domingo, 5 de marzo de 2023

Feminismo: el sujeto político que permanece

Soy mujer.

Y un entrañable calor me abriga

 cuando el mundo me golpea.

Es el calor de otras mujeres,

 de aquellas que hicieron de la vida

 este rincón sensible, luchador,

 de piel suave y corazón guerrero.

 

Alejandra Pizarnik

 

La teoría política liberal tenía como actor social a propietarios, alfabetos y urbanos como titulares de derechos bajo las consignas de igualdad, seguridad, propiedad. La teoría política socialista, por su parte, tenía como actor social al proletariado para construir una sociedad sin clases sociales. Hoy, ambas teorías han quedado sin actor social.

 

La teoría política feminista tiene como sujeto político a las mujeres. Este es el actor que permanece y atraviesa la política contemporánea. La revolución propuesta por la teoría política liberal se agotó en las revoluciones desde el siglo XVIII al XX e instaló la democracia como forma de gobierno en gran parte del planeta. Por su parte, la teoría socialista agotó su potencial con la caída del muro de Berlín en 1989.

 

El feminismo ha aportado nada menos que el 50% de la agenda al desarrollo mundial y a la democracia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, ha sido protagonista del avance de derechos en el siglo XXI. Se ha logrado tener una legislación de Estado que convierte, la proclama política de igualdad de las mujeres, en una obligación de cumplimiento para el Estado y sus instituciones.

 

Todo ello se ha logrado a través del feminismo civil, de base; del feminismo académico, artístico, militante; de la exigencia de derechos.

 

Hemos conseguido una legislación que obliga a la igualdad.

 

Las mujeres somos el sujeto político que permanece porque su agenda de cambio pretende transformar la sociedad, no solo con la incorporación de las mujeres a la democracia y al poder, sino con la transformación de lo que se entiende por democracia. Si nos incorporamos al poder con una experiencia diferente, el propio poder debe cambiar.

 

El feminismo propugna por el cambio en las relaciones entre mujeres y hombres; por una nueva relación entre las mujeres y el Estado; por otra concepción de lo que es el proyecto de persona humana; por el cuestionamiento de la historia como el relato de lo masculino heroico; por la crítica a la ciencia como un discurso elaborado desde parámetros androcéntricos; por otra sexualidad humana.

 

No se trata solo de incorporar a las mujeres al mundo diseñado desde la mirada masculina, sino de cambiar ese mundo.

 

Al exigir la autonomía como base de la existencia de las mujeres, se quieren basar las acciones no en vínculos preestablecidos, sino en la decisión por nosotras mismas en todos los planos: el íntimo, el personal, el familiar, el social, el comunitario: romper las subordinaciones en que hemos estado confinadas.

 

En el establecimiento del orden social, se pueden distinguir dos momentos: el de lo político y el de la política, siguiendo a Carl Schmitt en El concepto de lo político. El primero sería la irrupción, en la escena pública, de un nuevo sujeto social capaz de trastocar el orden existente para incluir sus demandas en la agenda pública. Es el encuentro del Estado con sujetos excluidos que demandan un nuevo orden social o el conflicto como condición de posibilidad.

 

La segunda, la política, sería la administración del Estado.

 

El feminismo ha estado en el momento de lo político, porque se ha convertido en la revolución más importante de los últimos cien años. En este periodo el lugar de las mujeres ha cambiado: desde un lugar subordinado y de opresión al amparo de leyes que la consideraban en minoría de derechos, a un lugar de sujetos igualitarios a través de la exigencia de derechos. Esto último a través de la lucha de las mujeres en diversas partes del mundo y en diferentes épocas, que ha dado por resultado una normatividad internacional y nacional que ha puesto a las mujeres como sujetos centrales en el desarrollo humano, ha visibilizado sus desventajas y establecido pautas para cerrar brechas de desigualdad.

 

Pero, sobre todo, porque las mujeres nos hemos convertido en sujeto político capaz de exigir y ejercer derechos. Si el patriarcado como orden imperante nos quiere víctimas, sumidas en el dolor, y para ello, ejerce violencia a cada paso y en cada espacio, nosotras nos levantamos como pioneras cuantas veces sea necesario; como herederas de las que empezaron; como continuadoras de las de ayer; las que caminamos en las huellas de quienes nos antecedieron. Pero también, como las nuevas feministas que planteamos horizontes de futuro, reímos y cantamos.

 

Somos el sujeto político que permanece porque trastocamos desde la alcoba hasta la tribuna.  

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 6 de marzo de 2023.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

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