martes, 27 de agosto de 2024

Amado Nervo: del Río de Tepic al Río de la Plata

En México todos somos poetas, se empieza a pergeñar versos cuando aún no apunta el bozo, y en verso se sigue viviendo toda la vida. Este es el país de las alondras y los ruiseñores” …Los yankees no hacen versos, y estoy por decir que no comprenden el arte sino en la magnitud; alguien dice que por eso son ricos. Un yankee, lo primero a que procede cuando sabe escribir es a hacer números: nosotros, lo primero a que procedemos es a hacer versos (En verso, 1898)

 

Amado Nervo, como pocos escritores fue poeta y novelista, ensayista y crítico, autor de obras de teatro y periodista, cronista de la vida cultural, columnista y cuentista. Puede decirse que abarcó toda la producción literaria desde el lugar que como escritor se formó. Ese lugar fue haciéndose a partir del público al que se dirigía: en Zamora, empieza a escribir páginas autobiográficas y cuentos (1881-1890) que posteriormente dieron lugar a Mañana del poeta. Posteriormente, en su paso por Mazatlán, adopta diversos pseudónimos de acuerdo a lo que desea publicar. Como Román, elabora crónicas de la vida cotidiana, como El Conde Juan firma “Semblanzas” versificadas, como Rip-Rip, crónicas de teatro y ópera; con el de Tricio, Triples y Joie, escribe “Fuegos Fatuos”, artículos de tono humorístico; con el pseudónimo Roxana escribe “Crónicas de la Moda”.

 

Los pseudónimos le sirven para crear alteridades a partir de las cuales se apropia de una manera de mirar, de crear un yo escritural.

 

Fue devoto cultivador de la ciencia y del ocultismo. Su entusiasmo hacia la vida, su observación hacia las artes y su curiosidad científica lo llevó a asomarse a la astrología, la ciencia y la hipnosis AN buscó la emoción religiosa a través del espiritismo y la magia. Se acercó a las sesiones donde se convocaba a los muertos, a las fotografías con fantasmas.En su construcción mental cabía lo visible y lo invisible, lo claro y lo misterioso, lo inteligible y lo ininteligible, lo racional y lo irracional. Su curiosidad era total: lo mismo le interesaba el volar de las abejas, la escritura correcta, la mentepsicosis, el asesinato de un príncipe y la revista de modas. Se acercó a la filosofía de los pitagóricos para escoger la teoría de la transmigración de las almas y las múltiples vidas. A la de Nierzche para quedarse con el eterno retorno: todo aquello que le permitía abordar la inmortalidad del alma, la necesidad del eterno retorno. Todo lo que miraba, vivía y sentía, lo volvía literatura.

 

AN buscaba lo sobrenatural hasta que se resignó a lo sobrenatural cotidiano y a lo cotidiano poético (Reyes, 1920)

 

Amado Nervo nunca intentó luchar contra su forma de escribir. Desde las páginas autobiográficas de su infancia siguió escribiendo una amplia biografía donde volvía recurrentemente a la infancia de su primer hogar. En El Salón de Patinar, escrito en (1894), escribe:

 

En las navidades se hacían saraos en las casas de las familias. Las muchachas tocaban el piano mientras los muchachos atisbaban cuál les podría contestar una carta. Los nacimientos daban de qué hablar. Con ese pretexto íbamos casa por casa a admirar al Señor San José y a la Santísima Virgen. Con qué pulimento se arrimaban piedritas del río para simular el curso de una cascada. "¡Había heno, mucho heno! Recuerdo la Nochebuena en que desfilaron frente a nuestras puertas los Reyes Magos, dejando en el calcetín pendiente de las rejas el presente cariñoso: la Misa del Gallo, rebosante de fulgor y de aromas: a mi madre, el hogar lejano... ¡cuántas cosas dice el heno..."(En el Salón de Patina, 1894).

 

La revolución mexicana de 1910 le englobó el mundo a Amado Nervo y le acentuó el escepticismo por la Patria. De la paz Porfiriana en la que había crecido a la revuelta que lo había puesto lejos del país y dejado sin hogar, AN se convierte en un escritor de temporalidad absoluta, inserto en los acontecimientos que ocurren porque AN está aferrado a la vida. Lejos de él la contemplación abstracta, la poesía como escape de la realidad. Al contrario, lo que pasa en su patria, lo que pasa en el mundo, también le ocurre a él, por eso se convierte en la mirada acuciosa de lo que transcurre. Testigo de una época, del tránsito de un siglo a otro.

 

Se conmisera del mundo como se conmisera de la Emperatriz Carlota a quien ve de lejos en su castillo de Miramar:

 

Bella del bosque durmiente, medio siglo habéis dormido y más os valiera no despertar. Vuestra patria ya no existe; vuestro hermano murió hace tiempo; vuestro sobrino apenas tiene tierra de Bélgica suficiente para poner el pie. El mundo se desangra en la más espantosa de las guerras que han visto los hombres... No miréis tantos horrores... Dormíos blandamente en vuestro lecho blanco, y que os lleven al lado de vuestro emperador de leyenda, cuya alma inquieta en las riberas de la sombra, murmura: “¡Cuánto, cuánto tarda en llegar...!”  (La última vanidad y otros artículos).

 

La escritura de AN describe, impone, cuenta, pinta, convence, propone, sugiere, descubre, inventa, humoriza, caricaturiza, destaca. A través de sus escritos se inventa a sí mismo como personaje, como ser poeta, como literato. Pero también recrea el mundo que se le da: la circunstancia es más circunstancia en la pluma de AN porque, al sacarla del destino de pasar, la fija para los lectores de su época y la fija para nosotros. El escritor se convierte en el seleccionador de lo que debe permanecer. Al acontecer le da un estilo, al fluir lo atrapa en la mirada y lo deja para siempre en esa manera de ser nombrado.

 

Su ironía sobre la política y los políticos merece un comentario aparte:

No hay gobernante en el mundo, por malo que sea, por analfabeto que sea, que al cabo un de año en el Poder no vuelve a la vida privada con cien libros dedicados, con doscientas pinturas, trescientas obras de orfebrería y cuatrocientos álbumes” (Dedicatorias, 1896).

 

AN supo intercalar la fama con el ritmo de la creación. La fama le permitía desplegar su ímpetu mientras que la creación le permitía conservar un tiempo como realidad persistente indefinible y reacia a ser apresada en razones. Entonces la traducía a literatura, a imágenes, a sentimientos, a caracterizaciones. La escritura le preservaba de ser destruido por la realidad, por sus leyes biológicas y sociales. AN, demiurgo al fin, apresa la realidad en su escritura para convertirla en protectora presencia, para encantarla en el permanente juego de fijar lo que pasa, para ampararse en ella.

 

¿Cómo ocultar la emoción que a AN le produce el vivir? Su escritura, el gran diario destinado a nosotros abre la emoción del poeta ante los atardeceres de París, la apertura de la Exposición Anual, las crisantemas, el diálogo entre un rubí y un diamante, el origen de la neurosis moderna, el dolor y el socialismo. Al fijar lo instantáneo, lo fugaz de la existencia de las cosas, la repetición de los actos, transforma el universo en una cuenta de hechos donde transcurre la vida. AN es un contador de universos porque se supo espíritu, afán creador.

 

AN escribe para sí mismo y para los otros. Los otros que ahora somos nosotros, porque ningún escritor escribe para sí solo. El escritor inventa su pasión, forzado por la exigencia del llamado humano que adopta el aspecto de necesidad de ser realizado. ¿Podía no escribir AN? No, porque se había inventado a partir del sentido de la escritura, nudo que ata la circunstancia personal y social y, al mismo tiempo, desata otros nudos donde se hace asequible lo antes cerrado. Así AN inventó un destino al que acabó venciendo.

 

Porque hoy, AN triunfa desde la escritura de lo pequeño, de lo banal, de lo sensible, de lo no importante. Su escritura traza su cárcel de circunstancias: ellas son las que exigen el cumplimiento de determinada mirada liberadora porque la determinación histórica es más constreñida que la designación individual con que el escritor la traduce hasta nosotros.  Esta elección del destino es más enigmática cuando la mirada traza como límite la intimidad y dentro de ella se consuma el drama, la decisión y la libertad. Desde eso íntimo y personal se lleva a lo histórico, a lo que trasciende.

 

AN vuelve a nosotros desde el pensamiento del eterno retorno donde todo está destinado a transcurrir:

 

¡Efímera humanidad! Si hay algo en ti que no muera, ¡con qué ironía debe mirar más tarde, ese algo inmortal, tu agitado paso por la tierra, en pos de un ideal que, como Apolo ante Héctor, burla siempre tus esfuerzos!” … Pero no dejemos oír el eco funeral de lamentaciones que no bastarán ¡Ay! a animar como soplo de vida el cadáver que la tierra estrecha ya entre sus brazos húmedos, para operar en él la eterna transformación que es una de las leyes de la materia vil” (Notas ligeras, 1894:243).

 

Los años de su infancia, en Tepic, los extendió a todos los lugares en los que vivió. Del 27 de agosto de 1870 cuando nació, al 24 de mayo de 1919 cuando murió en Montevideo, Uruguay, AN trasladó su mirada de la orilla del río Mololoa donde atrapaba peces y renacuajos a la orilla del Río de la Plata donde el siglo XX se abría paso. Es sintomático que hoy, el Hotel del Parque, donde AN murió, sea el edificio que alberga al MERCOSUR, la propuesta de integrar al cono sur latinoamericano en un bloque económico. El intercambio comercial, la economía de servicio y el desarrollo industrial marca la fisonomía de Montevideo, ciudad cosmopolita, último hogar de AN, donde parece que la poesía tiene escasa cabida. Pero un taxista me llevó a la calle llamada AN y pudo decir, de memoria, algunos versos. Las librerías de Montevideo ofrecen sus libros en distintas ediciones, los planes de estudio de las escuelas de Uruguay aún obligan a aprender a AN. Dije al taxista que yo venía de la ciudad donde AN había nacido y el señor creyó que del Distrito Federal. Para qué explicarle que una pequeña ciudad en el Occidente del país era el lugar del nacimiento de un escritor tan fiel a sí mismo y por ello, tan claro.

 

El argentino Eduardo Talero dijo de Nervo

 

“¿Cómo recompensar al gran poeta por el inefable bien que sus poemas hicieron y seguirán haciendo en el cultivo de nuestra espiritualidad? ¿Adquieren mayor reconocimiento quienes aumentan riqueza, ciencia, libertad de un pueblo, que quienes le enseñan a odiar el odio y a enamorarse del amor?” (Yañez, 1992)

 

Cuando Amado Nervo murió, era ya completamente feliz, (dice Alfonso Reyes). Había renunciado a casi todas las ambiciones que turban la serenidad del pobre y del rico. Como ya no era joven, había dominado esa ansia de perfeccionamiento continuo que es la melancolía secreta de la juventud. Como todavía no era viejo, aún no comenzaba a quedarse atrás y gustaba de todas las sorpresas de los sucesos y los libros: aún amanecía, cotidianamente, con el sol. Estaba en esa edad usual que ya no se ve ni se distingue, cuando ya no duele el sentimiento del yo. Por eso había logrado también dos grandes conquistas: divertirse mucho con sus propias ideas en las horas de soledad, y divertir mucho a los demás en los ratos de conversación y compañía” (Reyes, 1920)

 

Si se leen con acuciosidad sus crónicas, retratos, ensayos y cuentos, nos sorprenderemos de cómo AN llevaba la infancia en su corazón vinculada a esta pequeña ciudad que hoy lo recuerda.  Partió de aquí y se fue al mundo. El mundo fue su condición de privilegio para la búsqueda de un saber escritural donde encontró un lugar propio, una sede desde la cual vivir.

 

Hoy lo recordamos como escritor total en su propia voz. He seleccionado el siguiente fragmento de un relato:

 

San Isidro es uno de mis conocidos y amigos más viejos. En mi niñez recurría yo frecuentemente a él, en verso, pidiéndole que “mandara la lluvia para que no hubiese escuela”.

 

Afortunadamente, el santo no me hizo caso jamás.

Las criadas de mi casa habíannos enseñado a mis hermanos y a mí a rezarle a San Isidro, en los siguientes términos: para no ir a la escuela:

 

San Isidro Labrador;

pon el agua y quita el sol

 

Esto lo gritábamos en el patio, a fin de que, a cielo abierto, nuestra súplica llegase más pronto a los oídos del santo. El admirable dístico, merced a una sencilla alteración de forma, podía expresar una petición absolutamente contraria a la anterior, a saber:

 

San Isidro Labrador,

quita el agua y pon el sol.

 

Excusado es decir a ustedes que esta segunda plegaria se la dirigíamos no para que el tiempo nos permitiese ir a la escuela, sino para que nos permitiese ir a paseos en los días de fiesta.

Como se vera, pues, habíamos hecho del buen santo un patrono de la haraganería” (La gran romería, 1906).

 

Hoy recordamos esta infancia de Nervo, en su Tepic natal, porque al final de cuentas, con los ojos de la infancia observó la vida. 

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, agosto 26 de 2024

Socióloga. Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 



[1] Investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit lpacheco@uan.edu.mx

martes, 20 de agosto de 2024

55 años de la Universidad Autónoma de Nayarit

Pensaba que un Ingeniero Pesquero

podía aplicar los estudios,

los conocimientos,

 para multiplicar la riqueza de los esteros

 

Julián Gascón Mercado. 1985

 

No pretendo hacer loas acríticas a la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) en el aniversario 55. Tampoco me sumo a las diatribas fáciles con que se sataniza a las autoridades por el funcionamiento de la Universidad, sobre todo, por la falta de pago oportuno de la primera quincena de agosto.

 

Lo que pretendo es una reflexión que pueda contribuir al momento contemporáneo con la finalidad de circular ideas sobre la institución de educación superior más importante del Estado de Nayarit. En primer lugar, diré que la UAN ha tenido una evolución desde su fundación, como universidad de estado, hasta una institución autónoma; lo que ha significado: a) diseñar una estructura específica para impartir educación media superior, superior y de posgrado, realizar investigaciones científicas y crear cultura; además de difundirla y realizar extensión social, b) diseñar órganos de gobierno autorregulatorios, capaces de mantener la estabilidad al interior de la UAN, c) realizar cambios de autoridades dentro de la legalidad, lo que da soporte institucional.

 

En segundo lugar, diré que la UAN es una institución que depende financieramente de los recursos públicos, lo que significa que no hay, ni podrá haber, autonomía financiera; esto último es una característica de las universidades privadas que son empresas en el rubro de la educación. Por ello, son las políticas de asignación de recursos las que determinan montos, periodos y alcances de las finanzas hacia las universidades públicas autónomas. Las políticas de financiamiento a las Instituciones de Educación Superior (IES), dependen de una complejidad de factores, entre ellos, la importancia que se asigna a la universidad pública en cada sexenio; el apoyo o no a grupos políticos de facto al interior de cada IES. Además, de lo que cada grupo gobernante, en los diversos sexenios, pretende que las universidades ejecuten parte de sus metas de gobierno, dentro del la lógica del dinero: “el que paga, manda”.

 

Porque las políticas de financiamiento tienen rostro. No son decisiones que se toman de manera abstracta por lógicas implacables o algoritmos. Se trata de personas con sus propias ideas de lo que debe ser una universidad determinada. Los recursos públicos, entonces, se utilizan para castigar o para premiar. Porque en nuestro sistema de gobierno los gobernantes se crean la ilusión de que ellos “otorgan favores” a las instituciones universitarias, cuando lo que realizan es un uso discrecional de los recursos públicos.

 

Es cierto que las universidades han sido utilizadas como botín por diversos grupos, pero ello ha sido parte de las complicidades entre las estructuras del sistema político y las de la propia universidad. La mayoría de quienes formamos parte de las comunidades académicas somos ajenos a tales prácticas.  

 

En tercer lugar, el destino del financiamiento está determinado por cuestiones internas a la propia universidad: 1) las necesidades básicas de la institución como pago de nómina y de servicios como luz eléctrica y servicios de agua; 2) la creación de infraestructura, la habilitación del profesorado y los asuntos que deben ser atendidos: por la institución, jerarquizado en cada periodo rectoral: reforma a la educación media superior, renovación de la planta académica, impulso al posgrado, profesionalización del funcionariado, formación en medio ambiente, construcción de igualdad, creación de bibliotecas, responsabilidad social, etc.

 

Un aspecto crucial son los compromisos que la UAN, como institución, ha creado con organismos externos como el Instituto Mexicano del Seguro Social, la Comisión Federal de Electricidad, el Sistema de Administración Tributaria, etc., y también, con organizaciones internas, como los sindicatos o el personal jubilado. Problemática que comparte con otras instituciones, como los ayuntamientos.  

 

Ahora bien, en términos de pagos, la UAN, como otras instituciones, atiende lo urgente, no siempre lo necesario. Y sabemos que lo urgente es el pago de nómina. Así que se tienen que garantizar los recursos suficientes para que, quincena tras quincena ese pago esté asegurado. Con ello, se construye normalidad; una normalidad que se convierte en condición de posibilidad para que todas las metas y compromisos de la UAN se fragüen. En caso de incumplimiento de pago, se inician movimientos que pueden terminar en una crisis aguda de la institución, lo que no ha ocurrido en los últimos tiempos, puesto que las organizaciones internas sindicales contribuyen a que ello no suceda; junto con un desánimo de trabajadores, vinculado a la falta de formación sindical, la carencia de liderazgos y, sobre todo, a una desvalorización de la fuerza de trabajo relacionado con la amenaza de despidos, cierre de la institución, etc., que atraviesa la fragilidad del trabajo en esta segunda década del siglo XXI.

 

La UAN no se puede analizar por partes ya que se trata de un organismo complejo, donde las diversas estructuras están interrelacionadas. Así, la reforma académica no pudo llevarse a cabo si no se emprendía una reforma política basada en la renovación del funcionariado, la observancia de la legalidad, el abandono de prácticas depredatorias, la eliminación de liderazgos tradicionales -que, como dije, fueron funcionales al sistema político-. Como muestra están los grupos y líderes que monopolizaron los cargos de representación al interior de la UAN, ocuparon diputaciones, fueron candidatos a cargos públicos, etc.

 

Hoy la UAN cumple 55 años, es el tiempo de regresar al origen mismo de la universidad: generar conocimiento para construir una sociedad justa; generar conocimiento pertinente para el contexto. El Dr. Julián Gascón Mercado lo expresaba diciendo que esperaba que la universidad creara “una variedad Tuxpan de tabaco” (Entrevista en Convergencia, no. 3, revista de la UAN, enero-junio 1985), Pero ni la sociedad es la misma de hace 55 años ni el conocimiento se construye de la misma manera. Lo que sí permanece es la necesidad de construir conocimiento situado con esos mismos campesinos, que seguramente ya no buscarán una variedad Tuxpan para seguir siendo productores exitosos de la costa, pero sí nuevas técnicas y formas de agrupación que les puedan proporcionar novedosas formas de producción a fin de enfrentarse a las nuevas desigualdades e injusticias, que esas sí, no desaparecen: se transforman y agudizan.  

 

La universidad debe generar conocimiento de alto rigor científico en permanente diálogo y colaboración con saberes de grupos sociales, de pueblos nativos, de mujeres sabias, de poblaciones en movilidad; reconocer los múltiples lugares donde se generan conocimientos para la vida. Lejos de auspiciar conocimiento para la ganancia, se trata de generar conocimiento para contribuir a mitigar y erradicar las desigualdades, las violencias, promover el acceso a derechos y contribuir a resolver problemas contemporáneos y, como dice el Dr. Julián Gascón Mercado “aplicar los estudios, los conocimientos para multiplicar la riqueza de los esteros” y así encaminarnos a una sociedad que procure la vida digna de la colectividad.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 21 de agosto de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 13 de agosto de 2024

Rosario Castellanos, la narradora del Chiapas interior

El dios de los hombres blancos 

es un dios vengativo.

Dicen que los que ven su cara

caen muertos.

 En cambio, el dios de los indios

 es una piedra.

Una piedra que duerme en la montaña

y no daña a nadie.

 

Rosario Castellanos. Ciudad Real (1960)

 

La primera novela de Rosario Castellanos, Balún Canán (1957) inicia: “Mi nana dice que no debo jugar con los niños de la cocina. Dice que se me puede pegar algo. Yo no entiendo qué se me puede pegar. Porque la nana misma dice que las enfermedades se pegan y los niños de la cocina no están enfermos.”

 

La segunda novela Oficio de Tinieblas (1962) inicia: Aquí estoy, llamándote. Vuelve los ojos a mí. Tú, el que eres, el que vive y reina. Ten misericordia de nosotros.

 

La tercera novela de la autora, Rito de iniciación, publicada póstumamente en 1997, inicia: “Primero, todo está oscuro y callado Después, alguien enciende la luz y yo no puedo permanecer en mi cuarto. Tengo que incorporarme, que ponerme de pie, que calzarme y vestirme a toda prisa porque mi madre me espera y con ella, mi destino.”.

 

En estos tres párrafos iniciales de la narrativa literaria de Rosario Castellanos, encontramos las voces de una niña, en Balún Canán; de un indígena en Oficio de Tinieblas y de una joven mujer en Rito de iniciación. Con ello, quiero señalar la intención de RC de dar voz a quienes han sido colonizados porque tanto la niña, como el indígena y la mujer joven, son sujetos convertidos en silencios en medio de sociedades que los oprimen y los convierten en no personas.

 

Las niñas, las mujeres, los jóvenes, los indígenas, son los borrados dentro de la cultura de la dominación. Por eso, al arrebatarles la voz, se les exilia al lugar de la inferioridad.  

 

Rosario Castellanos va más allá de simplemente otorgarles voz: les otorga el silencio, ese silencio generador de mundos donde habitan porque la lengua española es la que vehiculiza las leyes del dominador; es la lengua en la que se expresa la autoridad de la razón. En cambio, las lenguas indígenas en este caso, el tzotzil, tojolabal, chamula y lacandona, entre otras, son las lenguas silentes, las que necesitan callar para poder escucharse, las que se expresan a través de los sueños y los silencios.

 

Aunque niñas, indios y mujeres han sido convertidos en inferiores, sus voces se convierten en murmullos. En susurros dichos entre ellas mismas o vertidos en oraciones a sus dioses antiguos como suspiros, como alientos apenas; murmullos para desatar el nudo de palabras no dichas y, por lo tanto, contenidas en un discurso ahogado.  

 

En esos silencios se agolpan las esperanzas no dichas, los cantos de la tribu, el pasado abolido del nosotras. Ahí también se encierran las profecías de los antecesores. De ese silencio se levanta la sospecha, la insurrección: la sospecha de que la autoridad del ladino es una mera estratagema para someterlos; la insurrección para reclamar lo perdido.

 

Las voces dadas por Rosario Castellanos a los inferiorizados no son palabras de la razón. Porque en la razón del ladino, de la autoridad, ellos no pueden expresarse. Son voces del deseo de existir de otra manera, como si el lenguaje de los inferiorizados tuviera que inventarse para poder existir; es más un deseo de pronunciación, de cambiar las condiciones mismas de quien habla.

 

“En este papel que habla se consigna la verdad. Y la verdad es que todo este rumbo, con sus laderas buenas para sembrar trigo, con sus pinares que han de talarse para abastecimiento de leña y carbón, con sus ríos que moverán molinos, son propiedad de don Diego Mijango y Orantes…Así que tú Juan Domínguez Ventana o como te llames, estás sobrando, estás usurpando un lugar que no te pertenece y es un delito que la ley persigue. Vamos, vamos, chamulas. Fuera de aquí (Ciudad Real, 1960).

 

RC revela la injustica de los dominadores donde quiera que mire: en la sociedad mestiza, en la familia o en las comunidades indígenas. Lejos de construir una mirada idílica sobre los pueblos indígenas, la niñez o las mujeres, descubre la injusticia donde quiera que sea o, más bien, devela las relaciones de poder que atraviesan las diversas relaciones sociales, así sean íntimas o no tanto.

 

RC fue partidaria de la libertad al mostrar la esperanza que anida en los grupos subordinados. Sus letras revelan el anhelo de buscar otra forma de ser.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de agosto de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

 

 

jueves, 25 de julio de 2024

Portar la insignia

Dios puso una marca en Caín 

para que quien quiera

 que se encontrara con él,

no lo matara

 

La Biblia. Génesis.

 

¿Por qué los seguidores de Trump se vendaron la oreja en los mítines de apoyo al candidato? Porque ello significa pertenencia al grupo. Se trata de una insignia de identidad que otorga valor a quien la porta.

 

Las insignias son eso, distinciones para salir del anonimato y entrar a otro anonimato. Se sale de la masa, de la muchedumbre para entrar a formar parte de un grupo que se adhiere a principios específicos; se identifica con quienes persiguen los mismos ideales; se señala la pertenencia.  

 

Las marcas están establecidas en la Biblia como señales para matar, para castigar, para diferenciar. Veamos el siguiente pasaje del Éxodo:

 

“Echen la sangre del cordero en una vasija, tomen luego unas ramas de hisopo y unten con ellas la sangre en los marcos de las puertas de sus casas. Después de esto, nadie deberá salir de su casa hasta el día siguiente. Así, cuando nuestro Dios recorra el país para quitarles la vida a los hijos mayores de los egipcios, verá la sangre en los marcos de las puertas y pasará de largo. Dios no permitirá que muera ninguno de ustedes” (Éxodo 12:22-23).

 

La marca, en el Éxodo, libera de la muerte porque aquellas casas que la tenían no sufrirán la venganza de Dios quien matará al hijo primogénito, claro, de los egipcios.

 

Desde entonces, las marcas se han sucedido como símbolos de pertenencia a determinados grupos. La esvástica del nazismo, la cruz del cristianismo, el pañuelo verde de quienes apoyan el aborto legal.

 

Todas las insignias nos atrapan en la experiencia fascinante de lo que no se agota en lo real, de lo que se desea.

 

La insignia como tal no tiene que explicarse porque entonces se pierde el significado y se divaga porque la insignia es, en sí, una superstición que se desliza hacia lecturas que atrapan los deseos; se deja arrastrar la conciencia hasta el lugar de lo que se afirma. La insignia, en sí, el lugar de llegada; es la propia seguridad.

 

Se nos hace absurda la actitud de los seguidores de Trump porque se muestran fanáticos, seguidores sin conciencia crítica. Sin embargo, este adornarse el cuerpo con la venda, expresa la necesidad de una causa para vivir y, tal vez, morir.

 

Si lo vemos como parte de los absurdos de la sociedad digital que incorpora la política estereotipada, los diálogos de necios, el uso recurrente de los sinsentidos, entonces daremos cuenta del resultado de la combinación de elementos para producir una farsa hilarante. Vemos que regresamos a un lugar de lo onírico donde la insignia denomina el significado, puesto que conduce lo real a lo simbólico.

 

Estamos en presencia de la farsa, del carnaval, donde el disfraz es indispensable para actuar en los mítines. Aquí, la promoción del absurdo al rango estructurante de la política se convierte en la textura dominante de un espacio de por sí, cargado de calificaciones. La farsa construye el discurso, se convierte en su despliegue cuando los seguidores aceptan aparecer en público con la venda como insignia.

 

Vemos claramente el ridículo en los seguidores de Trump, porque la materialidad de la insignia nos parece banal. Sin embargo, todas las insignias tienen esa característica: nos marcan como acólitos de una iglesia, militantes de un partido, integrantes de una escuela, activistas de un movimiento.

 

Porque la insignia funde dos dimensiones, al menos: la dimensión ficcional (que puede desaparecer si me quito la insignia) y la dimensión real donde actúo, donde está mi contexto y donde me vinculo con los otros, que, como yo, portan la marca, porque la insignia me suma a los otros, me registra como parte de los mismos y me introduce al testimonio.

 

Ahí pertenezco, a ese grupo pequeño o grande que me arrastra, donde floto en una nueva masa que me conduce por vericuetos donde espero sobrevivir, con tal de estar con los otros, como única posibilidad de valorarme.

 

 Porque la insignia marca esa necesidad de pertenecer inherente a lo humano. Mendigamos la ocasional migaja de la pertenencia.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 26 de julio de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

lunes, 15 de julio de 2024

Casarse con robot de Inteligencia Artificial o el regreso de Galatea

Entre tanto, con técnica admirable

esculpió con éxito un mármol blanco

como la nieve y le dio una hermosura

con la que ninguna mujer puede nacer

y se enamoró de su obra.

 

Ovidio. Metamorfosis.

 

Había una vez un rey, en Chipre, llamado Pigmalión. Muy temprano se desencantó de las mujeres debido a las Propétidas que se atrevieron a negar la divinidad de Afrodita y se prostituyeron. Pigmalión decidió no casarse hasta encontrar una mujer bella y virtuosa, la mujer perfecta. Desde luego, no la encontró entre las mujeres realmente existentes, pero se dedicó a realizar esculturas de mujeres. Se enamoró de una de ellas, a la que denominó Galatea “la viste y la adorna de anillos y collares y zarcillos y cintas: todo le queda bien. Y tan hermosa como vestida, aparece desnuda y la llama esposa…” (Ovidio, Metamorfosis, capítulo X). Era tal su pasión por la estatua que le pidió a Afrodita, diosa griega del amor y la belleza, que la convirtiera en humana.

 

La lleva a su lecho, la besa, la viste y la desviste, se fascina antes los ojos que él mismo robó al mármol. En la hora azul le dice palabras de ternura y en la tarde húmeda quedará absorto con la blancura, con la corriente de aire que viaja por su boca.

 

Cada vez con mayor frecuencia tenemos acceso a noticias de que diversas personas se casan con robots diseñados con inteligencia artificial. No todos los robots son elaborados por quienes se casan con ellos, pero sí pagan cantidades considerables de dinero para conseguir a la mujer de sus sueños o al hombre que desean.

 

Actualmente circula en redes el caso de Rosanna Ramos, una mujer que se casó con Eren Kartal, creado por Inteligencia Artificial, a través del software de IA Replika. De la misma manera se tiene a la artista española Alicia Framis, primera mujer en casarse con un holograma, creado por ella misma (https://es.euronews.com/2023/12/17/la-artista-espanola-alicia-framis-la-primera-mujer-en-casarse-con-un-holograma).  

 

En 2018 conocimos la noticia del japonés Akihiko Kondo quien se casó con un holograma de Miku Hatsune, por lo que se convirtió en la primera persona que se casó con una muñeca artificial. Después, las noticias se sucedieron hasta que poco a poco deja de ser tema espectacular para pasar a formar parte del anecdotario de la sociedad mundial digital.

 

Galatea tiene que ver con el deseo, pues es una criatura que nace como una joven capaz de satisfacer el deseo sexual de Pigmaleon. No es la única que nace adulta, sino que Palas Atenea surgió de la cabeza de Zeus como una joven con la virtud de la razón. Galatea solo tiene la obediencia y la sumisión puesto que su origen es el mármol, piedra vítrea asociada con el lujo, pero no con lo humano. Al estar destinada a satisfacer el deseo de Pigmaleón se convierte en una criatura destinada a obedecer y satisfacer el deseo de él, como los robots u hologramas de la era digital.


¿Por qué son perfectas y deseadas estas criaturas robot, estas criaturas holograma, las estatuas, los maniquís? Quizá porque carecen de historia, de infancia, de pasado, de parentesco. Carecen de los defectos de las mujeres reales (o de los hombres en los hologramas masculinos) y como en Frankestein, tienen una lealtad a su creador.

 

Estamos ante el regreso de los Pigmaleones, enamorados de sus propias obras inertes y de las nuevas Galateas, mujeres de la satisfacción del deseo. Los Pigmaleones compiten con Dios en crear seres, pero a diferencia de éste, las obras creadas no son “a su imagen y semejanza”, sino la figura de la mujer (u hombre) ideal para el deseo sexual.

 

Ya Serrat nos había enseñado a cantar el amor de un hombre enamorado de un maniquí, como reacción a las mujeres que le arañaron el corazón, en Cartón Piedra:

 

Era la gloria vestida de tul

con la mirada lejana y azul

que sonreía en un escaparate

con la boquita menuda y granate

Y unos zapatos de falso charol

que chispeaban al rose del sol.

 

Limpia y bonita siempre iba a la moda

arregladita como pa`ir de boda

 

y yo, a todas horas la iba a ver

porque yo amaba a esa mujer

de cartón piedra…

 

No era como esas muñecas de abril

que me arañaron de frente y perfil

que se comieron mi naranja a gajos

que me arrancaron la ilusión de cuajo…

 

El mito de Pigmaleón y Galatea también puede pensarse como una metáfora de la acción del deseo sobre lo inerte. En este caso, la mujer sería lo inerte, la que carece de deseo, por lo que es el deseo del hombre quien ablanda la piedra hasta que la convierte en ser sintiente.

 

La mujer perfecta para el ideal masculino consiste en la belleza y la sumisión. Estos partos masculinos conducen a crear cuerpos para su deseo; presencias físicas sin alma, sin proyecto de sí, ni libre albedrío ni esperanza.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 16 de julio de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 8 de julio de 2024

El primer voto de las mujeres no fue el 3 de julio… en Nayarit

No olvidéis, jamás, 

que bastará una crisis política,

económica o religiosa

para que los derechos de las mujeres

 vuelvan a ser cuestionados.

Estos derechos nunca se dan por adquiridos,

debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida

 

Simone de Bauvoir

 

Se considera el 3 de julio de 1955 como el Día de la Emisión del voto femenino porque ese día las mujeres mexicanas sufragaron por primera vez en una elección federal. Sin embargo, la primera elección en que participaron las mujeres nayaritas, después del 17 de octubre de 1953, fecha en que se reconocieron los derechos político electorales de las mujeres, fue la que ocurrió el 7 de noviembre de 1954 en la que se eligió diputado por el Primer Distrito, que comprendía los municipios de Tepic y Jalisco y presidente municipal para el Ayuntamiento de Tepic. Los candidatos, respectivamente, fueron Fernando Álvarez Rodríguez y Alberto Medina Muñoz. Sobre la participación de las mujeres en las elecciones, El Nayar del lunes 8 de noviembre dice:

 

El sector femenino, en su primera prueba ciudadana, ejerció sus derechos cívicos de manera parcial. Votaron solo las sindicalizadas, y en parte porque las empleadas del Gobierno no fueron vistas. La mujer aristócrata y de mejores recursos económicos también brilló por su ausencia… En la casilla número 1, la votación arrojó el siguiente resultado: PRI 477 y PP 1, que emitió una exigente mujer.”

 

Es interesante observar que el único voto emitido en contra fue de una “exigente mujer”. No sabemos su nombre ni las razones para votar en contra de los candidatos oficiales, pero sí quiero resaltar el hecho de que la primera vez que las mujeres votaron en Nayarit, al menos una, marcó la diferencia.

 

Un año antes, cuando se aprobaron los derechos político electorales de las mujeres, se pensaba que el derecho reconocido era solo a votar, lo cual harían las mujeres, de vez en vez.  Se tenía que argumentar que el voto no les quitaría feminidad a las mujeres, porque votar

 

“…no hará de la mujer un ser monstruoso ni mucho menos…el derecho político femenino no ha entrañado pérdida de feminidad, ni trastorno social. Han seguido siendo varones los que, por una mayor vocación social, han tenido en sus manos, y siguen teniendo, la dirección de la cosa pública…El hecho de que las mujeres vayan a votar, -lo que no ocurrirá sino muy de vez en vez- no será obstáculo para el cumplimiento de sus deberes de familia” (Carlos Alvear, “A propósito de la política”, El Nayar, 21 de octubre de 1953).

 

Después de diez años del reconocimiento del voto, se eligió a la primera diputada en Nayarit: María Isabel Herrera Lara, quien fue diputada en 1963 en el sexenio gubernamental de Julián Gascón Mercado. Un año después, en 1964, Marina Núñez Guzmán se convirtió en la primera diputada federal.

 

El ritmo de la democracia en México no permitía la participación de las mujeres en ámbitos de decisión acorde a la presencia de las mujeres en la sociedad. Por ello, a partir de la década de los 70´s se adoptaron medidas afirmativas como las cuotas primero, y la paridad, después, para acelerar la participación de las mujeres en las decisiones públicas, porque, de no hacerlo, la democracia solo representaba los intereses del colectivo masculino. Las mujeres tenían que entrar en masa a las asambleas legislativas para que su presencia fuera significativa; ello tenía su fundamento en que, de acuerdo a diversos estudios, se necesitaba una participación superior al 30% para que las mujeres tuvieran una influencia real en la toma de decisiones públicas, lo que impactaría en las medidas para la construcción de igualdad.

 

Sin embargo, la realidad suele ignorar las teorías y aún más, establecer sus propios axiomas porque es cierto que las mujeres incrementaron su presencia en los órganos de gobierno, sobre todo, en las asambleas legislativas donde establecieron agendas de género impensadas hasta esa fecha, pero de ahí a afirmar que han conseguido un mayor poder político para el colectivo de mujeres, hay una distancia considerable.

 

Lo que es innegable es que las medidas afirmativas (a través de la judicialización para lograr su cumplimiento), llevaron a las mujeres a acceder a puestos de poder; el reto hoy es lograr una real influencia en las decisiones públicas.

 

Las mujeres hoy ocupan cargos de relevancia en los tres poderes del estado mexicano, sin embargo, siempre debemos preguntarnos ¿tienen poder las mujeres en el poder? Quizá el problema sea que llegan mujeres de manera individual, cuando de lo que se trata es de conseguir poder como colectivo.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de julio de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

viernes, 28 de junio de 2024

100 años de la escuela primaria Amado Nervo

A la salida de la Escuela

el día iba subiendo

 mientras los rayos dorados de la vida

subían sin queja.

 

LCPLdG

 

Íbamos a la escuela llevando la infancia a cuestas. En el frontispicio del edificio de la escuela primaria Amado Nervo (AN), en el centro de Tepic, los constructores esculpieron “1924” como huella de su quehacer, pero a nosotras, esa fecha nos quedaba muy lejos. Era la década de los sesenta cuando las niñas íbamos a escuelas de niñas y los niños iban a las suyas.

 

Durante el transcurso de mi educación primaria (1960 a 1966), las maestras se sucedieron con sus voces firmes y sus perfumes suaves:  Guadalupe Zavalza en primer año; Camerina Becerra, en segundo; Angelina Escudero, en tercero y cuarto; Noemí Valle, en quinto y Catalina Romano, en sexto. Las recuerdo precisas, seguras, guapas, inteligentes, con zapatillas; alentadoras de las niñas. Ellas hicieron que tuviéramos horizontes para convertirnos en médicas, maestras, ingenieras, abogadas.

 

De las 9 a las 13 horas estudiábamos Aritmética y Geometría, Lengua Nacional, Escritura, Estudio de la Naturaleza, Geografía, Civismo e Historia. Por la tarde, de 15 a 17 horas nos enseñaban canto y costura. Hacíamos caligrafía y a veces, repasábamos algunas lecciones que quedaban atrasadas. Las niñas éramos encaminadas a tener destrezas que nos servirían en el hogar cuando fuésemos adultas, pero también se nos alentaba para ser profesionistas en otro sentido de la vida. Las maestras eran el ejemplo, el discurso alternativo a las madres que quedaban en casa en su olor a leche hervida.

 

Mis hermanas y yo fuimos parte de la primera generación de alumnas que utilizamos libros de texto gratuitos; esas maravillas impresas donde el Estado mexicano plasmaba la ideología de lo que deseaba para futuros ciudadanos y para las mujeres que formarían hijos para la Patria. Los libros de texto gratuito fueron la primera biblioteca en la mayoría de los hogares mexicanos. Abríamos el libro de lectura de primer año para leer los versos:

 

Yo adoro a mi madre querida,

yo adoro a mi padre también.

Ninguno me quiere en la vida

como ellos me saben querer.

 

quizá el primer poema que niñas y niños de todo el país aprendimos; desde luego de Amado Nervo. Después vendría el poema de Gabriela Mistral:

 

¿En dónde tejemos la ronda

la haremos a orillas del mar?

El mar danzará con mil olas

haciendo una trenza de azahar.

 

Durante el año esperábamos el homenaje luctuoso a Amado Nervo que se llevaba a cabo el 24 de mayo, en el aniversario de la muerte del poeta. El acto central era el de un declamador, quien, de rodillas, declamaba versos de La Amada Inmóvil ante una mujer acostada envuelta en una sábana. Las niñas nos impresionábamos porque a la obscuridad de la noche se agregaba el vuelo de murciélagos que salían de sus escondites para, confundidos, revolotear sobre nuestras cabezas. El acto terminaba cuando todas entonábamos el himno al poeta: “Entonemos un canto al amado/de las musas que al cielo voló…”, el cual era ensayado por el maestro Pablito.

 

El patio era el lugar de socialización. Ahí jugábamos matatena, la cuerda, las encantadas. Ahí también se realizaban los honores a la bandera los lunes; entrenábamos las clases de educación física para el desfile del 20 de noviembre y los bailables para las fechas conmemorativas. En el patio podíamos conversar con muchachas más grandes, que nos abrían la visión del mundo más allá de nuestra edad y, también, ver a las maestras que no nos daban clase y pensar ¿cómo será su trato, su voz modulada, sus gestos?

 

Los salones se sucedían alrededor del patio, los grados escolares se organizaban en el orden de las manecillas del reloj. Iniciábamos primer año a la izquierda y terminábamos en el último salón de la derecha, junto a la puerta.

 

Aprendimos a hacer guardias, a cuidarnos unas a otras. La reja se cerraba, pero siempre había comisiones para que nadie saliera de la escuela en el horario escolar.

 

La maestra del primer año me seleccionó para leer en el homenaje de los lunes. De ahí para adelante, aprendí poemas de memoria para declamarlos en los eventos escolares. Ahí sentí la vibración de poemas como Destino de AN:

 

Destino, dime dónde, cómo, cuándo…

¡Considera que un alma está esperando!

Considera su angustia, considera

todo el desesperar de quien espera.

 

Mis hermanas me escuchaban memorizarlo por la casa y le agregaban: a qué hora, con quién, etc.

 

La infancia transcurrió entre la escuela y el camino a casa. Las compañeritas iban quedando en sus hogares porque nos acompañábamos las que llevábamos el mismo rumbo. Dejábamos que el aroma del pizarrón nos encaminara a casa; la vida se asomaba y la escuela seguía ahí, entre nosotras, como hasta hoy.

 

La escuela se nos convirtió en alas.

 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 28 de junio de 2024.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx