martes, 19 de julio de 2022

“Mejor crie puerquitos” o mi historia de la basura

Tanto árbol que planté

cosa que dije

y versos que escribí en la madrugada

 y andarán por ahí como basura

 como restos de un alma

 de alguien que estuvo aquí

 y ya no más

 no más.

 

Idea Vilariño

 

Cuando era niña, se les llamaba basura a muy pocas cosas. Creo que solamente a papel y sus derivados como periódicos u hojas de cuaderno, a lo que ya no se usaban. Lo que hoy se llama basura orgánica, era depositada en un bote especial, el cual recibía el nombre de “bote de los desperdicios”. Ahí estaban los restos de comida, hojas de cebolla, de rábanos; lo que no se utilizaban en la preparación de alimentos.

 

Cada tarde, pasaba una señora -la Señora de los Desperdicios-, tal cual era su denominación, a vaciar el bote, lavarlo y dejarlo listo para la recolección del día siguiente. Era el tiempo en que mi madre tenía un embarazo cada año o cada dos años. Mi madre tuvo ocho hijos más dos abortos. La Señora de los Desperdicios, cada vez que mi madre iniciaba un embarazo, la veía con compasión. Trataba de persuadirla de que ya no tuviera más hijos “mejor crie puerquitos, le dan más ganancia que los hijos. Esos solo traen preocupaciones”. Cada cierto tiempo, la señora le traía a mi madre trozos de carne de cerdo, pues “le tocaba”.

 

Pasaba el niño campanero por las tardes. Caminaba todas las cuadras de la ciudad, -lo que hoy se denomina Centro Histórico-, para anunciar que venía la recolección de basura casa por casa. Así que entregábamos los recipientes de la basura, los cuales eran latas vacías de pintura, manteca o de plano, chiquihuites que forrábamos con periódico; algo que sirviera para ese propósito. Los señores de la basura aventaban los botes vacíos, por lo que teníamos que apresurarnos para recogerlos antes de que se desbalagaran.

 

Era el tiempo donde el azúcar se vendía en papel de estraza y en un traste comprábamos la manteca. Mi madre llevaba su canasta de mimbre para traer el mandado. Los jitomates eran acomodados arriba de todo por su fragilidad de princesas rojas.

 

En verano, íbamos a visitar a los abuelos a la Ciudad de México. Allá, llegaban los de la basura directamente a cada departamento a tocar por la basura. Mi abuela les daba algo de comer -una quesadilla, una pieza de pan- al mismo tiempo que les entregaba la basura. Algunos vecinos, al amparo de la noche, la aventaban a la calle desde los balcones, para no darles dinero o algo de comer. Gritaban ¡basuuuura!

 

En Jesús María, en la Sierra del Nayar, las cáscaras de naranja y alguno que otro desecho, se dejaban a la orilla de las viviendas. Ahí era el regocijo de gallinas, pollos y cerdos que hacían una labor de limpia en las comunidades. Casi no había otro tipo de basura, puesto que aún no se inventaba el plástico. Las pocas latas de atún o sardina, se convertían en macetas en las paredes de adobe.

 

Cuando viví en Berlín, muy pocas cosas se consideraban basura. Alemania había salido de la Segunda Guerra Mundial, por lo que casi todo se reciclaba: se devolvía el cartón donde se vendían los huevos y las galletas; se devolvía el cristal en que se vendía el café, la club cola, la leche. Los envoltorios de papel eran cuidadosamente desarrugados para guardarlos en depósitos familiares puesto que no se sabía cuándo podrían ser utilizados. Recuerdo que cuando llegué con la primera familia con quien me hospedó la Universidad Humboldt, llevaba envueltos unos zapatos en bolsas de plástico de Liverpool; al desempacar, la tiré a la basura como buena consumista que era, pero Frau Koska, la señora de la casa, la sacó para limpiarla y después lucirla en una ocasión que fue ¡a la ópera! Desde luego, no lo entendí hasta que me percaté de la carencia de bolsas de plástico en esa sociedad donde estudié hace 40 años.

 

En Ciudad de México, viví en un edificio de departamentos en condominio donde, a la entrada de cada edificio, se colocaron botes para que cada vecino o vecina dejara la basura, ya claro, en bolsas del infaltable plástico. Ahí nos enterábamos del cereal que compraba el de arriba, de las marcas de cigarrillo del muchacho de al lado; de si alguien había comido camarones. La basura dejaba la huella de las tertulias o las soledades de quienes vivíamos en los departamentos.

 

Después, en Tepic, hemos vivido entre islas de basura, cuando ningún vecino acepta que su esquina sea depositaria de ella. Si no pasa el camión recolector, las bolsas negras de plástico se van acumulando en medio de las cuatro esquinas hasta conformar glorietas que sólo hacen la gloria de ratones, cucarachas y hormigas. Si cae una tormenta en estos veranos, las bolsas de basura son arrastradas por las corrientes de agua y se convierten en tapones de alcantarillas.

 

En mi casa separamos la basura. Lavamos y secamos los botes de plástico, cristal y aluminio. No los revolvemos con la otra basura pues quedaría sin efecto esa labor. Esperamos que pasen las familias que recolectan cartón o PET, para entregárselas. Curiosamente, nadie recolecta cristal así que no nos queda más remedio que guardar los envases o, derrotadas, tirarlas a la basura.

 

Veo a niñas, a jóvenes, a personas mayores esculcando la basura en busca de restos de comida o de algo que puedan recoger para vender, como el primer eslabón de cadenas de riqueza, monopolios y fortunas de la basura, hoy llamados desechos sólidos. Son uno, cuatro, ya no los cuento; personas destinadas a vivir en la basura, esas excrecencias del modo de vida marcada por el consumo. No dejo de pensar en la Señora de los Puerquitos y su labor de devolverla como alimento.

 

Susurrante, mi madre decía que sí, que los hijos e hijas dan preocupaciones, pero también alegría y consuelo.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 20 de julio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 12 de julio de 2022

Luis Echeverría y la autonomía de la Universidad Autónoma de Nayarit

Para mis colegas 

Arturo Lizárraga, Héctor Castañeda,

Vicente Hernández, José Núñez, José Luis Sefoo,

 entre otros, estudiantes de la Universidad,

quienes tuvieron que irse de Nayarit

por la represión.

 

Cuando ocurrió el “halconazo”,  el 10 de junio de 1971, el Presidente de la República era Luis Echeverría Alvarez; el jefe el Departamento del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez y el jefe de la policía capitalina era nada más y nada menos que el coronel Rogelio Flores Curiel (RFC), quien fue destituido de su cargo como jefe de la Policía del Distrito Federal, por su participación en esos hechos. Cuatro años después, en 1975 fue electo gobernador del Estado de Nayarit en unas elecciones que fueron señaladas como fraudulentas.

 

El fraude en las elecciones, cometido en contra del Alejandro Gascón Mercado, postulado por el entonces Partido Popular Socialista, no lo voy a abordar en este texto, solo me interesa resaltar las circunstancias que se dieron para que la Universidad de Nayarit, la UNI-NAY tuviera autonomía.

 

Desde la designación de RFC como candidato del PRI a la gubernatura de la Entidad, se entendió como un premio por los servicios prestados el 10 de junio, la disciplina partidaria y el silencio político. Además, de que había sido señalado como quien tenía el mando del grupo halcón el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Todo iría sobre ruedas para el PRI, si no es porque el PPS tenía a un líder carismático como su candidato, que además, había ganado las elecciones de una capital de Estado, Tepic, por primera vez para un partido denominado “socialista”. Además de eso, el malestar se empezó a gestar entre el estudiantado de la Universidad Autónoma de Nayarit y parte del profesorado. Ya existía la Federación de Estudiantes de la UNI-NAY (FEUN), quien era el brazo juvenil del PRI y quien, aparentemente, tenía controlado al estudiantado. También existía la Federación de Catedráticos de la UNI-NAY (FECUN), con priístas destacados al frente, quien tutoreaba a la FEUN.

 

Recordemos que la Universidad era una institución dependiente del Gobierno del Estado puesto que el doctor Julián Gascón Mercado, fundador de la Universidad, la pensó como una instancia para planear el desarrollo local. En ese esquema, el gobernador designaba al rector, por lo que le tocaría a RFC designar al siguiente, ya que el rector en funciones, el arquitecto Ricardo Vidal Manzo, terminaría su gestión el 31 de diciembre de 1975.

 

Los estudiantes de diversas carreras, entre ellas, economía, turismo, agricultura y veterinaria, junto con una parte del profesorado, iniciaron un movimiento para impedir el acceso de un represor de estudiantes a la universidad y desde luego, para evitar que nombrara al rector. El primer “encontronazo” entre la Universidad y RFC fue en plena campaña, puesto que se le impidió entrar a la Universidad, con el principio de que la UNI-NAY no era campo electoral.

 

El H. Consejo General Universitario preparó un documento donde se solicitaba al Congreso local, se le dotara de autonomía. Resultado de esa gestión, el 24 de diciembre de 1975, fue publicado el decreto 5759 donde se reformaron diversos artículos de la Ley Orgánica de la Universidad de Nayarit: se agregó la autonomía en el primer artículo y se le dieron facultades para nombrar sus propias autoridades. Por cierto, el diputado presidente era Rigoberto Ochoa Zaragoza. El Decreto fue publicado por Roberto Gómez Reyes, Gobernador de la Entidad, apenas a seis días de que tomara posesión como gobernador Rogelio Flores Curiel.

 

Si bien RFC no nombró rector directamente en la UAN, su influencia se dejó ver en esos años, al conformar una “policía universitaria” e imponer una cultura represiva durante los seis años de su mandato. No es casual que en esos años 1976-1982 la universidad estuvo envuelta en revueltas signada por la aparición de porros armados, se dio el asesinato de trabajadores y la desaparición de estudiantes.

 

Algunos compañeros y compañeras estudiantes y académicos, tuvieron que irse del Estado, como Pablo Fregoso. Otros más, abandonaron la Universidad para no regresar.

 

Por ello, Luis Echeverría Álvarez fue el detonador de que se organizara un movimiento político al interior de la universidad para que se le dotara de autonomía debido a que premió a un responsable de la matanza de estudiantes como Gobernador de Nayarit, de manera impune. Eso ocurría en el largo dominio del autoritarismo de Estado.

 

Ahí vimos el poder desnudo, las garras que alcanzaron las vidas. Fue, de alguna manera, nuestra versión local de 1968 y de 1971.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de julio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

domingo, 3 de julio de 2022

Juventud indígena en las cadenas de la pobreza

Todos lloramos por algo; unos poco, otros mucho,

hoy, lloro sin dejar de mirar a través de mis lágrimas.

A veces no quieres llorar, pero te hacen llorar,

el llanto nos persigue y morimos con él.

 

Angélica Ortiz (wixarika)

 

Conocí a Fidela en una colonia urbana de Tepic donde los indígenas wixaritari y algunos tepehuanes encontraron refugio ante la pérdida de sus terrenos en sus comunidades de origen. Poco a poco se fueron viniendo a la ciudad huyendo de la pobreza, la aridez de las tierras, la violencia en la montaña. Huían también de conflictos religiosos ansiosos por convertirlos a los nuevos cristianismos.

 

Fidela era una mujer fuerte. En esa época tenía cinco hijos y uno más venía en camino. Había quedado viuda cuando su esposo perdió la vida en una explosión de dinamita en los trabajos de apertura de la Presa de Aguamilpa. Ella siguió el camino del tabaco para tener manera de subsistir, dar de comer a sus hijos e hijas. Se vino a Tepic para asegurar un lugar dónde vivir, aunque fuera en una casa a medio construir, levantada por ella misma.

 

Mariana se llama su hija más grande. En una de las idas al tabacal se juntó con un muchacho y se fue a vivir con él a la sierra. Tenía 16 años.

 

Un tiempo estuve cerca de esta familia, la acompañé a los campos agrícolas donde Fidela y sus hijos se convertían en una unidad familiar jornalera, en la última escala de las compañías tabacaleras mundiales. Al regreso a su comunidad, las niñas y niños entraban a la escuela-albergue, donde los maestros bilingües intentaban orientarlos en el mundo de la letra escrita y, sobre todo, les daban de comer.

 

Dejé de ver a esta familia durante muchos años. Después, con el paso del tiempo, me enteré que el hijo más grande, había “agarrado” esposa como a los 17 años; siguió el camino del tabaco y en épocas de secas, de jornalero de lo que sea. El segundo hijo, dejó la escuela cuando los caminos para abrir otras presas arriba del río Santiago convirtieron a los jóvenes indígenas en mano de obra barata para la construcción de los caminos. La tercera hija la embarazó un soldado acuartelado en las orillas de la comunidad. Las partidas militares tuvieron pretexto para subir a la montaña cuando las pistas de aterrizaje se convirtieron en posibilidades para mercantilizar algo más que bebidas y alimentos para los pueblos serranos.

 

El cuarto hijo estaba en la cárcel. Apenas había tenido la fuerza suficiente para portar un machete, se había convertido en jornalero de la caña de azúcar donde, alcoholizado, había herido a otro en una reyerta. Ninguno de los hijos de Fidela había rebasado los 17 años cuando ya sus destinos estaban prácticamente marcados.

 

En ningunos de ellos la educación fue un factor importante. El paso por la escuela fue, simplemente, una posibilidad que no fructificó. Como Fidela decía, la escuela es un lugar donde les dan de comer.

 

El hijo más chico terminó la primaria. Siguió la telesecundaria y, trató de entrar a la preparatoria, pero no lo pudo hacer porque llegó a Tepic un día después de la fecha del examen ¿cómo explicar esta inaccesibilidad cultural de los muchachos indígenas?

 

Entretanto, Mariana había tenido tres hijas. Como la historia de su madre, su propia familia se convirtió en jornalera indígena a la costa de Nayarit. Su esposo también fue peón en los caminos de las nuevas presas donde se construía la modernidad del gigante dormido.

 

Una hija de Mariana murió en el tabacal por desnutrición cuando apenas tenía dos meses de nacida. Otra, murió en el hospital de Tepic por algo tan común como la desnutrición. Sólo la tercera hija sobrevivió.

 

Casi al terminar la telesecundaria, un hombre la embarazó. La desnutrición hizo perder a la criatura apenas rebasando el tercer mes de la concepción. El proceso del aborto enfrentó a Leididi (ese es su nombre) a la realidad de las adolescentes indígenas. Un día llegó a pedirme dinero prestado para alquilar un cuarto en la ciudad. Había decidido dejar la comunidad para trabajar en lo que sea. Ese “lo que sea” se convirtió en un empleo de mesera en un restaurant del centro de la ciudad. Delgada, con la fragilidad que da la desnutrición, con el afán de escapar al destino de las jóvenes mujeres indígenas de la montaña, la vi perderse en las calles donde antes estuvo la zona roja de Tepic. Destinada a vivir en un cuarto, tan sólo con una cama y la posibilidad de utilizar un baño colectivo. Leididi vino a la ciudad en busca de alternativa a la probreza y violencia de la comunidad; la ciudad le contestó con la respuesta que da a las muchachas indígenas pobres.

 

Durante estos treinta años, desde que conocí a Fidela hasta su nieta Leididi, el gobierno mexicano ha impulsado diversas políticas destinadas a los pueblos indígenas. Tanto los sexenios priístas, los panistas, hasta el actual, de izquierda. Me pregunto ¿cómo evalúan los programas gubernamentales como exitosos cuando no son capaces de incidir para cambiar el destino de las nuevas generaciones? ¿Dónde quedan tantos programas inventados para resolver la planeación del Estado, el ejercicio del gasto, pero no para resolver la condición de los pueblos originarios?

 

Treinta años de políticas indigenistas, de supuesta “solución” a la pobreza, de políticas remediales, de políticas sociales que se presumen en informes oficiales. Sin embargo, cuando vemos el camino por el que transitan los jóvenes indígenas reales, cuando nos asomamos un poco a la realidad de las muchachas, el mundo se convierte en pesadilla, porque no han sido sujetos de las políticas del gobierno, sino depositarios de las “buenas” intenciones.

 

Las cadenas de la pobreza vinculan a Fidela, una mujer indígena analfabeta, a su nieta Leididi, escolarizada en una educación prácticamente inútil para su situación. La nieta huye de la pobreza de su comunidad, hacia un futuro quizá más incierto y, doloroso, que el de su abuela.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 4 de julio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

miércoles, 29 de junio de 2022

Los migrantes o los nuevos suplicantes

 Que el pueblo os ha de ver con buenos ojos

y siempre hay compasión para el más débil.

 

Rey Pelasgo en Las Suplicantes

 

En la obra Las suplicantes de Esquilo (Grecia 524-456 a.C.), las Danaides, hijas de Dánao, llegan hasta Argos, para solicitar asilo, ya que huyen de la violencia desatada en Egipto a raíz de su negativa a ser casadas sin su consentimiento. Pelasgo, el rey de Argos, se enfrenta a la disyuntiva de dar asilo a las Danaides, siguiendo el principio de Zeus, quien favorece la benevolencia de los reyes que acogen extranjeros. Pero, si las recibe en su reino, Egipto le declarará la guerra. Ya se oyen los heraldos anunciando el enfrentamiento.

 

Dice el rey Pelasgo: Necesito una idea salvadora, profunda; al modo de los buzos, que descienda hasta el abismo un ojo claro, no en exceso embriagado, y que, primero, no cause la cuestión a mis estados daño alguno, y que, luego, bien termine para nosotros mismos: que una guerra de desquite no nos alcance a todos, o que, si yo os entrego, arrodilladas como estáis frente al ara de los dioses, no vaya yo a instalar en nuestra patria al vengador, al dios de la ruina, que ni en el Hades al difunto suelta. ¿No urge una idea salvadora, y honda?

 

La disyuntiva de Pelasgo es la de los gobiernos que deben abrir las puertas a los miles de migrantes que caminan por el mundo en busca de condiciones mejores para vivir. Quizá la idea que necesita el rey Pelasgo es la de los Derechos Humanos, alrededor de la cual se puede fundamentar la acogida a los migrantes que buscan, simplemente, vivir.

 

Porque, vemos las caravanas que salen de Centroamérica hacia Estados Unidos; a los migrantes africanos que llegan a las fronteras de Europa a través de España; a quienes huyen de la guerra de Ucracia; de la sequía; de los terremotos de Afganistan; de la violencia de cualquier lugar. Ellos y ellas son los nuevos suplicantes del mundo en busca de Argos, el lugar para pedir refugio.

 

En la fotografía de la muchedumbre, los rostros son uno, cien, miles; personas que ya no se parecen a personas, sino a cuerpos que pueden ser estadísticas del desecho; números de algún informe; expulsados de sus paisajes, despojados de sus futuro; convertidos en la ignominia humana que camina por el planeta sin más aliento que tener un lugar para vivir la vida.

 

Los caminos que recorren son cacerías sangrientas. Deben huir de quienes les piden cuota, de quienes los pasan a la otra orilla, de quienes apuntan su nombre en algún cuaderno para cualquier trámite. Las mujeres migrantes, deben además, soportar vejaciones y violaciones. Su destino es el secuestro; el dolor, la desesperación, para sus familias.

 

¿Cuántos murieron hoy, 50? ¿cuántas ayer? el macabro delirio.


Quienes caminan se internan en desiertos, atraviesan ríos, suben trenes, cruzan mares, viajan en cualquier cosa con tal de llegar; pero sobre todo, caminan, caminan el planeta. Todo en el más vil desamparo, en una nueva competencia por la vida donde solo los más fuertes, socialmente hablando, sobreviven. Cuando leemos las historias de la sobrevivencia, me sobrecoge una duda ¿dónde está la compasión humana? Tantos siglos de Ilustración, de religiones del perdón, de educación para la convivencia,  sin que hayamos desarrollado la mínima empatía con los semejantes, con los otros.

 

El rey Pelasgo, decidió no resolver solo la disyuntiva de recibir a las suplicantes o devolverlas a una muerte segura. Por el contrario, apeló a la conciencia de la ciudad para resolverlo. La ciudad aprobó la estancia de la suplicantes sin reserva. Dice Dánae, el padre de las suplicantes:

 

Tendremos residencia en esta tierra, libres, sin gajes, con derecho a asilo. Y nadie del país podrá prendernos ni nadie venido de fuera. Y que si intenta imponernos la fuerza, quien no corra en nuestra ayuda, de los habitantes, la infamia sufrirá y duro destierro.

 

Actualmente no hay consulta a la población, no hay un rey Pelasgo que ponga a consideración de la ciudadanía lo que va a decidir. Lo que tenemos son leyes que pudieran alcanzar a acoger a los migrantes, simplemente porque son personas, porque tienen  derecho a ser considerados seres humanos, una categoría perdida en los laberintos del capitalismo voraz, de los ricos sin límite, de la globalidad sin meta.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 27 de junio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

domingo, 19 de junio de 2022

El Rey de los Elfos

¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche?

Es un padre con su hijo.
Tiene al pequeño en sus brazos
lo lleva seguro en su tibio regazo

 

J. W. Goethe. El Rey de los Elfos


El Rey de los Elfos es un poema de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), escrito en 1782. Se refiere a un padre que lleva a su hijo a través del bosque porque el hijo se encuentra enfermo. El hijo, ve al Rey Elfo, pero el padre le dice que es el rastro de la neblina:


«Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?»
«¿No ves, padre, al Rey Elfo?
¿El Rey de los Elfos con corona y manto?»
«Hijo mío es el rastro de la neblina.»


«¡Dulce niño ven conmigo!
Jugaré maravillosos juegos contigo;
Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas.»


Trata de disuadirlo de que lo que ve son alucinaciones, pero el niño insiste en que el Rey Elfo le llama. El padre le aclara que lo que escucha es porque El viento  mueve las hojas secas.


«Padre mío, padre mio ¿no oyes
Lo que el Rey de los Elfos me promete?»
«Calma, mantén la calma hijo mío;
El viento mueve las hojas secas. »


«¿No vienes conmigo buen niño?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullarán y bailarán para que duermas.»


El padre le da toda la seguridad de que es capaz; sin embargo, el hijo, cada vez es más atraído por el Rey de los Elfos y sus hijas.


«Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
A las hijas del Rey de los Elfos en ese lugar oscuro?»
«Hijo mío, hijo mío, claro que lo veo:
Son los árboles de sauce grises.»


El padre se desespera, está dispuesto a usar la fuerza para alejarlo del Rey de los Elfos:


«Te amo; me encanta tu hermosa figura;
Y si no haces caso usaré la fuerza.»
«¡Padre mío, padre mío, ahora me toca!
¡El Rey de los Elfos me ha herido!»


Son inútiles los esfuerzos del padre, porque finalmente, el niño llega muerto a su destino:


El padre tiembla y cabalga mas aprisa,
Lleva al niño que gime en sus brazos,
Llega a la alquería con dificultad y urgencia;
En sus brazos el niño estaba muerto.


Se ha dicho que este poema es anticipatorio de la muerte de Augusto, el hijo de Goethe acaecido en 1830. También se puede pensar que se trata de un poema de la razón y la imaginación, (o la adultez y la infancia) puesto que el padre puede representar la sensatez, la objetividad, la razón, mientras que el hijo representa, la imaginación, la fantasía. En el poema, Goethe estaría mostrando la tensión existente entre ambos al interior de cada persona.


También se ha pensado como un conflicto entre la consciencia y la inconsciencia. La consciencia tratando de ver el mundo real, cierto; mientras que la insconsciencia habita ese lugar de la figuración, del desvarío, de la ilusión.


El Rey de los Elfos es un ser sobrenatural que simboliza la muerte, contra la cual lucha el padre. En esa época, Goethe era ardiente defensor de las leyes naturales, por lo que para él, no era posible pensar que un hijo muriera antes que el padre ya que ello violaba una ley natural. Quizá por ello, cuando murió su hijo August, Goethe escribió el siguiente epitafio en la tumba en Roma: “Goethe hijo murió antes que su padre a los 40 años”.


De cualquier manera, es un bello poema, al cual posteriormente, Franz Shubert, le agregó música. En este aniversario del Día del Padre, lo leemos como un homenaje a los padres comprometidos con sus hijas e hijos.


Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 20 de junio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 13 de junio de 2022

¿Paridad en las universidades?

 Los sujetos políticos y las identidades 

no son entidades políticas

antes del proceso de identificaciones,

sino su resultado.

 

Chantal Mouffe

 

El 6 de junio de 2019 se aprobó en la Constitución General de la República, la paridad total en los distintos poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como en los órdenes de gobierno federal, estatal y municipal. Además, se agregó la obligatoriedad para los organismos autónomos. Al principio, se generó una discusión sobre si las universidades autónomas entraban en la categoría de organismos autónomos, ya que como tales se entendían el Banco de México, el Instituto Nacional Electoral, etc.

 

Muy pronto, la discusión tomó un giro definitivo a favor de la paridad en la educación superior, al aprobarse la Ley General de Educación Superior, el 20 de abril de 2021, la cual establece la paridad explícitamente en dos apartados: la primera en el artículo 10, fracción XIV, la cual establece la paridad como un criterio de elaboración de políticas universitarias para la incorporación de académicas a plazas de tiempo completo en docencia y en investigación todas las áreas del conocimiento.

 

El segundo aspecto de la paridad lo señala como acceso igualitario a cargos de poder al interior de las universidades al establecer, en el artículo 49, fracción XV, la obligatoriedad de alcanzar la paridad de género en los cargos directivos unipersonales, los órganos colegiados de gobierno, consultivos y académicos.

 

¿Por qué es necesaria la paridad en el ejercicio del poder en las Instituciones de Educación Superior (IES)?  Como sabemos, las IES reproducen la segregación vertical y horizontal del poder. Vertical, en el sentido de que los cargos más altos son asumidos por hombres y horizontal, en el sentido de que las comisiones, consejos, etc., son integradas en su mayoría por hombres. Esto quizá tuvo sentido hace 30 años, cuando la presencia de las mujeres en el profesorado universitario era minoritaria. Sin embargo, ello no se justifica en la actualidad puesto que las mujeres son alrededor del 49% en general, en la educación superior del país.

 

En las universidades del país, solo se tienen cuatro rectoras de un total de 32 universidades públicas autónomas de los Estados de la República: Universidad Autónoma de Querétaro, Dra. Teresa García Gasca (2018-2023); Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: Dra. Lilia Cedillo (2021-2025); Universidad de Sonora: Dra. Rita Plancarte (2021-2025) y Universidad Autónoma de Nayarit; Dra. Norma Galván Meza (2022-2028). Nueve mujeres ocupan el cargo de la Secretaría General de las universidades, mientras que cerca del 70% de los cargos más altos de las administraciones centrales corresponden a hombres.

 

La paridad, es un principio constitucional que reformula la concepción del poder en todas sus dimensiones, ya que establece que el poder debe ser compartido por igual entre mujeres y hombres en un nuevo sentido de toma de decisiones humanas. Para la UNESCO y su Agenda Mundial de Educación 2030, el acceso paritario a cargos de dirección entre mujeres y hombres es el indicador para lograr la igualdad sustantiva y lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS-ONU).

 

El poder en las universidades ha sido masculino y hasta hace poco tiempo, gerontocrático. Las mujeres estaban excluidas de ese poder ya que se les consideraba dentro de los estereotipos de mujeres incapaces de ejercer el poder, ya sea porque se les atribuían características de debilidad o porque, se consideraba que no estaban capacitadas moralmente para ejercerlo. Del total de falacias con que se disminuían las oportunidades de las mujeres para ejercer el poder, sobresale la que las consideran incapaces de pensar por sí mismas. Todo ello ha escondido los prejuicios masculinos construidos contra las mujeres.

 

Por ello, el principio de paridad debe ser considerado el principal instrumento para construir igualdad sustantiva en los diversos ámbitos de la toma de decisiones. El orden vertical de género de las universidades debe ser trastocado para dar lugar a un orden igualitario.

 

Es cierto, las mujeres en el poder subvierten el orden de género porque en la tradición, las mujeres son sujetos de la obediencia, en tanto que los hombres son mandantes desde el nacimiento. Las mujeres con poder subvierten el orden de género porque se convierten en mandantes. El acceso de las mujeres en el poder no lo logra el mero desarrollo de las instituciones, como lo vemos en las IES de larga tradición como la UNAM. Por ello, el principio de paridad obliga lo que el desarrollo de las instituciones no ha logrado: el acceso de las mujeres al poder.

 

En la Universidad Autónoma de Nayarit, estamos celebrando la paridad en los primeros niveles de gobierno, a partir de que se inició la función rectoral de la rectora Norma Galván. La paridad, es un principio, para lograr igualdad sustantiva en las diversas funciones y acciones de la UAN. ¡Felicidades!

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 14 de junio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

domingo, 5 de junio de 2022

Cuando la Constitución no basta: tres años de incumplimiento de la paridad

Mi silencio no me protegió.

Tu silencio no te protegerá

 

Audre Lorde

 

Tres años han transcurrido desde el 6 de junio de 2019 cuando se reformó la Constitución General de la República para incorporar la obligatoriedad de la paridad en los tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; en los tres órdenes de gobierno Federal, Estatal y Municipal y en los organismos autónomos. Sin embargo, el incumplimiento es la norma.

 

Sólo se registra un caso en el cual se acata la paridad:  la postulación de candidaturas para los cargos de elección popular que realizan los partidos políticos. Ese cumplimiento se debe a que en caso de omitirlo, el Instituto Nacional Electoral (INE), simplemente no registra las listas. La amenaza de la sanción ha logrado que los partidos políticos cumplan con candidaturas paritarias.


En el resto de poderes y órdenes se carece de sanciones, lo que no significa que el cumplimiento de la paridad queda a la voluntad de quienes deban cumplirla, sino que las leyes no pueden establecer sanciones para el supuesto de cada conducta omisa, puesto que se trata de mandatos que obligan a las autoridades.

 

La paridad municipal, por ejemplo, es todavía una aspiración, puesto que a pesar de los avances legislativos en la materia, en el año 2022 solamente el 26% de las presidencias municipales son ocupadas por mujeres de acuerdo a datos de la revista Alcaldes de México. En ello, juega un papel fundamental la violencia política que se ejerce contra las mujeres, tanto las que tratan de ser candidatas como las que llegan a ejercer el poder. El INE puso en marcha una Red de Candidatas para dar seguimiento a los casos de Violencia Política contra las mujeres, lo que señala la magnitud del problema.

 

Aún más, de acuerdo al Observatorio de Violencias Políticas contra las mujeres, es la violencia física y la digital donde se exacerba la violencia contra las candidatas. Una vez que están en el poder, la violencia en forma de omitir información, retrasarles recursos y evitar, en general, el cumplimiento de su encargo, se registran como las de mayor frecuencia de violencias.

 

En Nayarit se realizó la armonización de la Constitución Local con la Federal en materia de paridad y se modificaron diversas leyes al respecto. Sin embargo, la integración del Poder Ejecutivo que inició el 19 de septiembre de 2021, se realizó incumpliendo el mandato de paridad, por lo que Mujeres Observadoras de la Paridad de Género en Nayarit (académicas, activistas y organizaciones de la sociedad civil) presentaron un amparo indirecto ante los juzgados de distrito el 7 de octubre del mismo año.

 

Cinco meses después, el 7 de marzo de 2022, el Juzgado Segundo de Distrito desechó el amparo; lo sobreselló, lo que significa que no entró al fondo del asunto, sino que determinó que quienes interpusimos el amparo no teníamos interés legítimo. Ante eso, se presentó recurso de revisión ante el Tribunal Colegiado de Circuito con sede en Tepic, Nayarit, el cual fue admitido ¡dos meses después! y hasta la fecha estamos esperando la resolución.

 

Como se observa, los tribunales no son para nada expeditos en materia de justicia hacia las mujeres. Tenemos que seguir los largos trámites que marca el poder judicial para lograr una resolución al respecto. Si nos costó tanto tiempo lograr la reforma constitucional de paridad, ¿cuánto tiempo nos llevará su real implementación? Necesitamos gobiernos que cumplan con la democracia y Tribunales que la garanticen.


Desde que la paridad se elevó a principio constitucional, las mujeres hemos ganado el derecho de participar en la impartición del poder. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 6 de junio de 2022.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx