jueves, 4 de mayo de 2023

Lo que nos duele

El dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces.

 

César Vallejo

 

¿Quién desató la guerra contra los jóvenes? Droga, muerte, desempleo, migración, expulsión, prostitución, violencia, delirio han sido las políticas establecidas para la juventud. Arrojados a su propia suerte, al abismo del camino sin retorno de las drogas, de la deserción escolar, de la migración, despojados de su patrimonio moral, los y las jóvenes caminan por el abismo de la fragilidad durante los años juveniles del peligro.

 

El Estado no se responsabiliza del presente de la juventud porque, en su frivolidad, ve a los jóvenes como amenaza cuando debiera verlos como potencialidades. La capacidad de crítica, de enojo, de descontento, de rebeldía, es atrapada en organizaciones corporativas que desciudadaniza a los jóvenes: les arrebata la posibilidad de pensar por sí mismos, de convertirse en ciudadanos completos para incorporarlos en redes de fidelidades dispuestos a pagar el bono correspondiente para asegurar un lugar en la fila aún cuando sea en los últimos puestos: viciados en el servilismo, en la subordinación, en la disciplinación de la mente, en la corrupción del cuerpo.

 

La juventud es un oro tirado por las cañerías de la corrupción.

 

Me pregunto ¿quiénes fueron los maestros de primaria de quienes asesinan? ¿quiénes los pasaron de curso, les dieron la hoja de buena conducta, los aplaudieron en el desfile? porque seguramente, los asesinos cursaron, al menos, la educación básica. Entonces, ¿qué ocurre con la educación mexicana que genera asesinos? Sin embargo, los planeadores de la educación no se sienten interpelados por ello, como si la educación fuera algo que ocurriera sólo en las aulas. La educación si no es capaz de formar personas creadoras de sociedades pacíficas entonces no es educación. Educación vacía, carnicería de la aritmética, gramática de amputaciones.

 

¿Tienen alguna religión los que matan? Entonces, ¿Cuál es esa religión que permite, perdona, tolera, auspicia a los asesinos? Dioses sedientos de sangre cobran la cuota en la juventud.

 

Siguen desapareciendo día con día. Las jóvenes que desaparecieron hace un año o dos o tres, todavía no aparecen.

 

Nadie se responsabiliza de nada. La clase gobernante, preocupada por mantener el poder del poder, el lugar desde el cual incapacita a la sociedad, establece sus propios discursos autocomplacientes para decirse a sí mismos que hacen todo lo posible pero el monstruo no se vence. Inicia el proceso para elegir autoridades mediante elecciones sobre un país signado por once desapariciones diarias.

 

Crece la desdicha y nos inunda con sus propios líquidos. Nos alcanza en las salas de cine, en la arena de playas soleadas, en el coche lavándose, en los noticieros, a la hora de ponernos la piyama para entrar a la noche. Se mete en nuestras horas de sueño porque asesinan a jóvenes, a niños y nos asesinan la vida cotidiana.

 

Mientras, los frívolos, hablan de democracia.

 

Publicado en Meridiano de Nayarit, Tepic, Nayarit, 5 de mayo de 2023.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

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