viernes, 24 de julio de 2020

Falta un mandamiento

Nos llevaban a la doctrina para que nos enseñaran que Dios hizo el cielo azul, los ángeles con sus rizos, los diablos colorados. Yo me entretenía pensando en lo que se había tardado en pintar cada hormiga, las hojas de los árboles de una en una, los picos de los pájaros. La monja que nos enseñaba me dijo que no los hacía de uno en uno. Entonces, pensé que los haría de a montones, pero no, no salía porque si miras a tu alrededor nada tiene el mismo color, aún las cucarachas tienen café casi negro cerca de la cabeza y más ralito, en las alas. Pero mejor, no preguntaba.

En la casa, mi papá me daba tundas por cualquier cosa, mi mamá nomás se esperaba a que terminara para abrazarme, pero no se le oponía. Le dije a la monja que hacía falta un mandamiento, el de “Honrarás a tus hijas”, ¿Por qué teníamos que aprendernos “Honrarás a tu padre y a tu madre” si ellos, sobre todo mi papá,  no nos honraba a las hijas?  Todo el día me traía, que da de comer a los pollos, que ahora trae el agua, luego vete al lavadero, sobre todo, donde no estuviera mi mamá. Yo pensaba que a Dios se le olvidó escribir ese mandamiento por andar entretenido pintando tanto cerro. 


Publicado en El Vigía del Pacífico, 6 de julio de 2020.

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