martes, 10 de septiembre de 2019

La democracia emocional

Hay mucha gente en el mundo,
pero todavía hay más rostros,
 pues cada uno tiene varios.

Reiner María Rilke

¿Se siente usted “amenazado” cuando se acerca una persona pordiosera a pedirle algo? ¿Se indigna ante la Casa Blanca de Peña Nieto? Bienvenido, está usted en la democracia emocional.

Nos dijeron que la democracia era el lugar de la razón, la conciliación, la negociación, pero resulta que en la parte más racional de la democracia se encuentran las emociones. Nadie gana ninguna campaña electoral exponiendo la fría exposición de razonamientos, por el contrario, las grandes campañas mediáticas a las que asistimos en el siglo XXI son las campañas donde se movilizan las emociones: el miedo en las campañas de Trump, la repulsión en la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

El miedo ha sido el principal factor de movilización de la sociedad estadounidense: el miedo a la invasión de los bárbaros del sur que, sintetizados en los mexicanos traficantes y violadores han dado cobijo a la latinidad más abajo del río Bravo. Esa es la apuesta de Trump ante la carencia de razones para gobernar. Su miedo protege a un imaginario mundo blanco del arrasamiento de las hordas hablantes de español, supersticiosas y taqueras.

Andrés Manuel López Obrador ha puesto en el centro de su democracia el sentimiento de repulsión. En primer lugar, repulsión a la corrupción y en segundo lugar, repulsión hacia los ricos y según él, al séquito que los apoya: periodistas e intelectuales fifí, enemigos del pueblo.

Se pensaba que el camino hacia el progreso estaba pavimentado de razón, adhesión a ideales de libertad y a la construcción de una sociedad igualitaria. En ese camino no había lugar para la irracionalidad o la emoción, pero precisamente el uso de las emociones hizo triunfar al nazismo en Europa y los fascismos latinoamericanos.

Hoy, las democracias contemporáneas son totalmente emocionales sin que un principio de racionalidad pueda advertirse en ellas. O tal vez, el principio de racionalidad sea conservar lo que se pueda ante la crisis que apabulla al mundo. La democracia está pensada para momentos de estabilidad, pero el binomio crisis financiera más democracia se convierte en una bomba de tiempo que solo se puede superar aliviando las tensiones emocionales de la población.

¿Por qué la democracia de hoy plantea la repulsión a los ricos? Porque se asume la posición de ser no rico y de que toda riqueza, en el fondo, es mal habida, es una expropiación a los pobres.

En sentido inverso, Trump proclama una repulsión a los pobres bajo la figura de los inmigrantes porque él se asume en el lugar de los ricos. Tenemos así visiones contrapuestas y falsas.

El elogio de los ricos supone que portan la responsabilidad, el buen gusto, el logro de metas, la civilidad, el orden. El elogio de los pobres parte del supuesto que encarnan la vida sencilla, el esfuerzo, la autenticidad, la bondad. Sin embargo, ambas visiones son falsas porque son reducciones de conductas humanas que no derivan de la condición de ser rico o pobre.

El sentimentalismo político hace ganar elecciones. Lo que no sabemos es si logra transitar hacia acciones de gobierno que cambie la situación real de la población. La repulsión exacerbada hacia los ricos está generando un odio de clase que no sabemos en qué acciones concretas puede derivar. El odio hacia los pobres en EU se convierte en asesinatos hacia todos aquellos que sean mexicanos o lo parezcan.

Si bien, la democracia necesita reconocer el papel de las emociones en la ciudadanía, la emoción no surge aisladamente, no se dirige al pobre, al rico, al inmigrante, a los homosexuales por sí sólo. Es necesario que las fuerzas de la política las dirijan hacia aquellos que se quieren ver excluidos de la polis, para quedar solamente “nosotros”, los buenos, porque los buenos siempre somos nosotros, no los otros.


Socióloga de la Universidad Autónoma de Nayarit lpacheco_1@yahoo.com
Publicado en Nayarit Opina el 9 de septiembre de 2019.

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