lunes, 19 de julio de 2021

¿Por qué matamos a las cucarachas y no a los gatos?

La cucaracha, la cucaracha

 ya no puede caminar; 

porque le falta, porque le falta

 la patita principal.

 

Canción popular

 

Al final de una reunión familiar, pedí a mi nieto de cuatro años que se despidiera de quienes estaban presentes para regresar a casa. El niño besó a abuelas, tías, primos y también a los dos perros y a la gata de esa casa. Alguien corrió a detenerlo, pero ya tenía a la gata entre sus manos dándole el beso de despedida. En su percepción, los animales son dignos de besos porque forman parte de lo próximo con que convive. 

 

¿Cuándo hacemos la jerarquización entre lo humano y lo animal que nos permite matar cucarachas, pero no gatos? Es cierto, no matamos a los gatos; por el contrario, les adjudicamos un nombre, los acurrucamos, les construimos repisas para que trepen, los llevamos al veterinario para controlar su salud. En cambio, a las cucarachas las matamos sin misericordia, cuando podemos. Digo cuando podemos porque las cucarachas se mueven tan rápidamente que es, muy difícil, matarlas.

 

¿Alguna vez has visto volar una cucaracha que después aterriza en tu pelo o pecho? Es una sensación que no se la deseo a nadie porque produce una mezcla de miedo y asco. Asco porque las cucarachas huelen mal y son resbalosas, y miedo porque nos atemorizan. Recuerdo las oraciones de la infancia cuando la abuela nos hacía repetir algo así como: “San Jorge Bendito, amarra tus animalitos, por la cola y el hociquito, con tu cordón bendito”, antes de irnos a dormir. Yo imaginaba a las cucarachas, alacranes y choras hechas arquitos, colgadas de algún escapulario, durante toda la noche. Con la seguridad de ese conjuro dormíamos tranquilas mis hermanas y yo. 

 

Hoy sabemos que las cucarachas coexistieron con los dinosaurios y, gracias a la película Wall-E, pensamos que existirán en algún futuro que sobreviva a la radiación nuclear con que terminará el mundo, así que no tenemos manera de terminar con ellas. Sentimos asco porque las asociamos a la basura y, por ende, a lo inmundo; matarlas produce un sonido desagradable asociado a un olor repugnante. Verlas salir de su piel vieja cuando la mudan es aún, más desagradable: se ven blancas y pegajosas. Duran así muy pocas horas hasta que vuelven a tener el color cucaracho. 

 

Nos hemos dado permiso para matar a las cucarachas, a los mosquitos, a las tarántulas; casi, casi, es una obligación deshacernos de ellas. La justificación deriva de que nos agreden, nos causan daño, transmiten enfermedades. También justificamos matar a pollos, cerdos, vacas, conejos porque proporcionan alimento. En ambos casos, la vida humana está en el centro, en un pensamiento donde los homo sapiens son la cúspide de la cadena alimenticia. Cuando pensamos en los dos grupos de animales, los que nos agreden y los que proporcionan alimento, lo hacemos en plural, sin diferenciar a cada uno, salvo que convivamos con ellos, lo que nos permitirá reconocer a cada individuo de la especie. Los pensamos indiferenciados; cada vaca igual a la otra; cada cerdo siendo solo cerdo; las cucarachas equivalentes, entre sí, igual a las miles o millones que hay en el mundo.

 

Quizá, por ello, la expresión “mátalos como cucarachas” utilizada por dictaduras de diversos tiempos se ha referido a la eliminación de jóvenes, pobres, migrantes, chicanos, mujeres, indígenas, descontentos, rebeldes. La expresión alude a lo indiferenciado que agrede. 

 

La cucaracha más famosa de la literatura es Gregor Samsa, un viajante de negocios que una mañana despierta transformado en una cucaracha gigante en el relato La metamorfosis (1915) de Franz Kafka (1883-1924). Hoy existen diversos libros que la utilizan de metáfora como El efecto cucaracha. La guerra de drogas en Tampico (Diana Aquino y Lance Manley, 2004)libros desde la transgresión La revuelta del pueblo cucaracha (Oscar Zeta, 2013) que refiere a literatura chicana. Y cuentos infantiles que tratan de convertir a la cucaracha en personaje de aventuras, para lograr empatía con estos seres. 

 

En México, quizá lo más conocido, sea la canción La cucaracha ya no puede caminar, una tonada traída de España, al decir de José Joaquín Fernández de Lizardi (1819) pero que en México se adaptó para referirse, de manera despectiva, a las tropas francesas, durante la invasión y después a Victoriano Huerta porque era cojo y fumaba mariguana. Los estribillos han cambiado en diversas épocas. La versión más popular se la debemos a Óscar Chávez. 

 

A los gatos que crecen en nuestra compañía, los singularizamos. Les damos un nombre, lo que rápidamente conduce a asignarles una personalidad. Entran y salen de nuestra casa en horas que marcan rutinas de ellos y nuestras. Están ahí para romper soledades, ser juguete de niñas y niños pequeños, sustituir querencias, ser interlocutores de nuestros monólogos y testigos de la vida que pasa. Podemos desnudarnos en su presencia o sentir su tibieza cuando se meten a las cobijas. 

 

Quizá porque nos ven desde algún otro lugar de lo viviente, a los gatos los sentimos cercanos a la vida humana. No podríamos matar lo que nos ve; quien advierte nuestra presencia en la obscuridad; quien nos mira y nos ignora, sin juicio moral. 

 

La gata que vive en mi casa puede estar en cualquier rincón desde el que me acecha. Si percibe mi presencia se lanza para atraparme como presa, pero otras veces, simplemente da un largo bostezo para volver a dormir. 

 

Para mi nieto, los gatos y los perros son tan vidas como la de su hermana o su madre; están en ese nivel de lo viviente próximo. ¿Cuándo se pierde ese horizonte? Nunca he podido decirle a mi nieto que mate una cucaracha aún cuando esté a su alcance, porque, si todavía no hace una distinción entre lo vivo que debe preservarse y lo vivo que debe matarse ¿por qué desde la abuelez se debe establecer? Es cierto, ya no le diré la oración de San Jorge Bendito si tiene miedo por las noches; en cambio, tendré un discurso animalista. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 19 de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

domingo, 11 de julio de 2021

¿Quién, yo? La sedosa madeja de la identidad

Tengo miedo de tener un cuerpo

tengo miedo de tener un alma

profunda, -precaria propiedad

posesión, no opcional.

 

Emily Dickinson

 

Cuando pensamos en quienes somos abrimos un hueco al vacío. Somos lo que la sociedad nos dice que somos, pero también lo que nosotras nos decimos que somos. Este trabalenguas tiene sentido si tomamos en cuenta que la identidad es un castillo de arena construido sobre rituales y patrones simbólicos. Uno de ellos es la identidad sexual.

 

La identidad sexual es uno de los patrones simbólicos más fuertes de la fundación de la identidad individual ya que en la carga biológica “genitalizada” se hace residir el futuro de la persona, las preferencias amorosas, la profesión que deberá seleccionar, los imaginarios a los que tendrá acceso, etc. El nombre expresa esa determinación, ya que en todas las sociedades se tienen nombres diferentes para hombres y para mujeres. En español existen muy pocos nombres que pueden ser utilizados por ambos siempre y cuando se anteponga otro nombre que de clara cuenta del sexo de la persona.

 

La identidad se construye a partir de rituales, de costumbres vueltas normas, de pasado seleccionado para dar cuenta de esta que soy o de lo que no soy. Por eso, las personas nos construimos narrativas de la infancia, de la adolescencia, a través de fragmentos que vamos hilando para dar cuenta de quienes somos.

 

Somos fieles a la imagen que queremos dar de nosotros mismos, de la imagen que yo tengo de mí misma, de lo que tenemos que ser. Somos rehenes de los pensamientos con que nos pensamos, verdaderos camuflages para andar por la vida. La identidad es un fingimiento necesario.

 

Existimos a consecuencia de una invención, por eso nos abrimos al vacío cuando le damos forma en un cuerpo determinado. El cuerpo debe tener un pasado para entenderse en el presente y también dialogar con el futuro deseado o posible. ¿Podemos tener más de una identidad? Los artistas y los poetas, crean alteregos, identidades ficticias para hacer surgir la literatura; pero las normas de la razón arrojan, a quienes tienen más de una identidad, al páramo de la locura.

 

Por eso, la diversidad sexual altera el orden social como quizá ninguna revolución hubiera imaginado, porque no solamente se cambian los lugares de las clases sociales como ha ocurrido con las revoluciones del orden económico, sino que apela a esas fronteras donde se pierde la seguridad de lo que somos, de lo que hemos sido como individuos y como colectivos. Las personas trans muestran una sociedad cautiva de sus propias normas, la posibilidad de una libertad de otro tipo, una libertad ni siquiera sospechada y vista de reojo: la libertad desde el cuerpo.

 

La libertad desde el cuerpo no como ejercicio de la sexualidad normada a partir de códigos heterosexuales y de sus intersticios; sino la libertad de asumir identidades masculinas o no y femeninas o no, a partir de cambiar las marcas del cuerpo. Es una libertad, también, respecto de la naturaleza porque se desliga de la genitalización dada. Es una libertad respecto de la cultura porque se aparta de los disfraces de género para trascenderlos.

 

No se trata solamente de ser mujer y después, ser hombre o viceversa. Tampoco se limita al mero disfrute de la sexualidad total o dejar salir a la mujer atrapada en un cuerpo de hombre. La transgresión contenida en lo tran va más allá del juego de los papeles binarios en que la sociedad nos ha dividido.

Entramos a la sedosa madeja donde la identidad no estará referida a lo opuesto. Estamos ante el abismo de dejar de ser lo que hemos sido porque empezamos a negar lo que hemos sido, a sentir lo que no hemos sentido. Hombre-mujer, mujer-hombre, campo reservado a los dioses, resonancia de ecos tribales y sagrados.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 5 de julio de 2021

La sirena del río Mololoa

La mole negra del buque avanza.

Se abren en silencio los valles de agua

Ojos fosforescentes 

asoman a los pozos de las aguas:

¿Sirenas en hileras? 

¿hacen, acaso, guardia?

 

Alfonsina Storni. Marcha en silencio 

 

Para Dalinda Sandoval y sus urdimbres

 

En Tepic, la ciudad donde vivo, hay un río y en él habita una sirena. Tienes razón en dudar porque las sirenas son del viejo continente, entonces ¿cómo vino a vivir a este río cerca del mar Pacífico? Una tarde de verano paseaba alrededor de Bellavista, un poblado de casas juiciosas, cuando percibí un canto melodioso y un resplandor. Traté de localizar el origen del canto, pero, a cada paso, se remontaba dentro de la corriente. Seguí el curso del río sin darme cuenta que dejaba atrás el caserío. La noche caía, un trueno mostró su pico amarillo, silbaba el viento. Agotada, me senté a la orilla buscando refugio a la tormenta, en tanto que las hojas de los árboles volaban a todas partes.

 

En un destello del trueno la vi. Recargó su cuerpo en una roca de la orilla sin salir del todo. Las escamas lucían debajo de su cintura, con colores indescriptibles en un admirable espectáculo. No sé si vio mi sorpresa porque siguió sobre la roca en tanto los pájaros buscaban refugio en sus nidos. Una gota gigante de lluvia aumentó el cauce de la corriente de tal manera que pensé perderla de vista. Cuando pasó el torrente, rompió una celeste obscuridad. Ella seguía ahí y yo también. 

 

¿Era un idioma? cantaba, aunque yo sólo notaba un murmullo en el agua. Vivía en una saliente del mar al borde de un castillo medieval; en una ocasión, las aguas llegaron hasta las puertas del castillo de tal manera que la furia de la tempestad la arrinconó en un amplio salón. No pudo encontrar la manera de saltar hacia el mar por lo que se escondió en una oquedad del muro y así había venido en la bodega de un barco que atravesó el Océano Atlántico hasta llegar al puerto de Veracruz. De ahí se trajeron, en carretas de mulas, engranajes de fierro y las muestras de la edificación en que ella venía. 

 

Solo una de las pasajeras del barco la reconoció. Una niña llamada Liisa. Todas las noches bajaba hasta el pedazo de muro para rociarla con agua y aún, en el traslado por tierra, dejaba caer gotas cerca de ella. Liisa se casó con Jean Brugman y vio crecer y morir a sus hijas en el caserío.  No supo encontrar el camino de regreso porque las aguas de este río tenían otros sabores y olores que no la podían orientar. Cuando cesó la búsqueda del regreso, se abandonó a habitar aquí, buscando entre las niñas a alguna Liisa que le recordara el país de donde venía. A veces las encontraba lavando ropa, a veces capturando pequeños peces. Ella trataba de hacer amigas, de seguir sus juegos, de cantar sus melodías. 

 

Entonces recordé una historia que contaba mi abuela después de hilar la manta. Hablaba de una sirena llamada Lorelei que les hacía travesuras a las que iban a lavar al río. La sirena llevaba las prendas hasta el fondo para que, al buscarlas, la pudieran divisar. La cara de mi abuela se iluminaba cuando hablaba de ese ser hermoso como golpe de vida. El festín de su semblante otorgaba suntuosidad al lujo de mirarla una sola vez. “Después de casada, nunca la volví a ver” decía la abuela ya casi para morir. Vivía con ese atisbo como conciencia de sí. 

 

La roca con su sirena se metió a la obscuridad. Desaparecimos una para la otra sin la luz fugaz de los relámpagos. Mi familia venía en mi búsqueda. 

 

A veces, vuelvo a vagar por la orilla del río, no para buscarla, sino para evocar en la más remota lejanía, sobre laderas distantes, eso que nos habla. Lorelei, si es que así se llamaba, no tenía expresiones en su rostro; sin embargo, su presencia te hacía olvidar el polvo que somos. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 5de julio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

lunes, 28 de junio de 2021

La sirena de doble cola del Starbucks

Sirena de mis noches fugitivas,

vuelve otra vez  

a enredar en tu pelo

esta negra conciencia de que estoy de viaje

 y que mi barca lleva prisa.

 

Miguel González Lomelí. Sirena


Para Laura Cayeros y amigas aficionadas a Starbucks

 

¡La sirena! ¡Lotería! Desde la infancia, la sirena es una figura familiar puesto que se encuentra en la lotería mexicana como una de las escasas representaciones de lo femenino. ¿De dónde viene la figura de la sirena? Se mencionan, por primera vez, en el canto XII de la Odisea como figuras femeninas de la seducción, por lo que Ulises, se hace atar al mástil del barco para no caer en la perdición de las canciones de las sirenas. En tanto, que por indicaciones de la maga Cirse ordenó a los marineros se taparan los oídos con cera: “Llegarás cerca de las sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan. A quienquiera que en su ignorancia llega hasta ellas y escucha su voz, a ese, no lo abrazará de nuevo su mujer ni sus hijos, contentos de su regreso a casa. Ahí las sirenas lo hechizan con un canto fascinante, situadas en un promontorio. Alrededor de ellas amarillea un montón de huesos de podridos pellejos humanos...”  El nombre de las sirenas tiene raíz griega que significa cuerda, de ahí que se asocien a la música y a la posibilidad de atar a quien escuche.

 

Se piensa a las sirenas como pájaros de la muerte y, por lo tanto, del más allá. Se las vincula también con las musas por la capacidad de fascinación, pero también con las arpías por la destrucción. Eurípides en Helena también reitera la idea de las sirenas como acompañantes de los muertos, de ahí que se encuentran sirenas funerarias en la cerámica portando instrumentos musicales y en ocasiones, portando espejo, como símbolo de vanidad.  

 

Las sirenas se mencionan en plural en el texto clásico de la Odisea, aunque la lotería mexicana la mencione en femenino. Las primeras representaciones las dibujaban con alas, mitad pájaros devoradores de cadáveres y mitad mujeres. En su origen son dos sirenas que cantan y tocan instrumentos. ¿Qué cantaban las sirenas? Las únicas palabras que tenemos de ellas son el canto elogioso que le hacen a Ulises. Esto lo platica en el banquete que le otorga el rey Alcinoo a su regreso. 

 

¿Por qué después se las representa con cola de pescado y no con alas como en las primeras representaciones? Se piensa que como Ulises no cedió ante sus cantos, entonces se suicidaron y se ahogaron en el mar; de ahí surge la idea de la cola de pescado. Al lado de la narración de la Odisea se tiene la narración del enfrentamiento de las sirenas con los argonautas, narrado en Las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, donde se describe la historia de Jasón en busca del vellocino de oro. Éstos en el barco, llevaban a Orfeo, famoso por su voz, quien, en lugar de taparse los oídos y sujetarse al mástil, empieza a cantar oponiendo su canto al de las sirenas. Orfeo apaga el canto de las sirenas y, como consecuencia, éstas se suicidan tirándose al mar. No pueden soportar que alguien cante mejor que ellas: “desde lo alto del grisáceo escollo se pasmaron las sirenas porque el lúgubre destino de una muerte fatal les había llegado y desde la cumbre de la escarpada rota se precipitaron al fondo del estruendoso mar y se convirtieron en rocas”. Puede ser que, por ello, en lugar de representarlas como mitad aves, aparecen representadas como mitad peces y mitad mujeres. 

 

En la Edad Media los padres de la iglesia católica, tomaron el episodio de Ulises resistiendo a las sirenas como ejemplo moral. Las sirenas pasaron a convertirse en símbolo de tentación, en tanto que Ulises se convirtió en el hombre moral que se ataba a la cruz cristiana para resistir las nuevas tentaciones de la carne y el pecado. Por ello se encuentran sirenas en los capiteles de las iglesias. Tal vez tengan dos colas porque originalmente tenían dos patas de ave. Al menos, así representaban a las sirenas-tentación-fascinación del mundo medieval.

 

Hoy llegan a nuestra época como anunciantes de café y símbolo de las patrullas de policía; como parte del lenguaje cotidiano, carta de la lotería y figura poética. 

 

¿Puedes sustraerte a la fascinación de la sirena de dos colas de Starbucks? El diseñador tomó un grabado nórdico del siglo XVI de viejos libros marinos porque quería señalar que nadie puede vencer la atracción del café. El nombre de Starbuks es del primer oficial del barco Pequod, en la novela Moby Dick. Esta sirena coronada de dos colas ya no nos seduce con cantos, pero sí con el aroma del café, el azúcar de los postres, el chocolate, la crema chantilly y el gusto de encontrarnos con las amigas. Arribamos indefensas a ese océano de las nuevas tentaciones del siglo XXI. 

 

 Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 28 de junio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx 

lunes, 21 de junio de 2021

¿Y el instinto paternal?

  

No soy un dios, 

¿por qué me comparas con los inmortales?

sino tu padre por quien sufres dolores sin cuento…

 

Ulises. La Odisea

 

Cuando nos dicen que las mujeres tenemos “instinto maternal”, me pregunto por qué los hombres no tienen “instinto paternal”. La cuestión de instintos alude a programación biológica, inscrita en nuestros genes, la cual, los seres humanos debemos cumplir de acuerdo a las normas de cada sociedad. En esto, la idea de que las hormonas direccionalizan los comportamientos humanos se esgrime como el principal argumento. 

 

Es claro que los hombres desean tener hijos, pero ese deseo se ha instalado como un deseo social, como un mecanismo para asegurar la transmisión de los genes, del apellido, de la herencia. Para las mujeres, el instinto maternal se ha construido como un vínculo afectivo irreflexivo que lleva a las mujeres a querer ser madres a toda cosa, a destinar su vida a los hijos e hijas, e incluso, a sacrificarse por ellos. 

 

Por el contrario, el abandono del padre ha sido documentado tanto por las estadísticas como por la literatura. En esta última tenemos ejemplos del abandono del progenitor y, por lo tanto, de la búsqueda del padre por parte del hijo varón como un viaje exploratorio de la masculinidad/paternidad. Esta tradición se funda en la Odisea, en la cual Telémaco, heredero de Ulises, realiza un viaje en busca de su padre porque sin padre hay caos, conflicto y tristeza en su casa. Lo busca por orden de Atenea, para cerciorarse del destino del padre, a quien finalmente, encuentra cuando regresa a casa y ambos se reconocen. En este caso, el padre debe regresar a Itaca para legitimar las acciones del hijo y así poner orden en la casa paterna. 

 

En la búsqueda literaria del padre, se pueden reconocer diversos elementos: un joven que padece el abandono o ausencia del padre; el deseo del afecto paternofilial que se quiere experimentar o reencontrar y un viaje, que constituye tanto una exploración al exterior como al interior. En este viaje se adquirirá la maduración y se afianzará la identidad. 

 

La búsqueda del padre se funda en la ausencia y anhelo de contacto con el padre.  

 

En la literatura, la búsqueda del padre, ha dado pie a un sin número de variaciones, como El adolescente de Dostoiveski. Más cerca, en el tiempo, tenemos dos novelas emblemáticas referidas a la búsqueda del padre. La primera es Frankenstein (1818) de Mary Shelley (1797-1851) y la segunda es Pedro Páramo de Juan Rulfo. En la primera, el Dr. Víctor Frankenstein da vida a un ser a partir de experimentar en cuerpos inertes: “Tras noches y días de increíble labor y fatiga, conseguí descubrir el origen de la generación y la vida; es más, yo mismo estaba capacitado para infundir vida en la materia inerte. La estupefacción que en un principio experimenté ante el descubrimiento pronto dio paso al entusiasmo y al arrebato” (p. 73). Sin embargo, cuando por fin logra crear a un ser vivo se horroriza y lo abandona. El Dr. Frankenstein trata de alejarse de él para lo cual regresa con su familia, pero el ser creado por Frankenstein lo persigue a donde quiera que va porque desea ser amado por su creador. En el camino, siembra el terror en los lugares que pasa. El Dr. Frankenstein trae la desdicha a su familia puesto que el monstruo, mata a sus familiares y a su esposa Elizabeth. Finalmente, el Dr. Víctor muere tratando de atrapar al monstruo para eliminarlo, pero éste desaparece entre glaciares del polo norte. 

 

Juan Rulfo en Pedro Páramo, narra el viaje de Juan Preciado a Comala en busca de un padre que refería su madre: “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo, mi madre me lo dijo y yo le prometí que vendría a verlo en cuento ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, porque ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo”. Juan Preciado tiene la ilusión de encontrar y definir su propia identidad al conocer a su padre. El primer contacto lo tiene con Abundio, quien le dice que Pedro Páramo es un “rencor vivo” “nuestras madres nos parieron en un petate, aunque éramos hijos de Pedro Páramo”. 

 

Pedro Páramo solo tuvo un vínculo afectivo con uno de sus hijos, Miguel, cuya muerte lloró. A Juan Preciado se le diluye la ilusión de conocerlo.

 

La búsqueda del padre es un motivo que ha sido abordado por la literatura en diversas latitudes y épocas. A través de esa búsqueda el niño/joven se convierte en adulto y se posiciona ante el mundo. Se trata, tanto de viajes iniciáticos como de tramas de identidad, búsqueda de genealogías y recuento de la memoria. 

 

En estos casos, el instinto paterno no apareció por ningún lado porque los padres pueden tener hijos sin reconocerlos, sin hacerse cargo de ellos, sin crear vínculos afectivos o sin siquiera saber que los han tenido. Por ello pienso que esto de los instintos tiene algo que no acaba de convencerme. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 21 de junio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

miércoles, 16 de junio de 2021

Para estar en la vida pública

Los periódicos, que observaban hacia mí una actitud hostil, 

escribieron sobre los vestidos de la Kollontai. 

Lo que no sabían era que mi maleta se había perdido, 

por lo que usaba un único vestido.

 

Alejandra Kollontai 

 El costo para las mujeres de estar en la vida pública, siempre ha sido alto. Las cortesanas griegas eran mujeres extranjeras que tenían educación, pagaban impuestos y no estaban sujetas a la autoridad de un marido: prácticamente, pagaban su independencia. El ideal pensado para la mujer griega era ser ama de casa, responsabilizarse del orden, la economía familiar y los esclavos. Generalmente los instrumentos con que se les representa es la rueca, puesto que su lugar eran las habitaciones donde permanecían hilando. 

 

Aspasia de Mileto (470 a.C) tuvo una educación inusual para una mujer de su época, fue esposa de Pericles y fundó una escuela para la educación de mujeres jóvenes. Su influencia fue tal que se dice que escribía los discursos de Pericles. Por su parte, las mujeres romanas debían permanecer en casa, pero debían adquirir educación puesto que eran las educadoras de los futuros ciudadanos romanos. Ellas transmitían derechos, pero no los tenían.

 

Las mujeres han buscado la manera de estar en la vida pública, aunque las circunstancias les sean adversas. Han actuado a través de los medios que han estado a su alcance, transgrediendo diversidad de normas. Las barreras para la participación de las mujeres no solo se encuentran en normas discriminatorias, sino, sobre todo, en las disposiciones que las reducen a ser reproductoras biológicas y cuidadoras de familia.

 

Actualmente se piensa que una parte de las producciones artísticas conocidas como “anónimas”, fueron elaboradas por mujeres que carecían de posibilidad de firmarlas con su nombre. 

 

La actual generación de mujeres que llega a la política, lo ha hecho después de un largo trecho caminado por mujeres desde el siglo XVIII. En México, desde principios del siglo XX se han desplegados acciones y campañas de los movimientos de mujeres que han dado por resultado la aprobación de la paridad para los cargos públicos, así como las representaciones de mujeres en todas aquellas instancias de decisión colectiva. 

 

Al lado de ello, se ha tenido que deconstruir el imaginario de la mujer buena/dentro del hogar, frente al imaginario la mujer mala/fuera de la casa. Este proceso ha sido cualquier cosa, menos fácil porque se instala sobre el trato que se ha dado a las mujeres como seres “no políticos”, como minorías, como propiedad de los esposos o padres, visiones que existen en México a pesar de que las mujeres constituimos el 52% del padrón electoral y hemos documentado el derecho a tener un proyecto de vida que no necesariamente se defina sólo por la vida privada. La campaña electoral que acaba de terminar dio cuenta de la misoginia contra candidaturas de mujeres. 

 

Un aspecto pendiente para la participación plena de las mujeres en la política es resolver el asunto del trabajo dentro de la casa y el cuidado de los demás. Alejandra Kollontai (1872-1952) proponía que el Estado debía responsabilizarse de esos trabajos como condición para transformar las condiciones de las mujeres, así como permitir que éstas se vincularan realmente a los trabajos y al desarrollo de la política. Esta pensadora rusa señalaba que la solución del problema familiar no es menos importante que la conquista de la igualdad política y el establecimiento de su plena independencia económica.

 

Kollontai escribió: “El principal objetivo de todo este trabajo era conseguir realmente la igualdad de derechos de la mujer como elemento productivo en la economía nacional y como ciudadana en el sector político, naturalmente, a condición de que la maternidad fuera considerada como función social y, por tanto, protegida y sustentada por el Estado” (Autobiografía de una mujer emancipada, México, Fontamara, p 110).

 

La actual generación de mujeres en la política tendrá que elaborar una agenda feminista para el avance de las mujeres, no solo para llegar al poder, sino para tener realmente poder: estar en condiciones de transformar las condiciones de todas las mujeres para alcanzar lo que decía Kollontai: la igualdad y la independencia económica. 

 

Como decía ella misma, los demás están más al pendiente de los vestidos y el cuerpo de las mujeres que actúan en la política, más que de las ideas y propuestas. Es parte del costo de estar en la vida pública. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 17 de junio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

 

sábado, 12 de junio de 2021

Los partidos no se crean ni se destruyen, solo se diluyen

A los que corren en un laberinto, 

su misma velocidad los confunde

 

Séneca 

Si bien el principio de la conservación de la materia fue enunciada en el siglo XVIII por Lavoisier como “La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”, actualmente se podría enunciar una ley de conservación de los partidos políticos a partir, no de la transformación, sino de la dilución. 

 

En la dilución, la cantidad de solvente aumenta en tanto que la concentración disminuye. Eso significa, para los partidos políticos, pongamos por caso el PRI, que este partido se diluye dentro de otros partidos donde migra: MORENA o PAN. Entonces ¿dónde quedó el PRI? Pues ahí, resguardado en el nuevo ropaje de los partidos en que se diluye. En lugar de que un partido perdedor, como el PAN, sea absorbido por el PRI, -con más experiencia e historia-, ocurre lo opuesto: el PRI se disuelve en esa propuesta de partidos de centro-derecha que ha significado la alianza PRI-PAN.

 

¿Cómo sabemos esto? Porque es la propuesta del PAN y no la del PRI la que recupera espacios políticos, tal como ocurre en la Ciudad de México.

 

No ocurre lo mismo con el PRD, sino que el proceso es el opuesto. El PRD no se diluye en otros, sino que, simplemente, se desconfigura. De sus principios y propuestas nada queda, ya que inició el proceso de desintegración, no porque emigre a otros partidos sino porque se evapora a ritmo acelerado, mientras que otros partidos surgen y se reconfiguran. El PRD tampoco pasa a formar parte de los partidos de centro-izquierda que inician una nueva época para la democracia mexicana. En todo caso, ha dado muestras de tener vocación para integrarse al posicionamiento de centro-derecha.

 

¿Cómo sabemos esto? Por su alianza con partidos que sostienen idearios de derecha, aún cuando esa alianza sea con fines de practicidad electoral. 

 

Esos dos bloques de partidos llevarán el ritmo del sistema político mexicano: los que conforman el bloque centro-derecha, liderados por el PAN y los que conforman el bloque partidista centro-izquierda liderados por MORENA. Solo que “lo izquierda” de MORENA es muy “sui géneris”, no coincide con lo que designa, sino que es algo distinto: ve la brecha entre ricos y pobres, -como lo central, prioritario y único-, sin que sea capaz de leer la complejidad de la sociedad mexicana en su conjunto: la posición estratégica de las clases medias para el avance del país; las desigualdades entre mujeres y hombres; la exclusión de los pueblos indígenas; la racialización de la política y de la propia sociedad; el dominio de medio territorio nacional por la delincuencia organizada; la necesidad de revitalizar a los organismos autónomos; la urgencia de una política medio ambiental a partir de energías limpias; el apremio del acceso a la justicia; la ruptura de los pactos patriarcales y gerontocráticos; la cancelación de todos los fueros y todas las impunidades; la incidencia de la economía financiera global en los territorios locales; la necesidad de justicia a muertos y desaparecidos; la pauperización gritada de la juventud; el desmantelamiento del sistema científico; la showización de la cultura; el socavamiento educativo,  etc.  

 

La izquierda mexicana contemporánea es obtusa, irreflexiva y autoritaria. Si pensábamos que solo la derecha es capaz de ser calificada con tales adjetivos, estamos muy equivocadas. Al menos, las mujeres tenemos la experiencia de que ningún avance social será posible si no se deconstruye el poder desde otras formas de entender lo social-político: desde los micropoderes sociales y su capacidad transformadora. Una nueva forma de entender el poder que sea comprobable con formas nuevas de ejercerlo; de hacer política, de incorporar temas pendientes en la agenda pública y de generar producción institucional desde referencias identitarias colectivas. 

 

¿Cómo sabemos esto? Porque se pretende transformar de manera vertical, desde el autoritarismo y la misoginia para que todo siga igual. 

 

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 9 de junio de 2021.

Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx