de ira-dolor-asombro ante la maestra golpeada por su esposo en plena clase virtual; nos preocupamos por algo más que le pudiera haber pasado a la hija. Somos desdichadamente sabedoras de lo poco que pueden hacer las palabras para plasmar las emociones que nos recorren, como Cordelia en el Rey Lear mis labios no pueden expresar lo que siente mi corazón.

 

En la república laica, todos los seres humanos deberían tener el mismo valor, las mismas posibilidades, pero en la sociedad realmente existente, las mujeres son consideradas inferiores, apropiables, disponibles, denigrables. Por eso, acudimos a exigirle al Estado su deber de garantizar la integridad de las mujeres; sin embargo, el Estado está organizado a partir de la asimetría de mujeres y hombres. 

 

¿Por qué los hombres tienen el derecho de ultrajar a las mujeres? ya sea un bicicletero desconocido, un maestro de universidad o un político; no importan las jerarquías, la escolaridad ni la procedencia social: en todos los casos, los hombres se asumen con el privilegio de mancillar a las mujeres. 

 

El dominio del colectivo hombres al colectivo mujeres se puede considerar como la primera dominación dentro de la especie humana, incluso antes de la dominación de raza o de clase. El aprendizaje del sometimiento del otro se realizó de hombres hacia mujeres: la subyugación y abyección. De ahí derivan todas las esclavitudes, explotaciones, sometimientos, ultrajes que ha experimentado la humanidad en pueblos colonizados, en cuerpos racializados, en grupos tribalizados, en identidades negadas, etc. 

 

La posición dominante de los hombres sobre las mujeres provoca el desprecio por lo femenino al mismo tiempo que un afán de posesión y control absoluto. Lo inferior me pertenece porque soy superior. La masculinidad dominante egocentrada no controla emociones, impulsos propios ni reconoce sentimientos de las y los demás. No se trata de conductas atípicas o anormales de hombres furiosos o que pierden el control, se trata de relaciones de poder entre mujeres y hombres.

 

Como toda relación de poder, inflige sufrimiento, aunque ellas, aparentemente, consientan ese sufrimiento. ¡Oh, el largo aprendizaje de aceptar la sumisión en nombre de las buenas maneras, la costumbre, los hijos, la sociedad, los dioses, la tranquilidad! 

 

Los varones, como el esposo-maestro que atacó a la profesora en plena clase, esperan que las conductas de los demás se realicen de acuerdo a su voluntad, a su ley, a su autoritarismo. Cuando no sucede así, hacen uso de la violencia-rabia, de la violencia-agresión, de la violencia-denigrante. La violencia siempre tiene que ser frente a otros: sean los hijos, el público o quienes presenciarán el acto de campaña. Esa conducta tiene un efecto disciplinar en quienes ven y después, en quienes lo sepan; nunca en solitario ni en la clandestinidad. 

 

El hecho, aunque haya sido efectuado en la intimidad de una casa o en el anonimato de una banqueta, podrá ser contado dentro de las hazañas masculinas ante otros públicos que lo alaben y reconozcan “la hombría”. Será el reconocimiento del líder capaz de someter a las mujeres y con ello, establecerse por encima del común de los hombres. Para él será un trofeo de la supremacía masculina, pero esa injuria quedará para siempre como marca del hombre violento, surcará su cuerpo, anidará en su mirada, lacerará su sueño. ¡Lo reconoceremos!

 

Las mujeres somos importantes en la democracia, en la vida social, en el acontecer humano. El Estado debería hacer que las mujeres importen y no solo parecerlo. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 26 de abril de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 20 de abril de 2021

En las noches de abril

En las noches de abril mansas y bellas, 

en tanto que recuerdas o meditas, 

ascienden al azul las margaritas 

y se truecan en pálidas estrellas.

 Amado Nervo

 En el libro de Lengua Nacional de segundo año, leímos la poesía ¡Ya llegó abril! 

El ave canta en el boscaje,

la flor revienta en el pensil,

el campo estrena nuevo traje,

¡ya llegó abril, ya llegó abril!

 

Más que marzo, abril es el mes de la primavera. Quizá porque en marzo, todavía los vientos fríos nos recuerdan el invierno que no acaba de irse. Muchos años después encontré otro poema de Nervo (Tepic, 1870-1919), donde también recuerda el mes de abril: “En las noches de abril”, el cual abre el poemario Perlas Negras. En el poema, las noches de abril revelan, al poeta, margaritas en los campos, las que se convierten en estrellas en el firmamento. Las estrellas presienten el futuro porque han sido astros y, al mismo tiempo, comprenden el amor, porque han sido flores.

 

Abril se instala como un mes travieso, juguetón, sonriente donde el aire amarillo inunda el paisaje exterior e interior. Antonio Machado (Sevilla, 1875-1939), evoca abril:

 

Era una mañana y abril sonreía

frente al horizonte dorado moría,

la luna muy blanca y opaca.

 

Abril ha sido un mes muy celebrado dentro de la poesía como época de florecimiento, de juventud. Es tan fuerte su energía que Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916), se quiere apartar de él, como del dolor (El verso sutil que pasa o se posa)

 

Líbranos, Señor, de Abril y la flor

y del cielo azul, y del ruiseñor,

de dolor y amor, líbranos, señor.

 

Porque abril es ese mes risueño donde la naturaleza se muestra esplendorosa, al menos para quienes habitamos el hemisferio norte. Sin embargo, quien lo ve, desde el dolor, se apropia de otro enfoque. Este es el caso de Dolores Veintimilla (Ecuador, 1829-1857), para quien la ausencia del amado se asemeja a la falta de rayos del mes de abril (Quejas):

 

Sin él, para mí el campo placentero

en vez de flores me obsequiaba abrojos:

sin él eran sombríos a mis ojos

del sol los rayos en el mes de abril.

 

Para Rosalía de Castro (España 1837-1885), los hijos que mueren son rosas tempranas de abril. El pulso del poema es desde el interior: (¡Ay! Cuando los hijos mueren)

 

¡Ay!, cuando los hijos mueren,

rosas tempranas de abril,

de la madre el tierno llanto

vela su eterno dormir.

 

Carolina Coronado (España 1820-1911), equipara el rostro del hijo dormido, con las auras del aromado abril (A Emilio dormido)

 

Exhalan el aliento

sus labios bulliciosos

más dulce que las auras

del aromado abril.

 

Abril se retoma de acuerdo a lo que cada poeta pretende revelar, porque la poesía, es eso: palabra que muestra, que ilumina, que devela. Neruda (Chile 1904-1973), se nos antoja epistemológico porque se pregunta si el abril es el mismo para todos, con ello nos introduce en otro ámbito de la subjetividad: puede ocurrir lo que sea en lo que llamamos exterior, pero el significado lo otorga cada quien (El 4 es cuatro para todos):

 

El cuatro, ¿es cuatro para todos?

¿son todos los sietes iguales?

cuando el preso piensa en la luz

¿es la misma que te ilumina?

¿has pensado de qué color

es el abril de los enfermos?

 

Veamos, ahora, este verso juguetón de José Martí (Cuba, 1853-1895), titulado, precisamente, Abril, el cual no podemos leer sin cantarlo en la interpretación de Pablo Milanés:

 

Juega el viento de abril gracioso y leve

con la cortina azul de mi ventana:

da todo el sol de abril sobre la ufana

niña que pide al sol que se la lleve.

 

Otros poetas también han celebrado abril: Rubén Bonifaz Nuño, Meira Delmar, Ernesto Cardenal, Federico García Lorca, Blanca Andreu, Lope de Vega, Nicolás Guillén. Para poetas, mujeres y hombres, abril es una metáfora a través de la cual expresan diversos significados; es sentir el mundo tal como lo han sentido, lo que nos permite atisbar a esos momentos de intimidad capaz de configurar otro sentido a las palabras, a los meses, a la luz, a la tibieza de las noches del mes de abril. 

 

Abril puede ser un sustantivo, un adjetivo; un aroma, un color, un juego. Para ti, ¿qué es?

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 20 de abril de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

miércoles, 14 de abril de 2021

Promoción política de las mujeres

El poder es el arquitecto de todos los discursos…

También fabrica a quien se le opone.

 

Amelia Valcárcel. Sobre Mujeres y Poder 

Por primera vez, la mitad de quienes compiten en las elecciones 2021 son mujeres. Ello significa la presencia de mujeres como grupo competitivo en las elecciones y, por lo tanto, la posibilidad de que puedan conformar la mitad de quienes ocupen cargos elegibles.  

La presencia masiva de las mujeres da lugar a las siguientes preguntas ¿desde qué lugares participan las mujeres en política? ¿cuáles son los imaginarios que se mueven respecto de las mujeres en la arena electoral? ¿cómo actúa el sistema político a partir de la organización de la vida humana en pública/privada en la actuación de las mujeres en la política?

 

Si bien estamos de acuerdo en que el sistema político produjo al varón como el sujeto de la política, también lo es que el poder construye a los otros sujetos sobre los que se ejerce el poder; es el caso de las mujeres, constituidas como seres sin poder. Por ello, la primera crítica a las democracias fue la negación de las mujeres como ciudadanas, por lo tanto, se considera una democracia incompleta al no incluir a la mitad de la población. Las mujeres fueron un grupo construido sin participación en las decisiones públicas.

 

En la actualidad, las mujeres incursionan en el poder, pero no lo hacen como colectivo de mujeres, sino que las mujeres participan a partir de sus propias condiciones personales, de procedencia geográfica, de vinculación familiar, de edad, etc. Sin embargo, una vez que las mujeres acceden a puestos de poder, inicia un proceso de reconocimiento entre ellas, capaz de conformar colectivos generacionales en aras de metas comunes. Las mujeres en la política se diferencian de la élite masculina, pero también de la masa de mujeres porque se trata de mujeres que generalmente tuvieron acceso a mayor educación, y, en una cierta cantidad de casos, fueron socializadas al interior de familias vinculadas a la política. 

 

El escenario político electoral está signado por la lógica del poder definido desde los varones. Las mujeres deben actuar en él a partir de reglas, guiones, luces y tramoyas, establecidas previamente. De ese entramado será difícil escapar, por lo que más bien, a la puesta en escena se agregan las mujeres, en una lógica de que éstas entran a la política, cuando la política ya tiene sus reglas establecidas desde los sujetos masculinos; sus modos de generar acuerdos y alianzas, formas de cabildear, de recompensarse, etc.

 

Durante las campañas, las mujeres candidatas acentúan las características que las hacen idóneas para gobernar, porque tienen que estar demostrando capacidad para ello. Los hombres no tienen que demostrar que pueden gobernar, puesto que se da por hecho que lo pueden hacer. En cambio, las mujeres son vigiladas permanente por diversos actores: políticos, periodistas, académicos, grupos de análisis, etc. En la contienda, acentúan aspectos de su propia condición de mujeres; así vemos campañas a partir de imaginarios desatados por ser mujeres. Por ejemplo, el eslogan de la candidata del PAN a diputada local de Jalisco, cuyo lema dice: Hazlo conmigo (el cambio) no con la MORENA, claramente tiene una connotación sexual. 

 

Las mujeres compiten electoralmente contra contendientes mujeres y hombres. En esa competencia se puede observar el subtexto de género con contenidos propios de los estereotipos asignados a las mujeres que responden a su labor en la familia. De esa manera encontramos candidatas que resaltan su capacidad: Lupita Jones “Me siento una mujer muy capaz” que contiende por la gubernatura de Baja California; “Nos crecieron alas”, de Gloria Núñez por Nayarit; Clara Luz Flores, que propone construir centros geriátricos en Nuevo León; Indira Vizcaíno, candidata de Colima cuya campaña se basa en recuperar valores de la familia. 

 

En el momento actual, se espera que las mujeres lleven lo mejor de la vida privada al escenario público: la supuesta honradez, cumplimiento, responsabilidad, ética de cuidado del dinero público; cualidades desarrolladas en el ámbito doméstico y consideradas virtudes femeninas. Se sigue esperando de ellas que se comporten en base a una “esencia” femenina (que no existe). Aún las mujeres que participan en los primeros niveles de la política son valoradas desde la mirada sexista de que ellas pertenecen al ámbito doméstico y desde ahí se valoran sus acciones. 

 

Si la promoción de las mujeres en la política deriva de cualidades desarrolladas en el ámbito privado ¿ello las hará competitivas electoralmente? ¿son esas cualidades las necesarias para llegar al poder y ejercerlo? 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 13 de abril de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 6 de abril de 2021

¿Pueden los partidos políticos ser feministas?

El movimiento feminista

 no pretende cambiar a las mujeres, 

sino cambiar al  mundo.


Argos Panoptes, en la mitología griega era un gigante con cien ojos. Los ojos dormían alternadamente, por lo que, al tener siempre ojos abiertos, se le consideraba un guardián perfecto. Hesíodo lo considera monstruo en la Teogonía.

 

De la misma manera podemos considerar a los partidos políticos respecto de las mujeres: cuando se logran avances para la libertad e igualdad de las mujeres, ahí están los partidos políticos con sus múltiples prácticas para buscar la forma de hacer retroceder esos avances. Los partidos políticos fueron clasificados como de derecha e izquierda respecto al mantenimiento del status quo. En cuanto más se alejaran del centro para hacer una revolución, se consideraban de izquierda; en tanto que su alejamiento del centro para ahondar en el conservadurismo, hizo que se les considerara de derecha.

 

Para los partidos políticos del Estado moderno, la contradicción principal era la referida al capital-trabajo. De ahí que el sujeto de las transformaciones hayan sido los trabajadores. Esa visión obnubiló otro tipo de tensiones y conflictos en las sociedades latinoamericanas: las de los pueblos indígenas, los pueblos campesinos, las juveniles y desde luego, las correspondientes a las mujeres y sus derechos.

 

Recuerdo las discusiones en la década de los ochenta, cuando se dio la conformación de la izquierda mexicana en el PSUM (Partido Socialista Unificado de México), donde las demandas de las mujeres eran consideradas como “demandas burguesas”, “contradicciones secundarias” o “traición ideológica”. En ese análisis, lo principal era luchar por el triunfo de los trabajadores, lo que traería aparejada la solución de otros conflictos. Por cierto, en esa época se nos decía que las demandas feministas correspondían a los países desarrollados, pero “mira, compañera, nuestra realidad es otra; aquí tenemos necesidades básicas. No somos Inglaterra ni Alemania”. Las demandas de las mujeres, sistemáticamente, fueron arrojadas al basurero, en los partidos políticos. 

 

Tuvo que consolidarse un movimiento feminista fuerte tanto en la academia como en la acción, para permear la democracia y el sentido común. Los avances desde el ámbito internacional, a partir de los Convenios y Tratados firmados por México han sido clave para hacer avanzar la normatividad de igualdad de representación de las mujeres. El movimiento feminista se piensa como un movimiento de izquierda, no porque pertenezca a un partido político de tal tendencia, sino porque sus postulados tienden a conformar otro orden social a partir de relaciones igualitarias del colectivo mujeres respecto del colectivo hombres. Relaciones igualitarias tanto en el imaginario colectivo, en el ámbito del conocimiento, en la economía, en el simbolismo, en la política, en la práctica; en todo.

 

Actualmente, el feminismo protagonizado por las juventudes articuladas alrededor del ocho de marzo, se articula sin partido. Los partidos políticos no saben qué hacer con ello, como tampoco lo sabe el gobierno. Aunque los Estatutos de los partidos hablan de igualdad entre mujeres y hombres, en la práctica, se muestran ciegos y sordos ante un nuevo actor social y político que desborda las definiciones de la igualdad domada que quieren ejercer los gerentes de los partidos políticos. El feminismo contemporáneo está dispuesto a romper todas las ventanas, a tirar todas las estatuas para lograr un cambio. 

 

Quizá los hombres de los partidos políticos ya no tengan conciencia de clase, pero sí tienen consciencia como colectivo de hombres.

 

Por eso, los partidos políticos no pueden ser feministas. Ni los de izquierda ni los de derecha; ni los de arriba o los de abajo: son complicidades entre hombres para pasarse, entre ellos, el poder, dejando intactas las relaciones asimétricas de género. En eso, están de acuerdo. Los partidos políticos están ahí, como Argos Panopte, con sus cien ojos viendo por dónde avanzan las mujeres para encontrar vías de obstaculización. Si logran cuotas electorales, consiguen candados para impedirlas; si conseguimos la paridad, buscan artimañas para retrasarla; si obtuvimos normatividad contra la violencia política, ensalzan a candidatos misóginos. 

 

Los partidos políticos son el monstruo de los cien ojos, cien brazos, cien artimañas para retrasar el avance político de las mujeres y no, no pueden ser feministas.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 7 de abril de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx


lunes, 29 de marzo de 2021

La Semana Santa o la Pasión en la montaña

Es una característica muy importante de nuestra historia 

que esta leyenda de un dios muerto y resucitado 

surgió en partes muy diferentes del mundo civilizado antiguo.

 

Joseph MacCabe. El mito de la resurrección y otros ensayos.

 

Para Gabriela Gutiérrez y Socorro Varela 

con quienes recorrimos las montañas místicas.

 En una ocasión, un director de teatro dijo que en Nayarit no había teatro. Desde luego que discutimos, porque a mi modo de ver, tendríamos que definir qué se entiende por teatro. Pensé, desde luego, en las representaciones de la Pasión de Cristo, las “Judeas” que recorren los diversos pueblos de la Sierra del Álica y una buena parte de las localidades mestizas de Nayarit como Puga, San Pedro Lagunillas y Jala. Estuvimos de acuerdo en que esas representaciones tienen los mismos elementos que lo que se llama teatro, como: escenografía, actores, guion, público, vestuario, maquillaje, iluminación, sonido y director. Además de “apuntador”, alguien que está al tanto de que las líneas se digan como están escritas. 

El teatro popular tiene los mismos elementos, solo que quienes intervienen (actores, directores, maquillistas) no son profesionales, además de que una gran parte de las actividades, se realiza de manera colectivizada.

 

A la llegada de los españoles, a los indígenas les fue prohibido realizar celebraciones a sus diosas y dioses, pero encontraron, en la representación de la Semana Santa, la manera de seguir el culto a sus ancestros. En el hemisferio norte del planeta, la preparación de la tierra para la siembra inicia con el primer plenilunio después de la primavera, por lo que los pueblos agrícolas, celebraban, con diversas festividades, este acontecimiento: pidiendo permiso a la tierra, implorando lluvias abundantes, invocando nubes negras y truenos radiantes.

 

Las Judeas indígenas son representaciones de la Pasión de Cristo, según los pueblos Nayeri o Wixaritari; son las formas permitidas que encontraron para seguir realizando las invocaciones agrícolas para la siembra. Entre los Nayeri (o coras), la fiesta se centra en perseguir a Jesucristo-semilla, quien deberá ser sacrificado para volver a resucitar. En esta alegoría se encierra el misterio de que la semilla para poder germinar, debe morir. La semilla tiene que ser enterrada, cubierta por la tierra, para resurgir como una nueva planta. También los hombres deben enterrar su órgano sexual en las mujeres para fecundarlas. La semilla, el semen, el cristo, entran en un mismo plano que alude a morir para resurgir. Por eso, en las judeas nayeri se da un paralelismo entre los juegos sexuales y la pasión religiosa.

 

En todas ellas, desde la Judea de Santa Teresa, Mesa del Nayar, Jesús María, San Juan Corapan, Dolores, Presidio de los Reyes y otros pueblos, el guion es el mismo. Cambia la escenografía, los actores, el vestuario, etc. En todos, sin embargo, se trata de representaciones masivas donde los jóvenes indígenas se convierten en los actores principales de una representación que los saca de ser jornaleros migrantes o peones de albañilería para convertirlos por tres días y tres noches, en judíos gloriosos. Los cuerpos semi desnudos lucen en blanco y negro el jueves, para estallar de colores el viernes santo. Surgen del río por las madrugadas para correr vertiginosamente alrededor del lugar donde será crucificada la semilla-cristo.  Entejuinados o empeyotados, bailan a la luz de la luna y del sol; persiguen al Barrabás cubierto de barro; tocan minuetos, cantan en latín dentro del templo católico y prenden velas sobre el piso; queman chile para corretear a los turistas y muelen maíz para la comida ceremonial. Sus cabezas portan máscaras de amarillo delirante y cuernos morados, adornadas con pelo de jabalí y dientes de cerdo. Bailan, giran, corren, fornican. Enloquecen.

 

Las mujeres están en las orillas mientras los hombres indios-judíos-bestias simulan preñar, por igual, la tierra que las hojas de los árboles. Un rito de la masculinidad intergeneracional. 

 

La Semana Santa Wikaritari (huichol) es más espiritual. En San Andrés Cohamiata o en Huaynamota, la celebración es de una colectividad íntima, donde los que vamos de fuera, tenemos que quedar en los márgenes para no romper el misticismo de las celebraciones. Un Cristo revelado nos recibe desde lo alto de la cumbre en Cohamiata, donde la planicie nos acerca al cielo. Los wixarita, hirsutos, ignoran la presencia de quienes vamos atraídas por el misterio de la montaña. En Huaynamota, un Cristo muerto nos recibe al final del río, desde donde volvemos a ser las hijas del mundo elevando plegarias. En la noche, iluminada por cientos de velas prendidas en el piso, velamos al Cristo-Venado una noche, para que cuide por nosotras el resto del año. 

 

En Puga, el escenario es el Molino; en San Pedro Lagunillas, la laguna; mientras que en Jala, el omnipresente Ceboruco es el telón de fondo. En todas las judeas mestizas son los pobladores quienes se posesionan de las celebraciones: sin iglesia ni estado. La chirimía, ese instrumento musical prehispánico, nos traslada a un tiempo sin temporalidad, en el ritual. 

 

En las judeas indígenas y mestizas el protagonista es el pueblo. La iglesia y sus funcionarios curas y frailes, dejan de dirigir el culto. Es el pueblo el que se apodera del territorio, lo sacraliza con nuevos rituales e inserta a todas, locales y fuereñas en un tiempo abierto a lo sagrado a través del teatro: el único arte que nos enfrenta como seres humanos.

 

Por eso subimos a la montaña, para participar de un culto muy antiguo donde diosas y dioses son invocados. Las viejas madres de la tierra escuchan las plegarias; la lluvia anuncia su presencia; los Cristos prometen acompañarnos en la travesía. Después, vuelven los lucientes judíos a ser muchachos migrantes, jóvenes jugándose la vida pasando la frontera, muchachas trabajando en casas de Tepic, académicas con notas, turistas con fotografías. Sentir la fiesta de la montaña nos prepara, anualmente, para el honor de vivir. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 29 de marzo de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 23 de marzo de 2021

Violencia urbana: la estatuaria masculina en Nayarit

Por un mundo donde seamos socialmente iguales,

 humanamente diferentes y totalmente libres

 

Rosa Luxemburgo

 ¿Sabe usted cuántas estatuas y bustos a hombres existen en Nayarit? Alrededor de 82. ¿Sabe cuántas estatuas a mujeres? Una, a Lola Beltrán en Santiago Ixcuintla. 

Además de las 76 estatuas dedicadas a hombres concretos, existen monumentos a actividades de los hombres como la del Buzo Ostionero en el Paseo de Aticama; el monumento a los Hijos Ausentes en Ahuacatlán; el Buzo en Bucerías; los Indios, en la glorieta de San José del Valle; el Bombero en la Estación de Bomberos de Tepic; el “Maestro forjador de la Patria” en la Plaza del Maestro en Tepic; el Huichol en la colonia Zitakua; el Soldado en la zona militar, los Héroes de la Revolución en Ixtlán del Río y el monumento en Honor a las Fuerzas Armadas en ¡la Ciudad de las Artes! de Tepic. Tan solo en la capital del Estado, registramos 36 estatuas o bustos a hombres con todo y la de Benito Juárez ya sea que la dejen en la glorieta Juárez o en el Jardín de los Constituyentes.

 

Existen estatuas con figura femenina, genéricas, no se refieren a mujeres específicas: La Hermana Agua en Tepic que es una estatua de una hermana sexuada y desnuda; la Loca de San Blas, producto turístico y mediático. Desde luego, se tienen cinco estatuas a la madre, en Ahuacatlán, Huajicori, Ruiz, Tuxpan y Tepic. También se tiene la Ángela de la Independencia, semidesnuda en la Avenida Insurgentes de Tepic. 

 

Se repiten las estatuas y bustos de Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Morelos y Emiliano Zapata, entre los más repetidos. También se tienen estatuas a Prisciliano Sánchez (Ahucatlán), a Lázaro Cárdenas (Estancia de Los López), a Eulogio Parra (Ixlán del Río), al Rey Nayar (en Tepic y en El Nayar), a José María Mercado (San Blas), Bibiano Dávalos López, Mateo Castellón Pérez y Adolfo Ruiz Cortínez (San Pedro Lagunillas), Esteban Baca Calderón (Santa María del Oro y Tepic); Antonio Rivas Mercado (Tepic) José Alfredo Jiménez y Germán Jiménez (Santiago, Ixcuintla) y otros. 

 

En Tepic, los Amados Nervos, son dignos de un estudio específico porque lo encontramos en busto en la Universidad Autónoma de Nayarit; de cuerpo completo a la entrada de Tepic; sentado en la Plaza principal y desde luego, un busto en el Museo que lleva su nombre. Además de un busto en el Ejido El Conde. También, en Tepic, se tienen estatuas y bustos a diversos hombres, desde un gobernador (Emilio González), el Papa Juan Pablo II, Francisco Villa, Agustín Lara, hasta el periodista Bernardo Macías Mora, etc. 

 

¿Por qué no existen estatuas a mujeres concretas? Porque los monumentos legitiman el orden del presente a través de la estatuaria que invoca el pasado y en ese pasado no están las mujeres, de acuerdo a la versión de los vencedores. Sí, es una verdad muy conocida la de que la historia la escriben los vencedores por lo que, en este caso, para los hombres vencedores de la visión histórica, las mujeres no han estado en la historia. Las estatuas convierten a las personas en héroes de acuerdo a la visión de quien escribe los hechos y en este caso, la historia de Nayarit ha sido filtrada desde la mirada masculina donde ellos son los protagonistas de la historia y, por lo tanto, los héroes que merecen homenajes y estatuas. Por eso se levantan estatuas entre ellos. 

 

Se llama violencia urbana el déficit de estatuaria femenina porque se hace pensar que las mujeres no tuvieron nada que ver con la construcción del presente. Su único lugar ha sido el de la maternidad. Como se ve, las ciudades no son neutras al género puesto que expresan las relaciones de poder entre mujeres y hombres. Veamos como ejemplo el del magisterio: tradicionalmente, las mujeres forman la mayoría de la planta docente de la educación básica; para el ciclo escolar 2019-2020, de acuerdo a cifras oficiales (estadistica.sepen.gob.mx), un poco más del 70 por ciento de quienes laboran como docentes en la Educación Básica en Nayarit son mujeres; en preescolar el porcentaje de mujeres es del 96 por ciento. Sin embargo, las estatuas del magisterio ¡son para hombres! Existen siete estatuas a maestros tanto en lo que se denomina “Plaza del Maestro” como dentro de la SEP. Ni aún en esa profesión mayoritariamente feminizada ninguna maestra ha merecido una estatua. Ahí están, claramente, las relaciones de poder.

 

Seguramente dirán: “no hay mujeres importantes”, porque la historia pasada por el filtro de la mirada masculina no ve a las mujeres, además de que lo que ellas hacen, no tiene interés. No obstante la ceguera, ellas estuvieron en la base de lo que hoy es Nayarit. 

 

El año pasado, en el 2020, a través del Colectivo Mujeres en Voz Alta hicimos la propuesta, al Gobierno del Estado, de que se levantaran, al menos, los siguientes monumentos a mujeres, como una mínima justicia restaurativa: 1. Señora Popualtzin, Gobernante de Xalisco a la llegada de los españoles; 2. María Paula de los Santos, en su casa de Tepic se preparó la insurrección indígena que sería encabezada por el Indio Mariano conocido como “Máscara de Oro, en 1800; 3. La Condesa de Miravalle dueña de minas y hacienda en Compostela que dio origen a la colonia Condesa en la Ciudad de México; 4. Las Hermanas QuinteroFrancisca y Maclovia Quintero, Victoriana Arroyo y Adelaida y Mariana Castañeda, que encabezaron un movimiento en la fábrica textil de Bellavista, el cual se considera uno de los movimientos más importantes de fines del siglo XIX; 5. Las Cristeras, quienes en la zona del sur, fueron clave para la resistencia cristera; 6. Maestra Rosa Navarroescribió 67 obras pedagógicas. Su nombre está incluido en el libro Mujeres notables mexicanas; 7Pintora Emilia Ortiz, única artista nayarita que ha sido integrante del Sistema Nacional de Creadores; 8. Estatua a las enfermeras, como un mínimo reconocimiento a su labor; 9: Estatua a las mujeres Wixaritari; 10. Estatua las mujeres Coras en el Nayar, porque ellas son las que sostienen la tradición cultural desde los márgenes. 

 

También proponemos dos estatuas como memoriales: el primero, levantar una estatua a Ana Cecilia Luisa Dailliez Larguiller, pareja de Amado Nervo, como memorial dedicado a todas las mujeres que han sido negadas y encerradas en su casa hasta la muerte. El segundo memorial estará dedicado a las niñas que han sufrido violencia física y sexual.

 

Como sociedad organizada no deberíamos permitir una estatua más a las heroicidades masculinas, sino antes bien, realizar una justicia elemental hacia las mujeres ya que las formas estéticas nos permiten recordar y conformar la memoria histórica del pasado y el sentido de vida del presente. Las mujeres hemos estado en los procesos históricos y estamos en el presente, la sociedad no se entendería sin los trabajos de las mujeres.  

 

(Además, se deben abrir averiguaciones para saber el destino de estatuas que desaparecieron de la ciudad de la noche a la mañana: La Estatua de Fray Junípero Serra, elaborada por Emilia Ortiz; la estatua de la Hermana Agua original, que se encontraba al final del parque Juan Escutia, la estatua de la Sirena que se encontraba en el Parque Mololoa, las Estaciones del año de la Alameda Central y la Estatua a la Madre que desapareció en una remodelación del Jardín Azcona. ¿Quién se apropió de estos bienes públicos?)

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 23 de marzo de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

martes, 16 de marzo de 2021

Del muro mental a la valla de acero

Ivonne, Joselyn, Fátima, Victoria, Brenda, Wendy, Paola, 

Berenice, Selene, Esmeralda, Claudia, Evelin, 

Eloísa, Gloria, Cristina, María Elena  

Nombres de mujeres en la valla de acero de Palacio Nacional 8M2021 

La valla de acero muestra el muro mental de un gobierno. Esa voluntad de no entender a las mujeres de otra manera que no sea llamándolas “corazoncitos”. En esa expresión se encierra el único significado que se da a las mujeres: seres domésticos, llenos de amor, encargadas de los niños, dispuestas a sacrificarse por los otros, cuidadoras del sueño de los hombres, admiradoras de sus logros.  

No, el gobierno de la 4T no ha entendido, ni seguramente entenderá, lo que significa el derecho a la igualdad de las mujeres. Su trato hacia las mujeres y sus movimientos son sexistas. Se trata de un sexismo de dos caras: por una parte, el sexismo de los patriarcas donde las mujeres están encerradas en el círculo en que se les ha asignado donde pueden ser lindas, tiernas y dóciles; inteligentes, desde luego. Y, por la otra, el sexismo violento donde los patriarcas deciden la vida y la muerte de las que transgreden el círculo. Al final de cuentas, cuando el primero muestra su inoperancia, se revela la cara real y descarnada de los patriarcas, sus pactos, alianzas y complicidades.

 

Los patriarcas se reconocen entre ellos, aunque sean intelectuales como Andrés Roemer o quienes se equiparan a una de las fuerzas salvajes más emblemáticas, el “Toro” de Félix Salgado. Laicos, o religiosos como Jassón Joaquín García de la Luz del Mundo, o el Padre Maciel de los Legendarios de Cristo; con o sin partido como Cuautémoc Gutiérrez de la Torrre, del PRI, acusado de trata de personas. En todos los lugares, arriba, abajo, en los centros educativos, en los barrios más pobres, en los hoteles de lujo, en el drenaje de la ciudad, en los ríos de los pueblos, en los barrancos de la sierra, en los cañaverales, son tiradas las mujeres asesinadas. 

 

El presidente anda ciego en Palacio. Se golpea contra las paredes del movimiento feminista al cual acusa de estar infiltrado de conservadores; Tropieza cada 8 de marzo con la misma piedra del feminismo que clama: nos queremos vivas ¡justicia! Ve conservadores en la mínima paja de la crítica.

 

El presidente vive sordo en Palacio. Tal vez nadie le ha dicho que, de acuerdo a las cifras oficiales, en México se registran más de 3 000 feminicidios cada año; que 1 de cada 10 feminicidio en México son contra niñas y que el 99% queda impune. No escucha, por tanto, las voces de las madres de las hijas desaparecidas, de las hermanas que claman por justicia, de las amigas que pintan las murallas con los nombres. No escucha los gritos de justicia de las mujeres, porque de las mujeres solo espera que le aplaudan, que le pidan plegarias.

 

En tanto, se solaza en los hombres que poseen a las mujeres, por las buenas o por las malas, porque ese símbolo de virilidad es parte del orden al que pertenece. El muro mental no es gratuito, sino que obedece a esa necesidad masculina de controlar, de disponer. Desde el vértice del poder, solo puede imaginar a otros hombres en sus cúspides desde las cuales se alaban mutuamente o disputan las arenas del poder. Las mujeres no tienen cabida en ello porque deben seguir en casa para enseñar a niñas y niños, ese orden. 

 

El presidente ciego y sordo, va perdiendo cada día la capacidad de empatizar con los movimientos que hoy cimbran la sociedad: empecinado en su propio discurso, deslumbrado por los reflectores de sí mismo, solo puede seguir el camino del solitario de Palacio, mientras fuera, una revolución bulle. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de marzo de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx