lunes, 23 de agosto de 2021

Antología de Relatos en lenguas originarias de Nayarit

Leer la Antología de Relatos en lenguas originarias de Nayarit coordinada por Rodrigo Parra Gutiérrez y Tutupika Carrillo de la Cruz, de la Universidad Autónoma de Nayarit, es asomarnos a una lectura en varios niveles, por lo pronto me referiré a dos. En uno, se encuentran las explicaciones teórico-académicas de las familias linguísticas a las que pertenecen las lenguas que se narran, la wixarika, o´dam y naayeri; la metodología a partir de la cual se hicieron las recolecciones y traducciones, así como la norma ortográfica que se utilizó para los fonemas indígenas. Esta sección incluye también, recomendaciones de otras lecturas por lo que se vuelve un texto abierto, vinculado a una tradición de estudios de las lenguas originarias. 

 

La otra parte, permite adentrarnos a las narraciones mismas. Desde luego, yo leí las traducciones en español, puesto que soy incapaz de tener los dominios de las lenguas originarias, lo cual es un pesar, puesto que cuando oigo a hablantes de lenguas wixarika y naayeri, percibo dulzura, continuidad, armonía en lo que se dice. 

 

La interrelación entre el lenguaje y la visión del mundo es una de las principales aportaciones de filósofos y tratadistas que desde el siglo XVIII identificaron la vinculación entre la forma y el contenido: la lengua traduce en palabras el pensamiento, la vida, surgidos en contextos específicos, de acuerdo a las necesidades de las comunidades de hablantes. Así, cada lengua contiene una interpretación del mundo, una filosofía, una manera de ser humanos. Por ello, la Antología de Relatos que ahora nos ocupa, nos da apenas, un atisbo de un mundo de significados en que viven los pueblos originarios. Gracias a quienes coordinaron el trabajo, por hacerlo posible.

 

Brevemente quisiera realizar comentarios a las narraciones.

 

Sobre la historia del alacrán de la tradición wixaritari, se puede leer un metarelato más allá de la historia que nos cuenta. Para empezar, había un tiempo mítico donde los alacranes no picaban, ello implica un orden diferente al acual, un orden de armonía y de convivencia pacífica entre animales y humanos. Ese orden fue alterado por la desobediencia; en este caso por la desobediencia del hijo. Una vez rota la armonía es imposible regresar a ella. El relato también nos habla del trabajo de los hombres adultos, de la presencia del tabaco como parte de la cotidianidad, del morral como parte fundamental de la indumentaria de los hombres y sobre todo, de las relaciones entre la población adulta y la población infantil: una relación deseada de mandato/obediencia. 

 

La desobediencia, la transgresión a los mandatos del mundo adulto se encuentra en diversas tradiciones, de tal manera que se puede afirmar que la desobediencia saca al ser humano de un lugar idílico y lo envía al mundo del dolor, del sufrimiento. En el relato bíblico, una desobediencia también expulsa a los primeros humanos de paraíso para iniciar el tiempo histórico. De la misma manera, una vez roto el equilibrio, los alacranes seguirán picando hasta el final de los tiempos por una provocación que si bien hizo un niño desobediente, son todos los integrantes del pueblo wixarika quienes lo asumen. Los seres del presente tienen que pagar las consecuencias porque se reconocen herederos de este acto. 

La narración termina con la voz del hablante como vehículo de toda la comunidad para convertir la historia en didáctica de la obediencia. Sin embargo, si bien se asume la parte de responsabilidad correspondiente a los humanos, el hablante dice: “No sabemos por qué a veces los dioses te los avientan”. Esta expresión se puede entender como una indefensión, puesto que estamos a merced de los dioses o como un reclamo: si no hacemos nada ¿para qué nos los avientan? “A veces te pican mientras estás coamilenado, así sin hacer nada” como si el piquete debiera corresponder a una falta, como en el tiempo mítico.

 

Sobre el relato El nacimiento del fuego, solo quiero mencionar que cada cultura convierte en héroe al que es capaz de proveer de fuego a los humanos. ¿Por qué es tan importante el fuego? Porque a partir del fuego el grupo humano es capaz de pasar de lo crudo a lo cocido, ahuyentar a los animales, prolongar el día, obtener calor; en síntesis la posesión del fuego marca un hito entre lo indefinido, caótico y obscuro a lo definido, ordenado y luminoso. En este relato es el armadillo el que es elevado a héroe fundacional, lo que permite también, explicar por qué este animal tiene la cola pelada. 

 

Obviamente, los relatos, incorporan parte de contextos traidos por los europeos. Me explico, el relato habla de leones gigantes cuando los leones no han existo en esta parte del mundo. 

 

Cargo de autoridad, de la tradición o´dam

 

Este relato nos habla de la interiorización de la obligación de cumplir de parte de quien tiene autoridad. Dicen que es dolor ser autoridad, porque el regimen que se tiene que cumplir implica austeridad, cumplir rituales y retirarse al campo. La primera consecuencia es dejar de estar borracho para atender el cargo. El relato nos habla de la consciencia de que el deber cumplido atrae el beneplácito de los dioses, en tanto que el no cumplir con las obligaciones ocasiona el abandono y protección de los dioses. Pero también el texto habla de la jerarquía entre quienes tienen cargo y la trayectoria que se tiene que seguir desde el primer cargo, en esta caso, ser cajero e ir escalando los diversos puestos de la jerarquía. 

 

En una versión de Sapok (leyenda) del lucero de la mañana, de la tradición odam

 

Se cuentan los obstáculos que tuvo que vencer Un muchacho, posteriormente convertido en Lucero de la mañana. En este relato lo que quiero resaltar es la incorporación de voces colectivas en la narración. Cuando el narrador, agrega “que le dijo”, para incorporar un diálogo, realmente está incorporando a todos los que antes de él narraron esta historia. Se tiene aquí, la conciencia de que se trata de una transmisión de un ente narrado que viene de otros lugares y que así, como él, seguirá siendo transmitido.

 

  La abuela Sapo y el origen de la temporada de lluvias de la tradición naayeri

 

La narración inicia: “Esto es algo de lo que contaban hace tiempo nuestros ancestros, cuando nos reuníamos, cuando se acababa la jornada de trabajo…” Aquí también, tenemos la conciencia del hablante como un eslabón en la cadena de los transmisores. El momento de las narrativas como esa tiempo, después de la jornada laboral, destinada a rehacernos a nosotros mismos como comunidad. Ese tiempo que no es el del trabajo, donde entramos a la dimensión de lo comunitario. 

 

De este relato quisiera destacar algunos elementos que también se pueden extender a los relatos anteriores. En primer lugar, los dioses, en este caso, las deidades de la lluvia, se presentan como seres que pueden ser engañados. Ocasionan daños, pueden causar la muerte, pero también pueden ser engañados. Aquí tenemos un elemento de la divinidad totalmente distinto del concepto de divinidad occidental donde los dioses son todopoderosos e invencibles.

 

En segundo lugar, los animales son aliados de los humanos para conseguir establecer un mejor orden en el mundo. De esta manera, el consejo de ancianos envía al colibrí, al venado, y a otros, hasta que convencen a la abuela real, al sapo, un animal lento que no tenía ninguna ventaja sobre la velocidad del colibrí o del venado. Sin embargo, la argucia de la abuela real, y este es el tercer elemento, logra traer las lluvias a Jesús María, puesto que es engañada por los cantos sucesivos del sapo y sus hijos. Argucia que no pueden distinguir las deidades. 

 

En los otros relatos también eran aliados el perro, el caballo, el cuervo. Ello conduce a que los pueblos originarios consideren a los animales en un horizonte de valoración diferente a la inferiorización del pensamiento occidental. También nos habla de como lo pequeño y aparentemente, sin ventaja puede lograr vencer a quien es poderoso. Es, por ello, una valoración de la inteligencia, en tanto argucia, para vencer lo que aparente ser invencible. 

 

En este mes de agosto se recuerda la caída de Tenochtitlán fechada el 13 de agosto de 1521. Ese vencimiento no ha significado la derrota de los pueblos originarios porque como sabemos, los pueblos de la Sierra del Gran Nayar siguieron existiendo con sus cargos de autoridad, tradiciones, costumbres, hasta 200 años después, como sobrevivieron los pueblos mayas o purépechas en sus regiones. 

 

A los pueblos del Nayar no los vencen los conquistadores sean españoles o el Estado mexicano, porque las narraciones del grupo son formas de permanencia de formas de vida. Encontramos en las narraciones la simbolización e hibridación de los relatos de cada grupo originario donde predomina su visión de la existencia. No importa que en esa hibridación se hagan aparecer caballos, manzanas u otros elementos que son conocidos a partir del siglo XVI. Lo que importa es la existencia de hablantes, cuyas lenguas vivas les permite significar el mundo.

 

Porque solo nos vencen cuando nos narran una sola historia. Si la historia inicia con la llegada de los españoles, entonces el ciclo se cerrará con la caída de Tenochtitlán, pero si la historia inicia desde la existencia de los pueblos originarios y se prolonga hasta estas narraciones conque se narra el mundo, entonces no podemos hablar de pueblos vencidos: en la lengua están las deidades, el sentido de la vida, los territorios, las formas de nombrarlos y también los imaginario del mañana.

 

Bienvenida esta antología de relatos en lenguas originarias de Nayarit, gracias otra vez a Tutupika Carrillo de la Cruz y a Rodrigo Parra Gutiérrez por la coordinación, así como por la participación de quienes narraron las historias. Sería de esperar que tanto el CECAN como la Universidad Autónoma de Nayarit, establecieran publicaciones en lenguas originarias con regularidad, como parte de una valoración de las lenguas originarias y una contribución a su enriquecimiento. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 23 de agosto de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Afganistán, la desvanecida noche

Palpé mi vida con mis dos manos

para ver si estaba ahí, 

sostuve mi espíritu en el vaso, 

para probar si era más posible.

 

Emily Dickinson

 

Tuve un compañero de clase originario de Afganistán. Éramos estudiantes en la Universidad Humboldt de Berlín a principios de los ochenta. El gobierno de la República Democrática de Afganistán los enviaba a estudiar a las principales universidades del mundo socialista porque en esa época, los intercambios estudiantiles eran posibles en esa región del mundo. Desde luego, de Afganistán, solo enviaban hombres solos, no conocí a ninguna afgana, ni tampoco a ningún estudiante que viajara con esposa y familia. Cuestión extraña porque sí iban estudiantes mujeres de otros países musulmanes, con sus esposos.

 

Recuerdo a los afganos viviendo siempre en su propia comunidad. Aunque participaban de las actividades del resto de estudiantes, comían en la cafetería estudiantil, asistían a clases, etc., generalmente socializaban entre ellos. Sin embargo, era inevitable el contacto con estudiantes provenientes de otras latitudes, de América Latina o de Japón. Eran festivos, alegres, producían música sin nada, canturreaban, palmeaban; eran una permanente fiesta...cuando no oraban.

 

Uno de los problemas más fuertes a los que ellos se enfrentaron fue a las costumbres alemanas o, podríamos decir, occidentales. Me explico: los dormitorios estudiantiles tenían baños y regaderas comunes para mujeres y hombres, lo que hacía inevitable encontrarnos en las regaderas puesto que cada quien se podía bañar a la hora que quisiera. Para los afganos, como para todos quienes provenían de países musulmanes, ello era un verdadero problema puesto que no podían ver a ninguna mujer desnuda, salvo pena de tener que casarse con ella. 

 

Realmente, no podían ver a ninguna mujer con poca ropa, no solamente desnuda. En verano, cuando hicimos una excursión a uno de los lagos del norte de Alemania, una vez que pasó la etapa del descongelamiento, los muchachos afganos daban la espalda al lago o de plano, se quedaban en las inmediaciones, fuera de la posibilidad de vernos en traje de baño. Entendimos, entonces, que la prohibición no solo estaba establecida por los adultos, sino que cada quien la llevaba como parte de su identidad. Tal vez, también temían que hubiese un sistema de delación entre ellos. 

 

El hecho de enviarlos en grupo reforzaba la idea del posible espionaje mutuo, caso contrario a quienes íbamos de México o de Colombia o de algún país de AL, donde cada quien era responsable de sí misma. Lo más grave era la incertidumbre, porque, aunque estuvieran lejos de su país, llevaban las prohibiciones a donde fueran. Con todo y las limitaciones, se trató de una época de modernización para la juventud afgana de esa época. 

 

Aprendimos a tener horarios de manera tal de respetar las tradiciones musulmanas. Aprendimos a no causarles problemas, así que, aunque interactuábamos en las clases o en el comedor, fuera de esos espacios, ellos trataban de mantenerse separados. 

 

Al terminar los estudios cada quien regresó a su país. El predominio de la Unión Soviética en Afganistán terminó en 1989. Entonces, otras guerras se sucedieron de manera intermitente, ya sea con rostro norteamericano o ruso. 

 

En más de una ocasión nos hablaron de cómo no les importaba esperar que transcurrieran los días en la universidad; para ellos era una etapa festiva porque conocían otras formas de vida, otras ideas, incluso, otras maneras de comer. Los paisajes que llevaban en los ojos, las ceremonias del calendario, caían en sus corazones como convicciones de vida, convicciones de lo que verdaderamente existe y a lo que iban a regresar. Estar en la Humboldt era un paréntesis de la vida verdadera que les había tocado vivir. 

 

Por eso, ahora, con cada revuelta que se conoce de Afganistán, en cada declaración de guerra, en cada golpe de Estado, vuelvo a ver el lugar del planeta donde se encuentra ese país de las montañas nevadas atravesado por las fronteras de Rusia, China, Pakistán; atravesado también por un Estados Unidos voraz controlador de todas las esquinas. Vuelvo a recordar a mis compañeros de clase, jóvenes en aquella época; jóvenes como quedaron en el recuerdo y pienso en esas noches desvanecidas que nos contaban en medio de la bruma, donde vivos tamboriles les anunciaban el fin del día y ahí tenían su sentido del mundo. 

 

Hoy, son irreflexivos fusiles, granadas, ametralladoras, las que, sin duda, marcan la noche, para ellos y para las mujeres que vuelven a estar sumidas en la obscuridad.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 17 de agosto de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

jueves, 12 de agosto de 2021

¿Cómo preparar el corazón para el duelo?

Para

José Trinidad Ponce Palafox y,

colegas, trabajadores y estudiantes de la

UAN que han fallecido por covid.

In memoria

Les extrañamos como parte de la comunidad.

 

No sé cómo se prepara el corazón para el duelo. Tal vez no exista una preparación cuando el dolor se asoma en todas las ventanas cibernéticas a las que nos asomamos. El mundo entero está ceñido por este duelo ocasionado por el covid, por el cáncer, por la violencia, por las desapariciones.

 

Nos duelen las muertes de covid porque irrumpen la vida de quienes todavía tenían que estar en la vida. 

 

Las preparaciones para el duelo se refieren a las pérdidas individuales: aceptar los sentimientos que cada quien experimenta ante la pérdida de un familiar, hablar sobre la persona que ha muerto y otros procesos. Pero ¿cómo nos preparamos para las muertes de quienes no son nuestra familia pero que han estado en nuestra vida de alguna manera, han sido parte del contexto, de nuestra generación, de nuestro entorno? Colegas de trabajo, compañeras con quienes hemos compartido caminos; escritoras, vecinas con quienes nos cruzábamos en la tienda o el señor que lavaba los coches en el estacionamiento y del cual sólo sabíamos el nombre. 

 

No tienen que tener nuestra sangre para que su muerte nos aflija.

 

En las redes sociales circulan las esquelas, las despedidas, las noticias del deceso de la madre, del hijo, de la amiga, del padre. ¿Cuánto dolor circula en el mundo? ¡Cuánto dolor en nuestra proximidad!

 

¿Por qué nos macera el dolor? Porque la tiranía del dolor de quienes sobrevivimos nos arroja a ese reducto de humanidad en que nos reconocemos como colectividad, como tribu. La vida es el escenario donde los seres humanos nos desarrollamos, mas, ¿qué significa hoy la vida? Incertidumbre, desazón; hoy estamos ante un sufrimiento prolongado donde el presente significa riesgo. Vivimos en un sin saber que oculta tras de sí posibles desgracias; sucesos que no nos dan tregua porque nuestra preparación científica avanza detrás de lo que se desconoce. La vida es un sin saber del porvenir. 

 

Ya no luchamos contra esfinges cuya maldición acarrea pestes, pero sí con la incertidumbre de la realidad misma. Ya no clamamos a dioses para que apacigüen su ira, pero vivimos en la perplejidad de lo incierto. 

 

Son las muertes inesperadas las que nos hacen entrar a esta zona de irrealidad. Es como si estuviéramos en una ruleta rusa y no sepamos quién será la siguiente víctima. A pesar de estar vacunadas, de cuidarnos, de no asumir riesgos, la muerte está ahí, acechando cualquier descuido, cualquier respiro. 

 

Familias enteras están resguardadas ante la sospecha de contagio de algún integrante. Hoy más que nunca estamos atentas al menor resfriado, a cualquier síntoma que pueda traslucir la presencia del virus. Es cierto, las vacunas son una solución; los cuidados nos ayudan a prevenir; conocemos historias de quienes han vencido la enfermedad. Pero, agazapada, nos espera en el contacto humano.

 

El dolor llega y rompe el equilibrio emocional personal y comunitario. Solo entonces podemos acercarnos a la tragedia humana, atisbar un poco el dolor causado por otras calamidades a otras generaciones; el sufrimiento derivado de las guerras; las lamentaciones de quienes murieron en las revoluciones; la laceración ante los desastres, terremotos, inundaciones. Apenas hoy nos asomamos a los abismos narrados en la literatura escrita o visual, porque el dolor colectivo ha rozado nuestra generación. 

 

La muerte nos cubre como un manto umbrío. La esperanza ha sido vencida con cada muerte que hubiera sido evitada. La angustia es absoluta, el razonamiento es breve. Duelen estas muertes que no debieron haber sido. El tiempo pasa más lento mientras las muertes se acumulan en un tiempo incierto en nuestro horizonte; en nuestros corazones, que no terminan de estar preparados para el dolor del mundo. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de agosto de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

martes, 3 de agosto de 2021

(No) hacer lo que el mundo quiere que hagamos


Tenemos que proteger 

nuestras mentes 

y nuestros cuerpos

 y no solo salir 

y hacer lo que el mundo

 quiere que hagamos.

 

Simone Biles. Gimnasta olímpica

  

Dentro del término “salud mental” se incluye un estado de equilibrio con que las personas hacemos frente a la cotidianidad. Incluye el bienestar emocional, psíquico, la empatía con las personas con las que convivimos, la tranquilidad con nosotras mismas; la capacidad de relacionarnos con lo que nos rodean, sean seres humanos, animales o cosas. También, incluye recuperar trozos de nuestro pasado para hacernos vivir el presente de manera armónica y con ello, tejer ilusiones hacia el futuro. Todo ese amasijo de emociones, sensaciones y razonamientos es la salud mental; un término plástico capaz de abarcar la potencialidad humana. 

 

Simone Biles, la gimnasta estadounidense considerada la mejor de la historia, encontró un intersticio por el cual abrir la polémica sobre la disciplina férrea que se aplica en los entrenamientos para los juegos olímpicos. “Hubo un par de días en que todo el mundo te tuitea y sientes el peso del mundo”. Con esta declaración, dice adiós a las medallas para dedicarse a cuidar su salud mental.

 

Las olimpiadas muestran la sociedad del sobreesfuerzo a que estamos sometidas en la actualidad. Si bien, vemos ese disciplinamiento en los cuerpos de deportistas en las diversas competiciones y categorías, la episteme se extiende a prácticamente todas las actividades del mundo contemporáneo: sólo si te esfuerzas al máximo podrás lograr primer lugar en la academia, en los negocios, en la cultura, la ciencia, etc. Por ello, cada quien traza sus propias rutas para llegar a la cúspide de sus metas en un proceso de autoexplotación que se esconde en la nueva religión del éxito.

 

Porque el éxito es la medida con que actualmente se mide la vida. Para lograrlo, se establecen parámetros: lograr el primer lugar, conseguir romper el récord de ventas, obtener cum laude en el doctorado, publicar libros best seller, producir mercancías, subir la montaña más alta, obtener trofeos, sobrevivir en la vida salvaje, merecer la distinción, cruzar el Canal de la Mancha, etc. Entrenar, ejercitarse, disciplinarse, obedecer, practicar, ensayar, etc., son actividades que se realizan a partir de la búsqueda del éxito. Puede ser que esa decisión se tome por alguien externo, -entrenadores, pedagogos o progenitores- y/o sean asumidos por una misma.

 

Actualmente, interiorizamos los mandatos de ser siempre mejores, de estar en la cúspide, sin importar que ello represente una verdadera enajenación puesto que la meta es individual, personal, individual. Aún el tiempo del descanso, nos lleva a conseguirlo. Al hacerlo, dejamos de ser personas para convertirnos en indicadores dentro de las empresas, las instituciones, las organizaciones: medallas, nombramientos, trofeos, son la materialidad del éxito que distingue a uno y excluye a todos. 

 

El éxito deja de ser una autorrealización para ser un espectáculo para los otros. Ser observada es la consecuencia de la autoexplotación. Quizá por ello, nos reflejamos tanto en Facebook, en Twiter; porque requerimos esa mirada de los otros para completar lo que soy. Entre más personas me miren, me den like, tendré la certeza de que ese día vivo. El aplauso digital se convierte en la medida de mi estar en el mundo. Mi estar exitoso: vivo en la medida en que los otros me observan, aún sea en la fugacidad de los mensajes, de las fotos que se cambian día a día.

 

La salida de la lógica carcelaria que encerraba a Simone Biles; la renuncia a un tipo de éxito, pone en entredicho las claves del disciplinamiento sobre los cuerpos. La frase “Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”, encierra la potencialidad de lo rebelde, de lo que transgrede lo impuesto. En ese germen, puede surgir la potencialidad de la vida desde otro lugar. 

 

Simone Biles se refugia en la salud mental, pero realmente está resguardando la vida para ser vivida.

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 3 de agosto de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 26 de julio de 2021

¿A quién obliga la paridad en todo?

La igualdad de género

 ha de ser una realidad vivida.

 

Michelle Bachelet

 

Para mis colegas y amigas del grupo 

Mujeres en Voz Alta, 

con agradecimiento a las complicidades.

 

¿Desde cuándo la paridad en todo es un principio constitucional? Lo es desde el 6 de junio de 2019 cuando fue reformada la Constitución General de la República fecha en que se realizó la reforma más importante para el reconocimiento del principio de paridad al reformar 9 artículos (2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115) de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Con ello, se objetiva la máxima tutela de los derechos humanos de participación y representación política de las mujeres. La paridad se convierte en un principio ordenador de política entre los géneros en los tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como en los tres órdenes de gobierno Federal, Estatal y Municipal, además de los organismos autónomos.

 

¿Es obligatoria la paridad en Nayarit? Sí lo es porque lo mandata la Constitución del Estado Libre y Soberano de Nayarit, puesto que el 6 de octubre de 2020 se publicó en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Nayarit el Decreto que hace obligatorio el principio de paridad en todo en los diversos órdenes de gobierno. Es obligatoria también en todas las Entidades Federativas, hayan o no reformado su constitución, porque es una disposición de la Constitución General de la República. En Nayarit, el Decreto de reforma tiene vigencia a partir de un día después de su publicación. Además, el artículo tercero transitorio de este Decreto menciona: 

 

“Tercero. -La observancia del principio de paridad de género a que se refiere el presente Decreto, será aplicable a quienes tomen posesión de su encargo, a partir del proceso electoral siguiente a la entrada en vigor del presente Decreto, según corresponda”.

 

Por ello, las autoridades electas en el proceso electoral 2021 están obligadas a observar este principio en la integración de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y en los organismos autónomos. 

 

¿A quién obliga la paridad en todo? Además de los órdenes señalados, la paridad en todo obliga a los ayuntamientos; a los partidos políticos, a los Órganos Autónomos; a los Organismos Públicos Descentralizados; a los Fondos y Fideicomisos de Participación Estatal. Los Organismos Autónomos reconocidos en Nayarit son: La Comisión de Defensa de los Derechos Humanos para el Estado de Nayarit; el Instituto de Transparencia y Acceso a la Información Pública (ITAI); el Instituto Estatal Electoral de Nayarit (IEEN) y la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN). 

 

¿Se tiene que quitar a quiénes fueron nombrados antes del 7 de octubre de 2020? No, pero cuando renuncien o se deban dar cambios, deberán realizarse los ajustes para lograr la paridad. Los reemplazos deberán realizarse con este criterio.


¿Qué ocurre cuando los cargos son impares? En estos casos uno de los géneros tendrá un representante menos que el otro. Por ejemplo, si en Nayarit, el Poder Ejecutivo tiene 13 secretarías, siete serán para un género y seis para el otro. Así lo establece la Suprema Corte de Justicia: “De decidirse un número non de integrantes, entonces la designación entre mujeres y hombres deberá ser lo más aproximado a la paridad” (SUP-JDC-123/2019). 

 

¿A quién le corresponde vigilar la aplicación de la norma? La paridad en todo está vigente desde el 7 de junio de 2019. Su cumplimiento y vigilancia corresponde a los poderes constituidos. También la ciudadanía y los actores políticos pueden demandar el cumplimiento de la paridad en todo a través de los medios de impugnación establecidos. 

 

¿La paridad es una medida compensatoria? No, no lo es. Es un principio de igualdad que tiene como finalidad la igualdad sustantiva entre los sexos. Es parte de la consolidación de la democracia real y consecuencia de los compromisos internacionales aceptados por México para lograr condiciones de igualdad entre mujeres y hombres. Es un principio permanente por la cual se garantiza la incorporación de las mujeres a los espacios de decisión, por lo tanto, llegó para quedarse. 

La paridad en todo es un principio constitucional que alude a la efectiva distribución del poder público entre mujeres y hombres, no a su enunciación abstracta. Las consecuencias de ello será la promoción de una agenda de gobierno que atienda y elimine la reproducción de la desigualdad estructural de las mujeres y realice la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres en todos los ámbitos del poder: el público y el doméstico.

 

Para lograrlo, es crucial la articulación entre organizaciones de la sociedad civil, los grupos de activistas, las académicas y las instituciones; sobre todo, la vinculación con las mujeres que sean designadas o electas para cargos públicos. Por ello, más allá de los límites partidistas y las ideologías debemos unir fuerza y talento para hacer realidad la paridad en todo. 

 

Las mujeres de múltiples países, de México y de Nayarit hemos caminado largamente hasta llegar a lograr el reconocimiento de la paridad en todo. Por ello, esperamos que Nayarit sea un Estado que se ubique a la vanguardia nacional de su cumplimiento. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 25 de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 19 de julio de 2021

¿Por qué matamos a las cucarachas y no a los gatos?

La cucaracha, la cucaracha

 ya no puede caminar; 

porque le falta, porque le falta

 la patita principal.

 

Canción popular

 

Al final de una reunión familiar, pedí a mi nieto de cuatro años que se despidiera de quienes estaban presentes para regresar a casa. El niño besó a abuelas, tías, primos y también a los dos perros y a la gata de esa casa. Alguien corrió a detenerlo, pero ya tenía a la gata entre sus manos dándole el beso de despedida. En su percepción, los animales son dignos de besos porque forman parte de lo próximo con que convive. 

 

¿Cuándo hacemos la jerarquización entre lo humano y lo animal que nos permite matar cucarachas, pero no gatos? Es cierto, no matamos a los gatos; por el contrario, les adjudicamos un nombre, los acurrucamos, les construimos repisas para que trepen, los llevamos al veterinario para controlar su salud. En cambio, a las cucarachas las matamos sin misericordia, cuando podemos. Digo cuando podemos porque las cucarachas se mueven tan rápidamente que es, muy difícil, matarlas.

 

¿Alguna vez has visto volar una cucaracha que después aterriza en tu pelo o pecho? Es una sensación que no se la deseo a nadie porque produce una mezcla de miedo y asco. Asco porque las cucarachas huelen mal y son resbalosas, y miedo porque nos atemorizan. Recuerdo las oraciones de la infancia cuando la abuela nos hacía repetir algo así como: “San Jorge Bendito, amarra tus animalitos, por la cola y el hociquito, con tu cordón bendito”, antes de irnos a dormir. Yo imaginaba a las cucarachas, alacranes y choras hechas arquitos, colgadas de algún escapulario, durante toda la noche. Con la seguridad de ese conjuro dormíamos tranquilas mis hermanas y yo. 

 

Hoy sabemos que las cucarachas coexistieron con los dinosaurios y, gracias a la película Wall-E, pensamos que existirán en algún futuro que sobreviva a la radiación nuclear con que terminará el mundo, así que no tenemos manera de terminar con ellas. Sentimos asco porque las asociamos a la basura y, por ende, a lo inmundo; matarlas produce un sonido desagradable asociado a un olor repugnante. Verlas salir de su piel vieja cuando la mudan es aún, más desagradable: se ven blancas y pegajosas. Duran así muy pocas horas hasta que vuelven a tener el color cucaracho. 

 

Nos hemos dado permiso para matar a las cucarachas, a los mosquitos, a las tarántulas; casi, casi, es una obligación deshacernos de ellas. La justificación deriva de que nos agreden, nos causan daño, transmiten enfermedades. También justificamos matar a pollos, cerdos, vacas, conejos porque proporcionan alimento. En ambos casos, la vida humana está en el centro, en un pensamiento donde los homo sapiens son la cúspide de la cadena alimenticia. Cuando pensamos en los dos grupos de animales, los que nos agreden y los que proporcionan alimento, lo hacemos en plural, sin diferenciar a cada uno, salvo que convivamos con ellos, lo que nos permitirá reconocer a cada individuo de la especie. Los pensamos indiferenciados; cada vaca igual a la otra; cada cerdo siendo solo cerdo; las cucarachas equivalentes, entre sí, igual a las miles o millones que hay en el mundo.

 

Quizá, por ello, la expresión “mátalos como cucarachas” utilizada por dictaduras de diversos tiempos se ha referido a la eliminación de jóvenes, pobres, migrantes, chicanos, mujeres, indígenas, descontentos, rebeldes. La expresión alude a lo indiferenciado que agrede. 

 

La cucaracha más famosa de la literatura es Gregor Samsa, un viajante de negocios que una mañana despierta transformado en una cucaracha gigante en el relato La metamorfosis (1915) de Franz Kafka (1883-1924). Hoy existen diversos libros que la utilizan de metáfora como El efecto cucaracha. La guerra de drogas en Tampico (Diana Aquino y Lance Manley, 2004); libros desde la transgresión La revuelta del pueblo cucaracha (Oscar Zeta, 2013) que refiere a literatura chicana. Y cuentos infantiles que tratan de convertir a la cucaracha en personaje de aventuras, para lograr empatía con estos seres. 

 

En México, quizá lo más conocido, sea la canción La cucaracha ya no puede caminar, una tonada traída de España, al decir de José Joaquín Fernández de Lizardi (1819) pero que en México se adaptó para referirse, de manera despectiva, a las tropas francesas, durante la invasión y después a Victoriano Huerta porque era cojo y fumaba mariguana. Los estribillos han cambiado en diversas épocas. La versión más popular se la debemos a Óscar Chávez. 

 

A los gatos que crecen en nuestra compañía, los singularizamos. Les damos un nombre, lo que rápidamente conduce a asignarles una personalidad. Entran y salen de nuestra casa en horas que marcan rutinas de ellos y nuestras. Están ahí para romper soledades, ser juguete de niñas y niños pequeños, sustituir querencias, ser interlocutores de nuestros monólogos y testigos de la vida que pasa. Podemos desnudarnos en su presencia o sentir su tibieza cuando se meten a las cobijas. 

 

Quizá porque nos ven desde algún otro lugar de lo viviente, a los gatos los sentimos cercanos a la vida humana. No podríamos matar lo que nos ve; quien advierte nuestra presencia en la obscuridad; quien nos mira y nos ignora, sin juicio moral. 

 

La gata que vive en mi casa puede estar en cualquier rincón desde el que me acecha. Si percibe mi presencia se lanza para atraparme como presa, pero otras veces, simplemente da un largo bostezo para volver a dormir. 

 

Para mi nieto, los gatos y los perros son tan vidas como la de su hermana o su madre; están en ese nivel de lo viviente próximo. ¿Cuándo se pierde ese horizonte? Nunca he podido decirle a mi nieto que mate una cucaracha aún cuando esté a su alcance, porque, si todavía no hace una distinción entre lo vivo que debe preservarse y lo vivo que debe matarse ¿por qué desde la abuelez se debe establecer? Es cierto, ya no le diré la oración de San Jorge Bendito si tiene miedo por las noches; en cambio, tendré un discurso animalista. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 19 de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

domingo, 11 de julio de 2021

¿Quién, yo? La sedosa madeja de la identidad

Tengo miedo de tener un cuerpo

tengo miedo de tener un alma

profunda, -precaria propiedad

posesión, no opcional.

 

Emily Dickinson

 

Cuando pensamos en quienes somos abrimos un hueco al vacío. Somos lo que la sociedad nos dice que somos, pero también lo que nosotras nos decimos que somos. Este trabalenguas tiene sentido si tomamos en cuenta que la identidad es un castillo de arena construido sobre rituales y patrones simbólicos. Uno de ellos es la identidad sexual.

 

La identidad sexual es uno de los patrones simbólicos más fuertes de la fundación de la identidad individual ya que en la carga biológica “genitalizada” se hace residir el futuro de la persona, las preferencias amorosas, la profesión que deberá seleccionar, los imaginarios a los que tendrá acceso, etc. El nombre expresa esa determinación, ya que en todas las sociedades se tienen nombres diferentes para hombres y para mujeres. En español existen muy pocos nombres que pueden ser utilizados por ambos siempre y cuando se anteponga otro nombre que de clara cuenta del sexo de la persona.

 

La identidad se construye a partir de rituales, de costumbres vueltas normas, de pasado seleccionado para dar cuenta de esta que soy o de lo que no soy. Por eso, las personas nos construimos narrativas de la infancia, de la adolescencia, a través de fragmentos que vamos hilando para dar cuenta de quienes somos.

 

Somos fieles a la imagen que queremos dar de nosotros mismos, de la imagen que yo tengo de mí misma, de lo que tenemos que ser. Somos rehenes de los pensamientos con que nos pensamos, verdaderos camuflages para andar por la vida. La identidad es un fingimiento necesario.

 

Existimos a consecuencia de una invención, por eso nos abrimos al vacío cuando le damos forma en un cuerpo determinado. El cuerpo debe tener un pasado para entenderse en el presente y también dialogar con el futuro deseado o posible. ¿Podemos tener más de una identidad? Los artistas y los poetas, crean alteregos, identidades ficticias para hacer surgir la literatura; pero las normas de la razón arrojan, a quienes tienen más de una identidad, al páramo de la locura.

 

Por eso, la diversidad sexual altera el orden social como quizá ninguna revolución hubiera imaginado, porque no solamente se cambian los lugares de las clases sociales como ha ocurrido con las revoluciones del orden económico, sino que apela a esas fronteras donde se pierde la seguridad de lo que somos, de lo que hemos sido como individuos y como colectivos. Las personas trans muestran una sociedad cautiva de sus propias normas, la posibilidad de una libertad de otro tipo, una libertad ni siquiera sospechada y vista de reojo: la libertad desde el cuerpo.

 

La libertad desde el cuerpo no como ejercicio de la sexualidad normada a partir de códigos heterosexuales y de sus intersticios; sino la libertad de asumir identidades masculinas o no y femeninas o no, a partir de cambiar las marcas del cuerpo. Es una libertad, también, respecto de la naturaleza porque se desliga de la genitalización dada. Es una libertad respecto de la cultura porque se aparta de los disfraces de género para trascenderlos.

 

No se trata solamente de ser mujer y después, ser hombre o viceversa. Tampoco se limita al mero disfrute de la sexualidad total o dejar salir a la mujer atrapada en un cuerpo de hombre. La transgresión contenida en lo tran va más allá del juego de los papeles binarios en que la sociedad nos ha dividido.

Entramos a la sedosa madeja donde la identidad no estará referida a lo opuesto. Estamos ante el abismo de dejar de ser lo que hemos sido porque empezamos a negar lo que hemos sido, a sentir lo que no hemos sentido. Hombre-mujer, mujer-hombre, campo reservado a los dioses, resonancia de ecos tribales y sagrados.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx